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Pregunta: Realmente yo nunca he orado. ¿Cómo hago para comenzar?
Respuesta: Orar no es complicado… pero a veces sentimos que es difícil comenzar. Dios no quiere que nos sintamos intimidados por la oración, sino que sea nuestra conexión, nuestra línea directa y abierta con Él. Orar es un hábito que podemos comenzar a adquirir hoy mismo, y empieza con unos pasos muy sencillos:
Primero, dar prelación a la oración en la mañana, antes de iniciar nuestras labores del día, como hacía Jesús nuestro Maestro: “Levantándose [Jesús] muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y fue a un lugar desierto, y allí oraba” (Marcos 1:35). Y luego en la tarde, al terminar el día, también debemos seguir su ejemplo: “Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo” (Mateo 14:23). Lo importante es dar prelación a la oración, cuidando que oremos a determinada hora todos los días.
El segundo paso es, ir delante de Dios en privado. Claro está que le agrada que oremos a cualquier hora y en cualquier lugar: “Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán” (Lucas 21:36). Pero Jesús advirtió que nuestras oraciones diarias deben, en general, hacerse en privado (Mateo 6:5-6). Orando a Dios en privado, podemos hablarle sin ninguna inhibición, sino con toda sinceridad. No es que orar en público siempre sea malo; en las Escrituras vemos muchos ejemplos de siervos de Dios que lo hicieron, pero nuestras oraciones principales deben hacerse en privado.
La Biblia tiene muchos ejemplos de personas orando en variadas circunstancias. Unas oraciones serán breves, otras serán más largas, y la finalidad de cada una puede ser diferente.
Sin embargo, cuando Jesús instruyó a sus discípulos, planteó un modelo para nuestra oración principal. Nos indica que comencemos glorificando y agradeciendo a Dios, y expresando el deseo de que su Reino venga pronto; que Jesucristo venga pronto a gobernar la Tierra, y a solucionar los problemas que la aquejan (Mateo 6:9-10). Siguiendo su esbozo, vemos que solo después de centrarnos en Dios y en su Reino venidero (v. 33), pasamos a orar sobre nuestras necesidades y deseos (v. 11). Dios desea que le hablemos sobre nuestras necesidades y las de los demás, y sobre lo que está ocurriendo en nuestra vida. Ningún punto es demasiado pequeño para interesarle. Las Escrituras nos aseguran que quiere oír todas nuestras peticiones (Filipenses 4:6-7).
Luego, confesamos humildemente nuestros pecados, rogando que nos perdone, y nos ayude a perdonar a los demás (Mateo 6:12, 15). Como ayuda para no pecar en el futuro, podemos implorar que nos proteja de las tentaciones de Satanás. Finalmente, cerramos la oración alabando a Dios por su gloria y poder (v. 13).
Jesús nos dio esta oración modelo para nuestras oraciones diarias, pero no se trata de recitarle las palabras de Mateo 6 repitiéndolas de memoria: “Orando, no uséis vanas repeticiones” (Mateo 6:7-8). Dios quiere que le hablemos desde el corazón, y en nuestras propias palabras (Jeremías 29:12-13; Oseas 7:14). Puede ser de ayuda hacer una lista de temas, que vamos revisando, a medida que cambian las circunstancias de nuestra vida, o de la vida de otros; pero la oración tiene que expresarse en nuestras propias palabras, y de todo corazón.
Y hay que orar siempre con humildad. Para orar, como una forma de adoptar una actitud humilde, siempre que pudieran, los siervos de Dios solían ponerse de rodillas (Lucas 22:41; Daniel 6:10).
¡No pensemos que nuestras oraciones tienen que salir perfectas desde el comienzo! Como toda disciplina, la oración es una faceta en la vida, que va mejorando a medida que vamos practicando y creciendo con el tiempo. Puede que las oraciones sean breves al principio, pero con el tiempo, vamos descubriendo que tenemos más y más de qué hablar con el Creador. Puede darse en ocasiones que quizá no sintamos deseos de orar. No caigamos en el desánimo, oremos de todas maneras. Incluso, si vemos que nos cuesta, podemos pedirle a Dios que nos inspire el deseo de orar. Si se nos olvida orar un día, no hay que preocuparse, podemos hablar con Dios tan pronto nos demos cuenta, volviendo así a la regularidad. Y no desistamos nunca, la oración es parte fundamental de nuestra relación con Dios.
Para aprender más sobre la oración, ofrecemos nuestro folleto gratuito titulado: Cómo orar para que Dios responda: 12 claves. Puede descargarse desde nuestro sitio en la red: www.elmundodemanana.org. [MM]