¿Se va a decidir a perseverar?

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¿Cuántos años han comenzado con nobles esperanzas de paz, prosperidad y cooperación entre las naciones? No obstante, los historiadores Will y Ariel Durant señalaron que en 3.400 años de historia humana registrada, solamente 268 vieron al mundo civilizado enteramente libre de conflictos entre naciones, reinos y gobiernos. Durante el 92 por ciento de la historia universal, alguna parte del mundo ha estado en guerra. En el siglo 20 murieron más de 100 millones de personas como resultado directo de la guerra, y se estima que las muertes por guerras en toda la historia pueden llegar a mil millones.

Es claro que los seres humanos no han podido hallar el camino hacia la paz duradera. ¿Habrá un avance sin precedentes en el año 2019? ¿Qué cree usted? Mirando al pasado, consideremos cómo le fue a la sociedad humana en el año 2015. Fue un año de conflictos y terrorismo crecientes. Los atentados trágicos y horrendos en París despertaron en Europa una mayor conciencia de los temas militares, de seguridad y defensa; y este fenómeno influirá, como bien lo saben nuestros lectores habituales, en el surgimiento final de un superestado europeo unificado y poderoso: una última resurrección del antiguo “Sacro Imperio Romano”.

Ese estado contará con la fuerza arrolladora de un falso cristianismo respaldado por milagros espectaculares que dejarán atónito al mundo entero. Esta falsa religión no solo se opone a las enseñanzas de Jesucristo, sino que dará su apoyo a los ejércitos del mundo levantados en rebeldía contra el Rey de reyes cuando regrese a establecer el Reino de Dios; y a poner fin a los 6.000 años de intentos del hombre por gobernarse a sí mismo.

¡Derrote al “dios de este siglo”!

Efectivamente, ¡es necesario que Jesucristo venga para convertirse en Rey del planeta Tierra! Una verdad que se encuentra en la Biblia, pero que pocos reconocen, es que la humanidad vive bajo el gobierno del “dios de este siglo”: Satanás el diablo (2 Corintios 4:4). Pero hay un camino mejor. Dios está llamando a unos pocos en estos tiempos para que emprendan una vida de superación, viviendo ahora mismo un anticipo de la paz y la felicidad que el mundo entero conocerá durante los mil años del principio del reinado mundial de Jesucristo.

Los cristianos auténticos mantienen esta esperanza, aun en momentos de dificultad, mientras se esfuerzan por perseverar (Mateo 24:14). Saben que al perseverar se irá acercando más y más el día en que todo el mundo conocerá el camino de Dios y se someterá al gobierno de bondad y amor encabezado por el Rey benévolo Jesucristo.

Este camino lo desconocen la gran mayoría de las personas, que parecen dotadas de una creatividad sin límites para lograr todo lo que se proponen… menos obedecer a Dios.

¡Decídase a obedecer a Dios!

Para millones de personas cada enero comienza con una lista de “resoluciones de año nuevo”, dejando de lado por el momento el hecho de que para Dios el año no comienza en enero sino en marzo o abril (en el 2019 el año nuevo bíblico, 1 de nisán, comenzará al atardecer del viernes 5 de abril). Sabemos que en esta época muchas personas hacen la resolución de mejorar aspectos de su vida, algo que vale la pena hacer en cualquier momento del año.

Sin embargo, con cada nuevo año se ve muy pronto que las “resoluciones de año nuevo”, incluso las más simples, caen en el olvido. Los gimnasios inscriben a miles de nuevos miembros en enero de cada año, ¿pero, cuántos siguen asistiendo en marzo? ¿Cuántos millones de nuevas dietas se emprenden cada enero? ¿Cuántos planes arrancan con las mejores intenciones… para luego naufragar en las costas de la realidad?

Vemos con mucha frecuencia que los seres humanos ni siquiera son capaces de gobernarse a sí mismos como individuos. ¿Acaso debe sorprendernos que los problemas de gobierno persistan cuando nos unimos en estados o naciones? La humanidad lleva miles de años de experimentos fallidos con nuevas formas de gobierno, nuevas estructuras sociales, e incluso nuevas definiciones de “familia” y “matrimonio”. Los seres humanos rebeldes parecen dar por sentado que si la Biblia ordena algo, ¡no quieren saber nada de ello! Los lectores habituales de esta revista saben que Dios tiene un plan para la humanidad: que estamos en la Tierra para adquirir el carácter santo y recto del propio Dios. Lo que no podemos hacer por nuestro propio esfuerzo se hace posible por el poder del Espíritu Santo de Dios cuando mora en nosotros.

Ruego que me entiendan. Los cristianos no se hacen perfectos de la noche a la mañana. Dios no forja su carácter recto dentro de nosotros de manera unilateral e instantánea, y sin nuestra cooperación. Lo que ocurre es que a medida que el discípulo de Jesucristo aprende a ceder su voluntad a la voluntad divina y a practicar rectitud en vez de pecado, va adquiriendo el “sentir”, es decir, la “mente” de Dios. Aprende a pensar y actuar como lo haría su Salvador en cualquier situación (Filipenses 2:5).

¿Cuál es el destino de quienes aprenden a vivir como Dios desea? Llegará un momento cuando los verdaderos discípulos de hoy pasarán a gobernar bajo Jesucristo en el “milenio” profetizado: período en el cual todo el mundo aprenderá los caminos de Dios. Al término de ese período, y después del juicio del gran trono blanco (Apocalipsis 20), nuestro planeta restaurado verá llegar una nueva Jerusalén, morada de Dios el Padre. ¡El “Cielo” vendrá a la Tierra!

Mientras tanto, ¿qué podemos hacer para prepararnos? Sabemos que el mundo está lleno de peligros. Algunos de los lectores de esta revista tal vez conocieron la época anterior a la penicilina, a comienzos de la década de 1940. Recordarán la llegada de lo que parecía un avance increíble: un modo sencillo de vencer infecciones que antes significaban la muerte de muchos. Tristemente, ocurrió como con tantos avances maravillosos: la humanidad lo manejó mal. El uso excesivo y descuidado de los antibióticos dio origen a nuevos tipos de bacterias resistentes a los fármacos, y esas bacterias se extienden más y más por todo el mundo.

La Biblia nos advierte que llegará el día, al final de esta era, en que nuestro planeta será asolado por epidemias. Muchos se consuelan con la idea de que una pastilla basta para hacer desaparecer la infección. Pero llegará el momento y más pronto de lo que se cree, cuando la única fuente de sanidad será el propio Dios, y no la medicina. Algunos olvidan cuando Jesucristo envió a sus discípulos a predicar, los envió “a predicar el Reino de Dios, y a sanar a los enfermos” (Lucas 9:2).

¡Resuélvase a estar cerca de Dios!

Llegará el día cuando solamente las personas que conocen y sirven a Dios podrán resistir las terribles enfermedades que se desatarán contra la humanidad. Por tanto, manténgase cerca de Dios. Lea la Biblia todos los días. Ore a su Creador varias veces al día. Aunque hay personas con dolencias que no les permiten arrodillarse, a los demás nos conviene ponernos de rodillas y orar así al menos una vez al día. Lo principal, sin embargo, es clamar a Dios y luego escuchar su respuesta. Sabemos que la respuesta se encuentra en las páginas de la Biblia, donde Dios revela su camino a sus siervos, sus verdaderos discípulos.

Que Dios los bendiga a todos, y que volvamos el rostro a Él con fervor creciente y en contra de la corriente de la mayoría en el mundo, que se cree capaz de salir adelante sin su Creador. Hagan su parte para desarrollar el carácter justo y santo de Dios bajo su guía. Perseveren en su servicio y obediencia fiel. ¡Y recuerden siempre buscar primero el Reino de Dios y su justicia en todo lo que hacen! (Mateo 6:33).

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