¿Abolió Jesús la ley?

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Muchos que se consideran cristianos sinceros dicen que las leyes de Dios del Antiguo Testamento acerca del sábado, los días santos, los alimentos limpios o inmundos y el diezmo; fueron abolidas y no tienen ninguna relevancia para los cristianos del Nuevo Testamento. Supuestamente mediante el sacrificio de Jesucristo, fueron “clavadas en la cruz”. A quienes se declaran cristianos se les dice que ya no están “bajo la esclavitud” del antiguo pacto y las “leyes anticuadas” que enseñó Moisés, sino que ahora están bajo un nuevo pacto; con la libertad de adorar a Dios en la forma que decidan.

Comúnmente se citan palabras del apóstol Pablo para apoyar estas enseñanzas: Romanos 6:14, que ya no estamos “bajo la ley, sino bajo la gracia”; Colosenses 2:14, que Jesús anuló “el acta de los decretos que había contra nosotros”; Gálatas 3:13, que “Cristo nos redimió de la maldición de la ley” y Gálatas 3:24-25, que la ley fue solo un “ayo, para llevarnos a Cristo”, pero que “ya no estamos bajo ayo”.

Si no leemos cuidadosamente toda la Biblia y si carecemos del Espíritu Santo, resultaría muy lógico concluir que esas escrituras señalan “la abolición de la ley”. Ahora bien, ¿enseñan realmente esas escrituras que la ley fue abolida? O, ¿será esa falsa doctrina parte de las argucias que Satanás planeó para engañar al mundo que se considera cristiano? Es necesario llegar a entender lo que la Biblia revela acerca de este tema tan importante, porque es un punto que ha dividido al cuerpo de Cristo a lo largo de los tiempos. Los conflictos acerca de la ley han hecho mucho daño a la obra de Dios, y han confundido a mucha gente. ¡No entender apropiadamente este tema podría ocasionar la pérdida de la salvación y la recompensa eterna!

Advertencias en el Nuevo Testamento

Una de las primeras cosas que notamos es que la mala interpretación de versículos aislados de los escritos de Pablo podría hacerles creer a muchos que Cristo abolió la necesidad de guardar las leyes de Dios; además, el apóstol Pedro advirtió claramente que las epístolas de Pablo tenían cosas “difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también otras escrituras, para su propia perdición (2 Pedro 3:16). En el principio de su ministerio Jesús advirtió acerca de falsos maestros que vendrían “con vestidos de ovejas” [afirmando ser cristianos] y que desviarían al pueblo (Mateo 7:15-20). Y hacia el final de su ministerio terrenal pronunció una advertencia profética: “Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre [afirmando ser maestros cristianos]... y a muchos engañarán” (Mateo 24:4-5).

Pablo también advirtió que falsos maestros se levantarían en la Iglesia, y arrastrarían a los discípulos lejos de la verdad (Hechos 20:29-31). Y específicamente afirmó “que en los postreros días” muchos seguirían un falso cristianismo, “que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella” (2 Timoteo 3:1-5). ¡Negamos la eficacia de la religión bíblica cuando hacemos caso omiso o buscamos argumentos para no hacer lo que la Biblia claramente enseña! Por esta razón Pablo le aconsejó a la Iglesia en Tesalónica: “Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21) y Lucas consignó el ejemplo de los de Berea quienes escudriñaban “cada día las Escrituras para ver si” lo que decían los discípulos de Jesús era la verdad (Hechos 17:10-12). ¡La mejor prueba de una verdad doctrinal es verificar todas las escrituras sobre un tema, no solo unas pocas tomadas fuera de contexto! Para saber si Jesús abolió las leyes de Dios relacionadas con el sábado, los días santos y otros temas similares; es necesario detenerse y buscar no solo unos pocos versículos fuera de contexto, sino todo el panorama que revelan tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento.

¿Existió la ley antes del Sinaí?

En la actualidad muchos creen equivocadamente que las leyes escritas por Moisés fueron únicamente parte del antiguo pacto [entre Dios y la antigua Israel], que concluyó con la muerte de Cristo; y por eso no tienen aplicación para los cristianos que viven bajo el nuevo pacto. Sin embargo, la Biblia revela algo muy diferente. En el Nuevo Testamento leemos que “el pecado entró en el mundo por un hombre [Adán]” (Romanos 5:12). “Pecado es infracción [transgresión] de la ley” (1 Juan 3:4). No puede haber transgresión [pecado], “donde no hay ley” (Romanos 4:15). Adán y Eva pecaron por infringir la ley de Dios. No rindieron honor a su Padre [Dios] y pusieron otro dios delante de Él cuando hicieron caso a Satanás. También codiciaron y robaron lo que Dios dijo que era prohibido, luego mintieron para esconder la culpa, en vez de admitir que habían cometido un error. Caín fue advertido antes de matar a su hermano que la ira podría llevarlo al pecado (Génesis 4:6-8). La Biblia indica claramente que las leyes de Dios estaban en vigencia desde el principio de la creación; miles de años antes de que Moisés recibiera los diez mandamientos.

A Noé se le llamó “pregonero de justicia” (2 Pedro 2:5), y en la Biblia encontramos la siguiente definición de justicia: “todos tus [del Eterno] mandamientos son justicia (Salmos 119:172). De manera que la única conclusión lógica a la que podemos llegar es que ¡Noé predicó la obediencia a los mandamientos de Dios! Algunos, con el propósito de negar la necesidad de obedecer las leyes de Dios, han afirmado que Moisés estaba predicando diferentes mandamientos de los que se mencionan en la Biblia. Con todo, vemos que Abraham y Jacob pagaron diezmos (Génesis 14:18-20; 28:22), aunque el sistema de los diezmos no fue completamente explicado sino hasta después en los escritos de Moisés (Deuteronomio 12:22-28). Sodoma y Gomorra fueron destruidas por cometer pecados que incluían la perversión sexual (Génesis 19:1-13), aunque el homosexualismo no se menciona explícitamente hasta Levítico 18:22 (ver Romanos 1:24-27). Al adulterio se le llamó “tan grande pecado” (Génesis 20:1-12) antes de que Dios entregara los diez mandamientos. El mismo Dios nos dice en la Biblia que bendijo a Abraham: “Por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto [instrucciones], mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes” (Génesis 26:5); si bien la lista de esos mandamientos, estatutos y leyes fue consignada más tarde por escrito por medio de Moisés (Éxodo 20 a 23) como parte del pacto entre Dios y la nación de Israel.

Cuando Dios reveló el conocimiento del sábado en la creación, santificó [apartó para uso sagrado] el séptimo día y descansó para mostrarnos la forma de guardar el sábado (Génesis 2:1-3). A muchos que se declaran cristianos se les ha dicho que podemos guardar cualquier día de la semana, o que la tradición de la Iglesia estableció el domingo como día de adoración a Dios. ¡Aunque la Biblia en ningún lugar aprueba tales prácticas! A los israelitas se les dieron instrucciones de observar la Pascua y los días de Panes Sin Levadura, y el sábado, antes de que el antiguo pacto fuera establecido (Éxodo 12; 16:23-26). Cuando los israelitas desobedecieron la instrucción de guardar el sábado, Dios preguntó: “¿Hasta cuándo no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes?” (Éxodo 16:28). Lo que demuestra que las leyes de Dios, incluyendo el sábado y los días santos, estaban vigentes antes del antiguo pacto. ¡Al caducar el antiguo pacto no terminó la obligación de obedecer las leyes de Dios que estaban en vigencia antes de la formalización de ese pacto!

El antiguo pacto

Un argumento muy sutil insinúa erróneamente que en vista de que el antiguo pacto y los escritos de Moisés tienen centenares de leyes; y que cualquiera que crea en guardar el sábado, los días santos, el diezmo y las leyes de la alimentación; debería guardar entonces todo lo que fue parte del antiguo pacto, porque si se omite algo equivaldría a una selección arbitraria de cuáles leyes guardar. Un argumento así demuestra la ignorancia acerca del antiguo pacto y la ceguera ante el verdadero significado de las Escrituras, algo que ha prevalecido durante siglos en las iglesias que se consideran cristianas.

El antiguo pacto fue un convenio formal entre Dios y la antigua nación de Israel. Consistía en promesas de bendiciones materiales y en que Israel fuera un pueblo especial, si obedecía las leyes de Dios y servía de ejemplo al mundo (Éxodo 19:5-6; Deuteronomio 4:1-10). No había promesas espirituales de vida eterna ni del don del Espíritu Santo, aunque sí tenía advertencias de castigo por la desobediencia. Este convenio consistía en la obediencia a tres clases de leyes: Los diez mandamientos (Éxodo 20); los estatutos, juicios u ordenanzas (Éxodo 21 a 23) y las leyes ceremoniales (Éxodo 25 a 40). Esta distinción fundamental es esencial para comprender cuáles prácticas no seguirían vigentes cuando se estableciera el nuevo pacto.

Los diez mandamientos constituyen la esencia de las leyes de Dios. Los primeros cuatro, entre los cuales se encuentra el mandamiento del sábado, enseñan la forma de amar a Dios (Deuteronomio 6:5) y los últimos seis enseñan la manera como Dios quiere que mostremos el amor al prójimo (Levítico 19:18). Estas leyes han estado vigentes desde la creación, y continuarán eternamente porque la naturaleza de Dios no cambia (Malaquías 3:6). Los estatutos y juicios muestran cómo aplicar los diez mandamientos [leyes de amor a Dios] en situaciones específicas. Muchos de estos principios se encuentran en las leyes de las naciones del mundo (Éxodo 21). Las leyes bíblicas fueron dadas para beneficio de la humanidad, y ¡podríamos incluso ir a parar a la cárcel si infringiéramos algunas de ellas! Esas leyes son una bendición, aun en la sociedad civil, no una maldición.

Las leyes ceremoniales son algo completamente diferente. La Biblia revela que las leyes relacionadas con los sacrificios y las ofrendas originalmente no formaban parte del antiguo pacto (Jeremías 7:21-23). Esas leyes fueron agregadas después “a causa de las transgresiones” (Gálatas 3:19). Pablo no se estaba refiriendo aquí a los diez mandamientos, que constituyen el núcleo del antiguo pacto y estaban vigentes desde la creación. Los escritos mosaicos señalan que los rituales de sacrificios y ofrendas no se iniciaron hasta la dedicación del tabernáculo, un año después de la constitución del antiguo pacto en el Sinaí (Éxodo 40:17, 29). La Biblia claramente muestra que las leyes ceremoniales fueron añadidas al antiguo pacto y, como explicaremos, eran de índole temporal. Estas leyes eran temporales porque eran figura física de lo que habría de ser el sacrificio de Cristo: “La sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados” (Hebreos 10:4). “Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios” (v. 12).

Jesús, los apóstoles y la ley

Muchos podrían preguntar: “Si amamos al Señor y creemos en Jesús, ¿debemos aún obedecer las leyes de Dios?” Lamentablemente, a muchos sinceros creyentes se les ha dicho que el cristianismo es un asunto de amor, no de “reglas o regulaciones”, lo que los críticos llaman legalismo. Aunque este argumento les parezca razonable a muchos, la Biblia nos dice algo muy diferente. Jesús dijo: “No penséis que he venido para abrogar [anular] la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir” (Mateo 5:17). Las Escrituras muestran que Jesús vino a “magnificar [ampliar] la ley y engrandecerla” (Isaías 42:21). Jesús enseñó que no solo debemos obedecer la letra de la ley, sino también el espíritu [o intención] de la ley (Mateo 5:21-30). Cuando a Jesús se le preguntó qué era necesario para tener la vida eterna, contestó que debíamos guardar los mandamientos; y se estaba refiriendo, en contexto, a la obediencia a los diez mandamientos (Mateo 19:16-20). Jesús equiparó “el amor al Señor” con la obediencia a los mandamientos (Juan 14:15); aunque muchos hagan caso omiso de estas claras afirmaciones de Cristo. Jesús no abolió el sábado ni los días santos, sino que los guardó y enseñó a sus discípulos a hacer lo mismo (Lucas 4:16; Juan 7:8-19). Jesús enseñó que debíamos pagar el diezmo (Mateo 23:23). Es obvio que la idea común de que Jesús abolió la ley, sostenida por muchos que se declaran cristianos, es una suposición equivocada que no tiene sustento en la Biblia.

Muchos, equivocadamente, dan por un hecho que los apóstoles y la Iglesia primitiva llegaron a darse cuenta de que las “leyes mosaicas” relacionadas con el sábado, los días santos, las leyes alimentarias y el diezmo ya no estaban en vigencia para los cristianos del Nuevo Testamento. Sin embargo, esto no es lo que encontramos en el libro de los Hechos. La Biblia revela que Pablo no solamente guardaba el sábado, unos 20 años después de la crucifixión (ver Hechos 13:42-44; 17:1-2), sino que continuaba observando los días santos (Hechos 18:21); y también exhortó a los demás cristianos a que hicieran lo mismo (1 Corintios 5:7-8). Esto concuerda con lo que escribieron los historiadores sobre la Iglesia primitiva en Jerusalén. Edward Gibbon escribió que la Iglesia primitiva en Jerusalén, durante casi cien años después de la muerte de Jesucristo, “unificó la ley de Moisés [incluyendo el diezmo] con la doctrina de Cristo” hasta que la presión de los gentiles la llevaron a rechazar esas prácticas bíblicas y apostólicas.

Es apropiado revisar lo que el mismo Pablo tuvo que decir en relación con la obediencia a la ley, porque sus escritos con frecuencia se presentan como prueba de que los cristianos del Nuevo Testamento no tienen que guardarla. El apóstol Pablo dijo que “no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley” (Romanos 2:13), que la ley es para nuestra instrucción (v. 18) y que la ley define lo que realmente es el pecado (Romanos 3:20). Explica que la fe no invalida la ley, sino que la confirma (v. 31); y “que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno” (Romanos 7:12). Pablo hace suyas las enseñanzas de Jesús cuando afirma, refiriéndose a los diez mandamientos, “que el cumplimiento de la ley es el amor” (Romanos 13:8-10). Para Pablo, guardar los mandamientos es el camino del cristiano; ¡no un legalismo!

Pero, ¿qué significa lo dicho por Pablo cuando parece afirmar lo contrario? En Colosenses 2:14-15, el “acta de los decretos” [“nota de cargo”, Biblia de Jerusalén] que fue clavada “en la cruz”, no se refiere a las leyes de Dios, sino a nuestros pecados. Cuando pecamos, contraemos una deuda que se paga con la muerte (Romanos 6:23). Pena de muerte que significa la maldición de la que nos redimió Cristo con su muerte (Gálatas 3:13). La ley de Dios no puede ser una maldición, ¡puesto que el mismo Pablo dijo que era santa, justa y buena! Cuando Pablo dice que no estamos “bajo la ley, sino bajo la gracia”, significa que cuando nos hemos arrepentido y empezamos a obedecer las leyes de Dios ya no estamos bajo la pena de la ley [la muerte], porque hemos recibido el perdón inmerecido, y ya no vamos a practicar el pecado [no vamos a transgredir las leyes de Dios (Romanos 6:15)]. Cuando Pablo afirma que “el hombre no es justificado por las obras de la ley”, está utilizando una expresión que específicamente si refiere a rituales; no a los diez mandamientos (Gálatas 2:16; 3:2, 10). Cuando dice que “la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo... Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo” (Gálatas 3:24-25), se está refiriendo al carácter temporal del sistema de estatutos, leyes ceremoniales, rituales y sacrificios que señalaron la necesidad de un Salvador. Esto es lo que trata la Epístola a los Gálatas. Pablo no está diciendo que la ley básica de Dios; los diez mandamientos, el sábado, los días santos, el diezmo y las leyes alimentarias; hayan sido abolidas. Lo que se confirma en Hebreos 9:9-10.

El nuevo pacto y la ley

La mayoría de quienes se consideran cristianos tienen creencias contradictorias: Que están bajo un nuevo pacto y que ya no tienen que guardar las leyes de Dios, escritas en detalle por Moisés, porque ahora esas leyes están escritas en su mente y en su corazón (Hebreos 8:1-13; 10:16; Jeremías 31:31-33). El mismo Dios que inspiró esos versículos explicó también que, bajo el nuevo pacto, daría a su pueblo un nuevo espíritu “para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos y los cumplan” (Ezequiel 11:19-20; 36:24-27). Todo el que tenga las leyes de Dios escritas en su mente y en su corazón desea guardarlas, no anda buscando argumentos o excusas para desobedecerlas. Si bien la mayoría de quienes se declaran cristianos esperan estar en el Reino de Dios, parece que ignoran que “de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra del Eterno”, cuando Jesucristo establezca su Reino en la Tierra (Isaías 2:2-4). Los santos, como maestros en el Reino, enseñarán al mundo a observar el sábado (Isaías 66:22-23), los días santos (Zacarías 14:16-19) y las leyes alimentarias (Isaías 66:15-17). El nuevo pacto está basado en las leyes de Dios, como lo estuvo el antiguo. Pero el nuevo pacto tiene promesas espirituales: El perdón de los pecados, después de un sincero arrepentimiento, el Espíritu Santo y la vida eterna. Por esta razón al nuevo pacto se le llama “un mejor pacto” (Hebreos 7:22; 12:24). El nuevo pacto no solo significa amar al Señor y amar al prójimo (1 Juan 5:2-3), significa también aprender a observar las reglas y regulaciones [las leyes de Dios] que nos guiarán por el camino correcto.

Quienes enseñan erróneamente que los cristianos ya no necesitan obedecer las leyes de Dios, no se dan cuenta de que su razonamiento es producto de una mente carnal; una mente que no tiene la guía del Espíritu Santo. Pablo explica que esas mentes carnales “son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden” (Romanos 8:7). Una mente inconversa pasa por alto las leyes de Dios o busca argumentos para no obedecerlas, aunque esa persona afirme creer en Dios y amar al Señor. Satanás es capaz de influir o engañar a cualquiera que se encuentre en ese estado de ánimo (2 Corintios 4:3-4). La Biblia revela esa como la razón básica por la que muchos suponen que Jesús abolió la ley, un concepto sin ningún respaldo bíblico y que contradice todo el plan de Dios. Las leyes de Dios señalan un camino de vida que Dios ha destacado desde la creación, camino al que los cristianos hemos sido llamados para aprender a vivir y así estaremos en capacidad de enseñarlo a toda la humanidad en el próximo Reino de Dios. Sigamos estudiando y orando ¡para que no perdamos de vista la verdad! [MM]