¿Es el pulpo un alienígena en nuestros mares?

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Aunque usted no lo crea, ¡algunos científicos sugieren que el pulpo no se originó en la Tierra! ¿Qué puede enseñarnos esta extraordinaria criatura?

En agosto del 2015, la prestigiosa revista científica Nature publicó un artículo sobre la primera secuenciación del genoma de un pulpo: específicamente, el genoma de la especie conocida como “pulpo de dos manchas”. Secuenciar el genoma de un animal es examinar su ADN de modo completo para aprender los detalles de su código genético. Lo que encontraron en el código de este pulpo los sorprendió por su complejidad y disposición. Como dijo bromeando uno de los investigadores: “Es el primer genoma secuenciado de algo como un alienígena”.

Sería en broma, pero tres años después un grupo sorprendentemente grande de científicos, no menos de 33 y de muchas naciones, disciplinas y universidades respetadas; han convertido la broma en un argumento científico serio.

En la revista Progress in Biophysics and Molecular Biology, esos científicos aseveran que la mejor explicación de la existencia del pulpo acudiría a lo extraterrestre. Sugieren dos posibilidades: o bien los antepasados más sencillos, parecidos al calamar, recibieron otro material genético en pleno funcionamiento proveniente de virus extraterrestres, o bien los pulpos llegaron como una población de embriones de pulpo crioconservados [congelados], transportados a la Tierra en meteoros gélidos” (Agosto del 2018, págs. 11-12).

Por absurda que parezca la hipótesis de los pulpos alienígenas, cuanto más se estudia este exótico y asombroso animal, más nos maravillamos. Pasemos un rato con el fascinante pulpo y observemos cómo la gloria de Dios se pone de manifiesto en esta obra de sus manos.

Un diseño único

La característica más singular y obvia del pulpo es su aspecto físico. Aunque las diferentes especies de pulpo varían en múltiples detalles, también hay muchas características comunes.

La mitad del cuerpo del pulpo es su manto abultado, una parte bulbosa y musculosa que contiene los órganos vitales. La otra mitad está compuesta por ocho brazos que parecen tentáculos, cada uno revestido de dos hileras de ventosas. Entre estas dos partes del cuerpo están los ojos, órganos extraordinarios que se cuentan entre los más complejos en el mundo submarino, y se parecen a los nuestros en su estructura como de cámara fotográfica.

Estas son las partes del pulpo que veríamos al bucear, ¡pero el hecho de ver al pulpo ya puede ser una proeza! Este animal posee uno de los sistemas de camuflaje más complicados y especializados en todo el mundo natural. En la piel tiene decenas de miles de células llamadas cromatóforos. Cada cromatóforo contiene tres sacos de pigmento y cada uno está controlado de un modo directo y muy refinado por el sistema nervioso, lo que dota al animal de un control extremadamente preciso sobre la apariencia de la piel. Un pulpo puede imitar el aspecto de la arena, rocas, coral e incluso los colores y diseños de otros animales. Otras estructuras en la piel, llamadas papilas, le permiten imitar la textura misma del área circundante, con lo cual el pulpo se hace casi imposible de distinguir del fondo en que se encuentra.

La habilidad de que hace gala esta maravilla de ocho brazos ¡hace parecer al camaleón como un simple aficionado!

Dotado de estas capacidades, el pulpo se convierte en un cazador de alta peligrosidad. Tendiendo sus brazos como una red, el carnívoro acuático rodea a su presa, quizás algún desafortunado cangrejo, y se la lleva a una boca situada allí donde se juntan los brazos, debajo de la cabeza. Allí le espera una de las pocas partes duras que posee este ser de cuerpo blando: su pico de lora, capaz de partir y abrir la concha de su presa, dejando el cuerpo interno expuesto a una lengua cubierta de púas.

Una vez que el pulpo se aferra, difícilmente se le escapa su presa. ¡Los brazos y ventosas del pulpo son una maravilla de diseño! Los científicos han estudiado algunas ventosas grandes, encontrando que una sola basta para levantar 16 kilogramos de peso. Con sus brazos musculosos, cada uno dotado de 200 a 300 ventosas, el pulpo es capaz de arrastrar miles de veces su propio peso. Además, maneja y controla cada una de las ventosas individualmente y cada una tiene capacidad para cerrarse como una pinza, como los dedos humanos. Las ventosas también cumplen la función de órganos sensoriales que detectan señales químicas sutiles en el entorno.

Si bien los pulpos se arrastran fácilmente con los brazos sobre el lecho marino, ¡también pueden huir velozmente de un predador recurriendo a un mecanismo de propulsión a chorro! Recogiendo agua en el manto, la expulsan por un embudo como tubo para así impulsarse a velocidades hasta de 40 kilómetros por hora. Al mismo tiempo, el pulpo puede echar tinta, ya sea en pequeños chorros a modo de distracción, o en una nube grande que oscurece el agua. Además de reducir la visibilidad del predador, la tinta contiene sustancias químicas que irritan los ojos y confunden el olfato.

Todas estas características hacen del pulpo uno de los seres más formidables del océano. Basta, sin embargo, observarlo en su medio acuático para notar otras características extraordinarias.

Inteligencia y complejidad

Mientras los seres humanos nos beneficiamos de tener un corazón, el pulpo posee tres. Dos se encargan de impulsar sangre por las branquias mientras que el corazón central bombea sangre a los órganos. Y como si no bastaran tres corazones, ¡el pulpo tiene lo que en esencia son nueve centros nerviosos!

En proporción con el tamaño del cuerpo, el cerebro del pulpo es uno de los más grandes en el mundo submarino. No obstante, entre el 60 y el 70 por ciento de las neuronas se encuentran, no en el cerebro, sino repartidas ¡en los brazos! El cerebro es el centro de las funciones ejecutivas, encargado de la coordinación general, la toma de decisiones, la memoria y el aprendizaje. Pero, como cada uno de los ocho brazos es capaz de funcionar independientemente, el pulpo puede “delegar” la resolución de algún problema a uno o más brazos, digamos abrir una ostra resistente, a la vez que dedica el cerebro a otros asuntos, como buscar más presas o avistar predadores.

El sistema nervioso del pulpo, complejo y bien organizado, le dota de una extrema inteligencia. Se han observado pulpos jugando con objetos y parecen derivar cierta satisfacción de resolver enigmas y desbaratar cosas, entre ellas frascos de remedio a prueba de niños. Son capaces de resolver laberintos y recuerdan soluciones para aplicarlas más tarde. Puesto dentro de un frasco con la tapa ajustada, un pulpo es capaz de desenroscar la tapa desde adentro para salir. Incluso, se les ha visto utilizar herramientas simples. Una especie de pulpo, llamado el pulpo manta, se ha observado recogiendo los tentáculos punzantes de la aguamala ¡para emplearlos como armas!

¡Creado... no alienígena!

¿Son los pulpos seres de origen extraterrestre? De ninguna manera. Muchos han notado que, por singulares que parezcan, tienen la misma química genética y los sistemas biológicos amplios que tiene el resto de la vida en la Tierra. Por muy ajeno que parezca a nuestro planeta, es claro que el pulpo es una criatura, no de un mundo ajeno sino del nuestro.

Quizás algunos de los científicos autores del trabajo sobre “pulpos alienígenas” se sentirán inspirados a repensar su hipótesis, y considerar una explicación mucho más inspiradora. En vez de atribuir el diseño del pulpo a un mundo hipotético y lejano, debemos reconocer que la vida obedece a un Diseñador de vasta inteligencia, un Creador que parece hallar gran satisfacción en llenar su mundo con la mayor diversidad y variedad. Ojalá estos científicos lleguen a ver que el pulpo y su colección de capacidades y características inusitadas es tributo viviente al ingenio y agudeza de ese Diseñador y Creador: el Dios de quien sus propias vidas también dan testimonio. [MM]

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