¡Siga el camino!

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Los lectores habituales de El Mundo de Mañana han leído y están familiarizados con los mensajes personales del doctor Roderick C. Meredith. Tristemente, el doctor Meredith, evangelista que presidió la Iglesia del Dios Viviente y director general de esta publicación, después de servir al ministerio de Dios por casi 65 años, falleció en paz y convencido de su resurrección el pasado 18 de mayo del 2017.


Me es doloroso tener que darles esta noticia, porque conocí al doctor Meredith en 1965, cuando recibí sus lecciones de Biblia para nuevos estudiantes en la Institución Ambassador. Me pidió, como sucesor designado por él para ocupar su cargo, que siga escribiendo este mensaje personal como continuación de su labor.

El cambio nunca es fácil, pero es una parte importante de la vida. De una cosa pueden ustedes estar seguros: si bien nuestras personalidades pueden variar, las mismas verdades básicas con que se han familiarizado en El Mundo de Mañana permanecerán. Todos los que trabajamos en El Mundo de Mañana estamos profundamente dedicados a lo que solemos referirnos como la verdad. Reconocemos que el verdadero evangelio de Jesucristo ya estaba siendo desvirtuado en el primer siglo, poco después de comenzar el cristianismo; y así lo dice Judas: “Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Judas 3).

La “fe que ha sido una vez dada”, no es la fe de los reformistas protestantes, como lo señala el doctor Meredith en su serie sobre la Reforma Protestante. Usted encontrará la segunda entrega de esa serie en la página 7 de esta edición. Si por primera vez está recibiendo esta revista, encontrará la primera entrega en el número anterior, el cual puede encontrar en el sitio en la red: www.elmundodemañana.org o puede solicitarlo al correo: [email protected].

Los informes que nos llegan de Oriente Medio, del Norte de África y de otros lugares del mundo; hablan de decapitaciones y matanza de cristianos. ¡En ciertos lugares hay que tener mucho valor para mencionar el nombre de Cristo! No podemos menos de admirar a quienes arriesgan todo frente a posibles consecuencias tan extremas y debemos preguntarnos: “¿Tengo yo esa misma valentía?” Es fácil pensar que sí, pero hay una prueba que podemos intentar ahora mismo para responder a esa pregunta.

¿Seguiremos fielmente “el camino”?

Lucas, reconocido como el autor del libro de los Hechos, identifica al cristianismo varias veces como “el camino” (Hechos 18:25-26; 19:9, 23). En otras palabras, ¡el cristianismo es un camino de vida! Incluso algunos traductores escriben camino con mayúscula en varias ocasiones, reconociendo la importancia del vocablo en ese contexto. Efectivamente, ¡el cristianismo es un camino de vida! ¡Y vivir conforme a ese camino de vida exige valor! Exige valor, no solamente allá donde están decapitando personas que se declaran seguidoras de Cristo, sino también en lugares seguros como la sala de la propia casa, donde usted puede estar leyendo este artículo. ¿Por qué?

Como lo explica el doctor Meredith en su serie sobre la Reforma Protestante, el cristianismo, tal como lo conocemos hoy, no es el cristianismo de Jesucristo y los apóstoles del primer siglo, ¡hecho que todo estudioso respetado acepta! Jesús y sus apóstoles adoraban en un día diferente y guardaban días santos diferentes. Predicaban un evangelio diferente, que ofrecía una recompensa muy distinta para los salvos y un castigo muy distinto para los que no se arrepienten. A la vez que predicaban el perdón divino por el pecado mediante la fe en la sangre de Cristo, no omitían enseñar la definición de pecado, que es infringir la ley de Dios (1 Juan 3:4). ¡Suprimir la ley de Dios es eliminar el pecado, y la necesidad del perdón! (Romanos 7:7). En cualquier lugar donde vivieran los discípulos, sus adversarios lanzarían todo tipo de falsos rumores contra ellos (Mateo 5:11; Juan 15:18-21); y los cristianos del primer siglo predicaban una exigencia y una dedicación mucho más firmes a Jesucristo de lo que generalmente se cree.

No es de extrañar que Jesús nos advierta claramente en Lucas 14:26: “Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre y madre y mujer, e hijos y hermanos y hermanas y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo”. ¡Son palabras fuertes! Lea y medite sobre lo que esto puede significar para usted. Nota: Aquí el término aborrecer no significa odiar al padre o a la madre o a sus seres queridos, sino que no debemos desobedecer a Dios por complacerlos a ellos.

Jesús no vino a traer paz en la era actual, como muchos creen: “No penséis que he venido para traer paz a la Tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa. El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí” (Mateo 10:34-37).

¿Conocer o practicar?

Conocer la verdad y vivirla no es lo mismo. A Juan se le conoce como el “apóstol del amor”, con todo, dice que la verdad es un camino de vida que es necesario practicar: “Si decimos que tenemos comunión con Él y andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad;” (1 Juan 1:6). Luego prosigue en el capítulo siguiente, expresando muy claramente qué es lo que debemos practicar: “En esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le conozco y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso y la verdad no está en él” (1 Juan 2:3-4).

El Nuevo comentario bíblico revisado explica lo siguiente sobre estos versículos:

V. 3. Viene una prueba por la cual los hombres sabrán si, pese a sus faltas, están en una relación correcta con Dios y caminan en comunión con Él. La prueba es si guardan sus mandamientos. Para los hombres que realmente conocen a Dios, es imposible que este conocimiento no les afecte en su vida diaria… Para Juan, el conocimiento de Dios no es una visión mística ni una percepción intelectual. Se manifiesta si guardamos sus mandamientos. La obediencia no es una virtud espectacular, sino la base del servicio de todo verdadero cristiano.

V. 4. Juan dice sin ambages que el hombre que dice tener este conocimiento, pero desobedece los mandamientos, es un mentiroso. Y recalca esto agregando que la verdad no está en él.

El valor es algo que debe practicarse. Muchos temen lo que sus amigos, vecinos y familiares pensarán si dan un paso adelante para vivir según el camino del cristianismo verdadero. Prefieren continuar viviendo cómodamente conforme a las doctrinas y tradiciones que han recibido. Para ellos, el valor es lo que se requiere para seguir a Cristo en algún país musulmán lejano, pero no algo necesario en el lugar tranquilo donde uno vive. Pero al final, todo se reduce a esto: ¿Va usted a reconocer y aceptar la verdad de las Escrituras? ¿Va a obedecer a Dios? O, ¿va a continuar siguiendo las tradiciones del hombre cuyos orígenes son el paganismo y la filosofía griega?

Aplazar una decisión es una decisión

En realidad, tenemos que decidir. ¡Recuerde que no tomar una decisión es, en sí, una decisión! Si usted está entre los pocos valientes y si le interesa saber más sobre otras personas que ya han decidido regresar a “la fe que fue una vez dada a los santos”, no vacile en comunicarse con nosotros a nuestra oficina regional, que puede encontrar en la página 2. También puede ingresar a nuestro sitio en la red www.elmundodemañana.org o solicitar una entrevista personal enviando un correo a: [email protected]. Nuestros representantes tendrán el mayor gusto en visitarle en su casa o en un lugar conveniente que usted elija. Solamente iremos si usted lo solicita. ¡Pero nos gustaría mucho conocerle!

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