Todos los recursos del gobierno estadounidense no han sido suficientes, hasta la fecha, para detener el flujo de drogas ilícitas hacia las calles, universidades, lugares de trabajo e incluso las salas de juntas a lo largo y ancho del país. Las consecuencias en la familia y la sociedad han sido desastrosas. La Administración de Drogas y Alimentos (DEA por sus siglas en inglés) se formó en julio de 1973, pero, por muy buenas que fueran sus intenciones, no ha podido eliminar el enorme consumo de narcóticos y otras drogas nocivas.