La profecía cobra vida - Globalización de la codicia

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Muchas profecías bíblicas anuncian hechos específicos que surgirán en el escenario mundial al aproximarse el fin de esta era, período inmediatamente anterior al regreso de Jesucristo a la Tierra, para establecer el Reino de Dios. Jesús advirtió a sus discípulos que estuvieran atentos a esos sucesos a fin de reconocer cuándo sería inminente su regreso (Mateo 24:32-44).

Aunque muchos sean renuentes a creerlo, la verdad es que las antiguas profecías bíblicas están cobrando vida… ¡frente a nuestros ojos!

Predicciones muy importantes

El apóstol Pablo enumeró señales específicas que indican el fin de esta era: En los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios” (2 Timoteo 3:1-4).

El apóstol Pedro advirtió: “Hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató… Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón habituado a la codicia, y son hijos de maldición. Han dejado el camino recto, y se han extraviado siguiendo el camino de Balaam hijo de Beor” (2 Pedro 2:1, 14-15).

Los diez mandamientos condenan la codicia: “No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo” (Éxodo 20:17). Salomón advirtió que el malo “es dado a la codicia” (Proverbios 1:10-19). Por su parte, Jesús reprochó a los dirigentes religiosos por ser dados a la hipocresía, la extorsión y el robo [codicia desenfrenada]” (Mateo 23:25-28).

También los profetas criticaron duramente la adquisición egoísta de bienes materiales: “¡Ay de los que en sus camas piensan iniquidad y maquinan el mal, y cuando llega la mañana lo ejecutan, porque tienen en su mano el poder! Codician las heredades, y las roban; y casas, y las toman; oprimen al hombre y a su casa, al hombre y su heredad” (Miqueas 2:1-2).

El profeta Amós pronunció contra los israelitas una profecía que se aplica hoy, como se aplicaba entonces; que a causa de la codicia rampante, el materialismo impío, y la explotación de los menos afortunados: “Así ha dicho el Eterno: Por tres pecados de Israel, y por el cuarto, no revocaré su castigo; porque vendieron por dinero al justo, y al pobre por un par de zapatos. Pisotean en el polvo de la tierra la cabeza de los desvalidos… Heriré la casa de invierno con la casa de verano, y las casas de marfil perecerán; y muchas casas serán arruinadas, dice el Eterno” (Amós 2:6-7; 3-15). Amós amonestó a los jefes de Israel, quienes vivían en la opulencia, mientras sus conciudadanos carecían de muchas cosas: “He aquí, vienen sobre vosotras días en que os llevarán con ganchos… Os haré, pues, transportar más allá de Damasco [Cautiverio], ha dicho el Eterno… Por tanto, ahora irán a la cabeza de los que van a cautividad… Israel será llevado de su tierra en cautiverio” (Amós 4:2; 5:27; 6-7; 7:11).

La Biblia revela que Dios ha tratado con severidad a los impíos y a los codiciosos en el pasado, ¡y que en el futuro también lo hará!

Dilemas de la actualidad

A la luz de estas profecías, no podemos menos que contemplar con seriedad las tendencias sociales de hoy en los países del primer mundo. Ciertos estudios indican que entre el 70 y el 90 por ciento de sus habitantes juzgan demasiado materialista a su sociedad, y consideran que esto constituye un problema social serio.

Jim Bohannon, presentador de un programa de opinión de amplia difusión, se refiere a los estadounidenses como “absortos en sí mismos… entregados al individualismo y a la permisividad moral”, y presos en una “obsesión nacional con el materialismo y la adquisición de dinero”. Escribió: “Ninguna evaluación de lo que anda mal en los Estados Unidos estaría completa sin reparar en el egoísmo… la sociedad actual parece haber hecho del egoísmo un arte… a la vez que le da un sello de aprobación”. Agregó: “En los ochenta, década de la codicia”, aprendimos que “la codicia es buena”. Bohannon ve en el afán descontrolado de consumir bienes, síndrome de comprar hasta la saciedad, “el culto al mercado… y la adoración del dólar todopoderoso”, como problemas centrales.

La cultura de culto al mercado y adoración del dólar, se ha difundido por todo el planeta. La música, el cine, la televisión y las redes sociales; promueven sin cesar sus productos de consumo y la filosofía de que el consumo insaciable, trae felicidad; han generado una cultura juvenil obsesionada por el dinero, sometida insaciablemente al bombardeo audiovisual, y empeñada en satisfacerse a sí misma.

En opinión de algunos, esta proyección mundial del consumismo es como un virus, un virus particularmente patológico… que se reproduce en el resto del mundo… infectando el cuerpo cultural de otras naciones. La globalización del consumo egocéntrico, emanado de los países prósperos, esta generando gran animosidad mundial, en tanto que socaba y destruye los valores y las culturas tradicionales.

El analista e historiador de la cultura humana, Morris Berman, describe otra tendencia inquietante: La creciente desigualdad social, por la cual, los ricos siguen enriqueciéndose, mientras que los pobres empobrecen más. Berman señala que en los últimos decenios hemos visto una redistribución sin precedentes de los ingresos hacia los ricos. Hay ejecutivos con sueldos 400 veces mayores que los salarios de sus empleados. Instituciones financieras que antes fueron respetables, ahora tienen políticas de persecución y de compras forzosas, y se apoderan hostilmente de otras empresas, alzándose con enormes honorarios. Al hacerlo, sus ejecutivos se embolsan millones de dólares… mientras miles de trabajadores pierden su empleo y su fuente de ingresos.

Muchos monarcas, dictadores y dirigentes políticos de países en desarrollo, se zambullen en el lujo mientras sus compatriotas luchan sumidos en la pobreza. Los observadores más perspicaces comprenden claramente que la abusiva acumulación de riquezas, en manos de pocas personas, es un fenómeno global; y que este tipo de desigualdad, puede acabar por destruir toda la estructura social. Berman ve avecinarse una gran crisis estructural, que llegará en algún momento de este siglo veintiuno, ¡época en la que estamos viviendo!

Muchos historiadores señalan que estas mismas tendencias sociales y económicas, aparecieron durante el desmoronamiento del Imperio Romano, y en el ocaso de otros estados poderosos. Los escritores de la antigüedad aseveraron que la codicia y la falta de moderación, las preocupaciones  por el lujo, acompañadas de la degeneración moral, contribuyeron a la decadencia y ruina del poderoso Imperio Romano.

Los historiadores Will y Ariel Durant, vieron un patrón repetitivo en la acumulación y redistribución de la riqueza. La riqueza se concentra en manos de pocos, y cuando las masas empobrecidas ya no toleran más la situación, la riqueza se vuelve a redistribuir, ya sea por medios pacíficos, legislación o decreto; o mediante revolución sangrienta. Estos historiadores señalan que “la brecha entre los ricos y los más pobres es más grande ahora, que en cualquier momento desde la Roma imperial plutocrática”; e indican que no puede demorarse alguna corrección.

La evaluación más inquietante es la del economista francés Jacques Attali, quien ve, para los próximos años, una brecha creciente, amarga e inestable; entre un núcleo cada vez más rico, y una periferia cada vez más empobrecida; con esta última levantándose al final contra el núcleo rico, en una guerra como nunca se ha visto en los tiempos modernos.

A los economistas les agrada confiar en la “mano invisible” postulada por el economista del siglo 18 Adam Smith. Se piensa que la razón controlará los mercados mundiales. Los historiadores ven la acumulación desigual de la riqueza, con la esperanza de que se produzca una redistribución pacífica, cuando las fuerzas sociales impongan un cambio.

Sin embargo, la Biblia revela que la situación actual tendrá un desenlace muy distinto. La profecía bíblica revela que Dios permitirá que nuestras sociedades egoístas, materialistas y obsesionadas por el consumo, cosechen las consecuencias lamentables de lo que han sembrado: “¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán. Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla… Habéis condenado y dado muerte al justo, y él no os hace resistencia” (Santiago 5:1-2, 6).

Luego, vendrá Jesucristo e intervendrá con “justicia, y a tus afligidos con juicio… Juzgará a los afligidos del pueblo, salvará a los hijos de menesteroso, y aplastará al opresor… Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso, y salvará la vida de los pobres. De engaño y de violencia redimirá sus almas, y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos” (Salmos 72: 2, 4, 13-14), para restablecer la justicia económica y poner fin al egoísmo y la codicia. Cuando vemos la globalización actual de la codicia, ¡confirmamos que la profecía bíblica está cobrando vida! [MM]

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