La crisis de las drogas

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Todos los recursos del gobierno estadounidense no han sido suficientes, hasta la fecha, para detener el flujo de drogas ilícitas hacia las calles, universidades, lugares de trabajo e incluso las salas de juntas a lo largo y ancho del país. Las consecuencias en la familia y la sociedad han sido desastrosas. La Administración de Drogas y Alimentos (DEA por sus siglas en inglés) se formó en julio de 1973, pero, por muy buenas que fueran sus intenciones, no ha podido eliminar el enorme consumo de narcóticos y otras drogas nocivas.

Con la introducción del fentanilo, poderoso opiáceo sintético que es por lo menos 50 veces más fuerte que la morfina, las muertes por sobredosis accidentales se han disparado a lo largo y ancho del país. A esto se han atribuido más de 300.000 muertes desde el 2017. El grave peligro que supone es bien conocido por los médicos y los consumidores en la calle. Entonces, ¿por qué es tan extendido su uso?

Aquí entra en juego un principio básico de la economía: La oferta y la demanda. No se ha eliminado el mercado porque hay una demanda enorme de drogas ilícitas. Quienes están en adicción, pagan lo que sea, generando así enormes sumas de dinero para los inescrupulosos que están dispuestos a proveer las drogas, aun a riesgo de terminar en la cárcel. Los ingresos son tan cuantiosos que, sociedades enteras, e incluso algunos gobiernos nacionales, han caído bajo el dominio de carteles que producen, distribuyen y venden productos adictivos y letales.

Un problema antiguo

Este problema, que parece moderno, tiene raíces muy antiguas. En la Biblia vemos lo que ocurría en tiempos de Noé: “Vio el Eterno que la maldad de los hombres era mucha en la Tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5). Salomón, bajo inspiración, escribió: “¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del Sol” (Eclesiastés1:9).

En la búsqueda de una solución al problema, hay un papel necesario que corresponde a las autoridades: “Por cuanto no se ejecuta luego sentencia sobre la mala obra, el corazón de los hijos de los hombres está en ellos dispuesto para hacer el mal” (Eclesiastés 8:11). La acción oportuna de la policía, fiscales y tribunales puede ayudar a frenar la circulación de drogas ilícitas, pero este problema maligno persistirá mientras no se elimine la demanda o se reduzca grandemente. Para lograrlo, se necesita un cambio de actitud de parte de quienes consumen drogas ilícitas. Obviamente, la educación es un arma poderosa, pero se requiere algo más.

La demanda de narcóticos parece haber aumentado a medida que se deshace la estructura familiar básica en el mundo Occidental. El apóstol Pablo enseñó: “Vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4). Y Proverbios 22:6 nos da un principio general al respecto: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”. Los sanos valores familiares inculcados desde la infancia, y aplicados en el hogar eliminarán la demanda y, en consecuencia, el mercado para drogas ilícitas.

Las Escrituras se refieren en términos vívidos a los peligros y la desesperanza causados por la intoxicación: “¿Para quién será el ay? ¿Para quién el dolor? ¿Para quién las rencillas? ¿Para quién las quejas? ¿Para quién las heridas en balde? ¿Para quién lo amoratado de los ojos?... Tus ojos mirarán cosas extrañas, y tu corazón hablará perversidades” (Proverbios 23:29, 35).

Esto es muy aplicable a quienes han sido esclavizados por el vicio de las drogas ilícitas. Siendo nefastas las consecuencias físicas, las espirituales son aun peores. Dios advierte sobre la ejecución final que se aplicará a los pecadores que no se arrepienten: “Los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Apocalipsis 21:8). Notemos que la palabra hechiceros es traducción de la palabra griega pharmakos, de la cual se derivan fármaco y farmacia, lo cual señala que este pasaje se refiere a personas que abusan de las drogas.

Quizá no podamos cambiar la cultura de las drogas en la sociedad, pero sí podemos hacer cambios en nuestra vida y familia. El ejemplo que damos al rechazar los narcóticos será una influencia positiva en los demás. [MM]

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