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“Señoras y señores: Canadá e Israel son los mejores amigos y los más naturales aliados... Canadá estará firme con ustedes, venga lo que venga” (Times of Israel). Estas palabras del primer ministro canadiense Stephen Harper, dirigidas hace poco más de un decenio al Parlamento de Israel, destacaban el fuerte compromiso que existía entre las dos naciones.
Vivimos en una era de alianzas que cambian rápidamente. Cuando Harper pronunció estas palabras, pocos se imaginarían que solo unos diez años más tarde veríamos ondear la bandera palestina en la Alcaldía de la ciudad más grande del Canadá, seguida de una declaración del primer ministro, en la cual el Dominio de Canadá reconocía oficialmente a Palestina como un Estado.
La posición oficial canadiense siempre fue buscar la solución de dos Estados, con miras a estabilizar las relaciones entre israelíes y palestinos. Incluso, en su discurso ante el Parlamento, el ministro Harper identificó esta solución como la única esperanza que Canadá veía para la región. Pero la propuesta de dos Estados siempre dependió de que hubiera un acuerdo escrito con concesiones de ambas partes. Siendo así, ¿qué impulsó a Canadá a abandonar su espera de concesiones y seguir adelante con el reconocimiento de un segundo Estado?
En su declaración del 21 de septiembre del 2025, el primer ministro Mark Carney citó las siguientes cuatro razones por las que su gobierno piensa que un acuerdo negociado se hizo improbable:
Observemos en la declaración, la reacción de Israel a los atentados del 7 de octubre, percibida como excesiva, que se divide en tres puntos diferentes, mientras que todas las acciones tomadas por Hamás se concentran en uno. Hay que preguntarse: Si el gobierno de Canadá está reconociendo a Palestina, porque cree que la posibilidad de un acuerdo negociado sobre una solución de dos Estados se ha hecho inalcanzable, y si una de las razones de que sea inalcanzable fue el atentado terrorista del 7 de octubre, ¿significa esto que el atentado tuvo éxito, porque llevó a Canadá a obviar toda necesidad de concesiones y convenios y acelerar su reconocimiento del nuevo Estado?
Parece que esta pregunta se tuvo en cuenta al elaborar la declaración del primer ministro Carney, ya que esos temas se mencionan y descartan con la afirmación de que “esto de ninguna manera legitima el terrorismo ni lo premia”. Carney puntualiza la posición canadiense de que no hay lugar para Hamás en el recién reconocido Estado de Palestina. A primera vista, parece acertado.
Sin embargo, el reconocimiento canadiense de Palestina no se condicionó a la eliminación ni aislamiento de Hamás. Incluso, Hamás fue una de las primeras organizaciones que reaccionaron: “Si bien el primer ministro Mark Carney insistió en que su reconocimiento del Estado palestino el domingo fue una movida para aislar a Hamás, el grupo terrorista de Gaza terminó siendo uno de los primeros que elogiaron la decisión” (Nacional Post). Esta fue la tercera vez desde el atentado del 7 de octubre que Hamás ha agradecido a Canadá pública y específicamente por votos de la ONU, o por declaraciones públicas que critican las operaciones de Israel en Gaza. Si una organización terrorista elogia públicamente las decisiones de alguien, ello debe ser motivo de preocupación.
Después de la declaración de Carney, han estallado protestas propalestinas en todo Canadá, y Toronto llegó a izar la bandera palestina sobre su alcaldía el 17 de noviembre en honor de los 37 años desde la Declaración de Independencia palestina. Acciones como esta evidencian el cambio significativo en la relación entre estas naciones.
En respuesta, el embajador israelí en Canadá, Iddo Moed, emitió una declaración en términos tajantes: “Seamos claros: Israel no cederá ante la campaña de presión internacional contra ella… No vamos a sacrificar nuestra existencia permitiendo la imposición en nuestra patria ancestral de un Estado yihadista que busca nuestra aniquilación”. Su opinión de la declaración de Carney en la que reconoció a Palestina. “Es horrenda” (Canadian Jewish News).
El conflicto reciente ha motivado a muchos canadienses a preguntarse por qué Canadá ha tendido lazos tan fuertes con Israel. Históricamente, las dos naciones han tenido muchos valores en común. Los lectores habituales de El Mundo de Mañana sabrán que las dos naciones han tenido una historia compartida mucho más antigua de lo que se piensa.
Cuando el patriarca Jacob, con su nuevo nombre Israel, vio la muerte inminente, reunió a sus hijos para decirles lo que Dios tenía destinado para sus descendientes. Comprendemos que esos descendientes formarían muchas naciones, entre ellas el actual Estado de Israel. Sin embargo, aunque el actual Estado lleva el nombre de Israel, está conformado ante todo por descendiente de Judá, hijo de Jacob. Jacob pronunció la siguiente profecía en Génesis 49:8-9: “Judá, te alabarán tus hermanos. Tu mano en la cerviz de tus enemigos… Cachorro de león, Judá… Se encorvó, se echó como león, así como león viejo: ¿Quién lo despertará?”
Israel se ha convertido en una potencia militar, y sin duda tiene su mano en la cerviz de sus enemigos. Es interesante señalar que el nombre que escogió Israel para su campaña militar en Gaza es: Operación león rugiente. Se notará en el pasaje de Génesis 49 que Judá estaba destinada a recibir elogios de sus hermanos. Durante buena parte de la historia del Estado moderno de Israel, Judá, efectivamente, ha sido objeto de elogios, respeto y lealtad por parte de muchas de las naciones descendientes de Jacob y sus doce hijos.
Sin embargo, el profeta Isaías consignó, por inspiración, la profecía de que esto no siempre sería así. A medida que las naciones descendientes de Israel fueron abandonando los valores que antes compartían y las mantenían unidas, surgirían grietas en sus relaciones. Canadá, Inglaterra y otras naciones de origen británico, tienen sus raíces en la tribu israelita de Efraín. Pero está profetizado que Judá y Efraín en particular, junto con Manasés (Estados Unidos), verán enfriar su relación: “Manasés se comerá a Efraín, Efraín se comerá a Manasés, y los dos se comerán a Judá. Pero ni así cesará su furor. Su mano aún seguirá extendida” (Isaías 9:21, RVC).
Pero este deterioro de las relaciones no será permanente. Cuando regrese el Mesías como Rey de reyes y Señor de señores, la hermandad quebrantada de Efraín y Judá será sanada: “Se disipará la envidia de Efraín, y los enemigos de Judá serán destruidos. Efraín no tendrá envidia de Judá, ni Judá afligirá a Efraín” (Isaías 11:13).
Para ver el linaje de Canadá a lo largo de la historia, invitamos a estudiar nuestro folleto: Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía. Se puede descargar desde nuestro sitio en la red: www.elmundodemanana.org. Este folleto expone el contexto para entender gran parte de lo que estamos presenciando en los sucesos mundiales. [MM]