Para hacer una búsqueda avanzada (buscar términos específicos), escriba juntamente los criterios de interés como se muestra en los siguientes ejemplos:
Pido disculpas por tácitamente insinuar que somos tontos útiles. Mi intención no es ofender a nadie, y mucho menos a nuestros fieles lectores de El Mundo de Mañana. “La expresión ‘tonto útil’ señala a una persona ingenua o crédula que se deja manipular o explotar con el fin de promover alguna causa o un fin político” (WordHistories.net). Cuando nos miramos al espejo, ese no es el reflejo que vemos… ¿o quizá sí? La respuesta puede ser sorprendente.
Vivimos en un mundo incierto, un mundo dividido, polarizado y enojado. La gente se lanza ofensas y acusaciones, a veces sin comprender siquiera lo que significan, y muchos de los que así actúan, no entienden tampoco a la persona o grupo que acusan. Se limitan a sumarse a una tendencia de moda, repitiendo lo que oyen decir a otros.
En el mundo siempre ha habido divisiones, tras de las cuales siempre hay orgullo e ignorancia. Por eso estallan riñas en el patio escolar, se deshacen matrimonios y se libran guerras entre naciones. Mientras tanto, la internet ofrece vías más amplias, veloces y accesibles, para que los odios se profundicen y se extiendan.
¿Por qué es así nuestro mundo? ¿Por qué se agrupan con tanta saña unos contra otros? En la mayoría de los casos, porque ignoran las fuerzas que están actuando detrás de bastidores. Si investigamos el origen de las ideas, muchas veces hallamos que se está promoviendo una agenda oculta. En los Estados Unidos, profesores radicales han infiltrado universidades con el fin de disociar a la nación de sus fundamentos históricos. En los medios de difusión, muchos parecen compartir estos sentimientos, y también hay políticos que, por sus palabras y acciones, parecen no sentir ningún amor por su país. Nada de esto es nuevo. Lo que sí es nuevo son las redes sociales, que los gobiernos pueden aprovechar para corromper y debilitar a sus enemigos y competidores.
Individuos y países financian protestas para lograr cambios. Estados Unidos y el Reino Unido son tan culpables de ello como Rusia, China, Corea del Norte, Irán y otras naciones. La mayoría de nosotros comprendemos que es así. No pretendo decir nada que no sea obvio a cualquier ser pensante. Entonces, ¿por qué el título de este artículo?
Así como hay personajes sombríos que actúan tras bastidores para perturbar y destruir naciones y personas a las que odian, también hay un personaje sombrío, que casi nadie reconoce, empeñado en destruir no solo a un país enemigo, sino al mundo entero. Y para llevar a cabo estos planes nocivos, se vale de personas ingenuas.
Cuando la gente mala hace cosas malas, suele plantearse el tema de la maldad en sí. No es un punto trivial, y que engendra preguntas importantes. “El problema del mal es el problema de explicar el mal en un mundo creado por un Dios que todo lo puede, todo lo sabe y es del todo bueno. Parece que si el Creador tiene estos atributos, no habría mal en el mundo. Pero lo hay. Por tanto, hay motivos para pensar que no existe un Creador que todo lo puede, todo lo sabe y es del todo bueno” (Stanford Encyclopedia of Philosophy).
¿Acaso es acertada esta conclusión? Proviene del razonamiento humano, y refleja la falta de comprensión de lo que es un Dios todopoderoso, omnisapiente y perfectamente justo. No tiene en cuenta el plan y propósito de Dios. Solamente conociendo su plan y propósito puede reconciliarse el hecho de que exista el mal en el mundo.
El cristianismo tradicional que hoy impera tiene poco en común con las enseñanzas de Jesucristo. Esto no es una simple acusación, ya que se puede demostrar comparando las prácticas comunes de la cristiandad actual con lo que leemos en la Biblia. El Mundo de Mañana tiene varias publicaciones bien documentadas que señalan esta realidad. El folleto: Restauración del cristianismo original, presenta citas de historiadores respetados que revelan la historia del verdadero cristianismo, y compara las prácticas actuales con lo que realmente dice la Biblia. Este folleto se puede descargar o escuchar ingresando a nuestro sitio en la red: www.elmundodemanana.org.
La Biblia nos lleva a los orígenes del mal, donde leemos que Dios creó a un ángel de alto rango y lo colocó en la Tierra para administrarla y mantenerla. Dicho ángel, cuyo nombre en hebreo es Heylel, no era un autómata, sino que Dios lo creó como un ser con libertad moral. En un lapso grande de tiempo, este querubín se fue llenando de vanidad hasta llegar a presumir sobre su propia importancia. Se creyó más sabio que Dios. Con el tiempo, se rebeló contra Dios. Al intentar derrocar de su trono al Creador, fue lanzado nuevamente a la Tierra. Vemos en las Escrituras que este ser espiritual ha sido la mano oculta que actúa detrás de los líderes humanos (Ezequiel 28:12-17; Isaías 14:12-15).
Todos conocemos el relato en el Génesis donde este ser espiritual, aparecido en forma de serpiente, persuadió a Eva de que tomara y comiera del fruto que Dios había prohibido. A Eva la engañó, pero Adán, sin estar engañado, también aceptó comer del fruto (1 Timoteo 2:14). Esto nos lleva a hacer varias preguntas importantes: ¿Por qué se le permitió a Satanás (Heylel) permanecer en el mundo, para que tentara a nuestros primeros padres? ¿Acaso Dios no podía impedirlo? La respuesta, desde luego, es que sí podía impedirlo. Entonces, ¿por qué no lo hizo?
El propósito de Dios para la humanidad es mucho más grande de lo que suele enseñarse en los servicios religiosos cada domingo. Dios no nos ha puesto en la Tierra para que vivamos la vida, disfrutemos al máximo y luego, al morir, vayamos a un retiro eterno en el Cielo o bien al castigo eterno en el infierno. Para conocer la increíble finalidad de la vida, los invitamos a estudiar nuestro folleto titulado: El misterio del destino humano, el cual se puede descargar o escuchar ingresando a nuestro sitio en la red: www.elmundodemanana.org.
Cuando Heylel se rebeló contra Dios, el gobierno divino se dejó de ejercer en la Tierra. Esto se hace evidente en una oración que se repite con frecuencia: El llamado Padre Nuestro. Oración que no fue concebida para ser recitada mecánicamente una y otra vez, como se hace comúnmente. Jesús la dio como guía para orar, en respuesta a la petición de sus discípulos: “Enséñanos a orar” (Lucas 11:1). En esta oración de ejemplo leemos: “Venga tu Reino. Hágase tu voluntad, como en el Cielo, así también en la Tierra” (v. 2).
¿Por qué orar para que la voluntad de Dios se haga en la Tierra como en el Cielo? ¿De hecho no es así? ¡Por supuesto que no! Lo que vemos en la Tierra no es la voluntad de Dios; si bien interviene de vez en cuando para llevar a cabo su plan general, nunca eliminó al arcángel rebelde ni a sus seguidores. ¿Por qué razón?
En el jardín, cuando Adán fue tentado, pudo haber rechazado a Satanás. Si hubiera vencido al adversario, podría haber cumplido la voluntad de Dios en la Tierra; pero no lo hizo. En cambio, sometió su voluntad al diablo. Esa es la razón de la existencia del “postrer Adán” o “segundo Hombre” (1 Corintios 15:45-49). Por eso Jesús fue llevado al desierto, para ser tentado por el diablo. Aunque el “primer hombre Adán” fracasó, el “postrer Adán”, Jesucristo, rechazó las tentaciones de Satanás. Como segundo Adán, Jesucristo hizo lo que el primer Adán no hizo: estar capacitado para restaurar el Reino de Dios y la voluntad de Dios en la Tierra.
Sin embargo, aún no ha llegado el Reino de Dios, con Jesucristo como Rey de reyes y Señor de señores. Esto se explica en la parábola de las diez minas, según la cual: “Un hombre noble que se fue a un país lejano” (Lucas 19:11-27). ¿Cuál fue el propósito de su viaje? “Para recibir un reino y volver” (v. 12). Se puede leer sobre esa futura ceremonia de coronación en Daniel 7:13-14. “Vuelto él, después de recibir el reino” (Lucas 19:15), expulsará a Satanás (Apocalipsis 20:1-3), y establecerá su propio gobierno justo. Quienes lleguen a rechazar en esta vida el dominio de Satanás, reinarán con Jesucristo (v. 4).
Hasta entonces, Satanás intentará desesperadamente frustrar el plan de Dios. Dirige el rumbo de este mundo, y utiliza a los seres humanos para promover la violencia, el odio y la rebeldía. Infunde en mentes inocentes vanidad y arrogancia, obstinación y egoísmo. Fomenta una actitud implacable, autocompasión y un espíritu competitivo. Y si nos convertimos en presa de su forma de pensar y actuar, seríamos entonces sus “tontos útiles”. [MM]