Las Fiestas Santas: El plan maestro de Dios

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Díganos lo que piensa de este folleto

¿Cuáles son los días más importantes del calendario cristiano? La mayoría contestaría que la navidad y el domingo de resurrección. Pero los primeros seguidores de Jesucristo JAMÁS observaron esos días. ¡Ellos siguieron el ejemplo de Cristo y observaron los mismos días santos que Jesús observó!

Los días santos no son una costumbre judía obsoleta, sino que representan, en secuencia, el destino que Dios planeó para TODA la humanidad. Esos días santos fueron establecidos por el mismo Dios para que los observara TODA persona.

Introducción
Celebraciones paganas y días santos de Dios

¿Por qué razón la mayoría de quienes se consideran cristianos celebran la navidad, el domingo de resurrección y el halloween, en lugar de observar los días que claramente ordena la Biblia? ¿Tendrá alguna importancia qué días guardemos? ¿Alterará eso nuestra esperanza de la vida eterna? Y, ¿podrá afectar profundamente el conocimiento del Dios que adoramos y del gran PROPÓSITO que se está llevando a cabo en la tierra?

La gran mayoría de nosotros crecimos en las iglesias del mundo; y básicamente dimos por sentado todo lo que se nos enseñó acerca de Dios, de Cristo y de la religión. Muy poca gente se ha tomado la molestia, aun después de llegar a la edad adulta, de verificar, estudiando seriamente lo QUE cree y por qué lo cree.

Parece  más  fácil  “seguir  la  corriente”  y  continuar  creyendo cualquier cosa que se nos haya enseñado.

¿Es este su caso amigo lector?

¿Ha aceptado usted sin verificar que la Biblia enseñe celebrar la navidad y el domingo de resurrección? ¿Ha dado por un hecho que Cristo, nuestro ejemplo, y la Iglesia apostólica original observaron esas festividades?

De ser así, ¡no podría estar más EQUIVOCADO!

¡Casi todos los teólogos e historiadores honrados aceptan que la navidad y el domingo de resurrección fueron introducidos al “cristianismo” muchos años después de la muerte de los primeros apóstoles! En el artículo “Christmas” [navidad], la Enciclopedia Británica dice: “En la Iglesia Cristiana, la fiesta del nacimiento de Jesucristo. La historia de esta fiesta se relaciona muy de cerca con la Epifanía o Adoración de los Reyes, lo que sigue debe leerse en conexión con el artículo que lleva dicho título... La gran iglesia adoptó la navidad mucho después de la epifanía; y antes del siglo quinto no hubo un consenso general sobre la fecha en que debía colocarse en el calendario: el 6 de enero, el 25 de marzo o el 25 de diciembre.... En 1644 los puritanos ingleses prohibieron cualquier celebración o servicio religioso por acta del Parlamento, sobre la base de que  se  trataba  de  una  fiesta  pagana,  y  ordenó  que se observara como un ayuno. Carlos II restableció la fiesta, pero los escoceses se adhirieron al punto de vista  de  los  puritanos” (vol. 6, ed. 11, pág. 293-294).

La Enciclopedia Católica nos dice: “La navidad no estaba entre las primeras fiestas de la Iglesia. Ireneo y Tertuliano la omiten en su lista de fiestas; Orígenes, observando quizás la desacreditada Natalitia imperial, afirma que en las Escrituras solo los pecadores, y no los santos, celebran su cumpleaños (Lev. Hom. viii in Migne, P. G., XII, 495)... En Inglaterra, la navidad fue prohibida por acta del Parlamento en 1644; el día debía ser un ayuno y día de mercado; las tiendas fueron obligadas a abrir; el pudín de ciruelas y los pasteles de picadillo fueron declarados como paganos. Los conservadores resistieron; en Canterbury hubo derramamiento de sangre; pero después de la restauración los disidentes siguieron llamando a dicha costumbre ‘una tontería’” (vol. 3, pág. 724, 728).

El ejemplo de Cristo y los apóstoles RECHAZADO

¡Una ayuda muy importante para tratar de entender qué fue lo que sucedió, es reconocer que la gran mayoría de los sacerdotes y eruditos “cristianos” NUNCA han intentado con seriedad seguir el ejemplo de Cristo y los apóstoles! Como la Iglesia Cristiana tradicional creció en el Imperio Romano, trataron de hacer su religión más “aceptable” a los paganos que los rodeaban para ganárselos, y también, con frecuencia, para evitar la persecución. Como afirma el doctor Rufus M. Jones: “Si los seguidores de Jesucristo lo hubieran puesto como modelo o ejemplo de un nuevo camino, y si realmente hubieran intentado poner su vida y enseñanzas como normas de la Iglesia, el cristianismo habría sido algo totalmente diferente de lo que vino a ser. En tal caso herejía hubiera sido lo que hoy no es herejía; es decir: una desviación de sus caminos, de sus  enseñanzas,  de  su  mística,  de  su  Reino... Lo que podríamos haber llamado apropiadamente ‘cristianismo galileo’ tuvo muy corta vida, aunque ha habido notables intentos por restaurarlo y hacerlo volver a la vida, y algunos profetas espirituales han insistido en que cualquier cosa diferente de la simple religión galilea es ‘herejía’. Con todo, la principal corriente de desarrollo histórico ha emprendido un camino muy diferente” (The Church’s Debt to Heretics, pág. 15-16).

Tocante al  período  entre  los  años  313DC  y  476DC, el destacado autor protestante, Jesse Lyman Hurlbut;  reconoce: “Los ritos y ceremonias paganas gradualmente se adoptaron para el culto. Algunas de las antiguas fiestas paganas se convirtieron en fiestas de la Iglesia cambiándoles el nombre y motivo de adoración. Cerca del año 405DC, imágenes de santos y mártires comenzaron a aparecer en los templos; al principio como recordatorios, luego fueron veneradas y finalmente adoradas” (The Story of the Christian Church, pág. 79).

Si bien los primeros líderes “cristianos” fueron condescendientes con los paganos que los rodeaban, Dios había advertido a nuestros antepasados  espirituales  que  no  siguieran las costumbres de las naciones paganas  vecinas  diciéndoles: “No preguntes acerca de sus dioses, diciendo: De la manera que servían aquellas naciones a sus dioses, yo también les serviré. NO harás así al Eterno tu Dios; porque toda cosa abominable que el Eterno aborrece, hicieron ellos a sus dioses” (Deuteronomio. 12:30-31).

Jesucristo les advirtió a los dirigentes religiosos de su tiempo: “Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición” (Marcos 7:9). Observemos detenidamente el comentario de Jesús acerca del rechazo a los mandamientos de Dios por seguir las tradiciones humanas. Este es un caso muy similar, cuando debemos considerar cuáles fueron los días que Dios santificó. Porque casi nadie guarda los días paganos que fueron introducidos y también observa los días santos bíblicos que Dios ordenó y que observaron Cristo y la Iglesia apostólica.

Hay que ESCOGER.

Es necesario escoger entre observar la “navidad”; que muestra a Cristo como un niñito indefenso rodeado de conceptos paganos como el tronco y el árbol de navidad, San Nicolás y Rodolfo el reno de nariz colorada; u observar los días santos bíblicos que nos enseñan, paso a paso, el grandioso PLAN que Dios está llevando a cabo en la tierra. Tenemos que escoger entre seguir a Cristo y los apóstoles originales, o seguir a los líderes religiosos del oscurantismo que paulatinamente introdujeron mentira tras mentira de origen pagano en el llamado cristianismo.

¿Qué vamos a escoger?

Como expliqué en el folleto, ¿Cuál es el día de reposo cristiano? Si estuviéramos en una isla desierta con una Biblia y un calendario sagrado como único material escrito, tendríamos que observar el sábado y los días santos bíblicos porque son los ÚNICOS días que ordena la Biblia y que directamente menciona. Por ejemplo, la palabra “navidad” ni siquiera aparece en la Biblia; ni existe la más ligera insinuación de que deberíamos observar el natalicio de Cristo, aunque supiéramos cuándo ocurrió (de hecho no se sabe la fecha exacta). Y la expresión “domingo de resurrección o de pascua” no se menciona en ninguna traducción respetable de la Biblia.

Es interesante que a quienes asistimos a la escuela dominical  nunca  se  nos  enseñó  sobre  los  días  santos  de  Dios, ¡aunque estos se mencionan con mucha frecuencia en la Biblia! Porque en el Antiguo Testamento claramente se ordena guardar esos días y el hecho de que Cristo y los apóstoles, según el Nuevo Testamento los observaran, los ratifica para la Iglesia Cristiana.

En Lucas leemos: “El niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él. Iban sus padres todos los años a Jerusalén en la fiesta de la pascua” (2:40-41). Siguiendo el relato Lucas nos dice: “Pasados los días de la fiesta, el  niño  Jesús  se  quedó  en  Jerusalén”  (v.43,  Biblia de Jerusalén). Todos los eruditos coinciden en que “los días de la fiesta” mencionados en este versículo se refieren a los Días de los Panes sin Levadura,  que  se  celebran  inmediatamente  después de la Pascua. Aunque Jesús “crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría”; y era capaz de discutir principios espirituales con lo más elevado de los doctores de la ley judía, se mantuvo junto a sus padres observando los Días de los Panes sin Levadura.

Durante su ministerio encontramos a Jesús observando la Fiesta de los Tabernáculos en Jerusalén. Jesús les dijo a sus hermanos de sangre: “Subid vosotros a la fiesta” (Juan 7:8). Recibieron claramente la instrucción del Hijo de Dios de guardar la Fiesta de los Tabernáculos. “Después que sus hermanos habían subido, entonces él también subió a la fiesta, no abiertamente, sino como en secreto” (v. 10). Para no suscitar persecución. “Mas a la mitad de la fiesta subió Jesús al templo, y enseñaba” (v. 14).

Veamos lo que ocurrió poco antes de la crucifixión: “Llegó el día de los panes sin levadura, en el cual era necesario sacrificar el cordero de la pascua. Y Jesús envió a Pedro y a Juan, diciendo: Id, preparadnos la pascua  para  que  la  comamos”  (Lucas  22:7-8). “Y díjoles: Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer” (v. 15, Nácar Colunga). Siendo ya un adulto, nos dejó un ejemplo: Jesús observó la Pascua.

Más adelante vemos que la Iglesia Apostólica se inició en otro día santo, el Día de Pentecostés; día en  que  recibieron el Espíritu Santo. “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos” (Hechos 2:1). ¿Qué hubiera sucedido si los discípulos no observaran los días santos de Dios y no hubieran estado presentes cuando se les había de dar el Espíritu Santo?

Algunos podrían creer que este fue el único Día de Pentecostés que observó la  Iglesia  original.  Pero  no  fue  así. En Hechos 20:16 leemos: “Pablo se había propuesto pasar de largo a Éfeso, para no detenerse en Asia, pues se apresuraba por estar el día de Pentecostés, si le fuese posible, en Jerusalén.” Y también celebró otro Día de Pentecostés en Éfeso: “Estaré en Éfeso hasta Pentecostés; porque  se  me  ha  abierto  puerta  grande  y  eficaz, y muchos son los adversarios” (1 Corintios 16:8-9).

Pablo también le ordenó a la iglesia gentil de Corinto que observara los Días de Panes sin Levadura: “Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que CELEBREMOS LA FIESTA, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad” (1 Corintios 5:7-8). Obviamente Pablo estaba hablando de celebrar la Fiesta de los Panes sin Levadura.

TODAS las naciones observarán los días santos de Dios

Una poderosa profecía sobre el tiempo del FIN, ¡señala con gran claridad que muy pronto TODAS las naciones observarán la Fiesta de los Tabernáculos! Veamos lo que escribió el profeta Zacarías por inspiración de Dios, sobre los años que se avecinan: “He aquí, el día del Eterno viene, y en medio de ti serán repartidos tus despojos. Porque yo reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén; y la ciudad será tomada, y serán saqueadas las casas, y violadas las mujeres; y la mitad de la ciudad irá en cautiverio, mas el resto del pueblo no será cortado de la ciudad. Después saldrá el Eterno y peleará con aquellas naciones, como peleó en el día de la batalla. Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén al oriente; y el monte de los Olivos se partirá por en medio, hacia el oriente y hacia el occidente, haciendo un valle muy grande; y la mitad del monte se apartará hacia el norte, y la otra mitad hacia el sur... Y todos los que sobrevivieren de las naciones que vinieron contra Jerusalén,  subirán  de  año  en  año  para  adorar  al  Rey, al Eterno de los ejércitos, y a CELEBRAR LA FIESTA DE LOS TABERNÁCULOS. Y acontecerá que los de las familias de la tierra que no subieren a Jerusalén para adorar al Rey, el Eterno de los ejércitos, no vendrá sobre ellos lluvia. Y si la familia de Egipto no subiere y no viniere, sobre ellos no habrá lluvia; vendrá la plaga con que el Eterno herirá las naciones que no subieren a celebrar la fiesta de los tabernáculos. Esta será la pena del pecado de Egipto, y del pecado de todas las naciones que no subieren para CELEBRAR la fiesta de los tabernáculos” (Zacarías. 14:1-4, 16-19).

Si TODO ser humano sobre la tierra pronto tendrá que aprender a celebrar los días santos de la Biblia; ¿por qué no aprender a obedecer a Dios y comenzar a guardarlos desde AHORA? ¿Por qué no convertirnos en “pioneros” espirituales y ayudar a trazar el camino para los MILES de MILLONES que pronto tendrán este conocimiento cuando regrese Jesucristo?

“Pero,” alguien diría, “se nos ha enseñado que esas son ¡fiestas judías! ¿Por qué habríamos de guardar los cristianos las fiestas judías?”

Acabo de explicar que TODAS las naciones, judías y gentiles, tendrán que aprender a guardar los días santos de la Biblia; no porque sean “judíos”, sino porque Dios le ordena a todo su pueblo que los observe. Y como vimos, todo el pueblo de Dios en la Iglesia del Nuevo Testamento los guardó. Jesucristo los guardó, dejándonos ejemplo; y los primeros apóstoles también lo hicieron.

Los verdaderos cristianos son el “Israel de Dios”

Una clave fundamental para entender, es captar en todo su sentido la instrucción de Jesús a la mujer samaritana. Jesús le dijo a esta mujer que no era judía: “Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos” (Juan. 4:22).

Aunque con frecuencia rechazaron las enseñanzas de Dios o las sustituyeron con toda clase de tradiciones humanas, los judíos preservaron el conocimiento del Dios Creador y la única Biblia disponible para  los  primeros  cristianos  del  Nuevo  Testamento, la que llamamos Antiguo Testamento. La Biblia claramente afirma que a los judíos “les ha sido confiada la palabra de Dios” (Romanos 3:1-2); esto por supuesto incluye los días santos de Dios y el conocimiento para elaborar el calendario sagrado, en el que se basan los días santos. De manera que los judíos “saben” a quién adoran. Así que, por medio de Jesucristo y un entendimiento correcto del Antiguo Testamento, “la salvación viene de los judíos”. Porque a pesar de sus debilidades y tradiciones de hechura humana, los judíos han conservado la  LEY  espiritual  de  Dios,  los  diez  mandamientos, el verdadero día de reposo y las fiestas santas anuales que ordenó el Creador. Y de la nación judía nació Jesucristo, el Mesías profetizado.

El apóstol Pablo escribió también por inspiración: “No es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de  los  hombres,  sino  de  Dios” (Romanos 2:28-29). ¡De manera que TODO verdadero cristiano es un “judío” espiritual! Y se nos ha ordenado guardar las leyes espirituales y los días santos que Dios le dio a Israel y que fueron confirmados por el ejemplo de Cristo y la Iglesia del Nuevo Testamento.

Más adelante el apóstol escribió: “En Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación. Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios” (Gálatas 6:15-16).

Es muy claro entonces que el “Israel de Dios” es el verdadero pueblo de Dios, aquellos espiritualmente circuncidados en quienes Cristo vive su vida de obediencia por medio del Espíritu Santo. De manera que es necesario despojarnos de los prejuicios y dejar de llamar “judías” a las cosas que DIOS estableció ¡para TODO su pueblo, para todas las razas y para todas las naciones!

Los verdaderos cristianos debemos guardar los días que Dios santificó; siguiendo el ejemplo de Jesús y los apóstoles originales. Entonces, como veremos, el observar los días santos de Dios nos abrirá la mente para entender el plan y el DESIGNIO que Dios está llevando a cabo. Dios tiene en mente un maravilloso plan para toda la humanidad; y nos lo revela por medio de la carta de Pablo a los Efesios: “Dándonos [Dios] a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. En él mismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al PROPÓSITO del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad” (Efesios 1:9-11).

Panorama del PLAN de Dios

La mayoría de quienes se consideran cristianos observan lo que llaman “la cena del Señor”, “la misa”, “la eucaristía” o alguna observancia similar; que tenga que ver con la participación en el pan y el vino que simbolizan el sacrificio de Cristo. Muy pocos, sin embargo, llegan a darse cuenta de lo que están haciendo y, como lo acabo de mencionar, hay varias clases de observancias según la organización.

Mas, como veremos, esas observancias son recordatorios que únicamente se refieren al PRIMER paso del plan de Dios. La mayoría no observan ninguno de los demás pasos de ese plan; ¡obviamente tampoco los  entienden!  Pero  Dios  tiene  un  plan en “siete pasos”, siguiendo el patrón  de  siete  que  Dios  utiliza para revelar muchas cosas. Como en el principio, Dios creó la semana de siete días (Génesis 1). El día séptimo fue revelado como el día santo de guardar (2:1-3). Más adelante nos  dio  exactamente SIETE días santos anuales para revelar todo el plan y el propósito para la humanidad (Levítico 23). En el Nuevo Testamento, encontramos las SIETE iglesias a que se refiere el Apocalipsis (Apocalipsis 2-3). Leemos de  los  SIETE  sellos,  las  SIETE  trompetas, las SIETE últimas plagas, etc. Porque siete es el número completo o de perfección.

Entonces, cuando llegamos a entender esto, resulta ridículo observar solo UNA entre todas las fiestas anuales de Dios, que muestran su plan, y ¡hacer caso OMISO de las demás! En un rápido “vistazo” de lo que está por suceder, examinemos brevemente las siete fiestas espirituales de Dios; de manera que se nos facilite el entendimiento del plan y el DESIGNIO de Dios a medida que avancemos.

Primero tenemos el recordatorio solemne del sufrimiento y muerte de Cristo por nosotros. La Biblia lo llama la “Pascua”. Representa nuestra aceptación del cuerpo quebrantado de Cristo y el derramamiento de su sangre, ofrecida para nuestra salvación. No olvidemos que este es solo el primer paso en el plan de Dios para nosotros.

Segundo, necesitamos CRECER “en la gracia y el conocimiento” (2 Pedro 3:18) y comenzar por alejar totalmente de nuestra vida los viejos caminos y hábitos pecaminosos. Este proceso de cambio está representado por los Días de Panes sin Levadura.

Tercero, todos los que formamos parte de la Iglesia engendrada  por  el  Espíritu,  la  “manada  pequeña”  (Lucas  12:32); solamente somos los “primeros frutos” de la gran cosecha espiritual que tendrá lugar después de la segunda venida de Cristo. De manera que la tercera fiesta anual de Dios, la Fiesta de Pentecostés o Fiesta de los “Primeros Frutos” representa el hecho de que Dios en este tiempo solamente está recogiendo una cosecha espiritual muy pequeña. Dios NO ESTÁ TRATANDO de “salvar” a todo el mundo en este momento. Porque de haber sido así, los MILES de MILLONES de incrédulos de tiempos pasados y de nuestro tiempo en China, India y otros países; tendrían que haber tenido la oportunidad de conocer plenamente  la verdad de Dios y haber aceptado a su Hijo como Señor y Salvador.

En el SÉPTIMO mes se representan los sucesos del tiempo del FIN

Cuarto, la Fiesta de las Trompetas representa los catastróficos sucesos del FIN de esta era y el regreso de Cristo a la tierra (Levítico 23:24). Las trompetas se utilizaban en  la  antigua Israel como avisos de guerra. En nuestros días, en la culminación de muchas  guerras  y  problemas  mundiales,  Jesucristo  regresará y los muertos serán resucitados “a la FINAL TROMPETA” (1 Corintios 15:51-52).

Quinto, inmediatamente después del regreso de Cristo, Satanás es sobrenaturalmente encadenado y lanzado al abismo, “para que no ENGAÑASE MÁS a las naciones” (Apocalipsis 20:3). Después del encadenamiento de Satanás el hombre puede llegar a ser “uno” con Dios. Esto está representado por la quinta fiesta espiritual, el Día de la Expiación.

Sexto, después del regreso de Cristo, Dios derrama su Espíritu para iluminar a toda la humanidad con la comprensión de su maravilloso PLAN. Refiriéndose a ese  momento  Dios  dice: “La tierra será llena del conocimiento del Eterno, como las aguas cubren el mar” (Isaías 11:9). Esto se representa con la feliz celebración de la sexta etapa del plan de Dios, los siete días de la Fiesta de los Tabernáculos o “fiesta de la cosecha” (Éxodo 34:22).

El calendario sagrado de Dios se basa en los períodos de las cosechas  en  Israel.  Como  vimos,  esto  representa  la  cosecha espiritual que Dios tiene planeada. Primero la siega de primavera representa la fiesta de los “primeros frutos”. Y finalmente, cuando termine esta era, la cosecha de otoño que representa la “Fiesta de los Tabernáculos”.

Séptimo, llegamos a la última de las fiestas que Dios le dio a su pueblo. Pero, ¿qué parte del plan de Dios quedaría todavía por representar?; podríamos preguntar. Como vimos antes, aún después del reinado de Cristo de mil años, habrá MILES de MILLONES de personas de tiempos pasados que no fueron llamados y que JAMÁS ENTENDIERON absolutamente nada  de  la  verdad  de  Dios, de Jesucristo ni del propósito de Dios para sus vidas. Ahora bien, ¿qué sucederá con esos miles de millones de seres humanos que no fueron salvos si “NO hay ACEPCIÓN de personas para con Dios”? (Romanos 2:11). La séptima fiesta solemne de Dios representa el momento en  que  Dios,  por  primera  vez,  les  abrirá  la  mente al entendimiento de su Palabra y su voluntad y les dará una verdadera oportunidad de que sus nombres sean escritos en el “libro de la vida” (Apocalipsis 20:11-12). Con la observancia de esta séptima fiesta que conocemos como el “Último Gran Día” (Juan 7:37), concluimos la representación del PLAN de nuestro Creador.

Desde el principio cuando aceptamos a Cristo como nuestro Salvador, hasta su segunda venida y siguiendo hasta el Último Gran Día que representa el momento en que TODOS los seres humanos tendrán finalmente la oportunidad de salvación; estas fiestas ordenadas por el Eterno nos enseñan el VERDADERO plan de Dios. Las fiestas religiosas paganas que Satanás ha inculcado en la humanidad engañada no son más que un burdo sustituto. Porque representan a un falso dios, y a un falso Cristo y conducen a la aceptación de un falso evangelio; ¡que contradice directamente el verdadero mensaje que predicaron Cristo y los apóstoles!

Esas siete fiestas, dos de ellas que duran siete días y cinco de solo un día, suman 19 días festivos anuales. Siete de los 19 son días especiales de descanso o “sábados”. Estos siete sábados anuales, conocidos también como los días santos anuales de Dios, son: El primero y el último día de la Fiesta de los Panes sin Levadura, la Fiesta de Pentecostés, La Fiesta de las Trompetas, el Día de la Expiación, el primer día de la Fiesta de los Tabernáculos y el Último Gran Día.

Como veremos en este folleto, los días santos de Dios no son simplemente días en que dejamos de realizar nuestras labores cotidianas; son mucho más que simples feriados.

De aquí la necesidad de entender en detalle y plenamente el significado y propósito de cada una de las SIETE FIESTAS RELIGIOSAS que Dios le ordena guardar a toda la humanidad. Recordemos que, entender y observar esas fiestas nos ayudará a comprender el maravilloso PLAN MAESTRO, mediante el cual Dios  quiere  darnos  sabiduría  y  finalmente  salvar  a  la  inmensa mayoría de la humanidad.

 

Capítulo 1
Pascua

Hace tal vez millones o miles de millones de años que Dios tomó la decisión de crear seres vivientes que llegarían a convertirse en verdaderos hijos e hijas del Omnipotente. Seres que saldrían de Él, con su misma naturaleza divina (2 Pedro 1:4), con su CARÁCTER plasmado en ellos por medio del Espíritu Santo.

No podrían ser simplemente seres creados como los ángeles. Deberían tener libre albedrío; la capacidad de escoger entre el bien y el mal. Y deberían demostrar durante una vida de superación que siempre escogerían el camino de la obediencia y servicio a Dios. Seres que aprendieran a ser FIELES y a no traicionarlo JAMÁS, como hicieron Satanás y la tercera parte de los ángeles (Apocalipsis 12:4).

Entonces, Dios decidió crear al género humano a su propia imagen, con su misma forma y apariencia y con capacidades semejantes a las de Él; como el poder mental, la imaginación creativa y el libre albedrío; entre otras. Dios incluso permitiría a la humanidad PECAR, bajo la influencia del arcángel caído Lucifer, quien se convirtió en Satanás el diablo. También le permitiría a la humanidad  seguir  sus  propios  caminos  durante  los  primeros 6.000 años de historia. La humanidad escribiría las lecciones de la vida por medio de la experiencia y el sufrimiento, mas no APRENDERÍA dichas lecciones hasta el momento en que Dios sobrenaturalmente llamara a cada persona a un verdadero conocimiento y arrepentimiento (Juan 6:44).

Como el PECADO incluye todas las formas de rebelión contra Dios, es algo verdaderamente horrible. Entonces, desde tiempos inmemoriales, Dios decretó que: “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23), y solo la MUERTE de su propio Hijo, Jesucristo, podría purgar la pena por los horrores del pecado. “Según [el Padre] nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él... para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Efesios 1:4, 6-7).

Dios les había dicho a los antiguos israelitas que “la vida de la carne en la SANGRE está” (Levítico 17:11). Entonces decidió que la propia sangre de su Hijo sería derramada.

Cristo vendría a ser entonces nuestro Cordero Pascual, para reconciliar en esta forma a todo verdadero cristiano con Dios el Padre. “Nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros” (1 Corintios 5:7); y “Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su SANGRE, por él seremos salvos de la ira” (Romanos 5:8-9).

Semanas antes de que llegaran al Monte Sinaí y antes de proponerles el antiguo pacto, Dios mandó a los israelitas que apartaran un cordero macho y sin defecto (Éxodo 12:3-6). Este cordero vendría a ser el “cordero pascual” que debería ser sacrificado al comenzar la noche del día catorce de Abib, primer mes del año conforme al calendario sagrado.

Dios había decidido destruir a TODO primogénito de Egipto porque Faraón se negaba a permitir que su pueblo saliera. Pero también les dijo a los israelitas que si le obedecían con el sacrificio y cena del cordero pascual y que si pintaban con la sangre  los postes y el dintel de la puerta; entonces “veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto. Y este día os será EN MEMORIA, y lo celebraréis como FIESTA SOLEMNE para el Eterno durante vuestras generaciones; por estatuto PERPETUO  lo  celebraréis” (vs. 13-14).

Con unos 1.400 años de anticipación, Dios guió a una nación de casi tres millones de personas; para que representara el grandioso SACRIFICIO de su propio Hijo, Jesucristo, quien posteriormente lo haría por toda la humanidad. Porque el sacrificio del cordero pascual representa directamente el sacrificio de Cristo; primer paso en el plan de Dios para convertir a los seres humanos en sus propios hijos e hijas.

La Pascua representa el hecho de que estamos “siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación  por medio de la fe en su sangre para manifestar la justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia,  los  pecados  pasados” (Romanos 3:24-25).

¡A todo verdadero cristiano Dios le ordena OBSERVAR la Pascua! Debe observarse una vez al año en la misma noche en que Jesús fue entregado para ser crucificado. El apóstol Pablo lo explica: “Yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga” (1 Corintios 11:23-26).

Observemos que en primer lugar se comparte el pan. Este representa el cuerpo de Cristo que “es partido” por nosotros (v. 24). La Palabra de Dios nos muestra claramente que Jesús antes de ser crucificado sufrió terribles azotes (Mateo 27:26; Marcos 15:15; Juan 19:1). Los historiadores dicen que los azotes romanos consistían en un látigo de cuero al que le colgaban agudas piezas de metal con el propósito de cortar y desgarrar la carne. Por lo violento de los azotes y la consecuente pérdida de sangre, muchos condenados morían a causa de la flagelación antes de que fueran crucificados.

¿POR QUÉ tuvo que sufrir Jesús esta terrible tortura?

Unos 700 años antes de que esto ocurriera, el profeta Isaías fue inspirado por Dios para adelantar lo que habría de suceder y explicar la  razón: “Ciertamente  llevó  él  nuestras  enfermedades, y sufrió nuestros dolores” (Isaías 53:4).

En el Nuevo Testamento, Mateo relata como Jesús sanaba a muchos enfermos, y dice que fue el cumplimiento de lo predicho por Isaías: “Con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos; para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: Él mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias” (Mateo 8:16-17). De esta manera, cuando comemos el pan fragmentado de la Pascua, estamos reafirmando nuestra aceptación del cuerpo quebrantado de Cristo por nuestra SALUD física.

Con profunda humildad reconozcamos el gran valor de los símbolos del sacrificio de nuestro Salvador; con temor reverente y FE en el gran Dios que hizo posible tanto nuestra sanidad física como el perdón espiritual.

Luego, en el servicio de la Pascua, debemos participar del vino tinto que simboliza la sangre derramada de Jesucristo en pago por nuestros pecados. Aquí es importante reconocer que Cristo es nuestro CREADOR. Por lo tanto su vida es mucho más valiosa que la suma de todas las vidas humanas. En su relato evangélico Juan nos dice de Jesucristo lo siguiente: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho... En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Juan 1:1-3, 10-11). El Verbo quien había estado por una eternidad con el Padre, “se despojó a sí mismo” (Filipenses 2:7) de su gloria y poder divinos y vino a ser nuestro Salvador. Pero en el principio, en representación del Padre, el mismo Cristo fue quien creó a la humanidad y todo lo que existe: “TODAS LAS COSAS por él fueron hechas” (Juan 1:3).

No es de extrañar que la Biblia se refiera a la “preciosa” sangre de Jesucristo, porque es la sangre del “Verbo... hecho carne” (Juan 1:14); de aquel Ser sublime que en nombre del Padre había creado la inmensidad de los cielos, la tierra y todo lo que existe.

Cuando compartimos el vino tinto que simboliza este maravilloso acto de absoluta humildad por parte de nuestro Creador, nuestro ser debe quedar lleno de un sentimiento de admiración y ADORACIÓN hacia nuestro Dios y nuestro Salvador. Si nos hemos arrepentido sinceramente de los pecados y aceptado a Cristo como nuestro Salvador, tendremos la FE absoluta de que no fuimos redimidos “con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la SANGRE preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Pedro 1:18-19).

 

Capítulo 2
Panes sin Levadura

Gracias al sacrificio de Cristo que representa la Pascua, recibimos el perdón de nuestros pecados del pasado, somos justificados y reconciliados con Dios. “Estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira” (Romanos 5:9). Si bien hemos sido perdonados de nuestros pecados del pasado, ¿cómo podemos ser “vencedores” y alejar por completo el pecado de nuestra vida?

La Fiesta de los Panes sin Levadura nos da la respuesta. Y también representa el siguiente paso en el plan de Dios. Inmediatamente después de ordenar la celebración de la Pascua, Dios le dijo a Moisés: “Siete días comeréis panes sin levadura; y así el primer día haréis que no haya levadura en vuestras casas; porque cualquiera  que  comiere  leudado  desde  el  primer  día  hasta  el séptimo, será cortado de Israel. El primer día habrá santa convocación, y asimismo en el séptimo día tendréis una santa convocación; ninguna obra se hará en ellos, excepto solamente que preparéis lo que cada cual haya de comer. Y guardaréis la fiesta de los panes sin levadura, porque en este mismo día saqué vuestras huestes de la tierra de Egipto; por tanto, guardaréis este mandamiento en vuestras generaciones por costumbre perpetua” (Éxodo 12:15-17).

Observemos que la Fiesta de los Panes sin Levadura ocurre simultáneamente con la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto (símbolo del PECADO); de manera que esta Fiesta simboliza o representa la salida del verdadero cristiano del Egipto espiritual, ¡o sea del PECADO! Ahora bien la levadura, en sí misma, es también un símbolo del pecado. Recordemos que cuando Jesús advirtió a los discípulos sobre las falsas y perversas enseñanzas de los fariseos; les dijo: “Mirad, guardaos de la LEVADURA de los fariseos  y  de  los  saduceos”  (Mateo  16:6). La levadura hace que el pan crezca, que se “infle”. Es la misma actitud que genera el pecado, o el orgullo, que hace que nos “inflemos” y sigamos nuestros caprichos. La tendencia de la levadura es esparcirse por toda la masa; en la misma forma que el PECADO, si no se extirpa, tiende a esparcirse por toda la Iglesia. Por esta razón el apóstol Pablo les dijo a los corintios: “No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros” (1 Corintios 5:6-7).

Muchos llamados cristianos creen que ya son “salvos”, cuando sus pecados son perdonados. Ciertamente en ese momento somos salvos de la pena a la que nos hicimos merecedores por nuestros pecados del pasado. Pero todavía podemos volver a caer y perder la salvación (Hebreos 6:4-8; 10:26-31; 1 Corintios 9:27). La salvación es un proceso. Ahora mismo estamos entre “los que se salvan” (1 Corintios 1:18); una mejor traducción dice “nosotros, que estamos en camino de salvación” (Villapadierna) y al final seremos salvos: “Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mateo 24:13). El apóstol Pablo lo dice de esta manera: “Si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, SEREMOS salvos por su vida” (Romanos 5:10). Si solamente observamos la Pascua, estaremos dejando el plan de Dios incompleto.

¡Estaríamos dejando a Jesús colgando de la cruz; y eso sería todo! No obstante, nuestro Salvador volvió a la vida. Y es mediante su resurrección que seremos salvos.

Jesús le dijo al joven rico: “Si quieres entrar en la vida [eterna], guarda los mandamientos” (Mateo 19:17). Y a nosotros nos dice: “Arrepentíos” (Marcos 1:15). Lo que significa apartarnos por completo del pecado y seguir otro camino, el camino de la justicia. En otras palabras, Dios nos pide formalizar un pacto con Él para extirpar  el  pecado  de  nuestra  vida,  dejar  de  transgredir  su  ley espiritual y empezar a vivir conforme a ella. Dios espera entonces  que perseveremos en ello.

El apóstol Pablo escribió: “Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9). Muchos afirman que estos versículos demuestran que no es necesario hacer nada más que recibir el don gratuito de Dios; y que no hace falta guardar su ley. Sin embargo, este es un punto de vista muy limitado, pues no consideran el versículo siguiente: “Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (v. 10). Nuestra vida debe cambiar  por  completo:  del  camino  de  la  desobediencia, al camino de la obediencia a Dios. Claro está que Dios comprende que no lo lograremos perfectamente mientras estemos en la carne (Romanos 7:18, 24; 1 Juan 1:8-10). Pero nos manda crecer en su carácter mediante un proceso de lucha y superación del pecado (1 Corintios 9:24- 27; Apocalipsis 2:11; 3:21). Nuestra vida pasada en el pecado debe ser crucificada “con Cristo” (Gálatas 2:20). El bautismo viene a ser un símbolo según el cual nuestra vieja naturaleza es sepultada con Cristo, y luego somos levantados de la “tumba de agua” en una resurrección simbólica a una nueva vida en Cristo. A partir de entonces debemos vivir conforme a sus caminos. La Fiesta de los Panes sin Levadura representa el proceso de seguir el camino de Dios extirpando el pecado de nuestra vida.

El apóstol Pablo les dijo a los corintios: “Así que CELEBREMOS LA FIESTA [la Fiesta de los Panes sin Levadura], no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad” (1 Corintios 5:8).

Se trata evidentemente de una orden neotestamentaria de GUARDAR la Fiesta de los Panes sin Levadura. Y esta orden le fue dada a una iglesia gentil en su mayoría, ¡por lo tanto no es cuestión de judaísmo! En el versículo 7 Pablo relaciona la Fiesta de los Panes sin Levadura con la Pascua que la precede; en vista de que la Pascua representa el perdón de los pecados del pasado y la Fiesta de los Panes sin Levadura representa lo que sigue, la decisión, con la ayuda de Dios, de CRECER en la gracia y el conocimiento hasta que lleguemos “a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13).

¿Cómo deben los cristianos guardar esta Fiesta? Cada año, cuando se aproxima la Fiesta, es preciso sacar la levadura y todo lo que contenga levadura de nuestra casa y propiedad. Luego, durante los siete días no se come nada leudado. En sí no hay nada de malo en la levadura, solo que es símbolo del pecado durante los días de la Fiesta. Si en el transcurso de la Fiesta descubrimos algún producto para leudar en nuestra casa (como polvo de hornear, bicarbonato, etc.), que pasamos por alto en nuestra revisión anterior, sencillamente nos deshacemos de él (Éxodo 13:7).

Durante esta búsqueda de levadura mientras efectuamos la “limpieza de principio de año”; debemos recordar que, así como algunas migajas de pan leudado pueden haber quedado en rincones o esquinas de la casa, algunos pecados pueden haber quedado escondidos en rincones de nuestra vida. Muchos se sorprenderán pues donde menos nos imaginamos podremos hallar algo leudado. Por esta razón debemos suplicar a Dios que nos limpie del pecado; incluso en aquellas partes de la mente donde ignoramos que reside el pecado.

Durante siete días, el número de perfección, los verdaderos seguidores del cristianismo del Nuevo Testamento deben sacar de su casa y propiedades toda levadura. Se concentran en deshacerse por completo del pecado. La obediencia a estas órdenes emanadas de Dios, nos  recuerda  el  compromiso  continuo  ante  Dios; de vencernos a nosotros mismos, de vencer al mundo y a Satanás el diablo. ¡Este es el verdadero significado de los Días de Panes sin Levadura!

 

Capítulo 3
Pentecostés

Como hemos visto, cada uno de los días santos ordenados por Dios se relaciona con el anterior, en una secuencia que nos va mostrando el plan que Dios tiene en mente para la humanidad. La Pascua representa nuestra aceptación del cuerpo quebrantado y la sangre derramada de Cristo para el perdón y nuestra reconciliación con Dios. Los Panes sin Levadura representan la necesidad de extirpar el pecado y de crecer en gracia y conocimiento.

En referencia a la forma en que los del nuevo pacto deben superar la  carnalidad  de  los  del  antiguo,  el  autor  inspirado  de la carta a los Hebreos nos dice: “Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado. Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron” (Hebreos 4:1-2). Al recibir el Espíritu Santo prometido, los cristianos del Nuevo Testamento pueden tener auténtica FE en Dios, tener mayor comprensión de sus designios y recibir una porción del carácter de Dios para vencer al pecado y crecer en gracia y conocimiento.

Pedro también nos dice que Dios “nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la NATURALEZA DIVINA” (2 Pedro 1:4).

Es decir, mediante el poder del Espíritu Santo, Dios nos da su misma naturaleza, su carácter divino, a medida que caminamos con Él y crecemos espiritualmente. Esto es lo que nos capacita para vencer el pecado, a diferencia de los antiguos israelitas, quienes nunca recibieron la promesa del Espíritu Santo.

Poco tiempo después de la Fiesta de los Panes sin Levadura, la Fiesta de Pentecostés o Fiesta de “las primicias” (Éxodo 34:22) nos recuerda que por ahora Dios solo está llamando a unas pocas “primicias”; y que bendecirá a esta pequeña cosecha concediéndoles el PODER de su Espíritu para poder vencer y crecer espiritualmente, a pesar de que viven en el “presente siglo malo” (Gálatas. 1:4).

Al ordenar la Fiesta de las Primicias a la antigua Israel, Dios les dijo a los israelitas que trajeran al sacerdote una gavilla de “los primeros frutos” de  la  cosecha  de  primavera  (Levítico  23:10). En una solemne ceremonia, la gavilla debía ser mecida delante del Eterno, para ser aceptados por Dios, quien bendeciría esa cosecha de primavera. Esto representaba espiritualmente al Cristo resucitado en el momento de ser aceptado por su Padre como el “primero de las primicias”: el primer ser humano que habría de nacer de Dios mediante la resurrección.

La ceremonia de la gavilla mecida se realizaba el domingo que seguía al sábado semanal durante los días de Panes sin Levadura (v. 11). Si comparamos Mateo 28:9 con Juan 20:17, veremos que Cristo se presentó ante el Padre después de su resurrección, ocurrida al atardecer anterior (1 Corintios 15:20, 23; Romanos 8:29; Colosenses 1:15, 18).

A partir de ese domingo, los israelitas tenían que contar cincuenta días: “Contaréis desde el día que sigue al día de reposo, desde el día en que ofrecisteis la gavilla de la ofrenda mecida; siete semanas cumplidas serán. Hasta el día siguiente del séptimo día de reposo contaréis cincuenta días; entonces ofreceréis el nuevo grano al Eterno. De vuestras habitaciones traeréis dos panes para ofrenda mecida,  que  serán  dos décimas de efa  de  flor  de harina, cocidos con levadura, como primicias  para  el  Eterno” (Levítico 23:15-17). Pentecostés significa literalmente “quincuagésimo”. Si contamos exactamente 50 días a partir del domingo señalado, siempre terminaremos en un día domingo siete semanas después, no necesariamente en un determinado día del mes. Si se hubiera ordenado que Pentecostés debía observarse en un día determinado del mes, la Biblia lo habría indicado claramente; y en ese caso no sería necesario contar.

En ese día de Pentecostés, a los israelitas se les ordenó presentar “dos panes para ofrenda mecida”, que significaban las “PRIMICIAS para el Eterno” (v. 17).

Evidentemente esos dos panes representan a los que recibieron el Espíritu Santo, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, dado que los profetas del Antiguo Testamento tuvieron el Espíritu Santo de Dios (1 Pedro 1:10-11).

Como ya dijimos, una de las enseñanzas de las “primicias” es que Dios en este tiempo solo está llamando a un pequeño número de personas, las “primicias”. Algo que simboliza la condición espiritual actual. Jesucristo dijo: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y POCOS son los que la hallan” (Mateo 7:13-14). Y Juan consigna la gran advertencia de Cristo: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero... Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre” (Juan 6:44, 65).

A los millones que forman parte del cristianismo tradicional, que han  venido  enseñando  que  Dios  está  tratando de “salvar” al mundo en la actualidad, les resultará muy extraño ¡que el verdadero Dios de la Biblia no esté tratando de hacer tal cosa! Porque si hubiera sido de esa manera, Dios habría “llamado” a los miles de millones de seres humanos que han vivido durante milenios en la India, China, África y en cualquier otro lugar de la tierra. Pero la gran mayoría de ellos han vivido y muerto sin haber escuchado el nombre de Cristo.

La Fiesta de Pentecostés o las “primicias” nos recuerda, año tras año, que los pocos llamados a salir del mundo en este tiempo solamente somos las “primicias” y que la GRAN COSECHA de almas, como lo veremos, vendrá después. Y cuando leemos sobre la venida del Espíritu Santo, durante el primer día de Pentecostés del Nuevo Testamento, nos llena de inspiración el hecho de que aunque somos “pocos los llamados”, tenemos el PODER del Espíritu Santo para llevar a cabo la obra de Dios; y para vencernos a nosotros mismos con la ayuda que aún no ha sido puesta al alcance de toda la humanidad.

Por inspiración de Dios el apóstol Pedro exhortó: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo  para  perdón  de  los  pecados;  y  recibiréis  el  don  del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare” (Hechos 2:38-39). Luego el apóstol Pablo nos dice: “La esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5).

¿Qué clase de  amor  es  ese  que  ha  sido  derramado  por el Espíritu Santo? El apóstol Juan nos da la respuesta: “Este es el amor a Dios, que GUARDEMOS SUS MANDAMIENTOS; y sus mandamientos no son gravosos” (1 Juan 5:3). Por medio del Espíritu Santo, recibimos el amor espiritual de Dios, esa clase de amor que debemos tener para cumplir la ley espiritual de Dios, los diez mandamientos, y para desarrollar en nosotros el carácter mismo de Dios. Cada año, el día de Pentecostés nos recuerda el llamamiento tan especial que Dios nos ha hecho y que el poder que nos ha sido dado por el Espíritu Santo hace más firme nuestra “vocación y elección” (2 Pedro 1:10).

 

Capítulo 4
Fiesta de las Trompetas

Las tres primeras Fiestas ordenadas por Dios ocurren en la primavera; y representan aspectos espirituales del plan de Dios.  Las  otras  cuatro  se  presentan  en  el  séptimo  mes; y dado que siete es el número completo o de perfección, las Fiestas de este mes representan la conclusión del plan de Dios sobre la tierra.

La Fiesta de las Trompetas se celebra en el día primero del séptimo mes del calendario sagrado de Dios; y simboliza el inicio de los últimos acontecimientos del plan de Dios. Representa la COLOSAL intervención de Dios en los asuntos de la humanidad y culmina con la segunda venida de Cristo como Rey de reyes. Veamos lo que le ordenó Dios a la antigua Israel: “Habla a los hijos de Israel y diles: En el mes séptimo, al primero del mes tendréis día de reposo, una conmemoración al son de trompetas, y una santa convocación” (Levítico 23:24).

En Israel, el sonido de las trompetas se usaba como llamado al pueblo para reunirse con algún propósito o como alarma de guerra (Números 10:1-10). Entonces, estando ubicada precisamente antes de los sucesos finales de esta era, la Fiesta de las Trompetas anuncia el tiempo venidero de trastornos, caos y guerras a los que casi todas las profecías de la Biblia se refieren como acontecimientos inmediatamente anteriores al regreso de Cristo.

También debemos notar que las trompetas su utilizaron para anunciar la coronación de un nuevo rey, como en el caso del Rey Salomón de Israel (1 Reyes 1:34, 39). Y ese pacífico gobierno de Salomón, que siguió a las guerras de su padre David, viene a ser un símbolo del próximo gobierno del Príncipe de Paz, Jesucristo (1 Reyes 4:25; 1 Crónicas 28:5).

Esta era de maldad de gobiernos del  hombre terminará cuando el género humano llegue al borde de su total extinción. La Biblia tiene mucho que decir acerca de una pavorosa guerra mundial que envolverá a la Tierra entera en un futuro ya muy cercano. Si desea conocer más acerca de ese tiempo aterrador conocido como la “gran tribulación” (Mateo 24:21) y de todas las circunstancias relacionadas, sírvase solicitar los folletos titulados LA  BESTIA  DEL  APOCALIPSIS  y  ESTADOS  UNIDOS Y GRAN BRETAÑA EN PROFECÍA. Gustosamente los enviaremos sin costo alguno para el lector.

Pero, antes de la extinción total, Dios intervendrá para evitar que el hombre se destruya a sí mismo (v. 22). Entonces terminará el día del hombre y comenzará el día del Eterno. Pero este no empezará con paz y alegría para todos; porque, en su lugar, el Todopoderoso tendrá que pacificar por la fuerza a la humanidad rebelde, quebrantando su terquedad. El Creador intervendrá para mostrar SU PODER y recordarle a una civilización descarriada que ÉL es el GOBERNANTE supremo del Cielo y de la Tierra.

Examinemos la profecía que Dios inspiró a Joel: “Tocad TROMPETA en Sion, y dad alarma en mi santo monte; tiemblen todos los moradores de la tierra, porque viene el día del Eterno, porque está cercano” (Joel 2:1). ¡Aquí la trompeta se utiliza para dar la “alarma” de que “el día del Eterno... está cercano”!

Refiriéndose al día en que los israelitas serán librados de su cautiverio a la segunda venida de Cristo y llevados de nuevo a la tierra de Israel, el profeta Isaías anunció: “Acontecerá también en aquel día, que se tocará gran TROMPETA, y vendrán los que habían sido esparcidos en la tierra de Asiria, y los que habían sido desterrados a Egipto, y adorarán al Eterno en el monte santo, en Jerusalén” (Isaías 27:13).

Los capítulos 8 y 9 del Apocalipsis se refieren a las plagas que anuncian las trompetas. Después de la gran tribulación, estas plagas terribles SACUDIRÁN a los habitantes de la Tierra como nunca antes. Cuando la bestia y el falso profeta (Apocalipsis 13:15-18) hayan destruido millones de vidas con armas de guerra de alta tecnología,  entonces  el  Dios  Eterno  interviene  para  mostrar SU PODER y recordarle a una civilización rebelde que ÉL es el GOBERNANTE  supremo  del  Cielo  y  de  la  Tierra.  “Los  siete ángeles que tenían las SIETE TROMPETAS se dispusieron a tocarlas. El primer ángel tocó la TROMPETA, y hubo granizo y fuego mezclados con sangre, que fueron lanzados sobre la tierra; y la tercera parte de los árboles se quemó, y se quemó toda la hierba verde” (8:6-7).

Finalmente, el Cristo viviente intervendrá de manera sobrenatural para SALVAR a la humanidad rebelde y traer PAZ a la Tierra. “El séptimo ángel tocó la TROMPETA, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos” (11:15).

¡Cristo regresará entonces al sonar la séptima trompeta! “Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre  las  nubes  del  cielo,  con  poder  y  gran  gloria. Y enviará sus ángeles con gran voz de TROMPETA, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro” (Mateo 24:29-31).

¿Cuál será la importancia de que Cristo envíe ángeles para reunir a sus escogidos en ese momento? El apóstol Pablo se refiere al regreso de Cristo a la última trompeta: “Ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho” (1 Corintios 15:20). Pero observemos lo que dice en seguida “Porque por cuanto la muerte entró por un hombre [Adán], también por un hombre [Cristo] la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias [el primero de las primicias]; luego los que son de Cristo, en su venida [el resto de las primicias]” (vs. 21-23). ¿Cuándo ocurrirá todo esto? Pablo lo aclara: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la FINAL TROMPETA; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (vs. 51-52). ¡Posiblemente este será el acontecimiento más emocionante de la historia!

¿Podemos imaginar una LUZ tan radiante que los humanos no la puedan mirar? Así veremos el rostro de Cristo cuando regrese en toda su GLORIA. ¿Podemos imaginar una ATRONADORA TROMPETA que HAGA ESTREMECER a los habitantes de la Tierra mientras Cristo regresa como Rey de reyes? ¿Podemos imaginar a los santos de Dios que ascienden por el aire para reunirse con Cristo y descender sobre el Monte de los Olivos para GOBERNAR con Él este planeta? (Zacarías 14:1-4, 9; Apocalipsis 2:26-27).

¡Todas estas cosas ocurrirán a la séptima trompeta! Porque si bien es cierto que la Fiesta de las Trompetas representa las terribles GUERRAS y PLAGAS que ocurrirán al final de esta civilización humana; también representa la GLORIOSA INTERVENCION del Creador quien finalmente restaurará el orden y traerá PAZ y FELICIDAD a una humanidad sufrida que por fin estará preparada para "escuchar" a Dios y seguir su camino de justicia.

 

Capítulo 5
a de Expiación

Después de la tremenda “sacudida” a todas las naciones y el regreso de Cristo con gran poder, el siguiente paso en el plan maestro de Dios nos enseña que los pueblos de la tierra llegarán a ser “uno” con Dios. Entonces estarán dispuestos a aprender los caminos de Dios y recibirán muchas bendiciones.

Por ahora, las naciones se han rebelado contra Dios y sus caminos porque han sido ENGAÑADAS (Apocalipsis 12:9). En su gran sabiduría e infinita misericordia, Dios dotó a los seres humanos de libre albedrío; porque sabía que la humanidad iba a intentar hacer las cosas a su modo hasta que finalmente tuviera que aprender que el camino de DIOS es el correcto. Entonces, Dios permitió que los hombres fueran engañados y estuvieran separados de Él durante los primeros 6.000 años de la historia humana.

En su Palabra inspirada, Dios nos dice claramente que Satanás el diablo es el “dios” de este mundo: “Si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Corintios 4:3-4). Luego Pablo, por inspiración escribió: “Él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia” (Efesios 2:1-2).

Satanás el diablo, “el príncipe de este mundo”, como lo llamó Jesús (Jun 14:30), está trabajando arduamente para engañar a la humanidad. Y en su función de “príncipe de la potestad del aire”; transmite, de la misma manera que la radio y la televisión. Solamente que sus transmisiones son ideas y actitudes erróneas. Hace creer a la humanidad que Dios está “muerto” o es “irreal”, un Dios etéreo o una “fuerza ciega” remota y que los hombres NO necesitan obedecer sus leyes ni seguir sus caminos; que no es necesario guardar los diez mandamientos, ni guardar sus Fiestas anuales o el sábado semanal según el ejemplo que nos dieron Jesucristo y los apóstoles.

Juan, el discípulo amado escribió: “Fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual ENGAÑA AL MUNDO ENTERO; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él” (Apocalipsis 12:9).

El apóstol Pedro por inspiración nos advierte: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como LEÓN RUGIENTE, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo” (1 Pedro 5:8-9).

Por lo tanto, al principio del reinado de Cristo, SI es que vamos a disfrutar de verdadera paz y de una actitud armoniosa entre los hombres; ¡Satanás el diablo debe ser desterrado! Examinemos las órdenes relacionadas con el Día de la Expiación en Levítico 23:27-28: “A los diez días de este mes séptimo será el día de expiación; tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda encendida al Eterno. Ningún trabajo haréis en este día; porque es día de expiación, para reconciliaros delante del Eterno vuestro Dios”. Esta ordenanza es un “estatuto PERPETUO” (V. 31) para el pueblo de Dios. Como podemos ver, hasta el apóstol de los gentiles obviamente GUARDÓ el Día de Expiación, mientras viajaba por el Mediterráneo en su condición de prisionero en  una  embarcación  romana  (Hechos  27:9);  años  después  de  que ¡supuestamente, todas las cosas habían sido clavadas en la cruz!

En Levítico 16 encontramos la más clara indicación del verdadero significado de la Expiación. Es un ritual del Antiguo Testamento donde dos machos cabríos se presentaban delante del sumo sacerdote. En Israel, “echar suertes” era un recurso para que DIOS decidiera sobre determinado asunto. Entonces Aarón “echaría suertes” para decidir a quién representaría cada uno de los machos cabríos (Levítica 16:8). Uno debía representar al “Eterno”, el Dios de Israel, quien años después se despojaría a sí mismo para convertirse en nuestro Salvador (1 Corintios 10:4; Filipenses 2:7). El otro representaba a Azazel; nombre que fue dado, según muchas referencias hebreas, a Satanás el diablo o “adversario”.

El macho cabrío que representaba al Eterno tenía que MORIR. Dios le ordenó a Aarón que lo ofreciera como “sacrificio por el pecado” (Levítico 16:9, Biblia de Jerusalén) de la misma manera en que Jesucristo daría su vida por nuestros pecados. Pero sobre el macho cabrío que representaba al “adversario”, Dios ordenó: “Pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las INIQUIDADES de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto. Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada; y dejará ir el macho cabrío por el desierto” (vs. 21-22). Luego el hombre encargado de llevar al desierto el macho cabrío que representaba a Satanás, debía lavar con agua sus vestidos y su cuerpo (v. 26); porque, simbólicamente, había entrado en contacto con la personificación del mal, ¡Satanás el diablo!

Este hombre serviría para separar a Satanás del pueblo de Dios. Tenía que llevar al macho cabrío de Azazel al desierto, MUY LEJOS, donde simbólicamente Satanás no pudiera dañar o engañar más al pueblo de Dios.

¿En qué fecha se realizaría esta ceremonia? “Esto tendréis por estatuto perpetuo: En el mes séptimo, a los diez días del mes” (v. 29). Aunque los antiguos israelitas entendieron que esta ceremonia era parte de la observancia del Día de la Expiación, no captaron el significado espiritual que tendría. Porque habiendo sido cegados no entendieron el significado del primer macho cabrío que representaba al Mesías, quien habría de venir a la tierra a morir por los pecados de todos.

El Nuevo Testamento muestra que esto es exactamente lo que sucederá cuando Cristo regrese. En Apocalipsis 19:11-21 leemos sobre el regreso de Jesucristo como Rey de reyes. Luego, en el capítulo 20 vemos a un ángel encargado de quitar a Satanás: “Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años; y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo” (vs. 2-3). Efectivamente Satanás, Azazel o el adversario, será ALEJADO de la humanidad; para que no pueda ENGAÑAR a los seres humanos durante el reinado milenial de Jesucristo.

De esta manera los hombres seguirán el camino de Dios, YA SIN LA INFLUENCIA DE SATANÁS. Por esta causa durante el glorioso reinado de Cristo “No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento del Eterno, como las aguas cubren el mar” (Isaías 11:9).

Isaías nos da más detalles sobre la forma en que a la humanidad le será quitada la ceguera: “Destruirá en este monte la cubierta con que están cubiertos todos los pueblos, y el velo que envuelve a todas las naciones. Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará el Eterno el Señor toda lágrima de todos los rostros; y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra; porque el Eterno lo ha dicho” (25:7-8). Por haber Dios eliminado el “sistema de transmisión de Satanás” y retirado la CEGUERA de la humanidad, el hombre realmente podrá llegar a ser “uno” con Dios. Porque Cristo habrá pagado nuestra culpa por los pecados y Satanás el diablo será desterrado a un simbólico “desierto” o “abismo” donde será retenido o encarcelado en esa prisión por su participación en nuestros pecados.

¡Dios es justo! Pondrá sobre la cabeza misma de Satanás la CULPA a la que se ha hecho acreedor por haber puesto a la humanidad contra Dios, por ENGAÑAR a las naciones haciéndoles creer que Dios es “injusto” y que sus leyes y caminos no son buenos. Finalmente, la humanidad aprenderá a APRECIAR a Dios y su camino, a AMAR y ADORAR al verdadero Dios de la Biblia. Porque en ese día, la “expiación” por todos los pecados de la humanidad se habrá cumplido.

 

Capítulo 6
Fiesta de los Tabernáculos

Después de quitar de en medio a Satanás, el siguiente paso en el plan de Dios es el reino milenial de Jesucristo como Rey de reyes. Este reino será constituido por Cristo y los santos resucitados dedicados a enseñar a TODA la humanidad el camino de Dios. Este aspecto del plan de Dios corresponde a la GRAN cosecha otoñal; tiempo en que todos los vivientes por fin aprenderán el camino de Dios y tendrán la gran oportunidad de servir y obedecer al Creador, libres de los engaños de Satanás.

Dios le ordenó esta Fiesta a la antigua Israel en Levítico 23:34: “Habla a los hijos de Israel y diles: A los quince días de este mes séptimo será la fiesta solemne de los tabernáculos al Eterno por siete días.” La Fiesta de los Tabernáculos se celebra por siete días y representa el séptimo día milenial o período de mil años de la historia humana que está a punto de iniciarse. En Levítico 23, se le llama Fiesta de los Tabernáculos o “cabañas” para recordar a los israelitas que eran “peregrinos” en la tierra. Espiritualmente nos recuerda a los cristianos que, al igual que nuestro padre Abraham, somos “extranjeros y peregrinos sobre la tierra” (Hebreos 11:13); en espera del Reino de Dios.

En Éxodo 23 encontramos una fiesta llamada “la fiesta de la COSECHA a la salida del año, cuando hayas recogido los frutos de tus labores del campo” (v. 16). Se trata de la misma celebración de la gran cosecha de otoño en Israel y les recuerda a los cristianos la gran cosecha espiritual de almas que será recogida durante los mil años del reinado de Cristo.

Tal como lo hemos mencionado, en esos días “la tierra será llena del conocimiento del Eterno”. Ni los hombres ni las bestias “harán mal ni dañarán en todo mi santo monte” (Isaías 11:9). Habrá paz sin límite y FELICIDAD como el mundo jamás ha conocido: “No habrá allí león, ni fiera subirá por él, ni allí se hallará, para que caminen  los  redimidos.  Y  los  redimidos  del  Eterno  volverán, y vendrán a Sion con alegría; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas; y tendrán GOZO y ALEGRÍA, y huirán la tristeza y el gemido” (35:9-10).

El apóstol Pedro se refirió a este período como “los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo” (Hechos 3:21). Hay muchas profecías tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento que señalan cómo el mundo entero llegará al entendimiento  y   a   la   verdadera   paz   y   seguridad;   porque la humanidad aprenderá las LEYES justas de Dios y su camino de vida: “Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa del Eterno como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte del Eterno, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra del Eterno. Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra” (Isaías 2:2-4).

Cuando la nación de Israel regrese de su cautiverio en el tiempo del fin: “Reedificarán las ruinas antiguas, y levantarán los asolamientos primeros, y restaurarán  las  ciudades  arruinadas, los escombros de muchas generaciones... En lugar de vuestra doble confusión y de vuestra deshonra, os alabarán en sus heredades; por lo cual en sus tierras poseerán doble honra, y tendrán PERPETUO GOZO” (Isaías 61:4, 7).

El reinado milenial de Cristo es definitivamente el tiempo profetizado por Jeremías: “He aquí que vienen días, dice el Eterno, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice el Eterno. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Eterno: Daré MI LEY en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo” (Jeremías 31:31-33).

La maravillosa ley espiritual de Dios, los diez mandamientos, ¡JAMÁS ha sido abolida! Antes bien, Jesucristo magnificó los mandamientos haciéndolos más estrictos. Debemos guardarlos no solo en la letra sino en el espíritu de la ley de Dios. No solo debemos abstenernos de matar, sino que debemos evitar las enemistades y el odio que es semejante al homicidio (1 Juan 3:15; Mateo 5:21-22). Se nos ordena no cometer adulterio, pero también se puede cometer con solo  mirar  a  una  mujer  para  codiciarla (vs. 27-28).

Durante el milenio, las leyes de Dios serán escritas en la mente y el corazón de los hombres por toda la tierra. Porque esas leyes representan el CARÁCTER de Dios. El mismo carácter que debemos desarrollar para llegar a ser por siempre reyes y sacerdotes en su reino. TODA LA HUMANIDAD recibirá esta bendición durante la maravillosa “Fiesta de la cosecha”, los mil años del reinado de Cristo sobre la tierra. En Apocalipsis 20 leemos: “Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años” (v. 6).

Todo verdadero cristiano debe estar preparándose desde AHORA, aprendiendo y PRACTICANDO las leyes de Dios y su camino de vida; y así estará en capacidad de ENSEÑAR todas estas cosas durante el venidero gobierno mundial de Jesucristo. El apóstol Pablo exhorta a los cristianos: “¿No sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas? ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida?” (1 Corintios 6:2-3).

¿Observarán la Fiesta de los Tabernáculos solamente los israelitas? Veamos lo que dice Zacarías: “He aquí, el día del Eterno viene, y en  medio  de  ti  serán  repartidos  tus  despojos.  Porque yo reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén; y la ciudad será tomada, y serán saqueadas las casas, y violadas las mujeres; y la mitad de la ciudad irá en cautiverio, mas el resto del pueblo no será cortado de la ciudad. Después saldrá el Eterno y peleará con aquellas naciones, como peleó en el día de la batalla. Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos” (14:1-4). Leamos ahora el versículo 9: “El Eterno será rey sobre toda la tierra. En aquel día el Eterno será uno, y uno su nombre.” Continuemos con los versículos 16 al 19: “Todos los que sobrevivieren de las naciones que vinieron contra Jerusalén, subirán de año en año para adorar al Rey, al Eterno de los ejércitos, y a celebrar la fiesta de los tabernáculos. Y acontecerá que los de las familias de la tierra que no subieren a Jerusalén para adorar al Rey, el Eterno de los ejércitos, no vendrá sobre ellos lluvia. Y si la familia de Egipto no subiere y no viniere, sobre ellos no habrá lluvia; vendrá la plaga con que el Eterno herirá las naciones que no subieren a celebrar la fiesta de los tabernáculos. Esta será la pena del pecado de Egipto, y del pecado de TODAS las naciones que no subieren para CELEBRAR LA FIESTA DE LOS TABERNÁCULOS.”

Las escrituras anteriores demuestran claramente que TODAS las naciones, dentro de muy pocos años, aprenderán a guardar la Fiesta de los Tabernáculos bajo la dirección personal de Jesucristo. Incluso los egipcios, que al principio tal vez tendrán resentimientos contra todo lo “judío”, aprenderán a OBSERVAR la Fiesta de los Tabernáculos; y TODAS las Fiestas ordenadas por Dios.

 

Capítulo 7
Último Gran Día

¿Es este el ÚNICO día de salvación? La respuesta de la inmensa mayoría de ministros, sacerdotes y cristianos es categóricamente afirmativa. En verdad son poquísimos los que entienden la magnitud del ENGAÑO que Satanás el diablo ha perpetrado en la confundida humanidad. Como ya lo hemos visto, la Biblia dice claramente que Satanás “engaña al MUNDO ENTERO” (Apocalipsis 12:9). Y que Satanás es el “dios de este siglo” (2 Corintios 4:3-4). Esto hace que la gente siga el camino de Satanás, no el de Dios.

El Último Gran Día representa la sorprendente verdad de que Dios NO ESTÁ TRATANDO de salvar a todo el mundo en este momento. Si el gran DIOS que hizo el universo estuviera realmente “tratando” de  salvar  en  esta  época  a  la  humanidad; lo lograría. Y MILES DE MILLONES de personas del Asia, África y el resto del mundo llegarían muy pronto a convertirse en buenos cristianos. Pero la realidad es que la INMENSA mayoría de la gente en toda la historia humana JAMÁS llegó a convertirse o a conocer siquiera alguna forma de cristianismo. ¡Y esta sigue siendo la realidad hasta el día de hoy!

¿Cuál es la VERDADERA respuesta al dilema?

Antes veamos lo que afirmó el Hijo de Dios: “De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador... Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas” (Juan 10:1, 7). E inspiró al apóstol Pedro para que dijera de Él: “Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque NO HAY OTRO NOMBRE bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:11-12). De manera que la única forma de alcanzar la salvación es aceptar al VERDADERO Cristo de la Biblia. Y si verdaderamente aceptamos a Cristo como nuestro Salvador y Señor, nos sometemos a Él y dejamos que GOBIERNE nuestra vida; como Cristo lo ordenó, GUARDAREMOS los diez mandamientos como un camino de vida (Mateo 19:17). Y dejaremos que Cristo viva su vida OBEDIENTE en nosotros por medio del Espíritu Santo (Gálatas 2:20). Si no hacemos estas cosas, simplemente NO somos cristianos y permanecemos CIEGOS.

La enorme mayoría de la humanidad ha permanecido CIEGA al conocimiento del verdadero Dios y Jesucristo. Pero veamos la Palabra  inspirada  de  Dios:  “NO  HAY  ACEPCIÓN de personas para con Dios” (Romanos 2:11). Y cuando Dios empezó a llamar a unos cuantos gentiles al arrepentimiento, el apóstol Pedro dijo: “En verdad comprendo que Dios NO HACE ACEPCIÓN de personas” (Hechos 10:34).

¿Estará entrando Dios en contradicción? ¡Desde luego que no! ¡Porque Dios NUNCA ha dicho que está tratando de salvar a todos en este momento! Pero sí dijo: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9). La voluntad de Dios es que “TODOS procedan al arrepentimiento”; pero ¡ciertamente no todos LO HARÁN en este tiempo! Veamos también lo que dice el apóstol Pablo: “Esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:3-4).

Se trata simplemente de un asunto de TIEMPO.

Porque cuando llegue el momento, como veremos, todos los seres humanos que han vivido recibirán el conocimiento del plan maestro de Dios y sus propósitos; y la gran mayoría ACEPTARÁ la verdad de Dios una vez que sus ojos hayan sido abiertos. NO se trata de “una segunda oportunidad”  como afirmarían  muchos.  Se  trata  más  bien  de  la  primera  y  única oportunidad que tendrá toda esa gente de llegar al conocimiento del verdadero Dios y Jesucristo; y sus grandiosos DESIGNIOS.

La Biblia menciona repetidas veces el tiempo del “juicio” para TODA la humanidad. Pero no siempre debemos entender que “juicio” es algo que se relaciona con condenación, sino un tiempo de decisión y prueba (1 Pedro 4:17). Observemos las advertencias de Jesucristo a ciudades que durante su tiempo lo RECHAZARON a Él y a sus enseñanzas: “¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en vosotras, tiempo ha que se hubieran arrepentido en cilicio y en ceniza. Por tanto os digo que en el DÍA  DEL JUICIO, será más tolerable el castigo para Tiro y para Sidón, que para vosotras” (Mateo 11:21-22).

Las ciudades paganas que JAMÁS OYERON de Cristo tendrán una oportunidad “más tolerable” en ese futuro día del juicio. Entre estas ciudades vemos que se  incluye  Sodoma: “Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma, que para ti” (v. 24).

Si la historia humana hasta el presente fuera el ÚNICO DÍA DE SALVACIÓN; entonces los antiguos paganos no tendrían NINGUNA OPORTUNIDAD para la vida eterna porque evidentemente  NO  han   aceptado   a   Cristo   como   su   Señor, ni obedecieron los caminos de Dios. Entonces, la ÚNICA respuesta es que en un futuro período de juicio tendrán la oportunidad de entender los grandes DESIGNIOS de Dios, de aceptar a Jesucristo como su Señor y Salvador y entonces, después de eso, ser “juzgados” según su conducta durante esa PRIMERA OPORTUNIDAD de salvación.

¿Indica la Biblia que llegará esa oportunidad?

¡Por supuesto! Porque en Apocalipsis 20, después de referirse al milenio y al corto período de tiempo después del milenio, cuando Satanás será “desatado por un poco de tiempo” (v. 3), Dios habla de un tiempo de “juicio” para la gente que murió antes del milenio y que nunca fue convertida. Después de describir “un gran trono blanco” (v. 11), veamos lo que escribió por inspiración el apóstol Juan: “Vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras” (vs. 12-13).

Cuando el versículo 12 habla de “muertos... de pie”, evidentemente se refiere a una resurrección. Este versículo también habla de “libros” que fueron abiertos. La palabra “libros” no es otra que la palabra griega Biblia, plural griego de biblion que significa “libro”. De manera que todas esas personas, por primera vez, comprenderán la Biblia;  y  tendrán  también  la  oportunidad de alcanzar la salvación, de tener su nombre escrito en el “libro de la vida. Durante este juicio del “gran trono blanco” esas personas serán realmente “llamadas” y su mente entenderá la verdad. Satanás nuevamente habrá sido desterrado. En este tiempo del juicio, aun los habitantes de Sodoma y de cientos de ciudades paganas del pasado, podrán tener una mejor oportunidad que quienes vivieron en los días de Cristo. Porque esos antiguos paganos no entendieron prácticamente NADA acerca del  verdadero  Dios  y  su  camino. De manera que NO eran responsables de su ceguera.

Incontables millones de hombres y mujeres que vivieron en el pasado seguramente recibirán con gran celo la verdad de Dios cuando la entiendan a plenitud. Podrán llegar a ser mejores cristianos, mejores siervos de Dios, que muchos de nosotros que a veces no apreciamos las verdades de Dios en todo su valor ni somos tan celosos como debiéramos.

¡Todo está muy claro!

Dios resucitará a incontables millones de personas que vivieron y murieron mucho antes de que Cristo viniera y enseñara todo el conocimiento sobre la salvación; y otros MILES DE MILLONES que vivieron y murieron desde los días de Jesús, o que están viviendo  ahora  pero  CIEGOS  ante  el  conocimiento  de la verdad de Dios y sus propósitos; todos ellos podrán llegar a entender la verdad y a arrepentirse. También recibirán el Espíritu Santo de Dios, la naturaleza y carácter de Dios que se les concederá después del arrepentimiento y el bautismo; en la misma forma que nosotros en la actualidad. Ellos también tendrán la oportunidad durante algunos años de crecer “en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:18).

Todas estas personas tendrán la oportunidad de alcanzar la salvación, la vida eterna en el Reino y la Familia de Dios. La diferencia consiste en que el TIEMPO de su llamamiento ocurrirá después del nuestro, ¡pero ocurrirá con absoluta CERTEZA! Así, finalmente, todo ser humano que haya existido; tendrá una verdadera oportunidad de salvación. El SÉPTIMO de los Días Santos de Dios, el misterioso “octavo día” que sigue a la Fiesta de los  Tabernáculos, y que es  una   Fiesta   aparte   (Levítico   23:36),   representa el maravilloso tiempo después del milenio cuando TODA la humanidad tendrá la oportunidad de comprender la verdad.

A este tiempo es al que se refirió Jesús en Juan 7:37-38: “En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso de pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.” Porque en el juicio del gran trono a TODOS los que hayan vivido,  finalmente  les  serán  abiertos  los  ojos  y  tendrán  la oportunidad de obedecer a Dios y recibir el Espíritu Santo.

Con esta séptima Fiesta ordenada por Dios, todo el panorama del plan de Dios queda COMPLETO. Con el cono- cimiento de la maravillosa sabiduría y misericordia que Dios puso en todo su plan, podemos decir con el apóstol Pablo: “Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos. ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios!

¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!” (Romanos 11:32-33).

 

Conclusión
¡SIGA el plan de Dios!

 

Si el Dios viviente está abriendo su mente a la verdad, entonces es su deber el actuar conforme a ella (Santiago 1:22; 4:17). Con  el  fin  de  ayudarle,  nos  complace  informarle  que  la Iglesia del Dios Viviente, patrocinadora de este y otros folletos, además de programas de radio y televisión; ha ordenado ministros y cuenta con congregaciones locales o grupos de video en el mundo entero. La Iglesia se reúne en santa convocación cada día sábado y durante las Fiestas anuales.

Si tiene interés en observar esos días con nosotros, sírvase escribirnos a la oficina más cercana de la Iglesia del Dios Viviente. Nuestras direcciones aparecen al final de este folleto. Tenga la certeza de que nadie lo llamará o visitará su casa sin que usted lo haya solicitado. Pero si usted lo desea, uno de nuestros representantes gustosamente lo entrevistará en el lugar y momento de su mayor conveniencia. Bajo NINGUNA circunstancia lo presionaremos a unirse a ningún grupo. De hecho, nuestro ministro o representante local podrá sugerirle nuevas lecturas y que se tome todo el tiempo necesario para asegurarse de que realmente desea vivir por toda palabra de Dios.

Si en algún momento usted empieza a congregarse con el pueblo de Dios y a observar debidamente los sábados semanales y anuales, podrá experimentar un sorprendente cambio en su vida espiritual.

Asistir a los servicios, escuchar semanalmente la verdad de Dios y tener la oportunidad de pasar tiempo con gente que espera con fe y optimismo el Reino de Dios; será realmente una delicia. También tendrá la oportunidad de ser un “pionero” espiritual y de mostrarle al Creador que está dispuesto a caminar por fe y obedecer su Palabra inspirada; a pesar de los posibles obstáculos y persecuciones.

Si usted ha llegado a este punto, se estará preparando para “la primera resurrección” (Apocalipsis 20:5-6), la “mejor resurrección” (Hebreos 11:35). Y si se mantiene firme en este camino de  vida, cuando llegue el fin, escuchará estas emocionantes palabras de Jesucristo:  “Bien,  buen  siervo  y  fiel;  sobre  poco  has  sido  fiel, SOBRE MUCHO TE PONDRÉ; entra en el gozo de tu Señor” (Mateo 25:21).