Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía

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Díganos lo que piensa de este folleto

Hace más de cincuenta años, el señor Herbert W. Armstrong (1892-1986) escribió un libro titulado The United States and British Commonwealth in Prophecy (Los Estados Unidos y la Mancomunidad Británica en profecía).
El presente folleto está basado en las investigaciones del señor Armstrong y de otros autores, para llevar al lector no solo a la historia del pasado, sino a ¡la historia escrita por adelantado!

La llave maestra ha sido hallada

¿Qué les depara el futuro a los pueblos anglosajones del mundo? ¿Qué se divisa realmente en el horizonte para los Estados Unidos, Inglaterra, Canadá, Australia y Nueva Zelanda? Los jefes de gobierno no lo saben. Los principales analistas de asuntos internacionales tampoco lo saben. Ni la gran mayoría de los editores y periodistas del mundo. ¡Sin embargo, usted lo puede saber!

¿Sorprendente? ¡Por supuesto, pero es la verdad!

¿Cómo se puede llegar a saber? Las respuestas a los grandes interrogantes de la vida, de los cuales uno es lo que nos depara el futuro, se encuentran en el libro de mayor venta en la historia, la Biblia. Más de la cuarta parte de la Biblia es profecía, principalmente para nuestros días y el porvenir.

Ahora bien, ¿cómo podemos llegar a entender esas profecías? Quizás la llave más importante para abrir los misterios de la profecía bíblica se encuentra revelada aquí, en las páginas de este folleto.

Hay naciones como Egipto y Etiopía que se mencionan directamente en la Biblia. Mas, ¿qué ocurre con las naciones de mayor preponderancia en el mundo moderno? ¿Es posible acaso que las profecías para el tiempo del fin no tomen en cuenta a los Estados Unidos e Inglaterra, y a los demás países de la Mancomunidad Británica?

La llave fundamental para poder abrir al entendimiento muchas profecías bíblicas es conocer la verdadera identidad de los pueblos anglosajones; porque estos pueblos se identifican en la Biblia por el nombre de su antiguo progenitor. ¿Quién es este antiguo progenitor? ¡Es posible demostrarlo!

¿Por qué razón los pueblos anglosajones han llegado a poseer las regiones más ricas de la Tierra? ¿Por qué han llegado a tener riquezas y poder sin parangón? Tras un rápido surgimiento que comenzó en 1800, la Gran Bretaña y los Estados Unidos alcanzaron la prominencia mundial, y juntos han dominado los siglos 19 y 20. Mas, ¿qué sucederá en el siglo 21? ¿Seguirán desempeñando el mismo papel de liderazgo, o todo cambiará? Es fundamental conocer lo que el futuro les depara. Los acontecimientos de los próximos años confundirán por completo a los expertos. Pero nosotros podremos entenderlos si utilizamos la llave maestra de la profecía hasta este tiempo extraviada.

Aunque en años recientes se ha escrito mucho acerca de la profecía bíblica, casi todas esas obras están completamente equivocadas porque sus escritores no conocen la llave maestra para descifrarla.

En términos sencillos: la mayoría de las profecías del Antiguo Testamento están dirigidas a la casa de Israel. Como suponen erróneamente que esas referencias a Israel significan profecías para el pueblo o el Estado judío en el Medio Oriente, la mayoría de los comentaristas bíblicos tienen un enfoque equivocado. Desconocen la identidad actual de los descendientes de la antigua Israel. Sin embargo podrían saberlo, porque los registros tanto en la historia como en las Escrituras lo señalan claramente.

Si bien el estado judío y la ciudad de Jerusalén desempeñan un papel muy importante en las profecías para el tiempo del fin, no todos los israelitas son judíos. El patriarca Jacob, cuyo nombre fue cambiado por el de Israel, fue padre de doce hijos. Uno de sus hijos, Judá, es el progenitor del pueblo judío. Mas, ¿quiénes son los descendientes de los otros hijos?

Cuando las doce tribus llegaron a la tierra prometida después del cautiverio en Egipto, cada una se estableció en una región diferente. Después de Salomón esas tribus se dividieron en dos reinos. El reino del sur, llamado Judá, fue constituido por las tribus de Judá, de Benjamín y la mayoría de los levitas. Las otras diez tribus formaron el reino del norte llamado Israel.

Después de un sitio de tres años, en el año 721 AC los asirlos conquistaron a Samaria, capital de Israel. En forma sistemática, los asirlos iniciaron la deportación de los israelitas hacia el norte del Río Éufrates, a la región comprendida entre los mares Negro y Caspio (2 R. 17).

Después de apoderarse de Israel, los asirios avanzaron hacia Judá, el reino del sur. Exequias, en ese entonces rey de Judá, clamó con gran fervor a Dios; quien intervino con el envío de un ángel para destruir al ejército asirio del Rey Senaquerib en el año 701AC. Judá fue entonces protegida y pasaría casi un siglo antes de que su libertad fuera de nuevo amenazada.

En el año 604AC, los babilonios bajo el Rey Nabucodonosor invadieron a Judá y avanzaron sobre Jerusalén. Judá fue entonces hecha tributaria del Imperio Babilónico. En el año 597AC, Nabucodonosor regresó y llevó cautivo a Joaquín, rey de Judá; y dejó a Sedequías en el trono. Insatisfecho con la conducta de Sedequías, Nabucodonosor volvió como a los diez años y destruyó por completo a Jerusalén; incendió el templo y se llevó en cautiverio a Babilonia a la mayor parte de los judíos.

Pasaron los años, y en el otoño del 539AC Babilonia cayó ante los ejércitos de Ciro el Grande, rey de Persia. Al poco tiempo, Ciro emitió un decreto por el cual se les permitía a los judíos salir de Babilonia y regresar a reconstruir el templo de Jerusalén bajo la dirección de Zorobabel.

Las diez tribus "perdidas"

Es preciso señalar un punto crucial que pasa desapercibido para la mayoría: ¡LAS DIEZ TRIBUS DEL NORTE JAMÁS REGRESARON DE SU CAUTIVERIO!

Establecidas en una región a cientos de kilómetros de donde los judíos fueron tomados más de un siglo después, las diez tribus de Israel permanecieron completamente a parte y separadas de los judíos.

¿Qué sucedió con esas diez tribus de Israel? La historia las ha llamado "las diez tribus perdidas". ¿Adonde fueron? La respuesta es uno de los episodios más fascinantes de la historia. De hecho, ¡la respuesta a ese misterio es la llave que nos abre el entendimiento a la mayoría de las profecías del Antiguo Testamento!

Como es de suponer, la identidad y ubicación de esas antiguas tribus nos revela quiénes son los anglosajones de los Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Australia, Nueva Zelandia y los descendientes de los británicos en Sudáfrica. Este conocimiento nos explicará la razón de la supremacía de esas naciones y lo que les ha de acontecer en un futuro cercano.

El conocimiento de la identidad de los descendientes de la antigua Israel se obtiene mediante un minucioso examen de la Escritura y de los anales de la historia secular. Los dirigentes más instruidos de nuestro mundo moderno están ciegos ante los hechos reales que nos presentan la Biblia y la historia. Han sido cegados por la teoría de la evolución que descarta por completo el gran valor actual de la Biblia. Como resultado, son incapaces de ver la sorprendente historia que se encuentra en las Escrituras y su importancia para el futuro.

La mayoría de los dirigentes religiosos se encuentra en esta misma situación. Incluso los que afirman que en el conocimiento de la Biblia está su autoridad, están cegados por los prejuicios de su tradición denominacional.

Sin embargo, ¡este no es un asunto de historia antigua! Nuestro futuro y el de nuestras familias, así como el futuro de muchas naciones depende de la respuesta a la pregunta: ¿Dónde se encuentran las "diez tribus perdidas de Israel"? Como lo veremos, ¡la llave maestra que nos abre el entendimiento a las profecías de la Biblia ha sido hallada!

 

La sorprendente visión de Ezequiel

En el sur de Mesopotamia, cerca de la Ciudad de Babilonia, se encontraba un joven judío a la orilla de un río. Este joven pertenecía a los miles de judíos que habían sido traídos cautivos, hacía más de cuatro años, desde su tierra natal por los ejércitos del Rey Nabucodonosor.

A la edad de 30 años, en el quinto año de su exilio, el sacerdote Ezequiel tuvo una sorprendente visión. Al principio vio como un torbellino que se aproximaba proveniente del norte. Pero observando atentamente, vio que no era una simple tormenta que se acercaba. Poderosos relámpagos salían del "viento tempestuoso". A medida que el torbellino se acercaba con un fuego envolvente y un gran resplandor, Ezequiel empezó a ver detalles dentro de esta sorprendente tempestad.

Primero vio cuatro figuras angélicas con apariencia humana, pero cada una tenía cuatro caras y cuatro alas. Al seguir observando, notó que bajo cada criatura giraba una enorme rueda que se movía según lo hacía el extraño ser. Luego apareció una gran expansión de cristal maravilloso sobre sus cabezas.

Cuando todo el conjunto estuvo más cerca, Ezequiel pudo distinguir una luz brillante sobre la expansión cristalina y dentro de esa luz pudo ver la figura de un trono y a un glorioso Ser sentado en él. Entonces dijo: "Esta fue la visión de la semejanza de la gloria del Eterno" (Ez. 1:28). Luego Ezequiel se postró sobre su rostro.

Repentinamente una voz salió del trono y le ordenó a Ezequiel que se levantara. El Dios de Israel le dio entonces una comisión, Ezequiel fue nombrado "centinela" para la casa de Israel (Ez. 2:3; 33:7, Biblia de Jerusalén).

Este asombroso despliegue de gloria y majestad dejó en Ezequiel una profunda impresión de la importancia del encargo. Para que Dios se revelara en esa forma debía tener un propósito verdaderamente importante.

La comisión de Ezequiel

Observemos que la comisión de Ezequiel no lo colocaba como centinela de su propio pueblo, la casa de Judá, sino de las diez tribus del norte; ¡la casa de Israel! Judá estaba solo parcialmente en cautiverio; la destrucción de Jerusalén ocurriría pocos años después. Pero la casa de Israel había sido llevada a una tierra extraña, a cientos de kilómetros de donde estaba Ezequiel y más de 120 años antes. ¿Qué sentido tendría entonces advertirle a ese pueblo, ya cautivo, de una inminente invasión y cautiverio?

Evidentemente el mensaje de Ezequiel no era para la casa de Israel de sus días. ¡Dios no les iba a advertir sobre un castigo más de un siglo después de enviarlo! Esto no tendría ningún sentido. Además, Ezequiel nunca tuvo la oportunidad de darle personalmente el mensaje a la casa de Israel. De aquí podemos deducir que ese mensaje era para el tiempo del fin, ¡y que fue escrito y preservado para que fuera entregado por los actuales siervos de Dios!

Dios designó a Ezequiel para que fuera un centinela. Ahora bien, ¿qué es exactamente un centinela? Es alguien que en la antigüedad vigilaba desde una torre alta sobre los muros de las ciudades para advertir sobre alguna amenaza o peligro. El trabajo de centinela era estar alerta y vigilante, oteando el horizonte para ver si se aproximaba algún enemigo. Cuando estaba seguro de que algún enemigo se aproximaba, el centinela daba la alarma con el sonido de una trompeta.

Asimismo, Dios le advirtió a Ezequiel que si no sonaba la alarma y las calamidades caían sobre el pueblo inadvertido, demandaría la sangre de sus manos. Pero si él sonaba la alarma y el pueblo no hacía caso, sufrirían las consecuencias pero Ezequiel quedaría libre de culpa (Ez. 33:9).

La casa de Israel durante los días de Ezequiel ya estaba en cautiverio. La generación que fue llevada en cautiverio había recibido la última advertencia más de un siglo antes por los emisarios del Rey Ezequías de Judá (2 Cr. 30:1-12). Muy pocos hicieron caso; la nación toda se burló de las advertencias; entonces Israel fue llevada en cautiverio. Luego, más de un siglo después, a Ezequiel le fue encomendado un mensaje semejante de vital importancia.

Los sucesos que habrían de ocurrir en Jerusalén y Judá serían una "señal" para la casa de Israel (Ez. 4:3); pero las advertencias de Ezequiel serían para Israel en el tiempo del fin. De hecho, la Escritura nos dice que esas advertencias debían escucharse cerca del día del Eterno (Ez. 7:19; 13:5; 30:1-3); cuando Dios intervenga al final de esta era. Otras profecías de Ezequiel se refieren a la reunificación después de la venida del Mesías; cuando el Rey David sea resucitado y coronado rey sempiterno (Ez. 37:21-25); evidentemente en la resurrección de los santos, un momento que de acuerdo con las profecías será al regreso de Jesucristo con poder y gloria (1 Co. 15:50-53; 1 Ts. 4:16).

La sorprendente visión de Ezequiel cobra un gran significado en la actualidad; porque nos deja ver la seriedad e importancia de esa comisión que Dios le dio. Con esto en mente, es fundamental conocer el paradero de los actuales descendientes de la antigua casa de Israel. Una vez que conozcamos su identidad, debemos entonces llevarles el mensaje de advertencia de Ezequiel.

El mensaje de Ezequiel es en realidad una reprensión por el pecado, un llamado al arrepentimiento y una promesa de su futura liberación y restauración. Por un lado es un mensaje de advertencia severa del inminente juicio de Dios, por el otro es la esperanza de un futuro glorioso. De hecho, es la única esperanza en el mundo. Las naciones anglosajonas han perdido su sentido de lo moral y parece que también su rumbo en la Tierra; acosadas por graves problemas y retos tanto internos como extemos, carecen de sabiduría y de voluntad para afrontarlos.

Habiendo descendido desde la cumbre del poderío mundial al concluir la segunda guerra mundial, los pueblos anglosajones afrontan problemas cada vez más graves. Sin embargo, la decadencia moral interna es lo peor. En medio de la prosperidad material, han caído en la pobreza moral. Con todo, las crisis que les esperan en el futuro inmediato, ni los dirigentes ni el pueblo se las imaginan.

¿Cómo podemos estar seguros de que las profecías de la Biblia dirigidas a Israel se refieren primordialmente a los pueblos anglosajones? ¿Qué advierten esas profecías para el futuro? ¡Más adelante veremos las asombrosas respuestas a estas y otras preguntas!

 

Las antiguas promesas

A partir de Génesis 11:26 la Biblia inicia la historia de Abram, cuyo nombre luego es cambiado por Abraham. El resto de la Escritura es lo que surge de la relación de Dios con Abraham y las promesas para él y sus descendientes. Esas promesas son la base de casi todas las profecías de la Biblia para el futuro.

Abram nació en una familia que vivía en Ur de los caldeos, ciudad cercana a la antigua Babilonia en el sur de Mesopotamia. Después de la muerte de uno de sus hermanos; Abram, su padre y varios de sus familiares se trasladaron a Harán, ciudad a varios cientos de kilómetros hacia el noroeste, vecina del alto Eufrates. Poco tiempo después murió Taré, padre de Abram/ y allí fue enterrado. Entonces Dios le ordenó a Abram, cuya edad era de 75 años, que dejara al resto de su familia y se fuera a una tierra que Él le mostraría. Dios le prometió entonces a Abram que haría de él una gran nación.

La promesa que aparece por primera vez en Génesis 12 es algo vaga. Simplemente se refiere a una tierra indefinida que Abram y su familia heredarían en el futuro. Pero en el resto del Génesis encontramos la extraordinaria historia del desenvolvimiento de las promesas de Dios.

Revelación de las promesas a Abraham

En Génesis 12:1-3 encontramos las primeras promesas que Dios le hizo a Abram. Dios le dijo que haría de él "una nación grande", que lo bendeciría y que en él serían benditas todas las naciones de la tierra. También le dijo: "Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré" (v. 3).

Después que Abram, su esposa y su sobrino Lot llegaron a la tierra de Canaán; tras un incidente Dios decidió aclarar mejor sus promesas. Abram y Lot tenían grandes rebaños y surgió entonces una contienda entre sus pastores por los derechos de pastoreo. Abram solucionó el asunto ofreciéndole a Lot que escogiera las tierras de su preferencia. Lot se decidió por las llanuras al otro lado del Jordán y se fue con sus rebaños cerca de las ciudades de Sodoma y Gomorra.

Después que los dos se separaron. Dios confirmó sus promesas a Abram: "El Eterno dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre. Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada" (13:14-16). En Génesis 15 esta promesa es todavía más amplia; porque Dios le dijo que su descendencia sería como el número de las estrellas (v. 5). Además le señaló los límites de su heredad en el Medio Oriente, cuando le explicó que a sus descendientes les daría la tierra que se extendía desde el Río de Egipto hasta el Eufrates, área que incluía los territorios de varios pueblos que en ese momento ocupaban la tierra (vs. 18-21).

Padre de muchedumbre de gentes

Abram y su esposa Sarai eran ya de edad avanzada y no habían tenido hijos. Aun así Dios le dijo a Abram que tendría descendientes que heredarían un territorio. Durante 24 años después de que salieron de Harán, Abram y Sarai esperaron y pensaron en esas promesas. Hasta que finalmente, cuando Abram tenía 99 años, Dios le apareció de nuevo.

En Génesis 17:6 Dios le prometió: "Te multiplicaré en gran manera, y haré naciones de ti, y reyes saldrán de ti." En este momento Abram también comprendió que vendría a ser "padre de muchedumbre de gentes" (v. 4), y Dios le dijo que cambiaría su nombre por Abraham que significa "padre de multitudes"; y a Sarai le cambió su nombre por Sara, que significa "princesa". También le dijo a Abraham que dentro de un año Sara le daría a luz un hijo (17:19; 18:14). Tal cosa parecía increíble, pero sucedió como Dios lo dijo e Isaac nació en el momento señalado.

Catorce años antes del nacimiento de Isaac, Abraham ya había tenido un hijo, pero este hijo, Ismael, no era el hijo de la promesa. Después de diez años de esperar las promesas de Dios, Sara le rogó a Abram que se llegara a su sierva, Agar, y tuvo un hijo de ella. Con esta acción no solo engendró un hijo sino problemas y conflictos que permanecen hasta nuestros días.

Después del nacimiento de Isaac, Abraham despidió a Agar y a Ismael y los envió lejos (Génesis 21:14). Finalmente Ismael se casó con una egipcia, de la tierra de donde provenía su madre y tuvo muchos hijos; de quienes descienden las naciones árabes.

Años después. Dios visitó a Abraham una vez más para someterlo a una prueba suprema de fe. Dios, quien ya había tratado durante muchos años con Abraham, le dijo que llevara a su hijo Isaac a las montañas de la tierra de Moriah y lo ofreciera en sacrificio. Abraham demostró su fe e hizo conforme Dios le pidió, estaba a punto de ofrecer a su único heredero cuando Dios intervino y lo detuvo; entonces ofreció un camero que encontró trabado en un zarzal en lugar de su hijo Isaac.

Ante la/e de Abraham Dios volvió a confirmar sus promesas, esta vez en forma incondicional: "Llamó el ángel del Eterno a Abraham por segunda vez desde el cielo, y dijo: Por mí mismo he jurado, dice el Eterno, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado a tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz" (22:15-18).

Hay dos cosas interesantes que debemos notar. Las promesasya no iban a depender de las obras futuras de Abraham o sus descendientes; porque ya él había superado la mayor prueba de obediencia, y Dios garantizó el cumplimiento incondicional de sus promesas.

El otro asunto es que los descendientes de Abraham llegarían a poseer "las puertas de sus enemigos". Una puerta es un pasaje estrecho por donde se puede entrar o salir. Esta promesa significa que los descendientes de Abraham no solo llegarían a formar multitud de naciones, sino que iban a tener el control de los puntos estratégicos por donde debían transitar sus enemigos. Más adelante examinaremos el significado de esta promesa tan importante.

Promesas materiales y espirituales cumplidas

Alguien podría preguntar: ¿No se cumplieron acaso las promesas a Abraham en Cristo? Esta es una pregunta cuya respuesta viene directamente de la Biblia.

En Calatas 3:26-29 vemos claramente que todo verdadero cristiano es un hijo espiritual de Abraham y heredero de la promesa. El cumplimiento final de las bendiciones de Dios a Abraham incluye la promesa de que sus herederos espirituales heredarán la tierra (Ro. 4:13; Mt. 5:5). Y también recibió la promesa de una herencia perpetua (Gn. 17:8), lo cual implica el don de la vida eterna.

Evidentemente las promesas que Dios le hizo a Abraham tienen un aspecto espiritual; porque la gracia de Dios va a ser concedida a toda la humanidad mediante la simiente, Jesucristo (Gá. 3:16). El Mesías, descendiente de Abraham, sería el único mediante el cual la humanidad recibiría la gracia de Dios para alcanzar las bendiciones de la salvación del pecado y la vida eterna.

Sin embargo, también hay un aspecto material de las promesas a Abraham. La primogenitura trae consigo promesas de poderío nacional al igual que riqueza mineral y agrícola. En Génesis 13:16 Dios le dijo a Abram que su descendencia sería "como el polvo de la tierra"; en una referencia muy clara a la gran cantidad de descendientes físicos de Abraham que heredarían poderío como naciones y poseerían las puertas de sus enemigos.

Las promesas a Abraham tienen entonces aspectos espiritualesy materiales; porque incluyen a Jesús el Mesías, y las bendiciones de la primogenitura que les serían concedidas a una muchedumbre de sus descendientes, quienes llegarían a formar una gran nación y una "multitud de naciones" (Gn. 48:19). Esto no significa que quienes reciben las bendiciones sean mejores que los que no las reciben. De hecho, vemos que quienes recibieron las bendiciones materiales en su mayor parte las han dilapidado y se han alejado de Dios, por lo que tendrán que afrontar el juicio divino.

El inicio de Israel

Muchos años después de que Dios hizo las promesas a Abraham, las reafirmó a su hijo Isaac: "Habita como forastero en esta tierra, y estaré contigo, y te bendeciré; porque a ti y a tu descendencia daré todas estas tierras, y confirmaré el juramento que hice a Abraham tu padre. Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu descendencia todas estas tierras; y todas las naciones de la tierra serán benditas en tu simiente, por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes" (Gn. 26:3-5). Las promesas a Isaac fueron basadas entonces en la obediencia de Abraham a Dios (v. 24).

Isaac y Rebeca su esposa tuvieron dos hijos, Jacob y Esaú. Quienes a pesar de ser gemelos, desde un principio mostraron tener carácter y temperamento completamente diferentes. Desde antes de su nacimiento. Dios reveló que el mayor, Esaú, habría de servirle al más joven, Jacob (25:23). Jacob, siendo muy avispado por naturaleza, no pudo esperar a que Dios le concediera las bendiciones de la primogenitura; entonces siguiendo el consejo de su madre engañó a su padre para que le transmitiera esta bendición. Dios lo permitió porque su propósito era que Jacob recibiera las promesas; pero Jacob tuvo que aprender por medio de la experiencia lecciones muy difíciles que lo llevaron al arrepentimiento.

Veamos entonces las bendiciones de la primogenitura que Isaac le confirió a Jacob: "Dios, pues, te dé del rocío del cielo, y de las grosuras de la tierra, y abundancia de trigo y mosto. Sírvante pueblos, y naciones se inclinen a ti; sé señor de tus hermanos, y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. Malditos los que te maldijeren, y benditos los que te bendijeren" (27:28-29). Hay dos cosas que se mencionan aquí por primera vez: La primera es que los descendientes de Jacob habrían de poseer gran riqueza agrícola; la otra es que llegarían a ejercer poder sobre otros pueblos y naciones.

Después del engaño de Jacob contra su hermano, Isaac y Rebeca lo enviaron a la región donde vivía la familia de su madre. Allí debería encontrar una esposa y pasar algún tiempo hasta que se acabara la ira de su hermano Esaú. Las palabras de despedida de Isaac fueron: "El Dios omnipotente te bendiga, y te haga fructificar y te multiplique, hasta llegar a ser multitud de pueblos; y te dé la bendición de Abraham, y a tu descendencia contigo, para que heredes la tierra en que moras, que Dios dio a Abraham" (28:3-4).

Poco tiempo después. Dios se presentó a Jacob en un sueño y aumentó las promesas. En su sueño vio una gran escalera que llegaba hasta el cielo y a los ángeles que subían y bajaban por ella. "Y eh aquí, el Eterno estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy el Eterno, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente" (13-14).

Vemos aquí por primera vez, que las tierras prometidas por Dios a Abraham abarcaban más que el Medio Oriente; y que los descendientes de Jacob habrían de esparcirse por el mundo entero. Esta herencia los haría relacionarse con casi todos los pueblos de la tierra.

Durante el tiempo de su exilio lejos de Canaán, Jacob aprendió muchas lecciones; y finalmente, cuando regresó a su tierra, tuvo un encuentro con Dios en un lugar que luego fue llamado Peniel. Después que Jacob luchó toda la noche con el divino mensajero, Dios le dijo: "No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido" (32:28). Jacob o Israel llegó a ser el padre de doce hijos, progenitores de las doce tribus de Israel.

Las promesas hechas a Abraham fueron pasando de padre a hijo y gradualmente se fueron ampliando. ¡Pero aún falta mucho! Porque a Abraham se le dijo que llegaría a formar "multitud de naciones" que alcanzarían gran poderío y también que habría de suscitar un linaje real. Esta promesa sería repartida entre dos de los doce hijos de Jacob. Veamos esta reveladora escritura: "Los hijos de Rubén primogénito de Israel (porque él era el primogénito, mas como violó el lecho de su padre, sus derechos de primogenitura fueron dados a los hijos de José, hijo de Israel, y no fue contado por primogénito; bien que Judá llegó a ser el mayor sobre sus hermanos, y el príncipe de ellos; mas el derecho de primogenitura fue de José)" (1 Cr. 5:1-2).

A Judá se le dio entonces la promesa del cetro, de un linaje real que culminaría con el Mesías como Rey de reyes. Pero las promesas de la primogenitura, de poderío nacional no fueron dadas a los judíos, sino a los descendientes de José. ¡Entender esto es la llave maestra que nos abrirá el conocimiento de todo lo demás!

Efraín y Manases reciben la primogenitura

Veamos un poco más sobre la forma en que fueron ampliadas las promesas de la primogenitura a los descendientes de José. Parte importante de esta historia ocurrió poco antes de la muerte de Jacob o Israel. En aquel entonces él y toda su familia estaban viviendo en Egipto, donde José había llegado a ser primer ministro. José fue a visitar a su padre anciano y enfermo junto con sus dos hijos, Efraín y Manases. Una ceremonia poco comprendida ocurrió durante esta visita.

En Génesis 48:5 Israel le dijo a José que iba a adoptar a Efraín y a Manases como hijos, de esta forma serían contados entre las tribus de Israel. Así José recibiría una doble porción. Después que José acercó a sus hijos, Israel los abrazó y les impuso las manos para darles una bendición muy especial.

Aquí sucedió algo muy interesante. José, intencionalmente colocó a los muchachos de manera que el mayor. Manases, quedara a la derecha de Israel y que el menor, Efraín, quedara a su izquierda. Esto con el fin de que Israel pusiera su mano derecha que significaba una mayor bendición, sobre Manases, y la izquierda sobre Efraín. Sin embargo, Israel cruzó sus manos y puso la derecha sobre Efraín y la izquierda sobre Manases. José, cuando vio lo que consideró un error de su padre casi ciego, trató de corregirlo; pero Israel se resistió y le explicó que había cruzado sus manos en forma deliberada.

Israel le dijo a José que su hijo mayor. Manases, llegaría a ser un gran pueblo, pero que Efraín llegaría a formar una "multitud de naciones" (v. 19). Vemos aquí que de los descendientes de José habría de surgir una gran nación y una multitud de naciones. Ellos recibirían las bendiciones de la primogenitura, de poderío nacional. Lo que conlleva la posesión de los pasos estratégicos que utilizarían sus enemigos, enormes riquezas agrícolas y minerales, y la condición de potencias mundiales que dominarían a otras naciones. En vista de que Dios prometió que en ellos serían benditas las demás naciones, es de esperar que su dominio como potencias mundiales sería ejercido de manera benigna.

¿Existe alguna prueba histórica del cumplimiento de esas promesas? Antes de examinar lo anterior, veamos unos cuantos detalles más que se revelan en el libro del Génesis. Poco tiempo después de adoptar a Efraín y a Manases y de concederles las bendiciones de la primogenitura, Israel hizo venir todos sus hijos. Se encontraba al final de su larga vida y quería darle a su familia los últimos consejos y bendiciones.

Observemos cómo empezó su admonición: "Juntaos, y os declararé lo que os ha de acontecer en los días venideros" (49:1). La profecía de Israel que siguió no fue para sus días ni para cuando sus descendientes salieran de Egipto y entraran en la tierra prometida. ¡Era para el tiempo del fin! Lo que se deduce es que al final de los tiempos los descendientes de Israel aún existirían y se podrían identificar las diferentes tribus.

Veamos lo que le fue dicho a José: "Rama fructífera es José, rama fructífera junto a una fuente, cuyos vástagos se extienden sobre el muro" (v. 22). Esta es una forma poética de referirse a un pueblo que se multiplicaría y se extendería por todas partes. Al fin y al cabo a los hijos de José se les concedería llegar a formar una gran nación y una multitud de naciones. Israel entonces previo que serían un pueblo colonizador. También les legó las "bendiciones de los cielos arriba" y las "bendiciones del abismo que está abajo" (v. 25). Esto significa gran riqueza mineral (bendiciones del abismo) así como bendiciones de un clima apto para gran prosperidad agrícola (bendiciones de los cielos).

Ahora bien, ¿se cumplieron alguna vez estas fabulosas promesas en los descendientes de Efraín y Manases? ¡Lo que está en juego aquí es la veracidad de la Biblia como Palabra de Dios!

Después de salir de Egipto, las tribus de Israel vivieron durante siglos en el Medio Oriente, en el territorio que Dios les había prometido. Sin embargo, antes del cautiverio de Israel, la historia consignada en la Biblia no indica que Efraín y Manases hayan llegado a ser una gran nación ni multitud de naciones. Tampoco llegaron a ser benditas en ellas las naciones de la tierra, antes de que fueran llevadas en cautiverio por los asirlos en el siglo octavo antes de Cristo. Evidentemente el cumplimiento de las promesas que Dios le hizo a Abraham y que fueron legadas a sus descendientes NO ocurrió antes de que las diez tribus de Israel desaparecieran de las páginas de la Biblia y de las páginas de la historia secular.

¡La manera en que se cumplieron esas promesas, como veremos, constituye el resto de la historia!

 

Cautiverio de Israel y pérdida de su identidad

Antes que los hijos de Israel entraran en la tierra prometida, Dios inspiró a Moisés para que les advirtiera sobre el futuro. Si bien las promesas de Dios estaban aseguradas, el TIEMPO de su cumplimiento estaba en las manos de Dios y dependía de la conducta de Israel.

Por medio de Moisés Dios les hizo la siguiente advertencia a los israelitas: "No haréis para vosotros ídolos, ni escultura… Guardad mis días de reposo [sábados], y tened en reverencia mi santuario. Yo el Eterno" (Lv. 26:1-2). Luego prosiguió: "Si anduviereis en mis decretos y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, yo daré vuestra lluvia en su tiempo, y la tierra rendirá sus productos, y el árbol del campo dará su fruto" (vs. 3-4). En los siguientes versículos. Dios detalló las bendiciones agrícolas y la paz que disfrutarían si se mantenían fieles. En el versículo 12 concluyó las bendiciones prometidas con esta afirmación: "Andaré entre vosotros, y yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo."

Así como había bendiciones por la obediencia, también habría graves consecuencias por desobedecer. Si Israel se volvía a la idolatría y olvidaba los sábados de Dios, sería entonces castigada por sus malas obras. En los versículos 16 y 17 Dios señala como consecuencias enfermedades e incursiones enemigas. ¿Qué pasaría, si después de repetidos castigos, Israel persistía en su rebeldía contra Dios y sus leyes? "Y si aun con estas cosas no me oyereis, yo volveré a castigaros siete veces más por vuestros pecados" (v. 18). La expresión hebrea traducida como "siete veces" puede significar tanto extensión de tiempo como intensidad de castigo. Esta expresión se vierte en algunos pasajes como "siete tiempos".

Castigo siete veces mayor

En el capítulo 4 de Daniel, se relata un sueño que tuvo el Rey Nabucodonosor de Babilonia. En el sueño escuchó que sería castigado por su orgullo con la pérdida del reino y de la razón y que el castigo duraría "siete tiempos". En el cumplimiento histórico del sueño en vida de Nabucodonosor, los siete tiempos fueron un período de siete años. ¿Qué significan las "siete veces" en el castigo que se anuncia en Levítico 26:18? Si se trataba de un espacio de tiempo, ¿cuánto sería ese tiempo?

La comprensión de este concepto nos brindará un conocimiento muchísimo más profundo de la historia.

Busquemos primero la respuesta a la pregunta sobre los "siete tiempos". ¿Cuántos días vendrían a ser "siete tiempos"? En Apocalipsis 11 y 12 encontramos claves para la respuesta.

En Apocalipsis 11:2-3 se equiparan dos períodos de tiempo: 42 meses y 1.260 días. Esto no presenta ninguna dificultad, porque 42 meses de 30 días son 1.260 días. En Apocalipsis 12:6 encontramos otra referencia a 1.260 días, pero esta vez la cifra se equipara en el versículo 14 con la expresión: "un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo". Ya vimos que 1.260 días equivale a 42 meses, exactamente tres años y medio. Nos queda claro entonces que en la Biblia "un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo" equivale a tres años y medio o a 1.260 días.

"Siete tiempos" entonces, es el doble de "un tiempo, y tiempos y la mitad de un tiempo" (tres años y medio). De aquí deducimos que siete tiempos vendrían a ser 2.520 días (el doble de 1.260 días). Ahora bien, ¿cuánto tiempo de castigo para Israel representan 2.520 días en la profecía bíblica? Para facilitar la respuesta, veamos otro incidente relacionado con un castigo sobre Israel. En Números 13 y 14 se relata cómo Moisés envió doce espías, uno de cada tribu, para inspeccionar la tierra prometida. Diez de los espías trajeron un mal informe que desanimó al pueblo e hizo que se negaran a entrar en la tierra. Dios se indignó por la falta de fe del pueblo. Veamos cuáles fueron las consecuencias: "Conforme al número de los días, de los cuarenta días en que reconocisteis la tierra, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta años, un año por cada día; y conoceréis mi castigo" (Nm. 14:34).

La desobediencia de Israel les causó un retraso de 40 años para entrar a la tierra prometida y heredar las promesas que Dios les hizo a sus antepasados. Los 40 años de castigo corresponden al principio de un año por cada día. En Ezequiel 4 encontramos un caso similar de castigo sobre Judá e Israel. En este relato al profeta Ezequiel se le ordenó acostarse sobre su lado izquierdo todos los días durante 390 días para representar el período del castigo sobre Israel. Luego se le ordenó acostarse sobre su lado derecho cada día durante 40 días para representar el castigo sobre Judá. Entonces el Eterno le dijo: "…día por año, día por año te lo he dado" (v. 6). Vemos de nuevo entonces que un día equivale a un año en el cumplimiento de ciertas profecías bíblicas.

Si cada día representa un año en el cumplimiento delos castigos de Israel, siete tiempos representarían 2.520 años. ¿Qué significa entonces todo este espacio de tiempo? Pronto llegaremos a la sorprendente respuesta; pero, veamos primero las razones por las que Israel fue llevada en cautiverio.

¿Por qué las diez tribus fueron llevadas cautivas?

En Levítico 26 Dios señala claramente que si Israel empezaba a adorar ídolos y a transgredir el sábado, utilizaría castigos para llamarle la atención. El cumplimiento de esta advertencia se puede ver por todo el libro de los Jueces. A medida que Israel caía en el pecado. Dios permitía incursiones terroristas provenientes de las naciones vecinas para trastornar la paz y la economía. Algunas veces esas naciones llegaron a gobernar a Israel durante años. Estos ciclos se repitieron durante más de tres siglos hasta que se estableció la monarquía.

Como ya hemos visto, después de la muerte de Salomón el reino de Israel se dividió en dos naciones diferentes. Las diez tribus del norte escogieron a Jeroboam, hijo de Nabat, como su rey; mientras que Judá permaneció fiel a Roboam, hijo de Salomón. Poco después de la división del reino, Jeroboam tomó una decisión que afectaría a las diez tribus de Israel por el resto de su historia.

En 1 Reyes 12 se nos relata el suceso. Jeroboam empezó a temer que en el futuro las diez tribus anhelarían reunirse con Judá. Pensó que si el pueblo iba a adorar a Dios en Jerusalén durante las Fiestas anuales podría sentir nostalgia del pasado. Temió que en un futuro podría añorar los tiempos en que había formado una sola nación bajo la dinastía de David cuya sede fue Jerusalén; y que en algún momento esto provocaría que lo eliminaran a él o a sus descendientes.

Analizado el problema, Jeroboam llevó a cabo lo que consideró la solución. Reunió a todo el pueblo y anunció algunos cambios. Para facilitar las cosas, les dijo que en adelante contarían con dos lugares de adoración, de libre elección, en el norte de Israel. De esta manera no tendrían que volver a Jerusalén. Los sitios de adoración los estableció en Dan, al norte y en Betel, al sur; y en cada uno puso un becerro de oro como objeto de culto. Además reemplazó al sacerdocio levítico por hombres fieles a él y a su nueva religión. De hecho, Jeroboam "estableció sacerdotes del común del pueblo" (v. 31, Biblia de Jerusalén). Y como si no fuera suficiente, introdujo un cambio en la fecha de las Fiestas anuales de Dios. La Fiesta de los Tabernáculos, que se celebra en el séptimo mes del calendario sagrado, fue trasladada al octavo mes.

Durante los siguientes 200 años de existencia de la nación del norte de Israel, como país independiente, hubo muchas dinastías. Quien quiera que fuera el rey, la Biblia una y otra vez nos dice: "Se entregó a los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel, y no se apartó de ellos" (1 R. 15:34; 16:19; 2 R. 3:3; 10:29; 13:2, 6,11; 14:24; 15:18, 24, 28; 17:22). Las diez tribus se desentendieron por completo de las advertencias que Dios les hizo a sus antepasados por medio de Moisés. Adoraron ídolos, transgredieron los sábados y, en términos generales, abandonaron las leyes de Dios.

Las consecuencias eran inevitables. Dios les había advertido siglos antes, por medio de Moisés que los castigaría "siete veces" más si persistían en su desobediencia. Finalmente, a mediados del siglo octavo, los ejércitos del poderoso Imperio Asirio invadieron Israel.

El Rey Manahem de Israel, mediante una cuantiosa suma de dinero que le dio al Rey Pul de Asiría, compró la tranquilidad por algún tiempo. Pocos años después, durante el reinado de Peka, uno de los sucesores de Manahem, vino Tiglat-pileser rey de los asirios y tomó gran parte del este y del norte del reino. Varias tribus, entre ellas parte de Rubén, Gad y Neftalí; fueron llevadas cautivas a Asiría. Durante el reinado de Oseas, sucesor de Peka, las cosas empeoraron. Los asirios regresaron bajo un nuevo rey, Salmanasar; y le exigieron tributo al remanente de Israel. Poco tiempo después regresaron y pusieron sitio a Samaria, que resistió tres años antes de su caída. Entonces los asirios iniciaron la deportación masiva de las diez tribus de Israel.

La última oportunidad de Israel

Esta deportación tardó años en efectuarse. Antes de que empezara en forma masiva, un rey justo subió al trono de Judá, el reino del sur. Este rey, Ezequías, asumió por completo el mando después de la muerte de su padre, Acaz, en el año 714AC. Habían gobernado juntos durante varios años, mas Ezequías solo obtuvo autoridad independiente al morir su padre. Este, a diferencia de su padre, fue un hombre que buscó de todo corazón a Dios. Desde que empezó a reinar solo, inició un gran resurgimiento religioso en Judá. Abrió el templo en Jerusalén y llamó al pueblo al arrepentimiento y a que se dedicaran de nuevo a adorar al verdadero Dios.

Ezequías le dijo al pueblo: "Nuestros padres se han rebelado, y han hecho lo malo ante los ojos del Eterno nuestro Dios; porque le dejaron, y apartaron sus rostros del tabernáculo del Eterno, y le volvieron las espaldas… Por tanto, la ira del Eterno ha venido sobre Judá y Jerusalén, y los ha entregado a turbación, a execración y a escarnio, como veis vosotros con vuestros ojos.

Y he aquí nuestros padres han caído a espada, y nuestros hijos, nuestras hijas y nuestras mujeres fueron llevados cautivos por esto. Ahora, pues, yo he determinado hacer pacto con el Eterno el Dios de Israel, para que aparte de nosotros el ardor de su ira" (2 Cr. 29:6, 8-10).

El resurgimiento durante el reinado de Ezequías no solo hizo que Judá escapara de la espada de los asirlos que estaban destruyendo el reino de Israel, hacia el norte, sino que fue la última oportunidad para las diez tribus del norte de evitar el destierro total.

Observemos lo que hizo Ezequías: "Envió después Ezequíaspor todo Israel y Judá, y escribió cartas a Efraín y Manases, para que viniesen a Jerusalén a la casa del Eterno para celebrar la pascua al Eterno Dios de Israel… Y determinaron hacer pasar pregón por todo Israel, desde Beerseba hasta Dan, para que viniesen a celebrar la pascua al Eterno Dios de Israel, en Jerusalén; porque en mucho tiempo no la habían celebrado al modo que está escrito" (2 Cr. 30:1, 5). Los mensajeros de Ezequías le dieron la siguiente advertencia a los habitantes que todavía quedaban en el reino del norte: "No endurezcáis, pues, ahora vuestra cerviz como vuestros padres; someteos al Eterno… Porque si os volviereis al Eterno, vuestros hermanos y vuestros hijos hallarán misericordia delante de los que los tienen cautivos, y volverán a esta tierra…" (vs. 8-9).

¿Cuál fue la respuesta de Israel? "Pasaron, pues, los correos de ciudad en ciudad por la tierra de Efraín y Manasés, hasta Zabulón; mas se reían y burlaban de ellos. Con todo eso, algunos hombres de Aser, de Manasés y de Zabulón se humillaron, y vinieron a Jerusalén" (vs. 10-11). De una u otra forma Israel desatendió las advertencias del Rey Ezequías y su llamado al arrepentimiento; la última advertencia que habrían de recibir. En los años siguientes los asirios desalojaron por completo el norte de Israel y trajeron gente de entre los babilonios para repoblarlo. Estos nuevos habitantes llegaron a ser conocidos como los samaritanos, tomando el nombre de la capital de Israel.

Israel comenzó entonces una odisea que no terminaría en siglos. 2.520 años tendrían que pasar antes de que los descendientes de Israel empezaran a recibir las bendiciones de la primogenitura prometidas a sus padres. Durante 2.520 años, "un año por cada día", habrían de conocer el "castigo" de Dios.

Israel pierde su identidad

En Éxodo 31:12-17 Dios le dijo a Moisés que los sábados serían una señal entre Él e Israel para siempre. Una señal es algo que identifica. El sábado es un recordatorio perpetuo de quién es el verdadero Dios y cuál es su pueblo. Mientras los israelitas guardaron el sábado, conservaron su identidad.

Hasta el día de hoy, los judíos han mantenido su identidad en dondequiera que se encuentren. Porque han conservado la señal del sábado nunca han perdido de vista quiénes son.

En cambio Israel, desde los días del Rey Jeroboam, abandonó los sábados de Dios sustituyéndolos por sus propios días de adoración. Como resultado, cuando Israel fue en cautiverio, no conservó su identidad entre las naciones que la rodeaban. Los que los conocieron no los relacionaron con los judíos; y con el tiempo, los mismos israelitas también olvidaron su verdadero origen.

Muchas de las costumbres que acompañaron a los israelitas al cautiverio fueron tomadas de las naciones paganas que los rodeaban. Mientras eran llevados cautivos por los asirios, el profeta Miqueas estaba en Judá. Este le advirtió a Israel del inminente castigo y por qué habría de venir: "Porque los mandamientos de Omri se han guardado, y toda obra de la casa de Acab; y en los consejos de ellos anduvisteis, para que yo te pusiese en asolamiento, y tus moradores para burla. Llevaréis, por tanto, el oprobio de mi pueblo" (Mi. 6:16).

¿Quién era Omri y cuáles fueron sus mandamientos? ¿Qué tuvo esto que ver con la pérdida de identidad de Israel?

Los israelitas cautivos llegan a ser conocidos como cimerios

En cautiverio, Israel llegó a perder hasta su nombre como nación. Dado que abandonaron la señal de identidad que Dios estableció, la mayoría de los historiadores ya no los reconocieron más como israelitas. Sin embargo. Dios sí sabe perfectamente quiénes son. Veamos el mensaje que inspiró al profeta Amos antes del cautiverio de Israel: "He aquí los ojos del Eterno el Señor están contra el reino pecador, y yo lo asolaré de la faz de la tierra; mas no destruiré del todo la casa de Jacob, dice el Eterno. Porque he aquí yo mandaré y haré que la casa de Israel sea zarandeada entre todas las naciones, como se zarandea el grano en una criba, y no cae un granito en tierra" (Am. 9:8-9).

En 1 Reyes 16 se narra el ascenso de Omri al trono de Israel. Después de derrocar a su predecesor Zimri, estableció una poderosa dinastía. Aunque solo reinó doce años, estableció la capital en Samaria y dictó leyes que guiaron a la nación por el resto de su historia. Su papel de legislador fue tan sólido, que 150 años después de su muerte y muchas dinastías después, el profeta Miqueas aún se refirió a Israel como a quien guardaba "los mandamientos de Omri". Obviamente porque la casa de Israel rechazó las leyes que Dios promulgó por medio de Moisés y decidió guardar más bien las leyes de Omri. "Omri", nos dice la Escritura, "hizo lo malo ante los ojos del Eterno, e hizo peor que todos los que habían reinado antes de él" (v. 25).

Obviamente, los mandamientos de Omri incluían prácticas religiosas paganas. Su hijo Acab se casó con "Jezabel, hija de Et-baal rey de los sidonios, y fue y sirvió a Baal, y lo adoró" (v. 31). Aunque tiempo después el Rey Jehú exterminó el culto a Baal en Israel, lo cierto es que Israel jamás regresó al verdadero Dios.

Veamos el comentario de la Encyclopedia of Worid History de Langer, sobre el alcance de la influencia de Omri: "Omri inició una larga dinastía. Construyó una nueva capital en Samaria y restableció alianzas con Tiro… También reconquistó a Moab, según se desprende de la inscripción de Mesa. Omri evidentemente fue un rey poderoso. Los asirios se refirieron a Israel por su nombre: Bit Omri (Kumri)" [Edición de 1968, pág. 44).

La historia del mundo antiguo, aparte de lo que está consignado en las Escrituras, nos llega por los escritos y monumentos de los grandes imperios de la antigüedad y por los escritos de los historiadores griegos. Los asirios no utilizaron en sus monumentos el nombre de "Israel", sino que utilizaron el nombre de "Kumri"; y así fueron conocidos durante el cautiverio. Por este nombre y algunas variantes según el idioma de los pueblos vecinos, es el nombre con el que se identificó a Israel en la historia secular.

El pueblo identificado en los monumentos asirlos como Kumri fue llamado en la lengua babilónica como Gimirra (o Gimiri). Y los geógrafos griegos como Herodoto los llamaron cimerios. Fue así como los israelitas en cautiverio fueron identificados por la historia secular según el nombre que les dieron los demás; nombres que variaron en escritura y pronunciación según el lenguaje del escritor.

Migraciones de Israel

¿Qué sucedió con los israelitas que fueron llevados cautivos por los asirios? La Biblia nos dice que fueron llevados a las ciudades de los medos; cerca del Río Gozan, afluente del alto Éufrates. Las ciudades de los medos estaban en la región contigua al sur de Armenia, entre el Mar Caspio y el Mar Negro.

El libro apócrifo Segundo de Esdras, escrito como un siglo antes de Cristo, relata la tradición que fue preservada entre los judíos: "Aquellas son las diez tribus, que fueron llevadas prisioneras lejos de su tierra… y [Salmanasar] las llevó sobre las aguas, y de esta manera llegaron a otra tierra. Pero se pusieron de acuerdo entre ellos en que se alejarían de la multitud de paganos y se irían a un país lejano donde los hombres nunca habían habitado… Y entonces ingresaron por pasajes estrechos del Río Éufrates" (13:40-43).

Decir que los israelitas emigraron siguiendo los "pasajes estrechos del Río", simplemente significa que fueron hacia el norte por los pasos estrechos montañosos del alto Éufrates. Esto los llevaría hacia las montañas del Caucase y a la costa norte del Mar Negro. Allí es precisamente donde la historia ubica a los cimerios, quienes luego siguieron hacia el noroeste de Europa por las cuencas del Danubio y del Rin.

El Classical Dictionary de Lempriere ubica a los cimerios "…cerca del Palus Maeotis" (pág. 149). Palus Maeotis fue el nombre que le dieron los antiguos griegos al gran lago del extremo norte del Mar Negro, conocido en la actualidad como el Mar de Asof. Desde esta región algunos de los cimerios emigraron directamente por el sistema fluvial hacia el noroeste de Europa; mientras que otros invadieron el Asia Menor, y luego de ser repelidos se fueron hacia el norte de Europa.

Con respecto a la llegada de los cimerio-israelitas al noroeste de Europa, en The History of France from Earliest Times to 1848, M. Guizot dice: "Entre los siglos séptimo y cuarto antes de Cristo, una nueva población se esparció por la Galia; no de una sola vez, sino en una serie de invasiones; de las cuales las dos principales tuvieron lugar hacía el principio y el final de esa época. Estos se autodenominaban Kymrians o Kimrians… nombre de un pueblo al cual los griegos ubicaron en la costa oeste del Mar Negro y en la Península Cimeria, cuyo nombre actual es Crimea" (pág. 16). Conocidos como galos o celtas por los romanos, estos pueblos se esparcieron por lo que hoy es Francia y las Islas Británicas.

Los períodos de mayor migración hacia el noroeste de Europa fueron, poco después de las primeras invasiones asirías y unos 400 años después. En el año 331AC, Alejandro el Grande derrotó a los medos y a los persas; entonces los israelitas que todavía permanecían en la región de los medos quedaron en libertad de irse. Es interesante notar que entre la caída de Samaria y la derrota de los medos (721AC y 331AC) transcurrieron 390 anos; exactamente el tiempo que Ezequiel profetizó para la casa de Israel en Ezequiel 4:5.

Otro antiguo nombre por el que fueron conocidos los israelitas fue "escitas". De una enorme región en las llanuras eurásicas de la actual Rusia, que en la antigüedad se llamó Escitia. Muchos pueblos habitaron esta gran región, entre ellos varias tribus de israelitas exiliados. Según con el historiador griego Herodoto, "los persas los llamaron sacae, porque este fue el nombre que ellos les dieron a todos los escitas" (The Persian Wars, VII, 64). La palabra sacae o sakae viene del nombre de Isaac, antepasado de los israelitas. El nombre de Isaac dio origen a los nombres de Escocia, Sajonia y Escandiría vía.

Los escoceses conservan la historia de su origen escita en el documento más famoso de la historia escocesa, la Declaración de Arbroath. Esta declaración fue escrita en 1320 y firmada por Robert de Bruce y sus nobles. En ella está la afirmación de que los escoceses "…viajaron desde la Gran Escitia por el Mar Tirreno… y que llegaron mil doscientos años después de que el pueblo de Israel cruzó el Mar Rojo [aprox. 250ACJ, hasta su patria en el oeste donde viven actualmente." El original de esta antigua carta, conocida por muchos como "la más preciosa posesión de Escocia" se exhibe en una urna de cristal en la Casa de Registro de Edimburgo. Al pergamino se le adjuntan los sellos de los 25 nobles que lo suscriben.

Vemos entonces que las diez tribus del norte de Israel fueron desterradas en el siglo ocho antes de Cristo, y llevadas a diferentes regiones por sus captores. Como perdieron su identidad, han figurado en la historia con diferentes nombres: como curíenos, celtas y escitas; para citar unos pocos. Hoy en día, guiados por antiguos registros, podemos trazar las migraciones de esos pueblos desde el Mar Negro hasta las Islas Británicas y el noroeste de Europa.

¿Qué tiene todo esto que ver con las profecías de la Biblia? Más adelante encontrará las sorprendentes respuestas.

 

Cumplimiento de las promesas de la primogenitura

En la antigüedad. Dios hizo grandes promesas a Abraham y a sus descendientes. Hemos visto ya que las diez tribus del norte fueron desterradas de su patria y finalmente emigraron hacia el noroeste de Europa. ¿Cómo habrían de cumplirse las promesas hechas a Abraham?

Veamos cómo Dios ha intervenido asombrosamente en la historia para realizar sus propósitos y cumplir con su palabra.

Siete tiempos profetices, 2.520 años; debían transcurrir a partir de la caída de Samaria y el cautiverio de Israel en el 721AC, hasta que empezaran a cumplirse las promesas incondicionales hechas a Abraham (Gn. 22:15-18). Esto nos lleva al año 1800, cuando de acuerdo con las Escrituras, los descendientes de Abraham comenzarían a recibir las promesas de la primogenitura. El increíble desarrollo de los pueblos de habla inglesa a partir de 1800 es sorprendente.

Para comprender lo sucedido y tener un mejor panorama, veamos brevemente la historia de Europa: A finales del siglo once después de Cristo, la mayoría de las migraciones hacia Europa habían terminado y las naciones ya estaban en las regiones en que se encuentran actualmente. Los israelitas habían llegado, en oleadas migratorias durante siglos, a las nuevas tierras que habrían de heredar. Cabe recordar que Dios le había dicho a Jacob que sus descendientes serían esparcidos hacia el norte, el sur, el este y el oeste (Gn. 28:14).

Durante los diez siglos transcurridos desde la caída de Roma hasta el siglo 15, Europa estaba totalmente dominada por la Iglesia Católica y se debatía en la pobreza, la ignorancia y la guerra. La mayor parte de ese período ha sido llamado por los historiadores la "era del oscurantismo".

En la segunda mitad del siglo 15 hubo tres acontecimientos decisivos en la historia. El primero fue la caída de Constantinopla a manos de los turcos en 1453. Esto trajo la influencia de los eruditos y los manuscritos griegos del Nuevo Testamento a Europa Occidental. El segundo fue en 1456, cuando Johannes Gutenberg perfeccionó el uso de los tipos intercambiables y nació la imprenta. Esto hizo posible una amplia difusión del conocimiento. En 1492, Cristóbal Colón avistó tierra; y se inició una relación ininterrumpida entre Europa y el nuevo continente de América.

Durante ese tiempo, Inglaterra salió finalmente de su lucha interna o guerra de las dos rosas; y emergió entonces un gobierno estable bajo la dinastía de los Tudor con Enrique VII. Durante el siglo siguiente, una notable transformación empezó a efectuarse en Inglaterra. La alfabetización se extendió, el dominio católico cesó y la pequeña nación insular empezó a convertirse en una potencia marítima.

El año 1588 señala un hito en la historia de Inglaterra. España decidió conquistar Inglaterra y llevarla de nuevo al seno de la Iglesia Católica. Para lograrlo, la famosa Armada Invencible izó velas desde España. Pero sacudida por las tormentas, la armada fue destruida y la débil Inglaterra quedó a salvo.

Veamos lo que escribió Sir Winston Churchill en su History of the English-Speaking Peoples: "Mas para el pueblo inglés en general, la destrucción de la armada fue un milagro. Durante 30 años la sombra del poder español había oscurecido la arena política. Una oleada de emoción religiosa llenó la mente de los hombres. Una de las medallas conmemorativas de la victoria lleva la inscripción: ’Affiavit Deus et dissipantur’ [Dios sopló y los dispersó]. Isabel y sus marinos entendieron esta verdad" (vol. II, pág. 131).

La milagrosa victoria le permitió a Inglaterra no estar más bajo el dominio del papado y preparó el camino para la futura libertad religiosa. La conciencia de la intervención de Dios en la historia de Inglaterra suscitó un nuevo interés en la Biblia. Este interés condujo a la traducción y amplia difusión de la Biblia durante el remado del sucesor de la Reina Isabel I, el Rey Jacobo I.

Durante los siglos 16 y 17 los marinos y exploradores ingleses recorrieron el mundo. Esto señaló el inicio de la preponderancia de Inglaterra en los mares y preparó el camino hacia la futura grandeza financiera y comercial.

Cuando llegó el año 1800, Inglaterra y sus excolonias americanas, los incipientes Estados Unidos, solo tenían una pequeña parte de los territorios y la riqueza del mundo. En Europa, Napoleón se proponía formar un enorme imperio continental con Francia como cabeza. Pero en lugar de ver sus esfuerzos coronados por el éxito, algo completamente diferente sucedió.

En los años subsiguientes, Inglaterra surgió como cabeza del inmenso Imperio Británico; el más grande que la humanidad había conocido. Hacia finales del siglo 19, más de la cuarta parte del territorio y la población mundial se encontraban bajo la bandera británica. Los Estados Unidos, que en 1800 apenas contaban con la costa este; en menos de medio siglo se expandieron a todo lo ancho del Continente Norteamericano. El Imperio Británico, la más poderosa mancomunidad de naciones; y la mayor nación, los Estados Unidos, surgieron conforme a lo predicho. El año 1800 señaló el momento en que se cumplirían los 2.520 años de retención de las promesas de la primogenitura.

Surge el Imperio Británico

¿Cómo lo lograron los británicos? En primero lugar, ¿cómo hizo una isla marginal para levantarse de la miseria y el atraso hasta el dominio mundial? Y, ¿cómo hicieron, para mantener unido entre las dos guerras [mundiales] a su tambaleante imperio al parecer con poco esfuerzo?" (The Europeans, pág. 47). Estas fueron preguntas que planteó el escritor Luigi Barzini y que han sido secundadas por muchos.

Mientras que otras naciones trazan planes con el propósito de conquistar grandes extensiones territoriales y construir un imperio; los británicos, se ha dicho, sin darse cuenta, resultaron con un imperio. ¿Cómo llegó a efectuarse tan extraordinaria transformación?

Canadá, gran reserva de riqueza agrícola y mineral; llegó casi sin haber sido solicitada al Imperio Británico. Después de la victoria inglesa sobre Francia en la guerra de los siete años (1756-63), en el Parlamento muchos se oponían a aceptar de Francia el Canadá; advirtiendo que "…el pequeño negocio en pieles de castor no compensaría los costos en defensa y administración…" (A History of England and the British Empire, por Hall & Albion, pág. 463). De hecho, "Halifax [Nueva Escocia] fue la única comunidad en América fundada directamente por el gobierno británico" (pág. 456).

Australia y Nueva Zelanda llegaron casi de igual manera a formar parte del Imperio Británico. Se ha dicho sobre Australia que el descubrimiento de oro en 1851 "convirtió una colonia en una nación" (pág. 664). La población saltó de 250.000 a casi un millón en poco más de diez años. Y en cuanto a Nueva Zelanda "el gobierno inglés se opuso durante largo tiempo a la iniciativa de poner a Nueva Zelanda bajo la bandera británica… Entonces Nueva Zelanda se mantuvo sin ley hasta que el establecimiento de colonos ingleses permanentes hizo necesario un control más definido" (pág. 664).

Durante el curso del siglo 19 el Imperio Británico llegó a tener posesiones hasta en el último rincón de la Tierra; y entre esas posesiones estaban prácticamente todas las puertas marítimas estratégicas. "Tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos" (Gn. 22:17), fue una de las bendiciones que Dios le prometió a Abraham. Esos pasajes estrechos por donde tenía que pasar el tráfico marítimo fue de inestimable valor para los británicos, tanto para efectos comerciales como para propósitos de seguridad durante las dos guerras mundiales del siglo 20. El control británico del Canal de Suez y del Estrecho de Gibraltar, así como de la estratégica Isla de Malta, resultaron fundamentales para el dominio aliado en el Mediterráneo durante la segunda guerra mundial.

Con Australia, Nueva Zelanda y Canadá; los británicos llegaron a poseer buena parte de la mayor riqueza agrícola de la Tierra. Los enormes campos de cereales e innumerables rebaños de ovejas y ganado significaron el cumplimiento de las antiguas promesas de Dios a Abraham. Además, contaron con las enormes riquezas minerales de Canadá, Australia y Sudáfrica. La misma Inglaterra llegó a tener control de la mayoría de las reservas petroleras del Medio Oriente; cuyas posesiones y oleoductos significaron una enorme ayuda para proveer de petróleo a los aliados durante la segunda guerra mundial.

En general, la influencia británica resultó ser benéfica para el mundo entero, exactamente como Dios lo predijo desde la antigüedad (v. 18). Precisamente fue la Marina Británica la que acabó con el tráfico internacional de esclavos a principios del siglo 19. La British and Foreign Bible Society, con sede en Londres, se hizo cargo de que la Biblia fuera traducida a casi todos los idiomas y que por primera vez estuviera al alcance de todos los pueblos de la Tierra.

En todo el imperio el gobierno británico no se impuso por enormes ejércitos de ocupación. De hecho, durante el siglo 19, el ejército británico era realmente pequeño; y fue conocido como "la delgada columna roja". En la India gigantesca, que en el siglo 19 ya estaba habitada por muchos millones, el gobierno lo ejercía el servicio civil británico, el cual lo constituían apenas varios centenares de miembros. Administraron justicia, cobraron impuestos y aplicaron las leyes. "Ellos solos entraron en contacto directo con la población nativa… trabajaron ardua y eficientemente… entre ellos nunca se conoció la corrupción y mantuvieron con éxito la justicia, la paz y el orden durante decenios" (pág. 738).

La pequeña Inglaterra surgió, prácticamente de la noche a la mañana, para gobernar el mayor y el más extenso de los imperios que el mundo ha conocido. Ese imperio se convirtió en una gran mancomunidad de naciones unidas por la lealtad a una corona. ¿Dónde más podríamos encontrar el cumplimiento de la antigua promesa que Jacob pronunció para su nieto Efraín? (Gn. 48:19). ¡Efectivamente Dios cumplió su palabra con respecto a lo dicho a Abraham!

El trono de David

Por medio del profeta Natán, Dios le hizo una grandiosa promesa al Rey David: Cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. Él edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo.

Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres; pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti. Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente" (2 S. 7:12-16).

Dios le explicó a David que aunque castigaría a sus descendientes por sus pecados, no quitaría el reino de su linaje como lo hizo con Saúl. Ahora bien, ¿qué sucedió con ese linaje real? La historia dice que el Rey Sedequías, descendiente de David, fue el último rey que ocupó el trono de Judá en Jerusalén. En el año 586AC, Nabucodonosor llevó cautivo a Sedequías a Babilonia, incendió el templo y destruyó Jerusalén. "Degollaron a los hijos de Sedequías en presencia suya, y a Sedequías le sacaron los ojos, y atado con cadenas lo llevaron a Babilonia" (2 R. 25:7).

¿Qué sucedió entonces con la promesa de Dios a David?

Para continuar con la historia, veamos la profecía que Dios inspiró en Ezequiel 17. Esta comienza con una adivinanza según la cual una gran águila llega a un cedro y arranca "el principal de sus renuevos"; luego lo lleva a "una ciudad de comerciantes" (v. 4). ¿Cuál es el significado de esta adivinanza? En el versículo 12 está la respuesta: "Di ahora a la casa rebelde: ¿No habéis entendido qué significan estas cosas? Diles: He aquí que el rey de Babilonia vino a Jerusalén, y tomó a tu rey y a sus príncipes, y los llevó consigo a Babilonia."

Pero aquí no termina la historia, porque Dios continúa en los versículos 22 y 23: "Tomaré yo del cogollo de aquel alto cedro, y lo plantaré; del principal de sus renuevos cortaré un tallo [un retoño tierno dice la Versión Popular], y lo plantaré sobre el monte alto y sublime. En el monte alto de Israel lo plantaré, y alzará ramas, y dará fruto, y se hará magnífico cedro y habitarán debajo de él todas las aves de toda especie; a la sombra de sus ramas habitarán."

Hemos visto que "el principal" de los renuevos del cedro representa al último rey de Judá, Sedequías. Un "tallo" del "principal de sus renuevos vendría a ser uno de sus hijos. Mas vimos que sus hijos fueron degollados. Entonces, este tallo o "retoño tierno" se refiere a una de sus hijas. Dios dice que lo plantará en un monte alto (en profecía bíblica un monte significa una nación) donde llegará a ser un gran árbol. Esto indica que ella se casaría y en su descendencia continuaría la dinastía. Téngase en cuenta ahora algo muy importante: El linaje de David había estado reinando sobre Judá, pero este "retoño tierno" sería plantado ahora para reinar sobre Israel (v. 23).

En los antiguos anales irlandeses encontramos el resto de esta historia. Nos hablan de la llegada del profeta Jeremías y su secretario Baruc a Irlanda después de la caída del Reino de Judá. Venían acompañados de una joven princesa y traían la liafail como se llamó en gaéiico a la piedra de la coronación. Según los antiguos anales la princesa se llamaba Tea Tefi y se casó con el hijo del rey de Irlanda. Sus descendientes durante muchos siglos mantuvieron el trono en Irlanda. Luego, en los días de Kenneth McAlpine, lo trasladaron y gobernaron desde Scone en Escocia. Esta misma dinastía ha continuado hasta el día de hoy en la persona de la Reina Isabel II, descendiente directa de Tea Tefi y su esposo. ¡Dios ha cumplido la promesa que hizo alRey David!

Los Estados Unidos y las promesas de Manases

¿Qué sucedió con los Estados Unidos de América?¿Es el pueblo norteamericano también descendiente de la antigua Israel? Démosle un vistazo a la historia.

La primera colonia permanente en lo que ahora son los Estados Unidos fue Jamestown, Virginia, en 1607. Pocos años después arribaron los peregrinos a la Roca de Plymouth en Massachusetts. Durante los siglos 17 y 18 muchos colonos de las Islas Británicas se trasladaban a lo que llegó a convertirse en los Estados Unidos. Según dice el profesor David Fisher en su obra titulada Albion’s Seed, durante esos dos siglos cuatro grandes oleadas de inmigrantes llegaron a los futuros Estados Unidos. Estas oleadas migratorias tuvieron su origen en lugares específicos de las Islas Británicas y se establecieron en regiones también específicas de las colonias americanas.

Nueva Inglaterra, por ejemplo, fue colonizada principalmente por inmigrantes de Anglia del este. Ciertas parroquias del sudeste de Inglaterra quedaron prácticamente despobladas entre los años 1629 y 1641, debido a que los grupos familiares emigraban en masa. "Actualmente, Anglia del este luce muy rural en comparación con otras regiones de Inglaterra. Pero a principios del siglo diecisiete era la parte más densamente poblada y urbanizada de Inglaterra, y así había sido durante muchos siglos" (Albion’s Seed, pág. 43).

En su gran mayoría, los inmigrantes que colonizaron los Estados Unidos antes de la guerra civil llegaron del noroeste de Europa; principalmente de las Islas Británicas o de algunas regiones del norte de Alemania. Estos inmigrantes aportaron el carácter de la gran nación de Norteamérica y de ellos han salido la mayoría de los líderes hasta el día de hoy. Aun aquellos que llegaron después provenientes de otras partes de Europa, con toda posibilidad son de origen israelita. Porque la profecía de Amos dice que la casa de Israel sería "zarandeada entre todas las naciones, como se zarandea el grano en una criba, y no cae un granito en tierra" (Am. 9:9).

Con la compra de Luisiana en 1803, los Estados Unidos inician una rápida expansión territorial, que en una generación los lleva a todo lo ancho del continente. En el territorio comprado a Napoleón, por menos de doce centavos la hectárea, estaba incluida la región agrícola más fértil del mundo, el Medio Oeste Americano.

Gracias a esa combinación de riqueza agrícola y mineral, los Estados Unidos estaban destinados a tener el mayor ingreso per cápita del mundo. En cuestión de producción de cereales, de ganado, carbón, hierro o petróleo; los Estados Unidos han gozado de una abundancia sin igual. Por ejemplo, durante la segunda guerra mundial, los campos petrolíferos del este de Texas produjeron más que todas las potencias del eje juntas. La profecía del anciano Israel a su nieto Manases, de que sus descendientes habrían de constituir una gran nación (Gn. 48:19); sin lugar a dudas se ha cumplido en los Estados Unidos de América.

Además, con la adquisición del Canal de Panamá y de varias posesiones insulares adquiridas a finales del siglo 19, los Estados Unidos también llegaron a poseer "las puertas de sus enemigos" (Gn. 22:17; 24:60). Conjuntamente con la Gran Bretaña, mantuvieron el control de casi todo paso estratégico de la Tierra durante la mayor parte de los siglos 19 y 20.

Durante su apogeo, las naciones anglosajonas poseyeron o controlaron gran parte de la riqueza del mundo. Simplemente no ha habido otra nación que pueda compararse con la riqueza y el poder que han tenido los pueblos de habla inglesa.

Sin embargo, las grandes bendiciones acarrean grandes deberes acerca de los cuales se les advierte. Hay peligros específicos que se ciernen sobre dichas naciones en ese libro que se difundió a lo largo y ancho del mundo de habla inglesa, la Biblia.

Una advertencia a las actuales naciones de Israel

Dios inspiró a Moisés desde la antigüedad para que consignara una advertencia dirigida a estos pueblos en medio de su fabulosa riqueza y abundancia: "El Eterno tu Dios te introduce en la buena tierra… tierra en la cual no comerás el pan con escasez, ni te faltará nada en ella… Cuídate de no olvidarte del Eterno tu Dios, para cumplir sus mandamientos… no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites… y se enorgullezca tu corazón… y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me ha traído esta riqueza" (Dt. 8:7-17). Luego les advierte: "Sino acuérdate del Eterno tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día" (v. 18).

Uno de los grandes peligros de la riqueza y la abundancia es el egocentrismo y el materialismo que pueden generar. En vez de llegar a ser los más agradecidos de los pueblos, estas naciones se han dejado llevar por la soberbia.

Su grandeza nacional no es el resultado de una superioridad innata; sino que la posesión de las mejores porciones de la tierra es el resultado de la fe y la obediencia de Abraham y de las promesas que Dios le hizo. Moisés les dijo a sus antepasados: "No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido el Eterno y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto el Eterno os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres…" (Dt. 7:7-8). Dios llamó a Israel para que fuese un pueblo santo. Hoy más que nunca tienen acceso directo a la Palabra de Dios. Con todo, la conducta de estos pueblos y de sus dirigentes está lejos de lo que Dios manda. En medio de la abundancia son desagradecidos y desobedientes con el Dios que los bendijo. Así como Dios tuvo que castigar a sus antepasados, tendrá que hacerlo con estas naciones en la actualidad.

¡Los Estados Unidos y las naciones británicas tienen una cita con el juicio de Dios!

 

¿Qué les espera a los descendientes de Israel?

En 1897, año del jubileo de diamante de la Reina Victoria, uno de los más estimados poetas británicos expresó un sombrío presentimiento. El Imperio Británico estaba en el cénit de su gloria; y en ese contexto, Rudyard Kipling escribió su Himno de fin de oficio, el cual resultó ser notablemente profetice: "Dios de nuestros padres, por siempre conocido / Señor que peleas nuestras grandes batallas / Por cuya poderosa mano nos mantenemos / Soberano de las palmas y los pinos / Señor Dios de los ejércitos, quédate con nosotros, no sea que te olvidemos; ¡no sea que te olvidemos!" Y prosiguió: "Señor, ¡toda nuestra pompa de antaño ha quedado como Nínive y Tiro! Juez de las naciones, ten misericordia de nosotros / No sea que te olvidemos; ¡no sea que te olvidemos!"

Un siglo después, los pueblos anglosajones se han olvidado de Dios. La poderosa advertencia de Dios a su pueblo olvidadizo retumba a lo largo de los siglos: "Mas si llegares a olvidarte del Eterno tu Dios y anduvieres en pos de dioses ajenos, y les sirvieres y a ellos te inclinares, yo lo afirmo hoy contra vosotros, que de cierto pereceréis" (Dt. 8:19).

¿De qué manera se han olvidado estas naciones de Dios y de sus leyes? La base fundamental de la sociedad, la unidad familiar, está hecha añicos por los divorcios y las uniones ilegítimas. Los homosexuales desfilan orgullosos por las calles de las grandes ciudades desde San Francisco hasta Sidney. El aborto es el holocausto silencioso que acaba con la vida de millones de bebés. La escalada de violencia es tal que la gente teme caminar por las calles de las ciudades después del atardecer. La codicia, el materialismo y la inmoralidad se han entretejido en la urdimbre de la sociedad.

Los mensajes de los profetas describen tan claramente la situación de estas naciones como el mejor de los noticiarios: "¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron al Eterno, provocaron a ira al Santo de Israel, se volvieron atrás" (Is. 1:4). Y el cinismo es su mejor patrón de conducta: "La apariencia de sus rostros testifica contra ellos; porque como Sodoma publican su pecado, no lo disimulan. ¡Ay del alma de ellos! porque amontonan mal para sí" (Is. 3:9).

El mensaje del centinela

Como vimos al inicio de este folleto, Dios comisionó al profeta Ezequiel como centinela de la casa de Israel: "A tí, también, hijo de hombre, te he hecho yo centinela de la casa de Israel. Cuando oigas una palabra de mi boca, les advertirás de mi parte" (Ez. 33:7, Biblia de Jerusalén). ¿Cuál es el mensaje para la Israel actual, preservado hasta nuestros días por los escritos del profeta Ezequiel?

"Tú, hijo de hombre, ¿no juzgarás tú, no juzgarás tú a la ciudad derramadora de sangre, y le mostrarás todas sus abominaciones?… En tu sangre que derramaste has pecado, y te has contaminado en tus ídolos que hiciste…" (Ez. 22:2, 4). Además de la violencia y la idolatría. Dios inspiró a Ezequiel para que inculpara a Israel por la inmoralidad; como el adulterio y el incesto (vs. 9-11). También se refiere a la desintegración de la estructura familiar y al maltrato de los necesitados e indefensos (v. 7). Como con voz de trueno les dice: "No tienes respeto a mis cosas sagradas, profanas mis sábados" (v. 8, Biblia de Jerusalén).

En el libro de Ezequiel encontramos una inculpación por los pecados de esas naciones, un llamado al arrepentimiento y la advertencia del inminente juicio de Dios. Y va más allá de ese juicio, predice un tiempo de arrepentimiento y restauración nacional después del regreso de Cristo.

Todas esas naciones, en forma colectiva, se han ido alejando cada vez más de Dios; aunque se consideren a sí mismas como "naciones cristianas"; sus pecados son una afrenta contra el Dios Todopoderoso, quien ha derramado sobre ellas las más selectas bendiciones de los cielos.

Sobre las naciones de habla inglesa, la actual casa de Israel, y sobre el resto del mundo, se cierne una tribulación indescriptible. El mismo Dios les dice: "Quebrantaré el sustento del pan" (Ez. 4:16). Aquí se refiere a un tiempo de hambre y desolación, cuando las ciudades queden desiertas (12:20). Aunque les parezca imposible a los estadounidenses, canadienses y británicos, el Todopoderoso dice que estos males se avecinan.

Una gran unión de naciones en Europa, en este momento en formación, llegará a convertirse en la séptima y última restauración del Imperio Romano Germánico. De acuerdo con Apocalipsis 13 y 17, este poderoso imperio llegará a dominar al mundo entero durante breve tiempo. Se trata de una superpotencia europea que atacará y subyugará a los pueblos anglosajones; y también se encargará de ocupar al estado judío, actualmente llamado Israel, en el Medio Oriente.

La gente se ha vuelto concupiscente y materialista;se ha olvidado de su Hacedor y hace caso omiso de su libro de instrucciones, la Santa Biblia. La hora de rendir cuentas se acerca, la mayoría de nuestros lectores vivirá para ver aquel tiempo.

Para cada uno de nosotros y nuestras familias hay una forma de librarse, pero hay condiciones: "¿Quiero yo la muerte del impío? dice el Eterno el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos?… Por tanto, yo juzgaré a cada uno según sus caminos, oh casa de Israel, dice el Eterno el Señor. Convertíos, y apartaos de todas vuestras transgresiones, y no os será la iniquidad causa de ruina. Echad de vosotros todas vuestras transgresiones con que habéis pecado, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo.

¿Por qué moriréis, casa de Israel? Porque no quiero la muerte del que muere, dice el Eterno el Señor; convertíos, pues, y viviréis? (Ez. 18:23, 30-32).

Lo que Dios desea es el arrepentimiento, no el castigo; mas la única forma en que muchos atienden es mediante el castigo. Muchos simplemente no prestarán atención al mensaje de advertencia hasta que el mundo se les venga encima. ¿Está usted dispuesto a escuchar y a arrepentirse?

La Iglesia de Dios está proclamando el mensaje de advertencia y de esperanza de Ezequiel a las naciones de Israel y al mundo entero. Es esencial que comprendamos lo que la Palabra de Dios nos dice; ¡y que actuemos conforme a ese entendimiento!

Revelación de futuros acontecimientos

De acuerdo con la profecía bíblica, la amenaza de catástrofes financieras y derrumbe social preparará el terreno para los próximos acontecimientos. Como respuesta a los temores crecientes, repentinamente surgirá ante el mundo un poderoso y carismático líder en Europa; aliado con un líder religioso que suscitará una histeria colectiva mediante lo que en términos bíblicos se conoce como "señales y prodigios mentirosos" (2 Ts. 2:9). Ese líder político y militar se servirá del engaño para alcanzar gran poder y será el dirigente de un restaurado Sacro Imperio Romano Germánico, al que la Biblia llama "BABILONIA LA GRANDE" (Ap. 17,18).

Esa unión europea de iglesia y estado prometerá prosperidad universal y durante breve tiempo ejercerá dominio económico a escala mundial.

En Ezequiel 27, valiéndose de la figura de la antigua ciudad comercial de Tiro, el profeta nos habla de ese poderío económico mundial que incluirá a las naciones de Europa, África, Latinoamérica y Asia; así como a Israel y Judá (vs. 1-17). Partes de Ezequiel 27 son parafraseadas o citadas en Apocalipsis 18, cuando se refiere a ese sistema del tiempo del fin llamado Babilonia la Grande.

Las naciones de habla inglesa, sin embargo, no prosperarán mucho en asocio con ese sistema. De hecho, terminarán sojuzgadas y destruidas militarmente por él. Pero antes del ataque militar y la ocupación, habrá devastadores problemas climatológicos que sumados a contiendas civiles internas ("violencias cometidas en su medio" Am. 3:9) llevarán a estas naciones al borde del descalabro interno.

Por inspiración de Dios el profeta Oseas escribió:"Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento" (4:6). Esos pueblos han rechazado el conocimiento y los caminos de Dios. A medida que prosperaron materialmente, también aumentaron sus pecados: "Conforme a su grandeza, así pecaron contra mí" (v. 7). La inmoralidad y la drogadicción se han encargado de socavar y destruir el espíritu nacional (v. 11).

El profeta Amos también fue inspirado por Dios para advertir sobre gravísimas sequías y racionamientos de agua, además de enormes pérdidas en la agricultura y enfermedades epidémicas (4:7-10). "Por tanto, de esta manera de haré a ti, oh Israel; y porque te he de hacer esto, prepárate para venir al encuentro de tu Dios, oh Israel. Porque he aquí, el que forma los montes, y crea el viento, y anuncia al hombre su pensamiento; el que hace de las tinieblas mañana, y pasa sobre las alturas de la tierra; el Eterno Dios de los ejércitos es su nombre" (vs. 12-13).

A ese tiempo de grandes calamidades el profeta Jeremías lo llama "tiempo de angustia para Jacob" (30:7). Y dice que ese será el peor tiempo en toda la historia de la humanidad. Jesucristo, hablando de ese mismo período de tiempo, dijo: "Habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá" (Mt. 24:21). Obviamente no pueden ocurrir dos tiempos de calamidades que sean peores que todos los demás, de manera que es muy claro entonces que la gran tribulación es un tiempo de angustia y castigo para Israel. Sin embargo, ¡el castigo no es el final de la historia!

 

Liberación futura y restauración

El profeta Ezequiel habla de un tiempo en el futuro cuando Israel será reunificado después del retomo del Mesías con poder y gloria: "Sabrán las naciones que la casa de Israel fue llevada cautiva por su pecado, por cuanto se rebelaron contra mí… Conforme a su inmundicia y conforme a sus rebeliones hice con ellos, y de ellos escondí mi rostro. Por tanto, así ha dicho el Eterno el Señor: Ahora volveré la cautividad de Jacob, y tendré misericordia de toda la casa de Israel… Y sabrán que yo soy el Eterno su Dios, cuando después de haberlos llevado al cautiverio entre las naciones, los reúna sobre su tierra, sin dejar allí a ninguno de ellos" (39:23-25, 28).

Isaías también se refirió a ese tiempo en el futuro cuando Dios recogerá a Israel y lo llevará a su propia tierra (14:1). Dios le dará entonces reposo de su trabajo, de sus temores y de la dura servidumbre en que habrá caído (v. 3). Será reunido de nuevo en su tierra y "echará raíces, florecerá y echará renuevos Israel, y la faz del mundo llenará de fruto" (27:6). "Reedificarán las ruinas antiguas, y levantarán los asolamientos primeros, y restaurarán las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones" (61:4). Este pueblo, después de los futuros castigos de la tribulación, llegará finalmente al arrepentimiento, y será reunido desde las tierras del cautiverio entre las naciones gentiles. Dios inspiró al profeta Ezequiel para que describiera la futura conversión de la nación de Israel, como un preludio de la conversión del mundo entero: "Seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros… Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra" (36:25-27).

Cristo ya habrá regresado y sus santos habrán resucitado para gobernar y reinar con Él (Ap. 20:6). También encontramos en muchas escrituras que el Rey David estará entre los resucitados y será él quien gobierne a Israel (Ez. 37:24). Cada uno de los doce apóstoles será gobernante sobre una de las doce tribus (Le. 22:29-30).

En esos gloriosos días, cuando el Reino de Dios sea establecido sobre todas las naciones y Jesucristo gobierne directamente desde Jerusalén: "El lobo y el cordero serán apacentados juntos, y el león comerá paja como el buey; y el polvo será el alimento de la serpiente. No afligirán, ni harán mal en todo mi santo monte, dijo el Eterno" (Is. 65:25)

¿Qué sucederá con los Estados Unidos y Gran Bretaña? ¡Serán juzgados! Y les esperan severos castigos por sus pecados de tal manera que sorprenderán al mundo entero. Esos tremendos castigos harán estremecer a estas naciones como nunca antes; y entonces la mayoría se arrepentirá y regresará a Dios en un acto sin precedente en nuestros tiempos (Ez.36:24-32).

Hay dos formas de aprender las lecciones de la vida, el camino fácil y el camino difícil. Y todo parece indicar que las naciones están destinadas a aprender las lecciones por el camino difícil.

¿Qué sucederá en su caso, amigo lector? ¿Tomará en consideración las advertencias de este folleto, extraídas directamente de la Palabra de Dios? O, ¿Tendrá que aprender las lecciones por el camino difícil?

Si lo desea, podemos mostrarle la forma de escapar del holocausto venidero. Recuerde que no se trata simplemente de creer en Dios y su Hijo Jesucristo, sino en hacer todo lo que Dios ordena. Debe estar dispuesto a BUSCAR A DIOS como nunca antes en su vida. Tiene que estar dispuesto a "salir" de la Babilonia moderna, de sus ideas y sus prácticas, de sus falsas religiones y filosofías; y dedicarse con todo su ser a estudiar y a vivir "de toda palabra de Dios" (Le. 4:4).

¡La decisión es suya! Que Dios le ayude a tomar la decisión sabia y correcta.