Una gran multitud se había congregado en la funeraria, incluyendo hombres y mujeres de gran relevancia política, profesionales y personas de la clase trabajadora, para presentar sus respetos. El difunto había sido un abogado exitoso durante décadas, llegando incluso a servir en la legislatura estatal, antes de convertirse en juez de circuito, cargo que desempeñó con distinción durante muchos años. Pero el tiempo es implacable, y el juez falleció «en buena vejez, lleno de días» (1 Crónicas 29:28).