J. Davy Crockett III

Necesito una palabra



Cuando mi hijo menor tenía unos seis años, me dijo: "¡Papá, necesito una palabra!". Desconcertado, le pregunté: "¿Qué tipo de palabra?". "Bueno", dijo, "algo que pueda decir cuando las cosas salgan mal en el parque o cuando me enfade". Divertido, le pregunté: "¿Qué tienes en mente?". Para mi sorpresa, dijo con sentimiento: "Me da igual, siempre que suene como...". Y terminó la frase con una grosería.

¿Estamos acumulando riquezas o buscando el reino?



Muchas familias tienen un "tío rico", y yo tenía el mío. El hermano de mi padre tenía un don especial. Todo lo que hacía parecía prosperar. Durante los tiempos difíciles de la Gran Depresión, había conocido la pobreza, ganándose la vida con mucho esfuerzo en la granja de su padre, cultivando verduras para vender en el mercado. Estaba muy motivado para triunfar y tenía la energía, el impulso y el deseo de perseguir sus sueños y ambiciones. Con el paso de los años, sus esfuerzos dieron fruto, ya que invirtió las ganancias de su negocio de automóviles en bienes raíces.

Confusión de rostro



Para cualquiera que observe atentamente el panorama mundial actual, una corriente de desvergüenza se hace evidente rápidamente. Se ve en todas partes: en las intrigas políticas, las películas, la música popular y, dado que vivimos en la "Era de la Información", en la "blogosfera", donde cualquiera puede expresar sus puntos de vista, quejas y opiniones sin reservas. Y esta cultura se vuelve cada vez más inquietante.

La paz interior está a su alcance



Charles Dickens (1812-1870) escribió una conmovedora introducción a su famosa novela La historia de dos ciudades, publicada en 1859, y su descripción de aquella época sin duda se ajusta a la actualidad. Escribió: «Eran los mejores tiempos, eran los peores tiempos, era la época de la sabiduría, era la época de la necedad, era el periodo de fe, era la era de la incredulidad, era la temporada de la luz, era la estación de las tinieblas, era la primavera de la esperanza, era el invierno de la desesperación».

¿Qué hora es?



¡El tiempo! ¿Quién puede explicarlo? “Úsalo o piérdelo”, dicen los expertos. Todos tenemos la misma cantidad de tiempo, y nunca parece ser suficiente. Existen muchos dichos acerca del tiempo, como: “El tiempo sigue su marcha”, “El tiempo no espera a nadie”, “El tiempo es dinero” y “El tiempo es fugaz”. Especialmente en el mundo estresante, acelerado y de alta presión en que vivimos hoy, el tiempo es un recurso muy valioso. Las personas constantemente revisan la hora en su reloj o en su teléfono inteligente, en su computadora, o (¡todavía incluso!) en la radio o la televisión.

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