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La profecía dice que el mundo pronto se precipitará a la guerra, culminando en la impensable batalla de la humanidad contra Jesucristo.
Nunca es buena idea apostar contra Dios; porque si dice que algo va a ocurrir, ocurrirá, aunque parezca imposible en el momento. Cuando los escépticos dudaban de que Alemania volvería a armarse, nosotros, en El Mundo de Mañana, no dudamos en decir que habría un Zeitenwende, un momento de cambio, en Alemania. No lo expresamos, desde luego, con esta palabra empleada por el canciller Olaf Scholz, pero comprendíamos, por la profecía bíblica, que Alemania se alejaría del pacifismo para inclinarse hacia el militarismo. Tampoco sabíamos qué suceso en definitiva ocasionaría el cambio… solamente que iba a ocurrir.
Mientras los presidentes de Estados Unidos fracasaron en sus intentos por lograr que los países de la OTAN aportaran el dos por ciento de su producto interno bruto a gastos militares, según se había acordado, el presidente ruso, Vladimir Putin, alcanzó este cometido invadiendo a Ucrania. ¿Quién habría pensado hace un año que las naciones europeas elevarían su gasto en defensa a un impresionante 5 por ciento del PIB? Ahora muchos de los Miembros están decididos a seguir ese rumbo. “Juntos, los aliados han sentado las bases para una OTAN más fuerte, más justa y más letal”, dijo el secretario general Marcos Rutte el año pasado. “Estas decisiones tendrán un impacto profundo en nuestra capacidad para hacer lo que motivó la fundación de la OTAN: disuadir y defender” (lNATO.int). Es asombroso el ritmo al cual los países europeos están aumentando el gasto militar, así como la manufactura de armas y suministros. En este lado del Atlántico, pocos se dan cuenta de lo que está ocurriendo en Europa.
Lo que está sucediendo a vista de todos es el cumplimiento de una profecía bíblica: “Proclamad esto entre las naciones, proclamad guerra, despertad a los valientes, acérquense, vengan todos los hombres de guerra. Forjad espadas de vuestros azadones, lanzas de vuestras hoces; diga el débil: Fuerte soy” (Joel 3:9-10).
Las visiones de Joel se centran en “el día del Eterno” (Joel 2:1), período que culmina con el regreso de nuestro Salvador Jesucristo. El profeta empieza hablando de plagas de langostas más grandes de lo que se haya visto jamás, y fijando el tiempo en que ocurrirán: “¡Ay del día! Porque cercano está el día del Eterno, y vendrá como destrucción por el Todopoderoso” (Joel 1:15).
A esto sigue una alarma de guerra al aproximarse el día del Eterno:
“Tocad trompeta en Sion, y dad alarma en mi santo monte; tiemblen todos los moradores de la Tierra, porque viene el día del Eterno, porque está cercano. Día de tinieblas y de oscuridad, día de nube y de sombra; como sobre los montes se extiende el alba, así vendrá un pueblo grande y fuerte; semejante a él no lo hubo jamás, ni después de él lo habrá en años de muchas generaciones” (2:1-2).
El día del Eterno, o día del Señor, se menciona 32 veces en las Escrituras, y se encuentra en ambos testamentos de la Biblia en el contexto de los últimos tiempos: el regreso de Jesucristo. Es el cumplimiento de lo simbolizado por la Fiesta bíblica de las Trompetas, llamada por los judíos Rosh Hashanah. El día se compone de siete plagas anunciadas en el libro del Apocalipsis por el sonar de siete trompetas. La última trompeta es la que anuncia el regreso de Jesucristo, y el profeta Isaías revela que el día del Eterno, período en el que suenan las siete trompetas, abarca el lapso de un año: “Porque es día de venganza del Eterno, año de retribuciones en el pleito de Sion” (Isaías 34:8; 63:4).
Todo lo que se dice sobre el día del Eterno indica que será un tiempo de guerra y destrucción, cuando la ira de Dios se derramará sobre la humanidad rebelde y que rehúsa arrepentirse:
“Cercano está el día grande del Eterno, cercano y muy próximo; es amarga la voz del día del Eterno; gritará allí el valiente. Día de ira aquel día, día de angustia y de aprieto, día de alboroto y de asolamiento, día de tiniebla y de oscuridad, día de nublado y de entenebrecimiento, día de trompeta y de algazara sobre las ciudades fortificadas, y sobre las altas torres” (Sofonías 1:14-16).
Es de suponer que un período así venga precedido de muchas señales de advertencia… y efectivamente, así es. El tema del libro del Apocalipsis es el día del Eterno (Apocalipsis 1:10). En el libro leemos que el apóstol Juan ve un rollo sellado con siete sellos. El Cordero de Dios, Jesucristo, es el único capaz de abrirlos. Los primeros cuatro corresponden a los conocidos cuatro jinetes del Apocalipsis. El quinto sello representa el martirio de algunos siervos de Dios. El sexto, al abrirse, revela señales celestes aterradoras, y lo que viene enseguida es algo inimaginable:
“Los reyes de la Tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?” (Apocalipsis 6:15-17).
El día del Eterno no es otra cosa que la ira del Cordero de Dios derramada sobre la humanidad rebelde. Pocos piensan en Jesús en términos diferentes al amor sentimental. No pueden imaginar que su amor se manifieste en forma de un buen castigo, que será necesario para que la humanidad recapacite.
Con todo lo que precederá a ese período, es difícil creer que la gente no reconozca la contrariedad que siente Dios por su mal comportamiento. Sin embargo, el apóstol Pablo dice que, pese a las catástrofes que ocurrirán en el mundo, la humanidad no va a entender, y que los hechos subsiguientes la van a tomar de sorpresa. ¿Cómo será posible?
Habrá un período, en medio de todas las perturbaciones venideras, cuando el mundo pensará que por fin ha llegado la paz tan anhelada. Advertencia: Cuando esto ocurra, no nos dejemos llevar por la euforia momentánea. ¡No durará! “Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán. Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón” (1 Tesalonicenses 5:2-4).
Los visitantes de las Naciones Unidas en Nueva York, pueden observar una estatua de un hombre musculoso que transforma una espada en una reja de arado para uso agrícola. La obra del artista ruso Yevgeny Vuchetich, titulada: Convirtamos las espadas en arados (1959), fue obsequiada a la ONU por la antigua Unión Soviética. Su mensaje, tomado del libro de Isaías, se refiere al tiempo cuando Jesucristo regresará y pondrá fin a la guerra: “Volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra” (Isaías 2:4).
Otro tanto leemos en Miqueas 4:3. No pensemos que esto no va a ocurrir: Ocurrirá sin duda. Reiteramos que nunca es buena idea apostar contra Dios.
Pero no nos adelantemos. Como mencionamos antes, el profeta Joel dice que antes del verdadero fin de las guerras, habrá un tiempo cuando la humanidad se preparará para un gran conflicto. Recordemos que las visiones de Joel corresponden al día del Eterno, período que culminará con el regreso de Jesucristo. Veamos de nuevo lo que dijo el profeta acerca de un tiempo futuro, mucho después de su muerte. ¡El tiempo en que vivimos! Son palabras que se están cumpliendo en el mismo momento en que escribimos este artículo: “Proclamad esto entre las naciones, proclamad guerra, despertad a los valientes, acérquense, vengan todos los hombres de guerra. Forjad espadas de vuestros azadones, lanzas de vuestras hoces; diga el débil: Fuerte soy” (Joel 3:9-10).
Nunca se ha visto, desde la Segunda Guerra Mundial, un momento en que las naciones estuvieran más empeñadas en prepararse para una guerra que realmente ven aproximarse. Desde la Segunda Guerra Mundial, no ha habido un momento en que las naciones estén más empeñadas en prepararse para una guerra que realmente creen que se avecina. Sí, durante la Guerra Fría, la Unión Soviética y Occidente acumularon enormes arsenales de armas nucleares para garantizar la destrucción mutua asegurada. O sea, la idea de que si cada bando poseía material destructivo suficiente, ninguno se atrevería a usarlo. Era un juego de cartas escondiendo la carta del triunfo, donde cada lado deseaba desesperadamente que no hubiera ningún error de tecnología o de criterio, que activara una cadena impensable de hechos capaces de destruir a la humanidad. Felizmente, y aunque hubo algunos momentos peligrosos, mucho más peligrosos de lo que muchos piensan, esto no ocurrió.
Pero, ¿qué nos está diciendo exactamente Joel? Cuando el mundo se arme para la guerra, ¿contra quién empleará esas armas? ¿Y cuál será el resultado? La respuesta sorprenderá a muchos.
Durante la Guerra Fría, Oriente y Occidente se prepararon para la guerra con la esperanza de que no llegara. En cambio, ¡las naciones europeas se están preparando con la convicción de que la guerra vendrá en un futuro muy cercano! Se preparan seriamente para enfrentarse a una Rusia equipada con armas nucleares. Como informé en El Mundo de Mañana, edición de marzo y abril del 2026, página 11, el señor Ragnar Vaiknemets, subdirector general de la Junta de Salud de Estonia, entidad que supervisa los preparativos para la guerra, afirmó enfáticamente: “No es cuestión de si Rusia atacará, sino de cuándo” (16 de junio del 2025, Politico).
Por su parte, la BBC habla de cómo los altos mandos alemanes ven el estado del mundo: “Rusia nos amenaza. Putin nos amenaza. Tenemos que hacer lo que sea necesario para prevenirlo”, afirmó el general Carsten Breuer. Advierte que la OTAN debe estar lista para un posible ataque en escasos cuatro años… “y cuanto más pronto estemos preparados, mejor” (BBC.com). Cuando esta revista llegue a manos del lector, habrá pasado más de un año desde entonces, ¡y ahora los “escasos cuatro años” de Breuer pueden ser menos de tres!
Somos conscientes de que las cosas pueden cambiar rápidamente, pero la verdad es que nos hallamos en medio de un proceso mundial de acumulación de armas, proceso que, según la Biblia, continuará hasta que estalle la catástrofe. El hombre desconoce el camino de la paz. Así lo afirma la Palabra de Dios (Isaías 59:8) ¡y lo confirman casi 6.000 años de historia humana!
La Biblia prevé varias etapas de guerra antes del regreso de Jesucristo. Un “Rey del Sur”, conjunto de países del Oriente Medio y África del Norte, atacará al “Rey del Norte”, potencia europea compuesta de diez gobernantes que entregan su poder a un caudillo llamado “la bestia”. Cuando el Rey del Sur contienda con este coloso europeo, el Rey del Norte arrollará a la potencia del Oriente Medio. Israel también será invadida en esos momentos, pero los rumores o amenazas vendrán del Norte y el Oriente, por lo cual la “bestia” responderá (Daniel 11:40-45). Las tensiones entre Europa y los reyes del Oriente terminarán por estallar en el conflicto más grande que la humanidad haya conocido hasta entonces, arrastrando a todo el mundo a la contienda (Apocalipsis 9:1-19).
La potencia conocida como “la bestia”, encabezada por Alemania y sus aliados, poseerán un tipo de arma que causará dolores tremendos, incapacitando a sus víctimas sin matarlas. La empleará contra los reyes del Oriente durante cinco meses, pero luego habrá un contraataque. Es importante señalar que cuando Juan consignó el libro del Apocalipsis, era imposible imaginarse un ejército de 200 millones de personas. La única región del mundo capaz de reunir semejante ejército incluye a China, la India, Rusia, Paquistán y otros países asiáticos. ¿No es interesante el acercamiento que se observa ahora entre naciones de esa región que tradicionalmente han sido enemigas?
Poco antes de su crucifixión, Jesús dijo a sus discípulos que el complejo del templo del cual acababan de salir sería completamente destruido, a lo cual respondieron con una pregunta doble: “Estando Él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas [la destrucción del templo], y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?” (Mateo 24:3). Notemos que la pregunta incluía también el fin de la era cuando Él regresaría.
Jesús citó varias señales, seguidas de una que vendría inmediatamente antes de la gran tribulación. La llamó “la abominación desoladora” (ver Daniel 12:11; Mateo 24:15). Por estar relacionada con la interrupción de los sacrificios de animales en Jerusalén, advertimos que debemos estar atentos a que esos sacrificios sean reiniciados. Y de hecho, comenzarán, ¡porque es necesario que se reanuden para que luego puedan suspenderse!
El resultado final de estas guerras entre naciones árabes aliadas, la “bestia” o potencia europea, y los ejércitos orientales unidos producirían la destrucción de toda vida, si Dios no interviniere para detenerla: “Habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados” (Mateo 24:21-22). La buena noticia es que Dios sí intervendrá. Observemos también que semejante destrucción se ha hecho posible solamente desde el siglo 20 con el advenimiento de armas nucleares, biológicas y químicas.
Pero las contiendas y la rebeldía humanas no se acabarán en ese momento. Cuando Jesucristo regrese a Jerusalén a detener el proceder enloquecido, las naciones del mundo dejarán de pelear entre sí para volver sus armas contra Aquel que temen como un invasor del espacio, tildado falsamente de anticristo por el caudillo que controla a la bestia:
“Vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas; pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la Tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso. He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza. Y los reunió en el lugar que en hebreo se llama Armagedón” (Apocalipsis 16:13-16).
Aunque ninguna nación en este momento lo vea, la guerra contra Jesucristo a su regreso constituye el motivo de fondo de la profecía de Joel sobre la conversión de instrumentos agrícolas en armas de guerra. La abrumadora mayoría de la humanidad, enceguecida, no ve adónde llevan los hechos que ahora mismo están ocurriendo. Las naciones que se fortalecen para la guerra no tienen ni idea del desenlace. ¡No se imaginan que acabarán peleando contra el propio Jesucristo! Notemos en el versículo antes citado que la bestia” (un caudillo europeo) y “el falso profeta” (el verdadero anticristo), son los que reunirán a todo el mundo para el “gran día del Dios Todopoderoso”, conocido también como la batalla de Armagedón por el lugar donde se reunirán.
El capítulo siguiente revela quién es su contrincante: “Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque Él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con Él son llamados y elegidos y fieles” (Apocalipsis 17:14). Efectivamente, las naciones del mundo se preparan para luchar unas con otras, cosa que harán. Pero en última instancia, se están preparando, sin darse cuenta, para luchar contra el Rey de reyes, como se afirma claramente en el libro de Joel, que fue el punto de partida de este artículo. Esta vez, leamos el pasaje en su totalidad:
“Proclamad esto entre las naciones, proclamad guerra, despertad a los valientes, acérquense, vengan todos los hombres de guerra. Forjad espadas de vuestros azadones, lanzas de vuestras hoces; diga el débil: Fuerte soy. Juntaos y venid, naciones todas de alrededor, y congregaos; haz venir allí, oh el Eterno, a tus fuertes. Despiértense las naciones, y suban al valle de Josafat; porque allí me sentaré para juzgar a todas las naciones de alrededor. Echad la hoz, porque la mies está ya madura. Venid, descended, porque el lagar está lleno, rebosan las cubas; porque mucha es la maldad de ellos. Muchos pueblos en el valle de la decisión; porque cercano está el día del Eterno en el valle de la decisión” (Joel 3:9-14).
La palabra evangelio significa buena nueva. Por espantoso que parezca lo expresado en el párrafo anterior, ¡y lo es! La Biblia nos da buenas noticias en las que podemos confiar y esperar. El evangelio de Jesús trataba del Reino de Dios, es decir, del gobierno de Dios que se establecerá en la Tierra. Este fue un motivo que lo trajo a la Tierra, como les dice muy claramente a sus discípulos: “Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del Reino de Dios; porque para esto he sido enviado” (Lucas 4:43). Este fue el mensaje que encerraban sus parábolas (Marcos 4:11, 26, 30; Lucas 19:11-12). En pocas palabras, el evangelio que Jesús proclamó es un mensaje acerca del Reino venidero que se establecerá sobre toda la Tierra cuando regrese.
¡Ese mensaje es verdaderamente una buena noticia! El Príncipe de Paz convertirá a la atribulada Jerusalén en una verdadera ciudad de paz. La profecía de Joel sobre la conversión de arados en espadas se invertirá:
“Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa del Eterno como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte del Eterno, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra del Eterno. Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra” (Isaías 2:2-4).
Solo entonces conocerá el mundo la paz verdadera. No hay que dudar que esto ocurrirá. Así como vemos cumplirse a plena vista la profecía de Dios dada por medio de Joel, también se cumplirá la de Isaías. ¡Nunca es buena idea apostar contra Dios! [MM]