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“Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el Cielo y en la Tierra. Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mateo 28:18-20).
Hay quienes se refieren a este pasaje del Evangelio de Mateo como “la gran comisión”. La idea se repite en el Evangelio de Marcos: “Les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15).
En medio de tanta confusión religiosa en nuestro mundo actual, estas palabras, tan sencillas como poderosas, nos ayudan a entender la obra de Dios, y a reconocer si somos o no parte de su Iglesia verdadera; la que está cumpliendo fielmente el doble deber de predicar el verdadero evangelio y de atender a los creyentes que Dios llama como resultado de esa predicación.
Primero, consideremos: ¿Qué es predicar el evangelio? Recordemos que el evangelio o buena noticia es el mensaje de Jesucristo sobre el venidero Reino de Dios. Ese Reino no es un sentimiento abstracto en el corazón del creyente, sino un gobierno real que traerá paz al planeta Tierra, y que será encabezado por un Rey: Jesucristo.
Muchas iglesias dicen que Jesús es “Rey”, pero no enseñan la verdad sobre su futuro gobierno en la Tierra. Si una iglesia predica un mensaje sobre el Mensajero, y distorsiona o desatiende el mensaje que trae sobre el Reino de Dios venidero, entonces no está cumpliendo la gran comisión.
Luego, debemos notar que Jesucristo le encomendó a su Iglesia la tarea de enseñar a los nuevos discípulos que “guarden todas las cosas que os he mandado”. No dijo: “Dejen por fuera algunas órdenes mías que dejarán de tener validez dentro de 50 o 100 años”. Tampoco dijo: “Reemplacen mis mandamientos por sus propios y diferentes mandatos”. Si una iglesia no enseña a sus miembros a guardar los mandatos de Jesucristo, no está cumpliendo con la gran comisión, no está llevando a cabo la obra de Dios, y no es la verdadera Iglesia de Dios.
Pensemos en la propia Iglesia. ¿Está yendo a “todo el mundo” con la predicación sobre el Reino de Dios? Eso fue lo que Jesucristo ordenó a su Iglesia. La Biblia nos muestra cómo se logró esto. No que los discípulos como individuos se sintieron inspirados a convertirse en predicadores, ministros o evangelistas; sino que los líderes que ya había en la Iglesia, los escogían, ordenaban y los enviaban a cumplir determinadas tareas (Lucas 10:1). La Iglesia de Dios es organizada (Efesios 4:11).
Por eso, si una iglesia es encabezada por alguien que se ordenó a sí mismo, podemos estar seguros de que no es la verdadera Iglesia de Dios, y que no está cumpliendo con la gran comisión. Ahora bien, si un pastor es ordenado de forma válida, eso no es suficiente. ¿Acaso significa que su iglesia está yendo a “todo el mundo” a predicar el evangelio? Hay incontables ministerios que abren un sitio en la internet, o reparten hojas volantes en su comunidad, pensando que esto satisface la obligación de ir a “todo el mundo”. Pero si bien Dios nos dice que su Iglesia es una “manada pequeña” (Lucas 12:32), también ha prometido que las fuerzas del mundo de Satanás “no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18). Si una iglesia no está dedicando recursos suficientes a la predicación del evangelio verdadero por el mundo, entonces no está cumpliendo con la gran comisión, y les aseguro que no es la Iglesia de Dios verdadera.
Ahora bien, si una iglesia está predicando el evangelio a “todo el mundo”, hay otra prueba que se puede aplicar. ¿Cuál es la finalidad de predicar el evangelio al mundo? Veamos: “Será predicado este evangelio del Reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14). El evangelio no se debe predicar como una cruzada para ganar almas, sino como un testimonio a un mundo que, en su mayor parte, ¡rechazará el mensaje!
Dios no está empeñado en salvar al mundo en la era actual, como lo creen erróneamente la mayoría de las iglesias que se consideran cristianas. Lo cierto es que Dios llamará a unos pocos, relativamente, a la salvación en esta era, y estos serán sus primeros frutos. Pero el interés central de la gran comisión es el mensaje de advertencia.
La verdad de Dios, como se revela en la Biblia, la ven claramente quienes son llamados; mientras que la mayor parte del mundo permanece ciega. Quienes están enceguecidos, no pueden hacer otra cosa que buscar la iglesia que les parezca bien. Pero cuando Dios abre el entendimiento a una persona, esta ve dónde se está predicando la verdad y desea ser parte de ella; ayudando a cumplir la gran comisión que Jesús dio a sus discípulos. Quienes estén abriendo los ojos ante la verdad que se enseña en esta revista, en el programa de El Mundo de Mañana y en el sitio en la red: www.elmundodemanana.org, es posible que estén siendo llamados a su verdadera Iglesia. [MM]