¡La Tierra contraataca! | El Mundo de Mañana

¡La Tierra contraataca!

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¿Es el calentamiento global una señal del fin del mundo?  ¿Cuál es el significado de los alarmantes cambios ambientales? ¿Tienen relación las consecuencias del cambio climático con la profecía bíblica?

Hace tiempo, un importante periódico de Inglaterra publicó un artículo con este atrevido titular: ¿Es el fin del mundo? Terremotos. Huracanes. Inundaciones. ¿Qué le está pasando a nuestro planeta?El artículo citó tres grandes huracanes que asolaron la ciudad de Nueva Orleáns y buena parte del golfo de México en el 2005. Citó mortales oleadas de calor, sequías y la enorme marejada que barrió el océano Índico dejando una estela de muerte y destrucción.

El autor relató una serie de calamidades mundiales: “El mar se está volviendo ácido, el aire nos está sofocando, los casquetes de hielo polar se están derritiendo. Hace tiempo ciertas palabras como hambre, pestilencia y plaga; eran palabras de la Biblia que inspiraban terror. Ahora no inspiran el mismo sentir porque estamos curtidos… Con razón, algunos piensan que estamos viviendo en los tiempos del fin”. El artículo mencionó la manera como 200 destacados científicos habían advertido al primer ministro británico: “La calamidad mundial está más cerca que nunca debido al cambio climático”. El autor reconoció: “Incluso quienes estamos menos convencidos de que el final está cerca, al leer los diarios o huir de la más reciente catástrofe natural nos preguntamos: Qué le está pasando a nuestro planeta? ¿Será esto el tiempo del fin? (The Independent, 16 de octubre del 2005).

El 2 de febrero del 2007, el Grupo intergubernamental de expertos sobre el cambio climático, entidad de las Naciones Unidas, compuesto por científicos y miembros de 113 países, publicó su informe: “El cambio climático 2007”, en el cual predijo que las temperaturas y los niveles del mar seguirán aumentando “durante siglos”. El grupo de expertos previó que los niveles del mar se elevarían entre 18 y 76 centímetros hacia finales del siglo, y que las temperaturas se elevarían de 1 a 6 grados Celsius.

¿Realmente estará ocurriendo algo ominoso y extraordinario en la Tierra, o será que la preocupación por el cambio climático obedece a simples tretas de la política partidista sin respaldo en los hechos? ¿Habremos entrado en un período en la historia de nuestro planeta único y sin precedentes, o somos testigos simplemente de fenómenos de la naturaleza que caen dentro de la normalidad? O, ¿Será que la Tierra, sometida tanto tiempo a los abusos de la humanidad, está contraatacando?

Muchas personas sienten que están ocurriendo grandes cambios en todo el planeta, pero pocas comprenden que hay cierto origen que explica el verdadero sentido de los fenómenos mundiales. Si bien los científicos pueden registrar los hechos que ya pasaron, cuando se trata del futuro solamente pueden especular. En cambio, la Biblia tiene decenas de profecías que revelan cómo serán las condiciones al final de la era, poco antes del regreso de Jesucristo.

Jesús les dijo a sus discípulos que observaran atentos a una serie de fenómenos que señalarían ese punto crucial en la historia. ¿Estarán las condiciones ambientales empezando a parecerse a las profecías bíblicas tanto tiempo escudriñadas?

Decenas de advertencias

Las inquietudes sobre un vínculo, real o no, entre los dramáticos fenómenos ambientales, el cambio climático mundial y el futuro de la civilización humana; no son nuevas ni sorprendentes. El doctor Paul Ehrlich, profesor universitario de ciencias biológicas, escribió: “Los sombríos peligros ambientales que se le presentan a nuestra civilización ciertamente no son secretos… Durante decenios, los científicos ambientales nos han advertido sobre ciertas tendencias ecológicas relacionadas, como la pérdida de la diversidad en la fauna y la flora, el rápido cambio climático y la propagación de sustancias químicas tóxicas sobre la Tierra, las cuales si no se controlan, podrían acabar con nuestra civilización”.

Este científico cita un informe de 1993 emitido por 58 academias de ciencias: “La magnitud de la amenaza… se relaciona con el tamaño de la población humana, y el uso de recursos por cada persona… Al seguir aumentando el número de seres humanos, también aumenta la posibilidad de cambios irreversibles de enorme magnitud”.

El doctor James Speth, profesor de ciencias forestales, fue uno de los que dieron la alarma sobre el peligro que corre el medio ambiente en el mundo. Hace más de 38 años reunió informes científicos alarmantes sobre las perturbaciones climáticas previstas para el planeta… informes que han resultado sorprendentemente acertados. El doctor Speth y otros científicos empezaron a ver “una nueva serie de retos ambientales mundiales más peligrosos y difíciles… el cambio climático, la devastación de la pesca marina, la deforestación en los trópicos, la pérdida de especies, el deterioro de la Tierra y otros procesos indeseados” que están ocurriendo a una velocidad y a un ritmo que inspiran temor.

Otro investigador universitario advierte: “Ahora es virtualmente seguro… que las temperaturas mundiales subirán a un nivel nunca antes registrado en sociedades sedentarias o incluso en los últimos milenios… El calentamiento del planeta viene a ser una demostración, por primera vez en el mundo entero, de los resultados de desatender las restricciones ecológicas vitales. Las consecuencias para la vida, la Tierra y la humanidad serán profundas” (Historia verde de la Tierra).

¿Qué es lo que le está ocurriendo al medio ambiente para generar preocupaciones tan graves entre los científicos?

Nuestro planeta amenazado

El problema ambiental más grave y amplio que afrontamos es el aumento creciente de gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono, el metano y clorofluorocarbonos que calientan el planeta al atrapar el calor proveniente del Sol. El dióxido de carbono se libera al quemar combustibles fósiles como petróleo, gasolina, carbón y gas natural. El metano se libera en la descomposición microbiana de la materia orgánica. Los sistemas de aire acondicionado emplean clorofluorocarbonos.

Las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono han subido de los niveles preindustriales de 280 partes por millón, antes del año 1750, a más de 380 partes por millón en el 2005; y las muestras de núcleos de hielo en la Antártida muestran que el dióxido de carbono es mayor ahora en un 27 por ciento, que en cualquier otro momento de la historia. Las emisiones mundiales de dióxido de carbono podrían elevarse hasta en un 60 por ciento entre el 2001 y el 2025, mientras naciones populosas como la India y China sigan industrializándose y adquiriendo automóviles accionados por hidrocarburos.

Entre un tercio y la mitad de los bosques del mundo se han destruido, lo cual ha elevado aun más los niveles de dióxido de carbono, por cuanto los árboles se encargan de extraerlo de la atmósfera.

El aumento de gases de efecto invernadero en la atmósfera se relaciona estrechamente con el aumento de las temperaturas en el planeta. En los últimos 40 años la temperatura de la Tierra ha aumentado en aproximadamente 0,2 grados Celcius por decenio, por lo tanto, la temperatura promedio ha llegado a su punto más alto desde los primeros registros de la historia. En un libro sobresaliente titulado: Una verdad incómoda, Al Gore, exvicepresidente de los Estados Unidos, señala que 20 de los 21 años más calurosos desde la década de 1860, han ocurrido en le último cuarto del siglo 20.

Los efectos de las temperaturas elevadas son más dramáticos cerca de los polos Norte y Sur, donde la nieve y el hielo que se están fundiendo reflejan menos la luz solar. Y la tierra y el mar expuestos absorben más calor del Sol, redoblando así el efecto de calentamiento. Varios estudios recientes muestran que “el derretimiento del hielo marítimo de invierno en el Ártico se ha acelerado enormemente en los últimos años, al punto de que una sección del tamaño de Turquía desaparece en escasos 12 meses”.

Los glaciares en todo el mundo se están fundiendo a un ritmo cada vez mayor. Ciertos estudios indican que el derretimiento de las zonas que permanecían congeladas todo el año, en las regiones subárticas, liberará metano, el cual tiene 20 veces la capacidad de calentamiento que tiene el dióxido de carbono. Los investigadores ven en esta liberación imprevista de grandes cantidades de metano, una bomba de tiempo climática, que al estallar aumentará dramáticamente las temperaturas en el planeta.

Científicos noruegos han descubierto que las concentraciones de clorofluorocarbonos, que atrapan calor mil veces más que el dióxido de carbono, se duplicaron en los últimos cuatro años. Todo esto ha acelerado el ritmo del aumento de la temperatura en los últimos 30 años.

Una consecuencia de que se eleven las temperaturas en el mundo, y de que se derritan el hielo marino y los glaciares continentales, es que también se eleven los niveles del mar. A medida que las temperaturas derritan los glaciares que liberan agua a los océanos, los niveles del mar suben. En el siglo pasado los niveles del mar aumentaron más de 20 centímetros, mientras que la temperatura de la Tierra aumentó en aproximadamente medio grado.

Los científicos estiman que un alza de un grado y medio haría derretir buena parte del hielo que flota en el Ártico, y las barreras de hielo en la Antártida, así como el glaciar de Groenlandia, lo cual podría elevar los niveles oceánicos varios metros.

De ser así, se inundarían muchas zonas habitadas y millones de personas quedarían desplazadas, obligadas a emigrar, y aun, ¡será preciso trazar de nuevo los mapas del mundo! Los niveles marinos en alza acentúan la vulnerabilidad de los asentamientos y ciudades sobre los estuarios ante las oleadas ocasionadas por las tormentas. Si Londres se inundara por una oleada así, podría acabar como centro financiero, dando lugar a que Frankfurt se convierta en el principal centro financiero de Europa.

Con la fundición de glaciares y del hielo marino, caerán a los mares millones de litros de agua dulce. Esto diluirá la concentración salina del agua, y podría perturbar las corrientes marinas, como por ejemplo la corriente del Golfo. Tal fenómeno tendría efectos catastróficos sobre las extensiones agrícolas del Noroeste de Europa. La elevación de la temperatura también se asocia con las oleadas de calor sin precedentes, mayores sequías, lluvias torrenciales, e inundaciones desastrosas; así como tormentas y huracanes de proporciones inusitadas. Los tres huracanes que azotaron a Nueva Orleáns en el 2005 ¡fueron las tormentas más grandes e intensas jamás registradas! En el 2006, gran parte de la producción agrícola de Australia quedó devastada por unas condiciones de calor y sequía nunca vistas. Un informe reciente de una entidad oficial en el Reino Unido, predice que la temperatura de la Tierra aumentará 3 grados Celsius hacia el 2050; y esto causará sequía y hambruna a 400 millones de personas y asolará la vida silvestre… debido a la pérdida de tierras cultivables y a la escasez de agua.

El aumento de la temperatura ya ha reducido en un 70 por ciento la población de pingüinos Emperador en la Antártida, por cuanto el hielo marino estable que es imprescindible para que estas aves puedan anidar, se ha adelgazado y se ha ido flotando por el mar. Las temperaturas en alza en las últimas décadas también han contribuido a la propagación de enfermedades infecciosas, como la malaria y la fiebre del Nilo Occidental a nuevas regiones. En el último cuarto de siglo han aparecido unas 30 nuevas enfermedades, y ahora también están resurgiendo antiguas enfermedades que se creían erradicadas.

La civilización en peligro

Los científicos que proyectan las consecuencias del calentamiento global se refieren al futuro con una perspectiva de gravedad, ¡que recuerda notablemente los términos de la Biblia!

Un científico observó: “Estamos modificando los sistemas físicos, químicos y biológicos de la Tierra… a un ritmo y en espacios cada vez mayores, de lo que jamás se haya registrado. Los seres humanos se han embarcado inconscientemente en un gran experimento con nuestro planeta… el cual tiene profundas implicaciones para toda la vida en la Tierra… nos acercamos rápidamente a muchos de los límites. Las actuales prácticas económicas que dañan el medio ambiente… no pueden proseguir sin el riesgo de causar un daño irreparable a los sistemas vitales del planeta”.

En la universidad de Cambridge, el profesor Martin Rees señaló que “en el siglo veintiuno, la humanidad corre mayor riesgo que nunca por la aplicación equivocada de la ciencia y las presiones ambientales, inducidas por las acciones humanas colectivas, que podrían desencadenar en catástrofes más graves que los peligros naturales… Creo que las posibilidades no superan el 50 por ciento de que nuestra actual civilización en la Tierra sobreviva hasta el final del presente siglo sin un grave revés (Es este nuestro último siglo, págs. 8, 186).

Otro investigador científico, James Kunstler, se refiere a una serie de “fuerzas económicas, políticas y ambientales… que alterarán en lo fundamental los términos de la vida cotidiana… en un grado tal que nadie ha visto antes” (La gran emergencia, págs. 1-2). Escribe: “El calentamiento del planeta ha dejado de ser una teoría debatida por intereses políticos locales, para convertirse en un consenso científico establecido… y que además del aumento de las temperaturas, inundaciones, propagación de enfermedades y la desertificación… el calentamiento del planeta contribuirá a condiciones que acabarán con la economía mundial” (pags 8-9).

En tal contexto, Kunstler describe lo que los científicos llaman “un punto omega”, el punto donde “las inmensas redes interconectadas de las ecologías de la Tierra, estarán tan debilitadas que la existencia humana deja de ser posible” (ibídem).

El cambio climático y la profecía

Llama poderosamente la atención la forma en que las advertencias de destacados científicos y dirigentes mundiales se van asemejando a las profecías bíblicas, que anuncian el fin de esta era y el tiempo que precede al regreso de Jesucristo. Cuando le preguntaron a Jesús: “¿Qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?”, les dijo a sus discípulos que estuvieran atentos a un período de “guerras y rumores de guerras… pestes y hambres, y terremotos en diferentes lugares” (Mateo 24:3, 6-7).

El apóstol Juan representa estos mismos fenómenos del tiempo de fin, como los tres últimos jinetes: guerra, hambre y enfermedad; que matarán a la cuarta parte de la población del mundo (Apocalipsis 6:3-8). Ahora los científicos están previendo que millones morirán víctimas del hambre inducida por el clima, y en guerras por recursos como el agua y el petróleo.

A estas calamidades cada vez más extendidas en el mundo las llamó Jesús el “principio de dolores” que precedería a su inminente regreso (Mateo 24:8, 32-35).

Los científicos ahora están diciendo que, los actuales cambios climáticos, solamente representan el comienzo de más alteraciones catastróficas que vienen en el futuro.

Jesucristo también predijo que antes de su regreso habría una “gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo… Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo” (Mateo 24:21-22).

¿Será simple coincidencia que destacados científicos estén diciendo virtualmente lo mismo?: Que en los próximos años el aumento de las temperaturas puede alterar la Tierra, tan dramáticamente, que será incapaz de sustentar la vida.

Mientras estudios científicos documentan la creciente desaparición de especies, el plancton y la desaparición de los arrecifes de coral en océanos más cálidos y ácidos; la pesca comercial diezma las reservas pesqueras mundiales. Es notable que el profeta Oseas previó un momento en el cual “se enlutará la Tierra, y se extenuará todo morador de ella, con las bestias del campo y las aves del cielo; y aun los peces del mar morirán” (Oseas 4:1-3).

El profeta Joel predijo una sequía sin precedentes: “Se enlutó la Tierra… el trigo fue destruido… se secó el mosto, se perdió el aceite… las bestias del campo bramarán… se secaron los arroyos de las aguas” conjuntamente con el “día del Eterno”, período que culmina con el regreso de Jesucristo (Joel 1:10, 20; 2:1).

Hace mucho tiempo, Moisés advirtió que la desobediencia a las leyes de Dios llevaría a sequías y hambrunas (Levítico 26:14, 19-20). ¿Será simple coincidencia, que ahora los científicos predicen que el cambio climático convertirá buena parte de la superficie agrícola productiva de la Tierra, en desierto árido incapaz de producir alimentos?

La causa básica de las calamidades profetizadas es que los seres humanos han olvidado las leyes de Dios, entre ellas las leyes bioquímicas y ecológicas que Dios diseñó para que rigieran el funcionamiento de nuestro medio ambiente (Oseas 4:6). En consecuencia, Dios nos dice que nos dejará sentir las consecuencias de violar estas leyes fundamentales, y que nosotros vamos a cosechar lo que hemos sembrado (Oseas 4:9; Jeremías 2:19). Los científicos modernos han llegado a la misma conclusión respecto de los cambios climáticos, causados en el mundo por las actividades humanas. Estos científicos escriben sobre la “venganza de Dios”, pero no es nada nuevo; hace miles de años, Moisés advirtió a los israelitas que si contaminaban la tierra, a su vez ella los vomitaría (Levítico 18:28). Sí, así como se predijo, ¡la Tierra está contraatacando! Pero, ¿estaremos perdidos? ¿Estaremos realmente ante el fin del mundo? ¿Tendremos alguna esperanza?

El mundo de mañana

Los pronosticadores, intentando vislumbrar más allá de lo que ven como el futuro colapso de nuestra civilización moderna, disciernen la necesidad de una guía escrita en términos claros y sencillos, la cual permita a los sobrevivientes “reconstruir la civilización, sin repetir demasiados de nuestros errores” (Lovelock, págs. 156-158). Este libro debe ser “un manual para vivir bien y para sobrevivir” que tenga información vital sobre el propósito de nuestra vida, nuestra relación correcta con la Tierra, leyes fundamentales de salud y pautas para el comportamiento correcto (ibídem).

Los intelectuales modernos, que suponen que no existe el libro, ignoran que esta información esencial ya se encuentra en la Biblia. Las Sagradas Escrituras afirman que la Tierra pertenece a Dios (Salmos 24:1), y que los seres humanos deben cuidarla en calidad de administradores (Génesis 1:28; 2:15).

Cuando Jesucristo regrese, va a “destruir a los que destruyen la Tierra” (Apocalipsis 11:18), y se valdrá de sus santos para dar comienzo a “los tiempos de la restauración de todas las cosas”, incluido el ambiente de la Tierra (Hechos 3:19-21). Los dramáticos cambios climáticos actuales no representan un anticipo del fin del mundo, sino más bien un preludio de un futuro mucho más emocionante, del cual podemos formar parte… siempre y cuando mantengamos nuestra vida conforme a las instrucciones de la Biblia, y logremos reconocer el verdadero significado de los cambios ambientales que se están produciendo en todo el planeta, en tanto se nos está acercando el mundo de mañana.

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