Se termina el viaje

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Un amigo muy cercano, ya fallecido, me dijo cierta vez que algunos de sus amigos del Norte le hacían bromas a causa de su acento sureño. “No entiendo”, les respondía, con aquella sabiduría de la gente del campo: “Todo el mundo viene de alguna parte”.

Tenía razón. Todos venimos de alguna parte, de alguna cultura y de dos padres; y nada de esto lo elegimos.

Mi padre fue militar, y en consecuencia, frecuentemente la familia se mudaba de un lugar a otro. Dejar a los amigos y cambiar tantas veces de colegio tenía sus desventajas, pero también ofrecía muchas oportunidades que lo compensaban. Una de ellas fue la oportunidad de vivir en diferentes regiones del país y del mundo. Tuve el privilegio de vivir en Alaska antes de que fuera un estado, luego pasé dos años en Inglaterra y además tuve por hogar los estados de California, Utah, Texas, Colorado y Dakota del Sur. Además, como adulto, mis obligaciones en esta obra me han llevado a vivir y trabajar en otros estados, así como 14 años en Canadá y otro año en Inglaterra.

Recientemente hice un viaje con mi esposa y su hermana por varias partes de los Estados Unidos que yo recordaba de mi niñez, pero que ellas no conocían. Por supuesto que, con el transcurso de casi seis decenios, mucho había cambiado y fue poco lo que reconocí aparte de la gran hermosura de las montañas del Oeste. Difícilmente habríamos podido elegir un mejor momento para el viaje. El invierno y la primavera habían sido muy húmedos en Colorado y Wyoming, y todo estaba verde y frondoso. Una capa de nieve adornaba las cumbres y los nubarrones permitían las condiciones de luz perfectas para crear unos paisajes espectaculares ante nosotros.

Alguien ha dicho que en Wyoming hay más antílopes que personas. Sea o no cierto, es algo que yo no discutiría. Vimos además venados, ciervos, carneros de las Rocosas, con sus grandes cuernos enroscados, y bisontes; que abundaban cada vez más a medida que nos acercábamos a Jackson Hole y al Parque Nacional Yellowstone. ¡Qué tierra tan bendecida forma este país, lo mismo que Canadá, el segundo más grande del mundo! Así lo constatamos al recorrer también la Columbia Británica y las espectaculares montañas Rocosas de Canadá.

Pese a tanta hermosura, en nuestro viaje vimos también un lado negativo. Volamos a la ciudad de Denver y, para ahorrar algo de dinero, alquilé un auto en el centro de la ciudad, apodada Mile High City por encontrarse a una milla de altura. Yo había pasado tres años de mi infancia en esa ciudad, y guardaba de ella recuerdos muy gratos… pero ya no era la ciudad que yo recordaba. Denver, como tantas ciudades grandes en los Estados Unidos, se ha convertido en hogar de muchos indigentes. Los letreros que ofrecen cannabis recreativa no pueden menos de empeorar el problema, y recientemente Colorado promulgó una ley que legalizaba los hongos mágicos. Tal parece que el Estado ha optado por un rumbo de bastante menos altura de la que indica su apodo. Canadá también ha legalizado el cannabis. Difícil es comprender qué beneficios pueden traer a la sociedad decisiones como estas, pero seguramente hay quienes abogarían por ellas con gran entusiasmo… lo que me trae a la mente una camiseta que vi en el viaje y que decía: “No estoy discutiendo, solo estoy explicando por qué tengo la razón”.

La fuente ignorada de estas bendiciones

Dios prometió bendecir con enorme riqueza, abundancia y fuerza militar a las naciones descendientes de un personaje llamado José, hermano de Judá. Como son bendiciones concedidas a José, y no a Judá, la descripción de los descendientes de José “en los días venideros” (Génesis 49:1) no se refiere a los judíos, o descendientes de Judá, sino a otros pueblos.

“Rama fructífera es José, rama fructífera junto a una fuente, cuyos vástagos se extienden sobre el muro. Le causaron amargura, le asaetearon, y le aborrecieron los arqueros. Mas su arco se mantuvo poderoso, y los brazos de sus manos se fortalecieron por las manos del Fuerte de Jacob (Por el nombre del Pastor, la Roca de Israel), por el Dios de tu padre, el cual te ayudará, por el Dios Omnipotente, el cual te bendecirá con bendiciones de los cielos de arriba, con bendiciones del abismo que está abajo, con bendiciones de los pechos y del vientre. Las bendiciones de tu padre fueron mayores que las bendiciones de mis progenitores. Hasta el término de los collados eternos serán sobre la cabeza de José, y sobre la frente del que fue apartado de entre sus hermanos” (Génesis 49:22-26).

Y la descripción de los descendientes de José dice aun más:

“A José dijo: Bendita del Eterno sea tu tierra, con lo mejor de los cielos, con el rocío, y con el abismo que está abajo. Con los más escogidos frutos del Sol, con el rico producto de la Luna, con el fruto más fino de los montes antiguos, con la abundancia de los collados eternos, y con las mejores dádivas de la Tierra y su plenitud. Y la gracia del que habitó en la zarza venga sobre la cabeza de José, y sobre la frente de aquel que es príncipe entre sus hermanos” (Deuteronomio 33:13-16).

Las anteriores no son descripciones del diminuto estado que se llama Israel, ni son profecías sobre Judá (los judíos), sino de un hermano suyo. Créase o no que las profecías se refieren a los Estados Unidos y demás pueblos descendientes de Gran Bretaña, no se puede negar que esos pueblos han sido bendecidos con los lugares más apetecibles de la Tierra. No que no haya otros lugares bendecidos en la Tierra: sin duda los hay. Pero el cúmulo de recursos minerales y agrícolas, el poderío militar y los lugares estratégicos poseídos por el pueblo de los Estados Unidos y los descendientes de Gran Bretaña no tienen igual. Sin embargo, el largo y próspero viaje de preeminencia y poderío en el mundo ¡está llegando a su fin!

Trágicamente para quienes somos parte de esas naciones, muchos ultrajan el rostro de Dios, quien nos dio estas bendiciones. Este pueblo cada vez niega más la existencia de Dios, y rechaza las leyes que dio por nuestro bien y el de nuestros hijos. Robert H. Bork, jurista ya desaparecido, escribió que vamos “arrastrándonos rumbo a Gomorra”, ciudad que Dios destruyó por su total inmoralidad.

El profeta Daniel habla del “tiempo del fin” como un período en que “la ciencia se aumentará” (Daniel 12:4). Es verdad que los conocimientos en el mundo han aumentado de manera nunca imaginada por las generaciones pasadas. Sin embargo, el profeta Oseas nos dice: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos” (Oseas 4:6). Y en palabras de Dios a Jeremías: “Mi pueblo es necio, no me conocieron; son hijos ignorantes y no son entendidos; sabios para hacer el mal, pero hacer el bien no supieron” (Jeremías 4:22).

Los descendientes de Gran Bretaña y los Estados Unidos han disfrutado de los caminos privilegiados en el mundo, gracias a las bendiciones que el Eterno Dios le prometió a Abraham. Pero este tiempo toca a su fin. Hay un desastre meteorológico tras otro. Los ingleses se han convertido en un aguijón en el costado de la Unión Europea, aunque esta reconoce la importancia de tenerlos de su parte. Los Estados Unidos son objeto de desprecio para sus aliados y enemigos por igual. La deuda nacional de Estados Unidos ha sobrepasado los $22 billones (trillones en USA) y sigue creciendo. Es muy triste que los habitantes de estas naciones estén malgastando las bendiciones de Dios y su gracia, por lo que un día, sin falta, habrá que rendir cuentas.

Si desea saber más sobre el futuro de los pueblos británicos y estadounidense y sus descendientes, y lo que significa para el resto del mundo, le invitamos a comunicarse con una de nuestras oficinas regionales en la página 2 para solicitar la publicación gratuita titulada: Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía, o para leerla en línea en nuestro sitio en la red: Elmundodemanana.org.

 

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