Abundancia de la mentira: ¿Valdrá la pena actuar con honradez?

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En el mundo actual, la verdad parece eludirnos cuando los partidos políticos se lanzan estridentes acusaciones de “¡Mentiras! ¡Puras mentiras!” Entre cada ruidosa acusación y contracusación, los populares medios de difusión proclaman: “¡Últimas noticias!” Respetadas entidades del gobierno despiden altos funcionarios por empañar su buen nombre y dañar su credibilidad.

Localmente, los estados y municipios han visto una serie interminable de funcionarios oficiales condenados por violaciones a la ética. El perjurio, o mentir bajo juramento, es un delito grave que ha hecho caer a muchos de sus puestos de confianza. En el mundo académico, estudiantes, profesores y administradores hacen trampa, malversan fondos y cometen violaciones al reclutar personal.

Actuar con honradez no solo vale la pena, ¡sino que es el único modo de proceder que funciona a lo largo del tiempo! Las mentiras, las verdades a medias, las insinuaciones y los chismes llevan a la ruina a personas, familias, negocios y aun países enteros. Sin embargo, vemos con desconcierto que son como la norma en todo el mundo. ¿Por qué?

Es claro que la falta de instrucción moral, tanto en casa como en las diferentes instituciones de educación, está produciendo una cosecha de espinos y malezas; no el fruto santo de la honradez y rectitud.

Además, hay otra fuente de falsedad, que muchos pasan por alto. Quizás a usted le sorprenda la falta de honradez y rectitud que es parte de las creencias cristianas convencionales. La mayor parte de las religiones y organizaciones mundiales que se declaran cristianas, enseñan que Jesucristo ha reemplazado o abolido los diez mandamientos dictados por Dios en el monte Sinaí, y que los cristianos no están obligados a obedecerlos. Muchos reconocen que dichos mandamientos son principios morales sanos, pero que no constituyen el fundamento sólido y definitivo para la conducta cristiana.

Los ejemplos del alejamiento de la instrucción bíblica son muchos. El cuarto mandamiento dice: “Acuérdate del sábado para santificarlo” (Éxodo 20:8, RV 1995). Según las Escrituras, el día de reposo debe guardarse desde la puesta del Sol del viernes, hasta la puesta del Sol del sábado. No obstante, la mayor parte de la cristiandad convencional guarda el domingo como su día de culto. De igual forma, aunque el segundo mandamiento prohíbe representar y honrar a Dios mediante imágenes, muchas iglesias en todo el mundo hacen caso omiso, y exhiben cuadros, estatuas, íconos y reliquias como parte de su culto.

Tradiciones de hombres

Cuando los antiguos israelitas se disponían a entrar en la Tierra Prometida, Dios les advirtió: “No preguntes acerca de sus dioses, diciendo: De la manera que servían aquellas naciones a sus dioses, yo también les serviré. No harás así al Eterno tu Dios… Cuidarás de hacer todo lo que yo te mando; no añadirás a ello, ni de ello quitarás” (Deuteronomio 12:30-32). Con el correr de los siglos, entre el cristianismo reconocido se fueron infiltrando tradiciones paganas, como las relacionadas con la navidad, el domingo de resurrección y el día de san Valentín, a la vez que esas iglesias iban abandonando los días santos que Dios dispuso en Levítico 23.

El apóstol Juan lo dijo con toda claridad: “En esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él” (1 Juan 2:3-4). La anterior afirmación se relaciona muy bien con las instrucciones de Jesucristo en Juan 14:15: “Si me amáis, guardad mis mandamientos”. A los discípulos les dijo: “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor” (Juan 15:10).

En la plaza pública y en los edificios de las iglesias, la verdad suele brillar por su ausencia. Las ideologías partidistas han reemplazado el interés sincero por los pueblos gobernados. Las verdades bíblicas se han reemplazado por tradiciones religiosas.

La disfunción política no se puede corregir ni reformar desde el establecimiento religioso ya afianzado, pero nosotros sí podemos aplicar el precepto bíblico que dice: “Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor” (Filipenses 2:12). ¿Cómo proceder para que se produzca este cambio profundo en la vida? Lo hacemos aceptando las verdades que otros rechazan.

Cuando hacemos de la obediencia a Dios una prioridad, podemos librarnos de las mentiras y engaños que predominan en estos tiempos, porque “conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32).  [MM]

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