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Hace casi mil años, una feroz y brutal invasión alteró el curso de la historia británica. Dio origen a años de subyugación bárbara y colonización que algunos han comparado con un “apocalipsis”. Guillermo, duque de Normandía, se consideraba con derecho al trono inglés y, en su intento de conquistar ese trono hizo “abrir una formidable falla geológica en la continuidad de nuestra historia”, según escribe el historiador Simon Schama (Historia de Inglaterra: ¿Al borde del mundo?: 3000 a.C. a 1603 d.C., 2003, pág. 63).
Schama también escribe: “La historia de Inglaterra en particular parece obra de una comunidad moderada, sacudida rara vez por convulsiones. Pero hay momentos en que la historia no es sutil; momentos en que llega el cambio con un ímpetu violento, decisivo, sangriento y traumático; como una camionada de traumas; que borra todo lo que le da su carácter a la cultura: costumbres, idioma, leyes y lealtad. El año de 1066 fue uno de esos momentos” (pág. 66).
Si miramos los antecedentes de la batalla de Hastings, ¿captaremos la importancia de esa falla geológica y quién, en última instancia, fue el responsable?
Hacia finales del primer milenio d.C., los pueblos de Inglaterra eran una mezcla de varios linajes, resultado inevitable de una serie de invasiones extranjeras. A la antigua sangre celta se había sumado la sangre y cultura anglosajonas. Una gran extensión del Este de Inglaterra, conocida como la Danelaw, era habitada por vikingos daneses. También había vikingos noruegos en las islas Orcadas, Shetland y Hébridas; así como en el Noroeste de Inglaterra. Los anglosajones habitaban el Centro y Sur de Inglaterra, y los celtas se encontraban en Gales, Escocia y el Suroeste de Inglaterra.
Cuando llegamos a la muerte inminente de Eduardo el Confesor, sin heredero claro, hay varios contendientes por el trono inglés, entre ellos el rey de Noruega, Harald Hardrada, el duque Guillermo de Normandía y Harold Godwinson o Haroldo, conde de Wessex.
Eduardo murió el 5 de enero de 1066, y Haroldo Godwinson, el que estaba allí, fue coronado prontamente como sucesor. Sin embargo, Guillermo de Normandía estaba convencido de que el nuevo rey Haroldo le había prometido a él, con juramento, el trono de Inglaterra; y tras la coronación de aquel, procedió rápidamente a reunir una flotilla de invasión con más de 400 embarcaciones, y convenció a los barones feudales de sus territorios normandos de que apoyaran su intento por llegar al trono. Tuvo la viveza de conseguir la bendición del papa Alejandro II, cabeza de la Iglesia Romana, quien aprobó la pretensión de Guillermo, viendo en Haroldo quizás el gobernante de un país de bárbaros y casi pagano. El 10 de agosto, la flotilla estuvo lista para zarpar.
Al otro lado del canal de la Mancha, el rey Haroldo había reunido 3.000 soldados entrenados, más otros 10.000 de tiempo parcial conocidos como fyrd, que tenían la obligación de servir al Rey 40 días de cada año. Pero el viento del sur, que habría favorecido a Guillermo propiciando su travesía del canal, no llegó, y el 8 de septiembre Haroldo despidió a sus fyrd. Cuatro días más tarde, Guillermo zarpó de Normandía, pero un vendaval repentino impulsó a la flotilla hacia el este, impidiendo que cruzara.
Pronto los hechos dieron otro giro. Un hermano exiliado de Haroldo, llamado Tostig, invadió Inglaterra con su aliado Harald Hardrada, conocido también como Harald III, rey de Noruega. El 19 de septiembre, en el Noreste de Inglaterra, un contingente de 300 barcos y 10.000 hombres derrotó a los locales cerca de York. Enseguida, el rey de Inglaterra se dirigió al norte, avanzando 300 kilómetros en el curso de cinco días, y reuniendo sus fuerzas en el camino. El 25 de septiembre, en la batalla de Stamford Bridge, el rey Haroldo logró derrotar a su hermano y a Hardrada.
Escasos días después, Haroldo recibió noticia de que Guillermo, partiendo de Francia, había desembarcado en la costa Sur, en Pevensey. Como no había un ejército inglés organizado, esperando para oponérsele, el Rey marchó de vuelta hacia el sur. Podría haberse detenido en Londres o cerca y quizás habría mantenido la ventaja, deteniendo la marcha de Guillermo desde la costa hacía el norte, pero no lo hizo.
La batalla de Hastings ocurrió el sábado 14 de octubre de 1066, entre las fuerzas normandas y anglosajonas, bastante parejas, y duró la mayor parte del día. En un punto clave de la batalla, los normandos parecían batirse en retirada, con lo cual los anglosajones, al perseguirlos, acaso habrían abierto una brecha en su muro de escudos, dejando puntos débiles en la línea defensiva sajona. Ambos hermanos de Haroldo murieron, como también el mismo Haroldo, posiblemente a causa de una flecha que le diera fatalmente en el ojo.
Guillermo el Conquistador, que así se le conoce, fue coronado en la abadía de Westminster el 25 de diciembre de 1066. La clase gobernante anglosajona fue reemplazada por los vencedores normandos, de habla francesa, cambio que dejó un impacto duradero en Inglaterra. En el año 1085, Guillermo comisionó un inventario completo del Reino, condado por condado. Este inventario, conocido como el Libro Domesday, le dio información útil que le permitió coaccionar, multar y confiscar a su gusto. Era información realmente muy sustancial. Bajo el reinado normando, toda la tierra pertenecía a Guillermo, quien la controlaba y la regalaba a quien quisiera. Las clases gobernantes estaban obligadas a pagar tributo a Guillermo y hacer un juramento de lealtad. Guillermo murió poco después, peleando contra los franceses en el Continente, pero la nación inglesa cambió para siempre.
Los lectores habituales de El Mundo de Mañana, recordarán que la descendencia de José recibió las promesas de primogenitura, que implicaban grandeza nacional (1 Crónicas 5:1-2; Génesis 49:22-–26). Su hijo menor, Efraín, había de convertirse en una multitud de naciones (Génesis 35:10-11; 48:17-19), promesa que se cumple en la actual nación del Reino Unido, que corresponde a la antigua tribu israelita de Efraín. El Imperio Británico, junto con las naciones que lo conformaron, llegó a ser una gran potencia mundial aproximadamente a partir de 1800.
De importancia crucial es el hecho de que las promesas no se dieron a otras naciones modernas, como Dinamarca, Noruega o Francia, que descienden de otras tribus de Israel. Los hechos históricos de la batalla de Hastings serían un paso definitivo en la reconfiguración de la nación, su cultura y sus leyes; que la preparó para cumplir su papel siglos más tarde como una potencia unificada dentro de los asuntos mundiales. Para más detalles sobre el lugar que ocupa Gran Bretaña en la profecía bíblica, puede leer nuestro folleto gratuito titulado: Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía, el cual puede descargar desde nuestro sitio en la red: www.elmundodemanana.org.
Un factor crítico en la batalla de Hastings fue la cronología. Si reconocemos que Dios controla la historia (Daniel 4:17), podemos ver su mano en la cronología, al dirigir el resultado mediante elementos fuera del control humano. Como Creador del planeta Tierra, Dios controla el estado del tiempo (Isaías 29:6; 2 Crónicas 6:26-27). Y el estado del tiempo fue factor crítico, por medio del cual se detuvo la flotilla del rey Guillermo, hasta que las fuerzas de Haroldo se encontraran agotadas por su marcha veloz hacia el norte, hasta Stamford Bridge, y de nuevo hacia el sur para pelear contra Guillermo. El desenlace habría sido enteramente otro si Guillermo hubiera llegado a Inglaterra dos meses antes.
El apocalipsis normando, resultado de la batalla de Hastings, marcó un momento importante, un giro en la historia hacia el cumplimiento del propósito de Dios, su profecía y sus promesas nacionales a Abraham. No hay duda de “que el Altísimo Dios tiene dominio sobre el reino de los hombres, y que pone sobre él al que le place” (Daniel 5:21). [MM]