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Los lectores habituales de El Mundo de Mañana, así como la mayoría de los nuevos lectores, saben que creemos apasionadamente en el cumplimiento de los diez mandamientos, incluido el cuarto, que ordena guardar el séptimo día, sábado, como día de reposo. Jesucristo guardó el séptimo día, el sábado. Sus discípulos tanto judíos como gentiles, lo guardaron en el primer siglo, y una sucesión de fieles seguidores, lo ha guardado durante toda la historia, como Dios lo ordena.
Pero, conviene preguntar: ¿Cómo, exactamente, se guarda el sábado?
Como siempre, las respuestas que buscamos aparecen en la Palabra divina de Dios. Su respuesta a la pregunta de cómo guardar el sábado, es clara en las Escrituras, se deduce de muchos pasajes bíblicos importantes.
Primero, resaltemos dos errores que se deben evitar. El primero que trataremos es la idea de que debemos consultar las prácticas hebreas o judías para saber cómo se guarda el sábado.
Este es un error por varias razones. Con el transcurso de los siglos, el judaísmo ha añadido muchos reglamentos, restricciones y condiciones de origen humano, que Dios nunca dispuso como parte de la observancia del sábado. Durante su ministerio, Jesús desafió a los líderes judíos por su manera de convertir el sábado de Dios en una carga. Por ejemplo, encontramos lo siguiente: “Aconteció que al pasar Él por los sembrados un sábado, sus discípulos, mientras andaban, comenzaron a arrancar espigas. Entonces los fariseos le dijeron: Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?” (Marcos 2:23-24, RV 1995).
Busquemos las Escrituras desde el Génesis hasta el Apocalipsis, y no encontraremos ningún pasaje donde Dios diga que no podemos alimentarnos tomando algunos granos del campo en el sábado. Encontraremos instrucciones de no usar las temporadas de trabajo, como son las estaciones de arar y de cosechar, como excusa para no guardar el sábado: “Seis días trabajarás, pero en el séptimo día descansarás; aun en tiempo de siembra y de cosecha, descansarás” (Éxodo 34:21, RV 1995). Pero nadie pensaría en lo que hacían los apóstoles de Jesús como cosechar. Lo que estaban infringiendo eran normas extrabíblicas y excesivamente estrictas del judaísmo, ¡pero no el cuarto mandamiento! Si ellos lo quebrantaban, entonces Jesús también lo quebrantó, ¡y sabemos que jamás transgredió ni uno de los mandamientos de Dios!
Después de mostrar cómo el sumo sacerdote, en tiempos del rey David, había administrado mejor que ellos la ley de Dios, conforme al espíritu de la ley, Jesús les dijo: “El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. De suerte que el Hijo del Hombre también es Señor del sábado” (Marcos 2:27-28, Biblia de Jerusalén).
Jesús señaló que Dios creó el sábado para beneficiar al hombre y no al contrario, y que las exigencias extrabíblicas sumadas al mandamiento del sábado por las autoridades judías, lo estaban convirtiendo en una carga que jamás fue la intención de Dios.
En los Evangelios abundan los ejemplos de cómo Jesús corregía a los supuestos expertos en cómo guardar debidamente el sábado. Los escribas, fariseos y sacerdotes serían muy conocedores del judaísmo, pero no eran expertos en la manera de guardar las leyes de Dios, según su intención. Y hoy sigue siendo así.
El apóstol Pablo se refiere a sus compañeros judíos como personas “que tienen celo por Dios, pero no conforme al verdadero conocimiento” (Romanos 10:2, RV1995). Lo que nos da la verdad y comprensión de las Escrituras no es la obsesión por algún idioma, cultura o pueblo histórico; sino el Espíritu de Dios actuando por medio de los ministros de su Iglesia, el Cuerpo de Cristo (Juan 16:13; Efesios 4:11-16).
Guardar el sábado no es adoptar prácticas nacidas del judaísmo, ni enseñanzas de los diversos movimientos llamados de raíces hebreas. A menudo, los mandatos de Dios son mucho más simples de lo que se cree. Para guardar el sábado no es necesario adoptar el judaísmo, ni otro de los muchos movimientos que pretenden imitarlo de una u otra manera.
Otra trampa que debemos reconocer es la de tratar el día de reposo semanal como si fuera un principio genérico: de un día de cada siete, y no el día específicamente señalado por su nombre: sábado; como el séptimo día de la semana, el único que Dios apartó como su día de reposo.
Vimos antes que el sábado fue “instituido” (Marcos 2:27-28). Esto apunta a una verdad profunda sobre ese día: fue creado directamente por Dios. Cuando leemos sobre esta creación en Génesis 2, vemos que el sábado fue algo único, algo que Dios estableció al dejar de trabajar: “Fueron, pues, acabados los Cielos y la Tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación” (Génesis 2:1-3).
Vemos aquí que Dios apartó, no cualquier día de la semana, sino específicamente el séptimo día, como queda reflejado en el cuarto mandamiento: “Acuérdate del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día es de reposo para el Eterno, tu Dios” (Éxodo 20:8-10, RV 1995).
Observemos la claridad con que Dios, el único que puede designar tiempo santo, apartó el séptimo día, o sábado, como el día de reposo. Guardar otro día, cualquiera que sea, no es guardar el día de reposo. ¿Es descansar? Claro que sí. ¿Es tomarse un tiempo libre? Quizá. Pero no es guardar el sábado como el reposo que Dios estableció.
Esta verdad, que el séptimo día de la semana es el único apartado por Dios como su día de reposo, es aceptada por las religiones de todo el mundo. Por ejemplo, el cardenal católico James Gibbons escribió en: La fe de nuestros padres: “Podemos leer la Biblia desde el Génesis hasta el Apocalipsis, sin hallar una sola línea que autorice la santificación del domingo. Las Escrituras refuerzan la observancia religiosa del sábado, día que nosotros nunca santificamos” (1904, pág. 86). Para más expresiones de reconocimiento por parte de diferentes religiones, recomendamos leer nuestro folleto gratuito: ¿Cuál es el día de reposo cristiano?, que se puede descargar ingresando a nuestro sitio en la red: www.elmundodemanana.org.
Aclarados estos malos entendidos, podemos analizar varias claves para guardar debidamente el sábado de Dios. Comencemos por repasar el mandamiento del sábado en su totalidad:
“Acuérdate del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día es de reposo para el Eterno, tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni el extranjero que está dentro de tus puertas, porque en seis días hizo el Eterno los Cielos y la Tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, el Eterno bendijo el sábado y lo santificó” (Éxodo 20:8-11, RV 1995).
En primer lugar, notemos que en el sábado hay que suspender el trabajo. Vimos antes que Dios lo hizo precisamente en la creación: “Acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo” (Génesis 2:2). Y, de igual manera, ordena que en el séptimo día nosotros también suspendamos nuestras labores. En el mundo ajetreado actual, es muy fácil caer en la trampa de trabajar siete días a la semana, pero Dios manda hacer una pausa, y cesar nuestras labores cuando comienza el séptimo día.
¿Y cuándo empieza el séptimo día? La Biblia revela en Génesis 1 y otros pasajes que Dios cuenta los días de atardecer a atardecer. Así, el sábado comienza a la puesta del Sol del viernes y continúa hasta la puesta del Sol del sábado. Dios ordena que el viernes al atardecer, hagamos de lado nuestras labores, suspendamos nuestras actividades usuales, y tomemos un descanso como nos dio el ejemplo hace 6.000 años.
Dios, por supuesto, no estaba cansado. No necesitaba reposar el séptimo día, y de ninguna manera pensó: Esos seis días de creación fueron agotadores. ¡Necesito un descanso! Descansó ese día para darnos ejemplo.
Algunos protestarán: “En mi trabajo hay épocas de mucho ajetreo. ¡Es que no puedo tomar un descanso!” Si alguno piensa que esto se le está aplicando personalmente, ¡lo entiendo! Fui matemático actuarial en una gran empresa de seguros, y en nuestro departamento había temporadas del año en que el trabajo era especialmente intenso, a veces con la redacción de importantes documentos legales. Pero, ¿podemos abandonar el reposo sabático en esas temporadas de mucho trabajo? ¿Qué dice Dios?
Consideremos Éxodo 34:21, ya mencionado, y recordemos que antiguamente Israel era una sociedad agrícola: “Seis días trabajarás”, leemos, “pero en el séptimo día descansarás; aun en tiempo de siembra y de cosecha, descansarás”. Para los israelitas de entonces, ¡las épocas de siembra y de cosecha eran acaso las más ajetreadas del año! Sin embargo, Dios les dijo que no hicieran excepciones en esos días. Debían cumplir su mandamiento descansando de sus labores el séptimo día de la semana.
Trabajo no se limita a empleo. Muchas personas que tienen el sábado libre lo dedican a podar el césped, arreglar la casa u otras faenas laboriosas. Pero el mandamiento es claro: “El séptimo día… no hagas en él obra alguna, tú”, ni aquellos que estén bajo tu autoridad (Éxodo 20:10). Llegado el anochecer del viernes, Dios ordena que nos dediquemos a otras cosas diferentes.
Cuidar el sábado como Dios manda implica prepararse. Es un principio que Dios enseñó a los antiguos israelitas cuando los liberó de Egipto. Muchos han oído del milagroso maná del Cielo, pero no saben que ese milagro fue una prueba, para ver si el pueblo de Dios tomaría en serio el mandato del sábado.
Recomiendo leer todo el relato en Éxodo 16, pero ahora me limito a observar que los primeros cinco días de la semana, cada día Dios hizo caer suficiente maná para ese día. En cambio, el sexto día cayó suficiente para dos días, y así los israelitas podían preparar lo suficiente para el viernes, y para el día siguiente que era sábado. El sábado no debían salir a buscar, ya que el viernes Dios les había dado suficiente para dos días.
“Entonces dijo Moisés: Comedlo hoy, porque hoy es sábado dedicado al Eterno; hoy no hallaréis nada en el campo. Seis días lo recogeréis; pero el séptimo día, que es sábado; nada se hallará. Aconteció que algunos del pueblo salieron en el séptimo día a recoger, y no hallaron nada. Y el Eterno dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo os negaréis a guardar mis mandamientos y mis leyes?” (Éxodo 16:25-28).
Dios les había advertido que se preparan debidamente para el séptimo día en el tiempo que le precedía, y eso mismo debemos hacer nosotros. Su deseo es que, al prepararnos, protejamos esta bendición que su sábado representa. Al atender los quehaceres domésticos y demás labores mundanas los otros seis días de la semana, preservamos el séptimo día para el descanso divino, lo cual es su intención.
Al mismo tiempo, el sábado es mucho más que un simple descanso. Por muy importante que sea el descanso físico, el verdadero poder y bendición del séptimo día se revela cuando ponemos en práctica las claves restantes.
El sábado no se limita a ser un día de descanso, sino que es un día santo apartado por Dios. Tanto que antes del mandato de descansar, Dios dice: “Acuérdate del sábado para santificarlo” (Éxodo 20:8). Allí está, ¡al principio del mandamiento!
Recordemos lo que hizo Dios cuando creó el sábado: “Fueron, pues, acabados los Cielos y la Tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación” (Génesis 2:1-3).
Observemos que no solo descansó en el séptimo día, sino que lo bendijo y lo santificó, es decir, lo hizo santo. Quienes pretenden aseverar que el sábado empezó a ser santo en el monte Sinaí, o que el sábado es únicamente para el pueblo judío, carecen de todo fundamento. Las Escrituras son claras al decir que el sábado se santificó desde la creación.
Como día santificado y apartado de los demás días de la semana como tiempo santo, el sábado no es un día para pasar como los demás días. El hecho es que la mayoría de nosotros descansamos y nos renovamos de muchas maneras en otros días de la semana. Vamos al cine, escuchamos un concierto, o leemos algunos capítulos de una novela interesante. Pero el sábado no es solamente un día libre. Es mucho más que un tiempo de vacaciones o para relajarse. Es un tiempo sagrado, apartado por Dios para ciertos fines especiales.
En palabras inspiradas del profeta Isaías, Dios dice claramente que se dirige a todos los pueblos, no solamente al judío, cuando dice: “Bienaventurado el hombre que hace esto, y el hijo del hombre que lo abraza: que guarda el sábado para no profanarlo, y que guarda su mano de hacer lo malo” (Isaías 56:2, RV 1995). Vemos claramente que Dios proclama una bendición sobre aquellos que no traten como común algo que Él ha santificado: su sábado. Y prosigue:
“Si retraes del sábado tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamas delicia, santo, glorioso del Eterno; y lo veneras, no andando en tus propios caminos ni buscando tu voluntad ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en el Eterno. Yo te haré subir sobre las alturas de la Tierra y te daré a comer la heredad de tu padre Jacob. La boca del Eterno lo ha hablado” (Isaías 58:13-14, RV 1995).
¿Qué significan estas palabras? Indudablemente, el sábado es un día en que debemos procurar pasar más tiempo de lo usual orando y estudiando la Palabra de Dios. ¿Y hay algo más?
En el folleto gratuito que mencioné antes: ¿Cuál es el día de reposo cristiano?, el doctor Roderick C. Meredith, quien sirvió a Jesucristo como evangelista por más de 60 años, explica lo que Dios quiere decir en estos pasajes de Isaías:
“Cuando dice que no debemos hacer nuestra voluntad en el día santo de Dios, significa que no debemos dedicarlo a nuestros propios entretenimientos. Eso no quita que podamos disfrutar de algunas cosas placenteras, porque debemos llamar al sábado delicia. El asunto es que, cualquier cosa que hagamos, Dios debe tener parte en ella. Por ejemplo, salir a caminar en familia por algún sendero en un ambiente de campo, es una maravillosa oportunidad de entrar en contacto con el Creador y la belleza de su obra.
Cuando llega el séptimo día, debemos dejar nuestros propios caminos [las cosas que normalmente hacemos], dejar de hacer nuestra propia voluntad y dejar de hablar nuestras propias palabras [todas aquellas cosas que hablamos sin ninguna relación con Dios]. A menudo esto último es bastante difícil de seguir ‘porque de la abundancia del corazón habla la boca’ (Mateo 12:34). Para guardar efectivamente el sábado en su espíritu, debemos tener nuestra mente en Dios, y en aquellas cosas que le agrada que hagamos en su tiempo santo. Entonces, como Dios lo promete, seremos realmente bendecidos” (pág. 37).
Aprender a cumplir el mandamiento de Dios, descansando de nuestras actividades de la vida cotidiana en el séptimo día, y tratándolo como el tiempo santo que es, resulta transformativo: nos cambia por entero la vida.
Hay una clave más que muchos no han captado. Sí, debemos dejar de lado nuestro trabajo, cosa que se logra planeando y preparándose para el sábado, y debemos santificar ese día tratándolo como tiempo santo, como Dios decidió al crearlo. Estos son los primeros pasos y son esenciales, pero mucha gente sincera se detiene allí y, sin darse cuenta, se priva de las bendiciones completas del sábado que Dios dispuso. Para recibir esas bendiciones, hay una tercera clave esencial: reunirse en santa convocación el sábado.
Lo vemos explicado en los primeros versículos del Levítico 23: “Habló el Eterno a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: Las fiestas solemnes del Eterno, las cuales proclamaréis como santas convocaciones, serán estas” (vs. 1-2). Observemos que no las llama las fiestas de los judíos, y tampoco las fiestas de Israel. ¡Dice que son sus fiestas: “las fiestas solemnes del Eterno”!
Además de llamarlas: “santas convocaciones”. Agrega: “Seis días se trabajará, mas el séptimo día será de reposo, santa convocación; ningún trabajo haréis; día de reposo es del Eterno en dondequiera que habitéis” (Levítico 23:3). Dios resalta la santidad del sábado y la necesidad de tratarlo como un reposo sagrado, pero, además, afirma que es una “santa convocación”. ¿Qué significa esto?
Ya hemos explicado lo que es ser “santo”: apartado por Dios para su propio uso. Y una “convocación” es una asamblea de gente llamada a salir del mundo para asistir a una reunión. Dios se refiere a una reunión santa de gente santa ¡convocada por mandato de su Dios santo!
El séptimo día, sábado, es el día de la semana que el propio Dios apartó para que sus adoradores se reúnan para alabarlo, para adorarlo unidos, y para aprender juntos de su Palabra inspirada, expuesta y explicada por sus maestros ordenados. Cuando nos reunimos y departimos todos, no en un día apartado según tradiciones o doctrinas humanas, sino en el día que el Señor mismo apartó como santo, hacemos más que departir con otras personas: departimos con Dios el Padre y con su Hijo Jesucristo.
No es extraño que el apóstol Pablo haya dirigido estas palabras a sus hermanos hebreos: “Considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10:24-25). Como se explica en detalle en nuestro folleto: ¿Cuál es el día de reposo cristiano?, el séptimo día representa el hermoso descanso que Jesucristo traerá pronto a toda la Tierra. Ese descanso se acerca rápidamente, lo que debe darnos aun mayores deseos de reunirnos en santa convocación, en el día que refleja la paz y la comunión con Dios.
Para todo el que busque sinceramente guardar el día de reposo bíblico, como Jesucristo y sus discípulos han hecho desde hace casi dos mil años, estas claves son los ingredientes esenciales: suspender nuestras labores, santificar el día y reunirnos en santa convocación con el pueblo de Dios.
La Iglesia del Dios Viviente, que publica la revista El Mundo de Mañana, tiene en todo el mundo congregaciones que guardan el sábado, así como ministros que están dispuestos a hablar con cualquiera que sienta que debe ahondar más en la observancia del sábado, a fin de caminar más cerca de Dios el Padre y de Jesucristo. Quien desee hablar con uno de estos ministros puede comunicarse con nosotros ingresando a nuestro sitio en la red: www.elmundodemanana.org. Es más: le instamos a hacerlo porque el hecho de guardar correctamente el reposo sabático, le abrirá los ojos a una vida de comunión con el Creador, más cercana y más íntima de lo que jamás creyó posible. [MM]