Permanente cualidad de la bondad

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La palabra familia debe traer a la mente sensaciones de seguridad y calidez. Sin embargo, muchos viven la experiencia familiar como una lucha por sobrevivir. Hoy la vida está sumamente alejada de lo que Dios dispuso, puesto que vivimos en una era de crueldad satánica hacia la humanidad. Bajo la influencia opresiva del diablo, hay crueldad en el seno de muchas familias. ¿Qué efectos tiene el ser objeto de agravios y ofensas verbales desde temprana edad? ¿Y qué podemos hacer para evitar o corregirlo?

Según la revista Neuroscience News: “Varias investigaciones han demostrado que cuando los adultos emplean continuamente palabras crueles para humillar, ofender o controlar a los niños; su cerebro, en pleno desarrollo, puede sufrir alteraciones… Las definiciones de maltrato verbal varían, pero en general se trata de un patrón de comportamiento sostenido en que las críticas, amenazas o rechazo del niño; lo hacen sentirse siempre humillado, culpado, intimidado, atemorizado o ridiculizado” (Maltrato verbal en la infancia reprograma el cerebro en desarrollo, 11 de mayo del 2025).

Los investigadores encontraron que, “los niños que fueron objeto de maltrato verbal mostraron una serie de consecuencias negativas durante toda la vida, siendo las más frecuentes comportamiento delincuente, depresión, agresividad, trastornos de la conducta, ira y consumo de sustancias nocivas. Otros estudios conectaron el maltrato verbal con depresión, inclinación a maltratar a otros, cambios neurobiológicos y trastornos de salud; entre ellos obesidad y obstrucción pulmonar crónica” (Psychology Today, 10 de octubre del 2023).

¿Existirá un padre o una madre que nunca haya sentido agotársele la paciencia al punto de decir palabras impensadas y mortificantes? Aunque quisieran retractarse, lamentablemente no hay una tecla para deshacer lo expresado en un arrebato de ira. Sin embargo, el daño se puede mitigar en parte con algunas palabras de bondad o de disculpa sincera. ¿Nos proponemos expresar bondad al hablar? La bondad es una cualidad intrínseca del carácter de Dios, y un atributo que desea ver en nuestras relaciones con los demás (Gálatas 5:22-23).

Todo el que desee agradar a Dios debe tener en cuenta que: “Lo que se desea en un hombre es la bondad” (Proverbios 19:22, Biblia de Jerusalén). Además, Dios manda a los padres medir bien las palabras que emplean con sus hijos: “Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten” (Colosenses 3:21). Este desaliento puede durar toda la vida, si el abuso verbal es prolongado y constante. Cuando medimos nuestras palabras, expresándonos con cortesía, bondad, gracia y empatía; el impacto positivo en la vida de nuestros hijos, cónyuge, amistades y compañeros de trabajo resulta inestimable: “Panal de miel son los dichos suaves; seguridad al alma y medicina a los huesos” (Proverbios 16:24).

La mujer que desea ser honorable y agradar a Dios, debe considerar la forma de expresarse como es propio de una mujer virtuosa: “Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua… Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada; y su marido también la alaba: Muchas mujeres hicieron el bien; mas tú sobrepasas a todas” (Proverbios 31:26, 28-29).

El poder de la bondad

Las palabras bondadosas y bien escogidas encierran un gran poder. Debemos estar siempre atentos para ver cómo nuestras palabras edifican o rebajan al oyente. Las Escrituras instruyen: “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal” (Colosenses 4:6). En el Evangelio de Marcos, Jesús nos dice: “Buena es la sal; mas si la sal se hace insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros mismos; y tened paz los unos con los otros” (Marcos 9:50). La conexión entre “gracia, sazonada con sal” y la paz es clara: Las palabras dichas con gracia, o que agradan, ayudan a conservar la amistad, la unión matrimonial, la relación entre padres e hijos, y las relaciones en general.

Las Escrituras ofrecen principios para reforzar la bondad en el corazón y la mente de jóvenes y adultos por igual. Aunque muchos se encuentran en situaciones difíciles, la Biblia revela que vendrá un tiempo de esperanza, belleza, cooperación y alegría; un tiempo cuando toda la humanidad reconocerá la bondad de Jesucristo, y sentirá sus beneficios en carne propia (Efesios 2:7).

Entretanto, ¿qué ambiente vamos a inculcar en nuestra familia? ¿Será de paz, bondad y buen ánimo? ¿Iremos a promover en nuestras relaciones permanentemente la cualidad de la bondad? El impacto de nuestras palabras bondadosas puede durar mucho más de lo que pensamos, quizás incluso hasta en el mundo que pronto vendrá. [MM]

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