Velad para ser dignos de escapar

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Jesucristo dijo a sus discípulos que estuvieran atentos a las señales de su regreso. Pero, ¿qué deberíamos estar observando?

El mundo está cambiando tan rápidamente que es muy posible concentrarse en pequeñeces, pasando por alto las grandes tendencias. Y esto nos trae a una pregunta crucial: ¿Cuáles son las grandes tendencias que debemos observar? ¿Cómo separar el trigo de la cizaña? ¿A que fuente podemos dirigirnos para aclarar esas tendencias?

La mayoría de las personas pasan la vida afectadas por un suceso tras otro, pero sin entender el gran panorama. Es comprensible, ya que pocos saben dónde buscar para entender el derrotero que sigue el mundo. Históricamente, las ferias mundiales han exhibido el futuro y los avances modernos, aunque parece que están siendo reemplazadas por las grandes convenciones y exhibiciones comerciales que destacan las nuevas tecnologías o determinados proyectos.

Un reto para la humanidad

Dios nos presenta un reto en las páginas de la Biblia:

“Alegad por vuestra causa, dice el Eterno; presentad vuestras pruebas, dice el Rey de Jacob. Traigan, anúnciennos lo que ha de venir; dígannos lo que ha pasado desde el principio, y pondremos nuestro corazón en ello; sepamos también su postrimería, y hacednos entender lo que ha de venir. Dadnos nuevas de lo que ha de ser después, para que sepamos que vosotros sois dioses; o a lo menos haced bien, o mal, para que tengamos qué contar, y juntamente nos maravillemos” (Isaías 41:21-23).

Unos capítulos más adelante, el reto se amplía:

“Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero” (Isaías 46:9-10).

¿Acaso son estas palabras algo más que la jactancia de un autor antiguo, quien pretende hablar en nombre de Dios? ¿O hay algo más? ¿Tienen algún respaldo estas afirmaciones tan fuertes? ¿Habrá un Dios viviente que anuncie el porvenir desde el principio? O, ¿las profecías bíblicas que se consignaron hace miles de años, y que se están llevando a cabo mientras escribimos este artículo, serán simples aciertos de personas que las proclamaron en la antigüedad? No puede negarse que la humanidad ha demostrado gran inteligencia en lo que respecta a muchos logros materiales, pero ninguna hazaña nuestra se puede comparar con lo que ha hecho Dios.

El gran panorama

Cuando Dios desafía al hombre, en efecto, a aguantar o callarse, y declara: “Lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho”, revela que no hay competencia posible entre lo creado y el Creador. ¿Quién aparte de Dios, nuestro Creador, podría haber previsto, hace miles de años, las condiciones y los hechos que aparecen ahora en las noticias? Pensemos en los siguientes ejemplos:

  • En los últimos días, los judíos, por su potencia militar, serían como un león que conviene no despertar (Génesis 49:1, 9; Zacarías 12:6).
  • En los últimos días habría un gran avance científico y en la movilidad (Daniel 12:4).
  • Habría un Estado judío que controlaría Jerusalén, los judíos en Jerusalén estarían rodeados por enemigos, y Jerusalén sería una ciudad dividida (Zacarías 12; 14).
  • Sería posible para la humanidad destruir toda vida en el planeta Tierra (Mateo 24:21-22).
  • Contaríamos mundialmente con tecnologías de la comunicación (Apocalipsis 11:3, 7-11).

¡No menospreciemos la importancia de estas profecías! Recordemos que desde la caída de Jerusalén en el año 70 d.C., hasta 1948, no hubo un Estado judío, y que los judíos no asumieron el control de toda Jerusalén hasta la guerra de los Seis Días en 1967. ¿Quién podría saber que se darían todas estas condiciones simultáneamente en esta época? Si bien hubo un anticipo de los sucesos en Jerusalén en el año 70 d.C., la cronología para cada una de estas profecías se indica claramente como “los días venideros”, “el tiempo del fin”, “el día del Eterno”, “el tiempo de tu venida” (la de Jesucristo) o “el fin del siglo” (Génesis 49:1; Daniel 12:4; Zacarías 14:1; Mateo 24:3).

En Apocalipsis 11, leemos que dos testigos profetizarán durante un período de tres años y medio en los tiempos del fin (poco antes del regreso de Jesucristo) y que todo el mundo oirá sus advertencias y juicios. Cuando los testigos sean muertos, todo el mundo se alegrará y celebrará intercambiando regalos. Sin los actuales sistemas de comunicación que tenemos, ¿cómo podría enterarse el mundo de su muerte, y ver sus cadáveres en un plazo de solo tres días?

Para captar mejor el gran panorama de lo profetizado, hay dos puntos que debemos observar de aquí en adelante con especial atención: El Oriente Medio, especialmente Jerusalén; y Europa, especialmente Alemania. Hay otras tendencias para observar, pero el presente artículo se centrará en estas dos que son vitalmente importantes. La Biblia presta atención especial al Oriente Medio y Europa, por lo cual conviene que hagamos lo mismo. Las Escrituras nos dicen que estemos despiertos, que velemos al acercarse la culminación de la era (Mateo 24:42; 25:13; Marcos 13:35, 37).

Observemos el Oriente Medio y Jerusalén

Ya hemos visto que habría (y ahora hay), un Estado judío con control sobre Jerusalén, y efectivamente, tal como predijeron las Escrituras, es una potencia militar poderosa que conviene no despertar. Ha sido así desde la fundación del Estado judío en 1948. Vez tras vez, cuando sus enemigos provocan al león, este los hace trizas. Pero no terminará así.

Es claro que Jerusalén es el epicentro de los sucesos que debemos tener en la mira. Aunque el Estado judío se ve poderoso en este momento, en algún punto del futuro cercano el león será derrotado: “He aquí, el día del Eterno viene, y en medio de ti serán repartidos tus despojos. Porque yo reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén; y la ciudad será tomada, y serán saqueadas las casas, y violadas las mujeres; y la mitad de la ciudad irá en cautiverio, mas el resto del pueblo no será cortado de la ciudad” (Zacarías 14:1-2). Esto conducirá al regreso de Jesús, el Mesías (vs. 3-4, 9). No sabemos cómo se producirá, exactamente, la caída de Jerusalén, pero la Biblia nos da algunas pistas:

“Los príncipes de Judá fueron como los que traspasan los linderos; derramaré sobre ellos como agua mi ira. Efraín es vejado, quebrantado en juicio, porque quiso andar en pos de vanidades. Yo, pues, seré como polilla a Efraín, y como carcoma a la casa de Judá. Y verá Efraín su enfermedad, y Judá su llaga; irá entonces Efraín a Asiria, y enviará al rey Jareb; mas él no os podrá sanar, ni os curará la llaga. Porque yo seré como león a Efraín, y como cachorro de león a la casa de Judá; yo, yo arrebataré, y me iré; tomaré, y no habrá quien liberte” (Oseas 5:10-14).

Es mucho el contenido de esta profecía. Notemos que se mencionan dos pueblos: Judá y Efraín. Cuando la Biblia habla de Judá, se refiere a los judíos; en cambio, Efraín se refiere a un grupo de pueblos muy distintos. La gente suele pensar que todos los israelitas son judíos, pero este es un error colosal. Jacob, nieto de Abraham, y cuyo nombre se cambió a Israel, tuvo doce hijos. Uno de los doce fue Judá, antecesor de los judíos. Otro fue el hermano de Judá llamado José. José tuvo dos hijos: Manasés el mayor y Efraín el menor. Israel adoptó a los dos hijos de José y puso su nombre sobre ellos:

“Entonces Israel extendió su mano derecha, y la puso sobre la cabeza de Efraín, que era el menor, y su mano izquierda sobre la cabeza de Manasés, colocando así sus manos adrede, aunque Manasés era el primogénito. Y bendijo a José, diciendo: El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me mantiene desde que yo soy hasta este día, el Ángel que me liberta de todo mal, bendiga a estos jóvenes; y sea perpetuado en ellos mi nombre, y el nombre de mis padres Abraham e Isaac, y multiplíquense en gran manera en medio de la Tierra” (Génesis 48:14-16).

¡Esto es de importancia vital! ¡La distinción entre los hijos de Israel es clave para reconocer lo que está ocurriendo en nuestro mundo, y qué esperar en el futuro cercano! ¿Por qué no se enseña la importancia de esta distinción en el cristianismo tradicional?

Ya hemos visto algunas de las promesas para los judíos “en los días venideros” (Génesis 49:1, 9). Tendrían un Estado judío leonino que convendría no despertar, profecía que vemos cumpliéndose en los últimos 75 años. Y, ¿qué sabemos de las profecías para los once hermanos de Judá? Como la profecía de Génesis 49 es para “los días venideros”, ¡sus descendientes también tienen que estar vivos en algún punto de la Tierra! Para ahondar más en este tema, recomendamos leer nuestro esclarecedor folleto titulado: Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía. Allí se explica la singular relación que vemos entre esos dos países y los judíos, y contiene muchísima información más sobre el estado actual de nuestro mundo.

Pero volviendo a la profecía de Oseas, esta nos dice que Efraín, no los judíos, verá su enfermedad y Judá su llaga. La enfermedad viene de adentro, pero una llaga proviene de algo que hay afuera. A veces las profecías sobre Efraín se refieren a las diez tribus de la casa del Norte de Israel, ya que en ocasiones Efraín fue líder de esas tribus. La caída de la casa de Israel en el tiempo del fin viene desde adentro, antes de su derrota. Por lo tanto, debemos prever que la degeneración moral y sus consecuencias desastrosas, continuarán en los pueblos descendientes de los británicos y estadounidenses.

Judá, en cambio, tendrá una llaga, algo dramática que viene desde afuera. ¿Qué tipo de herida será? ¿Será una bomba sucia, un arma nuclear lanzada o metida de contrabando en una ciudad importante como Tel Aviv, o bien algo que no podemos imaginar por ahora? La Biblia no lo dice, pero cuando ocurra será un golpe duro. Puede ser que la llaga será el motivo para reiniciar los sacrificios de animales en Jerusalén, o puede ser que estos comiencen por otra razón. En todo caso, podemos estar seguros de que comenzarán, ya que han de suspenderse según la profecía, y no pueden suspenderse si antes no han comenzado (Daniel 12:1, 11).

Observemos a Europa y Alemania

Hay otra región del mundo que debemos observar, una que tendrá un impacto grande sobre el Oriente Medio e Israel. Ya vimos según Oseas, que Efraín se vuelve a Asiria (la actual Alemania) en medio de su enfermedad. Esta profecía se cumplió en el pasado, y se volverá a cumplir en el tiempo del fin. Vemos que en el Oriente Medio continuarán las perturbaciones, con una confederación de naciones aliadas contra los judíos, y alineadas con una potencia europea encabezada por Alemania (Salmos 83:1-8; Daniel 11:41-45). Estemos atentos a una creciente injerencia de Europa en el Oriente Medio y en el Estado de Israel.

 El Mundo de Mañana lleva muchos decenios proclamando que Alemania surgiría nuevamente como una gran potencia militar. Lo dijimos cuando prácticamente nadie lo preveía o lo creía, no porque seamos más inteligentes que los demás, ni porque tengamos una fuente de información secreta, sino porque creemos lo que dice la Biblia.

Donald Trump no fue el primer presidente norteamericano que presionó a las naciones de la OTAN, especialmente a Alemania, para que dedicaran el dos por ciento de su PIB a gastos militares, como se había acordado. Se recordará que, en su primer mandato, la amenaza de retirar a Estados Unidos de la OTAN causó revuelo. Pero la guerra en Ucrania fue el catalizador que generó una visible y repentina transformación en el pensar alemán y europeo.

No hace mucho se publicó el siguiente informe: “El canciller Olaf Scholz y su gobierno han efectuado una revolución en la política externa alemana, desechando en cuestión de días las anticuadas suposiciones de los sueños de Berlín de la posguerra… Decenas de tabús y reparos alemanes se disolvieron entre los aplausos de los partidos principales, y los cantos en pro de Ucrania provenientes de medio millón de manifestantes en el centro de Berlín” (Putin inició una revolución en Alemania por accidente, Foreign Policy, 27 de febrero del 2022).

La BBC publicó algo semejante: “En cuestión de muy pocos días, Vladimir Putin ha logrado lo que los aliados de la OTAN llevan años intentando: Un aumento masivo del gasto militar alemán. Este bien puede ser uno de los cambios más grandes jamás vistos en la política externa alemana de la posguerra” (Conflicto en Ucrania, 27 de febrero del 2022).

Hasta este momento, había el compromiso de gastar aproximadamente el dos por ciento del PIB, pero ha aumentado enormemente al cinco por ciento. Alemania y Europa están construyendo una poderosa máquina de guerra, se dice que para su defensa; pero la Biblia muestra que irá más allá de la defensa, ejerciendo el carácter ofensivo. Es lo que Scholz llamó un Zeitenwende: un punto de giro histórico y dramático.

Este giro no ocurre solamente en Alemania, ni se limita a las armas militares. Veamos el siguiente informe sobre la aceleración de los preparativos en la industria de la salud de Europa Oriental:

“Todos los países de la región Oriental de la OTAN, están revisando sus protocolos de reacción a las crisis en los centros de atención médica. Están organizando ejercicios de entrenamiento, invirtiendo en cascos y chalecos antibalas, y pasando sus quirófanos a ubicaciones subterráneas; desde que el conflicto en Ucrania destrozó la ilusión de que Europa está al abrigo de una guerra. ‘No es cuestión de si Rusia atacará, sino de cuándo’, dijo Ragnar Vaiknemets, subdirector general de la Junta de Salud de Estonia, encargada de los preparativos para las crisis de todo tipo, desde una pandemia hasta una guerra… Para esos países orientales de la OTAN, la preparación para la guerra no es una opción: es urgente” (Político, 16 de junio del 2025).

La generación de la Primera Guerra Mundial ya falleció, y hay muy pocos que recuerdan la Segunda. Para los residentes de Norteamérica, parece remota la posibilidad de que estalle otro conflicto europeo que se convierta en una conflagración mundial. La mayoría tienen la misma actitud que reinó antes de la Primera Guerra Mundial. Como escribió el especialista en política externa, Robert Kagan en: La jungla vuelve a crecer, los de la generación de la Primera Guerra pensaban que las grandes potencias habían pasado de la etapa del desarrollo, en que las conquistas militares beneficiarían grandemente a una nación. Los que así opinaban, no podían imaginarse que las grandes potencias comerciales del mundo, tan interdependientes dentro de la economía mundial moderna, librarían una guerra con objetivos tan primitivos como territorio y dominio militar; ni que se dejaran llevar no por el cálculo razonado de sus intereses, sino por temor, orgullo y ambición; ni que la guerra contaría con el apoyo entusiasta de sus pueblos, movidos por nacionalismo y tribalismo” (2018, págs. 16-17).

Cuán rápidamente cambian las cosas… y cuán rápidamente cambiarán de nuevo. Hay voces conocedoras en Europa, que hablan de preparativos para una guerra que comenzaría en un plazo tan breve como cuatro años; y ya ha transcurrido un año desde que una de esas voces dijo lo siguiente: “Rusia nos amenaza. Putin nos amenaza. ‘Tenemos que hacer lo que sea necesario para prevenirlo’, afirmó el general Carsten Breuer. Advierte que la OTAN debe estar lista para un posible ataque en escasos cuatro años… y cuanto más pronto estemos preparados, mejor’” (BBC.com, 31 de marzo del 2025).

En junio del 2025, Annalena Baerbock, exministra alemana de asuntos exteriores, fue elegida presidente de la Asamblea General de las ONU. Pese a la propuesta rusa de que la votación fuera secreta, la señora Baerbock fue elegida por una arrolladora mayoría de 167 votos. Asumió el cargo en septiembre del año pasado, siendo tal vez la dirigente más destacada que lo ocupa en los últimos decenios, y su elección es un gran triunfo tanto para Alemania como para la Unión Europea.

El aumento de la presencia e influencia alemana es evidente en todo el mundo. Poco antes de la elección de la señora Baerbock, en el primer despliegue de tropas alemanas permanentes al exterior desde la Segunda Guerra Mundial, la nación despachó 5.000 soldados a Lituania (Deutsche Welle, 22 de mayo del 2025). Por esa misma época, Alemania firmó un convenio de defensa con las Filipinas, celebró otro acuerdo con Singapur para proveer submarinos, y se comprometió a fortalecer sus nexos con Nigeria en aras del beneficio mutuo (Reuters, 14 de mayo del 2025; NavalNews.com, 8 de mayo del 2025; Deutsche Welle, 22 de mayo del 2025).

Nuestro folleto titulado: La bestia del Apocalipsis: ¿Mito, metáfora o realidad inminente?, explica cómo surgirá en el corazón de Europa una fuerte potencia económico-militar al final de la era, cuando “diez reyes”, o líderes, “entregarán su poder y su autoridad a la bestia”  (Apocalipsis 17:12-13). Estemos atentos al cumplimiento de esta profecía, ¡y tengamos presente dónde lo oímos!

No es una línea recta

Las naciones de Europa y del Oriente Medio tendrán sus altibajos en los próximos años. No nos dejemos convencer por las conversaciones de paz, o por los acuerdos de paz. Aunque todos anhelemos la paz, y aun los verdaderos discípulos de Jesucristo la buscan, no habrá paz duradera antes del regreso de Jesucristo, “Príncipe de la Paz” (Isaías 9:6).

Dios nos dice (y la historia así lo confirma): “No conocieron camino de paz, ni hay justicia en sus caminos; sus veredas son torcidas; cualquiera que por ellas fuere, no conocerá paz” (Isaías 59:8). Pablo lo reitera en Romanos 3:17, y explica por qué se desconoce el camino hacia la paz: No hay temor de Dios delante de sus ojos (v. 18).

¿A qué vendrá Jesucristo? Regresará a salvar a la humanidad de la extinción, como leemos en Mateo 24:21-22. Además, las Escrituras prevén que, en algún momento del futuro no muy lejano, se llegará a creer erróneamente que la paz ha llegado, así que no nos engañemos al ver tratados de paz de poca duración: “Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba. Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán” (1 Tesalonicenses 5:1-3).

Vivimos en tiempos muy peligrosos. Sin duda habrá convenios de paz, pero lamentablemente, se violarán. Nadie desea ver semejante cosa, pero la Biblia lo atestigua… y toda la historia de la humanidad atestigua la veracidad de las Escrituras.

Observemos al Oriente Medio, especialmente en lo referente a los judíos y Jerusalén, y observemos lo que ocurre en Alemania y toda Europa. Cuando veamos naciones o dirigentes europeos entregar su poder a un caudillo político, aliado con un carismático dirigente religioso, sabremos que cualquier paz que se presente, acabará en el mayor tiempo de angustia que el mundo haya conocido. A todos nos conviene prestar constante atención a la advertencia de Jesús:

“Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la Tierra. Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre” (Lucas 21:34-36). [MM]

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