¿Por qué El Mundo de Mañana es diferente?

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El Mundo de Mañana es una publicación única. No apoyamos a ningún candidato ni partido político; pero, como creemos que la Biblia es la Palabra de Dios, nos pronunciamos contra el aborto y otras prácticas condenadas por el Creador. Y si bien creemos que la Biblia enseña la verdad, los lectores habituales saben que frecuentemente diferimos del cristianismo tradicional, el cual, como es evidente para cualquier persona informada, se ha corrompido con prácticas y filosofías paganas. Pero, ¿por qué hemos elegido ser diferentes sin disculparnos?

Jesús dijo: “Será predicado este evangelio del Reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14). Pero, ¿acaso no ha llegado el mensaje de Jesucristo al mundo? Hace siglos llegaron misioneros con sus enseñanzas a Norteamérica, Sudamérica, Asia y África. La Biblia completa se ha traducido a 776 idiomas, y parcialmente a 4.007 idiomas y dialectos. Esto significa que más del 99 por ciento de los habitantes de laTierra han podido tener acceso a las Sagradas Escrituras… pero esto es algo incompleto (Wycliffe Global Alliance, agosto del 2025).

La Biblia indudablemente se ha difundido, pero entre el cristianismo tradicional no se está enseñando el verdadero evangelio que Jesús de hecho proclamó. Esta es una aseveración atrevida, pero la puede verificar cualquiera que esté dispuesto a dedicar el tiempo a constatarlo. Cierto es que la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo forman parte esencial del Nuevo Testamento; pero, ¿cuál fue el evangelio, la buena noticia, que proclamó durante tres años y medio antes de su crucifixión? A quienes realmente deseen saberlo, les invitamos a solicitar nuestro folleto gratuito: ¿Conoce usted el verdadero evangelio? También pueden descargarlo desde nuestro sitio en la red: www.elmumdodemanana.org. No crean lo que decimos sin buscar las referencias bíblicas, y así pueden comprobar si lo que enseñamos es la verdad.

Nuestros lectores notarán que El Mundo de Mañana presenta artículos sobre profecía bíblica, cosa que falta casi del todo en las religiones tradicionales. Y aquellos ministerios que sí resaltan la profecía, rara vez comprenden la clave profética que permite dilucidar los sucesos del tiempo del fin. Esa clave es la antigua identidad bíblica de las naciones actuales. Al entender esto, se ve claramente que el moderno estado judío en el extremo Oriental del Mediterráneo, constituye una muy pequeña parte de la Israel bíblica.

No solo Judá

En el Génesis podemos ver que Judá, antecesor de los judíos, es solo uno de los doce hijos de Jacob, cuyo nombre fue cambiado por Israel. Muchas profecías bíblicas se aplican a los doce hermanos. En el capítulo 49 del Génesis, podemos encontrar un esbozo de lo que será de cada uno de los hijos de Israel en el tiempo del fin: “Llamó Jacob a sus hijos, y dijo, Juntaos, y os declararé lo que os ha de acontecer en los días venideros” (Génesis 49:1).

Enseguida vemos mensajes para cada una de las doce tribus. A Judá (los judíos), Israel les dijo: “Cachorro de león, Judá; de la presa subiste, hijo mío. Se encorvó, se echó como león, así como león viejo: ¿quién lo despertará?” (v. 9). ¿Será posible negar que el Estado Judío llamado Israel es como un león que conviene no despertar? ¿Qué comportamiento ha tenido la nación de Israel en casi 80 años? Esta profecía es notable, pues se trata de “los días venideros”.

Moisés también dio profecías sobre los descendientes de Jacob para los tiempos del fin. La siguiente tiene que ver con José, hermano de Judá:

“A José dijo: Bendita del Eterno sea tu tierra, con lo mejor de los cielos, con el rocío, y con el abismo que está abajo. Con los más escogidos frutos del Sol, con el rico producto de la Luna, con el fruto más fino de los montes antiguos, con la abundancia de los collados eternos, y con las mejores dádivas de la Tierra y su plenitud; y la gracia del que habitó en la zarza venga sobre la cabeza de José, y sobre la frente de aquel que es príncipe entre sus hermanos. Como el primogénito de su toro es su gloria, y sus astas como astas de búfalo; con ellas acorneará a los pueblos juntos hasta los fines de la Tierra; ellos son los diez millares de Efraín, y ellos son los millares de Manasés” (Deuteronomio 33:13-17).

Invito a nuestros lectores a leer Génesis 49 y Deuteronomio 33, donde encontrarán que las bendiciones dadas a Judá son diferentes de las dadas a José, como se aclara en el siguiente pasaje: “Los hijos de Rubén primogénito de Israel (porque él era el primogénito, mas como violó el lecho de su padre, sus derechos de primogenitura fueron dados a los hijos de José [Efraín y Manasés], hijo de Israel, y no fue contado por primogénito; bien que Judá llegó a ser el mayor sobre sus hermanos, y el príncipe de ellos; mas el derecho de primogenitura fue de José)” (1 Crónicas 5:1-2). Para más información sobre este tema, recomendamos estudiar nuestro revelador folleto titulado: Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía. Folleto que pueden descargar desde nuestro sitio en la red: www.elmundodemanana.org, o solicitar un ejemplar gratuito impreso.

Pero, ¿qué ocurrió en los siglos que transcurrieron entre el anuncio de la profecía y el momento actual? ¿Se juntaron de alguna manera las doce tribus para formar la nación judía? O, como suponen muchos estudiosos del tema: ¿Se asimilaron las diez tribus perdidas dentro de otras naciones, perdiéndose en la historia? ¿Fallaron las profecías de Jacob y Moisés? En ese caso, ¿qué nos diría esto sobre la validez de la profecía bíblica? ¿Acaso fueron más que alucinaciones de viejos?

Los actuales descendientes de José

Es impresionante lo poco que se conoce sobre este tema en el cristianismo tradicional. Una parte de la historia que se sabe, es que los hermanos de José, por envidia, lo vendieron como esclavo. Génesis 37-47 presenta el fascinante relato de la forma como Israel fue a dar a Egipto, y allí cumplió los sueños proféticos que Dios le había enviado a José 22 años antes. Génesis 48 cuenta la historia de los dos hijos de José, que fueron adoptados como hijos del patriarca Israel, e incluso recibieron el nombre de Israel (v. 16).

Siglos después de salir de Egipto, las doce tribus de Israel se separaron en dos naciones: la casa de Judá (los judíos, la tribu de Benjamín y los levitas) en el Sur, y la casa de Israel, formada por las demás diez tribus en el Norte. Las dos naciones hermanas, aunque aliadas en unas ocasiones, en otras eran enemigas hasta el punto de hacerse la guerra. Con el tiempo, las diez tribus del Norte fueron transportadas en cautiverio a Asiria. Luego, más de cien años después, la casa de Judá, en el Sur, fue llevada cautiva a Babilonia.

Al contrario de lo que suponen algunos, los israelitas nunca volvieron a ser una nación unida después de aquella separación histórica. Esto se desprende fácilmente de la profecía de Ezequiel sobre la reunión de las dos naciones en una. Dios declaró: “Los haré una nación en la Tierra, en los montes de Israel, y un rey será a todos ellos por rey; y nunca más serán dos naciones, ni nunca más serán divididos en dos reinos” (Ezequiel 37:22). ¿Cuándo serán una nación? Esto no ocurrirá hasta que resucite David para reinar sobre ellos (v. 24). Entonces, dice el Eterno: “Haré con ellos pacto de paz… y pondré mi santuario entre ellos para siempre” (v. 26).

Aunque toda persona en el mundo sabe quiénes son los judíos, muy pocos saben que la identidad de José, hermano de Judá, y la de sus hijos Efraín y Manasés, es crucial para comprender lo que está sucediendo en el mundo. El Mundo de Mañana tiene la misión de predicar las buenas noticias, el verdadero evangelio de Jesucristo. Esto significa proclamar el venidero Reino de Dios, que gobernará en el mundo entero; así como advertir a todas las naciones israelitas, y al mundo en general, lo que sucederá pronto, si la humanidad no cambia su proceder. Solamente quienes tienen la clave de las profecías para el tiempo del fin, podrán comprender lo que le está ocurriendo al mundo. No dejen de leer El Mundo de Mañana, para saber lo que ocurrirá con certeza en el futuro cercano.

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