Vencer las malas ideas

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Cuando los hijos crecen, se hace imposible protegerlos de las malas enseñanzas. ¿Cómo ayudarles a prepararse?

En los últimos 6.000 años, a la humanidad se le han ocurrido incontables ideas erróneas. Como padres y madres, deseamos evitar que nuestros hijos sean expuestos a ellas. No obstante, reconocemos que, tarde o temprano, los chicos van a oír una mala idea, algo en favor del ateísmo, algo en contra de los diez mandamientos, o en favor del movimiento LGBT… la lista, lamentablemente, es interminable.

Desde la primera infancia, es preciso limitar el acceso de los hijos a esos temas. Esto significa, en general, escoger con mucho cuidado nuestras amistades y medios de entretenimiento. Los niños tienen que aprender a aceptar cuando sus padres les niegan el permiso de ver cierta película, o de jugar con ciertos amiguitos con la simple explicación: “Porque yo lo digo”. Todavía tendrán que vérselas con ideas erróneas, pero el objetivo es que no se dejen atiborrar desde muy temprana edad.

Al ir creciendo, la respuesta: “Porque yo lo digo”, sin ninguna explicación, puede ser una tentación para que el adolescente explore esas malas ideas a espaldas de sus padres. Por lo tanto, tenemos la obligación de enseñarles, cuando ya están más grandecitos, por qué una idea es mala.

Afrontar la maldad

Esto lo viví el año pasado, cuando mi hijo mayor llegó del colegio con los textos para su segundo año de la escuela secundaria. El maestro había asignado un libro escrito por un historiador comunista, y se puede argumentar con cierta razón que, en la larga historia de las malas ideas, el comunismo es una de las peores que la humanidad ha explorado.

Mi primera reacción fue de furia e indignación. Como mi especialidad era la historia, pensaba que este historiador comunista, en particular, estaba tan desacreditado que jamás podría ocupar un puesto de honor, cualquiera que fuera. Decidí hablar de mis objeciones con el superintendente escolar, y mi esposa y yo consideramos si debíamos pedir que pusieran al muchacho con otro maestro de historia.

Pero mi hijo era adolescente. Aunque todavía era posible imponerme con la autoridad de: “Porque yo lo digo”, aproveché la oportunidad de comenzar con él una conversación sobre temas de historia. La conversación duró un año. Hablamos de la enseñanza, y le expresé mis inquietudes, pero también tracé un plan para manejar el libro del historiador comunista. Mi hijo optó por continuar en la clase, e incluso expresó interés en aprender a refutar las ideas comunistas.

Conseguí un ejemplar del libro cuestionado, y lo leí con mi hijo cada vez que tenía que usarlo para una tarea. El libro era tan malo como se decía, presentaba injustamente a ciertos personajes históricos como nefastos, al capitalismo como un vicio irremediable, y a los Estados Unidos como la peor nación en la historia de la humanidad. Ojalá, mis hijos jamás estuvieran expuestos a esas ideas, pero allí están, al alcance de todos, junto con muchas más.

Al leer el libro juntos, hablamos de la razón por las que eran erróneas las ideas del autor. En este caso, se trató muchas veces de señalar que el libro hacía resaltar solamente las imperfecciones de ciertos personajes históricos, de los Estados Unidos y del capitalismo. A veces las imperfecciones eran totalmente fabricadas, otras veces eran reales, pero se presentaban a la vez que se excluía todo lo que pudiera ser positivo; y lo que es peor, se presentaban como únicas en la historia, en vez de compararlas con las imperfecciones de otros países con gobiernos y sistemas económicos diferentes. Sobra decir que el autor jamás mencionó las atrocidades cometidas por los regímenes comunistas, en lugares como China, Cuba y la Unión Soviética.

Confío en que los lectores sepan lo errónea que es la ideología comunista, basta analizar los resultados que ha producido; pero el punto aquí es que nosotros, como padres, debemos aceptar el reto de ayudar a nuestros hijos a analizar las ideas erróneas, especialmente cuando ellos se van convirtiendo en adolescentes y adultos jóvenes. La Biblia dice que los padres deben repetir y hablar de los caminos de Dios con sus hijos (Deuteronomio 6:6-9).

Debemos resaltar que se han sostenido muchas ideas contrarias a la Biblia y a Dios, ¡y se han desmentido! Una forma sencilla de mostrar la supremacía de la Biblia sobre las malas ideas, es demostrar el fruto de esas malas ideas, ya sea comunismo, ateísmo, el movimiento LGBT o cualquiera otra de las tantas que la humanidad ha probado.

Encontrar lo bueno

Muchos padres se sienten incapaces de argumentar sobre la amplia variedad de ideas erróneas que el mundo presenta. A mí, personalmente, me encanta la historia, y la he estudiado toda mi vida. Pero hay otra mala idea que no he estudiado en profundidad: La macroevolución. Mis hijos han estado expuestos a ella en el colegio, y yo carezco de los conocimientos y la formación científica para refutar con facilidad todos los argumentos que se aducen para apoyarla. Felizmente, los padres y madres no tenemos que llevar la carga de ser los únicos proveedores de buenas ideas. Efectivamente, esta es una razón por la que Dios instituyó a su Iglesia:

“Él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la Cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor” (Efesios 4:11-16).

La lucha contra las malas ideas debe ir acompañada por la defensa de las buenas ideas. En nuestra actual era laica, puede ser muy difícil pensar en términos bíblicos sobre algún tema, y los padres debemos estar atentos a recursos que podemos brindar a nuestros hijos. Los lectores de El Mundo de Mañana pueden consultar decenas de folletos gratuitos que abarcan variedad de temas. Aunque no estudio la evolución con alguna regularidad, sí pude darles a mis hijos el folleto titulado: Evolución o creación ¿Qué omiten ambas teorías? Para ayudarles a entender los problemas que encierra esa idea errónea. Otros folletos reafirman las buenas ideas, y conformes a la mentalidad de Dios; por ejemplo, por qué la Biblia es la Palabra inspirada de Dios, cómo tener un matrimonio como Dios manda, por qué los diez mandamientos son esenciales en nuestra vida, y muchos temas más. No es necesario ser experto en todo: ¡Los buenos recursos nos ayudan a fortalecer a los jóvenes contra las ideas erróneas!

Por último, no olvidemos el método fundamental de ayudar a nuestros hijos a rechazar las ideas erróneas: Estudiar la Biblia con ellos. Al leer la Biblia con nuestros hijos, los exponemos a la Palabra de Dios, fuente de la verdad (Juan 17:17). La Biblia, al igual que los padres, a veces nos dice que hagamos algo, aunque no entendamos la razón. En toda la ley de Dios, Dios les recuerda a los israelitas: “Yo soy el Eterno”, y esto en cierta forma es la máxima forma de: “Porque yo lo digo”. Y nosotros, al igual que nuestros hijos, tenemos que aceptar cuando Dios simplemente lo dice.

Sin embargo, Dios nos invita con frecuencia a contemplar las maravillas de su ley, y a comprender lo que hace. El rey David suplicó humildemente a su Creador: “Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley” (Salmos 119:18). Y el propio Jesucristo dijo: “Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer” (Juan 15:15). La Biblia es el máximo recurso que podemos emplear para refutar las malas ideas, y afirmarnos en los caminos de Dios.

Quizá desearíamos proteger a nuestros hijos eternamente contra las ideas erróneas, pero a medida que crecen, nuestras obligaciones como padres y madres van cambiando. Las ideas erróneas llegarán, e intentarán influir en su mente, así que procuremos aprovechar toda oportunidad para ayudarles a aprender a refutarlas. Cuando los padres demuestran la manera de pensar conforme a la Biblia, dan a sus hijos ejemplos valiosos de cómo se acoge la verdad, y se rechazan las ideas erróneas. [MM]

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