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La gran mayoría de quienes se declaran cristianos creen que Jesucristo fue crucificado el viernes, y que resucitó el domingo por la mañana. ¿Acaso lo han demostrado con la Biblia? Es más, deberían hacerlo. Al fin y al cabo, casi todo el mundo lo cree, porque suponen que la mayoría siempre está en lo correcto… además, creen en la tradición del viernes santo y el domingo de resurrección. Y si creen, ¿por qué lo creen? ¿Por ser lo que siempre les enseñaron? Además, dan por un hecho que los ministros religiosos no se equivocan en estas cosas… ¿verdad?
¿Y si les dijéramos que esta tradición está completamente errada, que Jesús no fue crucificado un viernes, y que no resucitó un domingo por la mañana? ¿Y si les ofreciéramos comprobarlo en las páginas de la Biblia? Posiblemente nos contestarían: “¿Qué más da cuándo murió o cuándo resucitó?”. Dirán algunos: “Lo importante es creer en Él. ¿Qué importa cuándo sucediera?”
Importa mucho, y por una razón que tiene más peso de lo que muchos se imaginan. Este artículo es para quienes creen que la Biblia tiene prioridad sobre la tradición. ¿Estamos entre ellos? En tal caso, ¿realmente deseamos saber la verdad? Y, sabiéndola, ¿qué haremos? ¿Acaso somos de quienes tropiezan con la verdad, se levantan, se quitan el polvo y siguen alegremente su camino, sin haber cambiado?
En El Mundo de Mañana solemos decir: No nos crean solo porque lo decimos. ¡Créanos porque lo pueden leer personalmente en las páginas de su Biblia! Abramos, entonces, la Biblia, y sigamos leyendo para descubrir la verdad que siempre ha estado allí. Y descubramos por qué este tema es de importancia vital.
A veces es fácil descartar una verdad incómoda levantando los hombros, y decimos: “¿Qué más da?”. Si el asunto no trae consecuencias, quizá dé más o menos lo mismo, pero cuando se trata de la Biblia, y de la vida eterna, la verdad es de primera importancia. La verdad lo cambia todo, por una razón que quedará muy clara.
Los fariseos, en tiempos de Jesús, le reñían constantemente; celosos porque no seguía las tradiciones farisaicas ideadas por los hombres. Criticaban sus doctrinas y aun las ridiculizaban. Las personas con quienes andaba les parecían inaceptables. Condenaban a sus discípulos por comer un poco de grano el sábado, mientras atravesaban un sembrado. Lo censuraban por sanar a un enfermo el sábado.
Llama la atención ver que tantas personas se suman a los fariseos en contra de Jesús. No se dan cuenta, ¿pero no es eso precisamente lo que hacen cuando erróneamente creen que Jesús transgredía el sábado… y que esto justifica descartar el sábado y la necesidad de guardarlo? Pero reflexionemos: ¿Podía Jesús ser nuestro Salvador si hubiera transgredido aunque fuera uno de los diez mandamientos? En las Escrituras leemos: “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley” (1 Juan 3:4). ¡Pero Jesús jamás pecó!
Los fariseos criticaban a los discípulos de Jesús cuando no seguían el rito de lavarse las manos, como mandaba una tradición de sus ancianos. “Respondiendo Él, les dijo: ¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?” (Mateo 15:3). Después de mostrarles cómo incumplían abiertamente el mandamiento de honrar a los padres, prosiguió: “Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición. Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres” (vs. 6-9). ¿No es lo que hacen ahora quienes se declaran cristianos, sustituyendo la ley de Dios por las tradiciones? ¡Por supuesto que lo hacen, como veremos respecto de la crucifixión y resurrección de Jesús! En cierta ocasión, los fariseos contendieron con Él, exigiendo:
“Maestro, deseamos ver de ti señal. Él respondió y les dijo: La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la Tierra tres días y tres noches” (Mateo 12:38-40).
De acuerdo con Jesús, la única señal qué daría para probar sin lugar a dudas que era el Mesías, era que habría de permanecer en el sepulcro el mismo tiempo que estuvo Jonás en el vientre del gran pez: tres días y tres noches. Ahora, por muchas vueltas que le demos, no vamos a encontrar tres días y tres noches entre la tarde del viernes y la mañana del domingo. ¿Lo habremos intentado alguna vez?
La obra: The Abingdon Bible Commentary, afirma directamente que Jesús se equivocó: “La aserción que hizo es inexacta, ya que Jesús estuvo en el sepulcro solamente desde la tarde del viernes hasta la mañana del domingo” (1957, pág. 976). Si esta era la única señal que Jesús dio para mostrar que era el Mesías, y si se equivocó en esto, ¿qué conclusión nos queda? ¡Es un problema grave!
Otros aseguran que la expresión griega empleada en este versículo significa simplemente un “día/noche”, o un solo día de 24 horas, y que los días primero y tercero solo tienen que ser una parte de un “día/noche”. Sin embargo, esto es polémico en el mejor de los casos; y la verdad es que la expresión “tres días y tres noches” no depende del griego exclusivamente. Observemos que el hebreo dice: “Estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches” (Jonás 1:17).
¡Lo que está en juego aquí es la validez de Jesús como nuestro Salvador! Porque no proclamó que estaría en el sepulcro durante un lapso de tiempo indefinido. No: Insistió en un lapso muy específico, confirmado tanto en el griego como en el hebreo. ¿Acaso se equivocó en cuanto a la duración de ese lapso?
Nunca se equivocó. Sabía lo que decía, y la Biblia revela que lo predicho ocurrió precisamente como dijo que ocurriría. El error está en las tradiciones humanas que se han transmitido de generación en generación.
La Biblia revela que Jesús fue depositado en la tumba cerca del ocaso en un día que era de preparación para un sábado: “José, de Arimatea… fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Bajándolo de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo puso en un sepulcro… Era día de la preparación y estaba para comenzar el sábado” (Lucas 23:50, 52-54, RV 1995). Quienes piensan en esto dan por sentado que está hablando del día de reposo o sábado semanal, pero es una suposición errada, como veremos.
El malentendido existe porque el cristianismo tradicional ha rechazado los días santos que Dios estableció en su Palabra, reemplazándolos con prácticas paganas. Esto ha conducido a un estado de ignorancia respecto de algunas prácticas fundamentales del Nuevo Testamento. A la Pascua la llaman la “Pascua judía”, pero Jesús y sus seguidores la guardaban (Hechos 20:6; 1 Corintios 5:7-8). Y lo que muchos llaman “la Cena del Señor” en realidad era la Pascua.
“Llegó el día de los Panes sin Levadura, en el cual era necesario sacrificar el cordero de la Pascua. Y Jesús envió a Pedro y a Juan, diciendo: Id, preparadnos la Pascua para que la comamos… Y decid al padre de familia de esa casa: El Maestro te dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la Pascua con mis discípulos?… Fueron, pues, y hallaron como les había dicho; y prepararon la Pascua… Cuando era la hora, se sentó a la mesa, y con él los apóstoles. Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta Pascua antes que padezca!” (Lucas 22:7-8, 11, 13-15).
La mayoría de las personas saben algo sobre la Pascua, pero pocas parecen conocer la Fiesta que le sigue, Fiesta que es clave para poder comprender el tiempo que estuvo Jesús en la sepultura. Las Escrituras revelan lo siguiente:
“Estas son las fiestas solemnes del Eterno, las convocaciones santas, a las cuales convocaréis en sus tiempos: En el mes primero, a los catorce del mes, entre las dos tardes, Pascua es del Eterno. Y a los quince días de este mes es la Fiesta solemne de los Panes Sin Levadura al Eterno; siete días comeréis panes sin levadura. El primer día tendréis santa convocación; ningún trabajo de siervos haréis” (Levítico 23:4-7).
Vemos que el día que sigue a la Pascua es un día santo de gran solemnidad, un sábado anual en el que no debe hacerse “trabajo de siervos”. Cuando Jesús guardó la Pascua con sus discípulos, lo hizo poco después del ocaso al comenzar el día 14 del mes en el calendario hebreo. Cuando se puso el Sol al día siguiente, dando comienzo al día 15, comenzó un sábado anual, no semanal. Por lo tanto, el 14 era lo que se llamaba un día de preparación. Observemos lo que dice Juan: “Entonces los judíos, por cuanto era la preparación de la Pascua, a fin de que los cuerpos no quedaran en la cruz el sábado (pues aquel sábado era de gran solemnidad), rogaron a Pilato que se les quebraran las piernas, y fueran quitados de allí” (Juan 19:31, RV 1995).
La mayoría de los comentaristas, fieles a la tradición y no a la Biblia, nos dicen que el sábado semanal y el sábado anual cayeron en el mismo día ese año: un sábado, pero no señalan lo que sería una contradicción bíblica importante si eso fuera así. Si creemos la Biblia, esa semana hubo dos sábados: el primer día de la Fiesta de los Panes Sin Levadura (un sábado anual “de gran solemnidad”), y el sábado semanal o séptimo día. Esta no es solo la única explicación que tiene sentido, ¡sino la única que demuestra que Jesús era quien decía ser!
Muerto Jesús alrededor de las tres de la tarde, José de Arimatea fue donde Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Juan nos dice que le ayudó Nicodemo y que juntos, cuando Pilato hubo confirmado que Jesús estaba muerto, tomaron el cuerpo y lo llevaron al sepulcro, llevando también unos 45 kilos de especias; y allí prepararon el cuerpo y cerraron la tumba (Juan 19:38-42). Todo esto tomó tiempo, en consecuencia, el sábado solemne (el sábado anual del primer día de la Fiesta) estaba por comenzar. “Era día de la preparación y estaba para comenzar el sábado. Las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea lo siguieron y vieron el sepulcro y cómo fue puesto su cuerpo. Al regresar, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el sábado, conforme al mandamiento” (Lucas 23:54-56, RV 1995).
Habría sido imposible que las mujeres tuvieran tiempo de regresar a su casa y preparar las especias antes del sábado, ya que iba a comenzar muy pronto. Tampoco podían preparar las especias antes de comprarlas y Marcos 16:1 nos dice: “Cuando pasó el sábado, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirlo”. Comparando estos dos pasajes, es obvio que hubo dos días de reposo, o sábados, y un día corriente entre ellos. Las mujeres observaron dónde se depositó el cuerpo, regresaron a casa para guardar el sábado anual solemne; luego, después de ese sábado, salieron a comprar y preparar especias antes de descansar en el sábado semanal. Cuando volvieron al sepulcro a la madrugada, el primer día de la semana, el cuerpo de Jesús ya no estaba.
Jesús estuvo sepultado exactamente tres días y tres noches, tal como lo predijo, habría resucitado a la misma hora en que fue depositado en la tumba. Sabemos que el cuerpo se depositó en la tumba cuando se ponía el Sol y que, cuando las mujeres llegaron a ungir el cuerpo muy de madrugada en el primer día de la semana, lo que nosotros llamamos la madrugada del domingo, ya no estaba. Contando para atrás tres días y tres noches desde el ocaso del sábado, llegamos al miércoles. Ahora puntualicemos esto armonizando los dos sábados.
Jesús guardó la Pascua con sus discípulos luego del atardecer del martes. Esa misma noche, siendo ya miércoles, fue detenido y sometido a un juicio ilegal, y el miércoles alrededor de las 9:00 de la mañana, lo llevaron a crucificar. Murió aproximadamente a las 3:00 de la tarde y fue depositado en la tumba ya muy avanzada la tarde del miércoles. Cuando se puso el Sol ese miércoles, esto dio comienzo al día de guardar que era el primer día de los Panes Sin Levadura, el sábado solemne. La noche después del miércoles, y la parte diurna del jueves, contaron la primera noche y el primer día. La noche después del jueves y la parte diurna del viernes (día de trabajo corriente) fueron la segunda noche y día. La noche después del viernes y la parte diurna del sábado (el sábado semanal), formaron la tercera noche y tercer día. Esta es la única manera posible de reconciliar Lucas 23:54-56 y Marcos 16:1. Tenía que haber dos sábados. ¡Y esta es la única forma de que se cumpla la señal dada por Jesús, para comprobar su identidad como el Mesías, Salvador del mundo!
Algunos señalan Marcos 16:9 para argumentar que Jesús resucitó el domingo por la mañana: “Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios”. Sin embargo, una resurrección el domingo por la mañana contradice otros pasajes. Entonces ¿qué pensar de esto? ¿Hay contradicción en las Escrituras? (ver Juan 10:35).
Muchos ignoran que los escritos originales del Nuevo Testamento carecían de puntuación. Ni siquiera había espacios entre las palabras, sino que iban pegadas unas a otras. Esto es un problema para los traductores y, si bien la puntuación añadida generalmente sirve para aclarar, a veces la parcialidad de los traductores genera un gran problema, como sucede en este caso. Guiados por sus ideas preconcebidas, colocaron una coma después de “el primer día de la semana”, pero sería igualmente correcto ponerla después de “Jesús”, lo que daría el texto la siguiente lectura: “Habiendo, pues, resucitado Jesús, por la mañana el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena…” Así, lo que se resalta no es cuándo resucitó, sino cuándo se le apareció a María.
Son pocas las personas que se detienen a preguntar por qué hacen lo que hacen, sobre todo cuando se trata de observancias religiosas. Siendo así, hagamos algunas preguntas sobre las tradiciones que rodean toda la temporada del domingo de resurrección. ¿Dónde en la Biblia encontramos algo llamado “cuaresma”? ¿Dónde encontramos algo sobre abstenerse de comer carne (salvo pescado) los viernes de cuaresma? (1 Timoteo 4:1-3) ¿Qué conexión hay entre la resurrección y el domingo de resurrección? ¿Dónde hallamos símbolos de fertilidad como conejos y huevos en las Escrituras? ¿Qué tienen que ver todas estas cosas con Jesucristo?
La Biblia nos exhorta: “Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21). A punto de entrar en la tierra prometida, la nación de Israel recibió las siguientes instrucciones:
“Cuando el Eterno tu Dios haya destruido delante de ti las naciones adonde tú vas a poseerlas, y las heredes, y habites su tierra, guárdate que no tropieces yendo en pos de ellas, después que sean destruidas delante de ti; no preguntes acerca de sus dioses, diciendo: De la manera que servían aquellas naciones a sus dioses, yo también les serviré. No harás así al Eterno tu Dios; porque toda cosa abominable que el Eterno aborrece, hicieron ellos a sus dioses; pues aun a sus hijos y a sus hijas quemaban en el fuego a sus dioses. Cuidarás de hacer todo lo que yo te mando; no añadirás a ello, ni de ello quitarás” (Deuteronomio 12:29- 32).
¿Acaso es esta una exhortación anticuada? Por supuesto que no, si creemos que “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8). [MM]