La realidad del ABORTO - Segunda parte

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El número de personas que comprenden la verdad sobre el aborto va en aumento. ¿Habrá esperanza para quienes ya cometieron el error de practicarse un aborto?

En la última edición de El Mundo de Mañana, exploramos algunos de los temas complejos que rodean al aborto. Leímos sobre los doctores Bernard Nathanson, Lawrence Lader y otros que practicaban abortos a quienes los solicitaban en los Estados Unidos y otros países. Leímos la confesión del doctor Nathanson y vimos cómo él y otros dieron a los medios de difusión estadísticas infladas sobre el número de abortos ilegales y de muertes con el fin de despertar sentimientos de compasión hacia el aborto permisivo. Vimos cómo los medios distorsionan la verdad, suprimiendo el hecho de que un alto porcentaje de estadounidenses se oponen al aborto. Lo anterior resulta especialmente cierto para los milenials (personas entre los 18 y 25 años de edad), pero esto no se sabría si juzgáramos por las versiones parcializadas que suelen aparecer en los medios.

También aprendimos que algunos de los defensores más acalorados del aborto cambiaron de bando para convertirse en líderes del movimiento antiaborto. Entre ellos se contaron el doctor Nathanson y Norma McCorvey, protagonista del caso Roe contra Wade en el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, que culminó con la legalización del aborto en dicho país. Carol Everett, quien fue administradora de cinco clínicas de aborto, ahora habla contra esa industria; mientras que el doctor Anthony Levatino, antes médico abortista, también cambió de bando.

Hemos señalado también que el ánimo de lucro es un factor que mueve a la industria del aborto, pero también lo es la motivación errada, pero igualmente importante, de pensar que se está ayudando a las mujeres. De igual modo, el sesgo contra Dios y contra la gente religiosa contribuye a una visión distorsionada del mundo.

Antes de explorar este tema en mayor detalle, deseo recordar a los lectores que ni este artículo ni el anterior buscan condenar a nadie. Nuestro ánimo es impartir conocimientos y mostrar que hay una esperanza. Sin embargo, estaría mal de nuestra parte decir que los abortistas, las que se han hecho abortos y los que respaldan la práctica, o guardan silencio cuando deberían hablar, carecen de culpa delante de Dios. ¡El aborto es asesinato! Pero aun el asesinato tiene perdón, y hay esperanza y liberación de la culpabilidad, como veremos más adelante en el artículo.

Cambio de bando

Ahondemos un poco más en las historias de hombres y mujeres que antes estaban a favor del aborto, pero que despertaron y ahora se oponen. Y veremos que hay esperanza, tanto para los abortistas como para quienes han tomado una decisión que más tarde lamentaron, fuera esta la de practicar abortos, someterse a un aborto o animar a otra persona a hacerlo. Las historias de quienes pasaron de quitar vidas a salvar vidas son diferentes, pero todas son muy reveladoras.

Linda Couri tuvo un aborto a la edad de 24 años y sintió alivio al ver desaparecer su problema… según pensó. Después trabajó para una entidad que practicaba abortos, convencida de que aconsejar a las mujeres jóvenes era un acto de compasión. Sin embargo, cuando una joven de 16 años le preguntó asustada: “¿Es un bebé?”, sintió una lucha interior. ¿Debía decir la verdad: “Desde luego que es un bebé” (palabras de ella), o debía darle una respuesta que era verdadera pero equívoca: “es el producto de la concepción”? Dio la respuesta fácil, pero luego tuvo que acudir a una colega que le asegurara que procedió bien. La lucha interior continuaba. Otros incidentes la hicieron sentirse más culpable, y once años después de su propio aborto, comprendió que había cometido un terrible error.

El doctor Anthony Levatino era copropietario de lo que en un tiempo fue la única clínica de ginecología y obstetricia en una amplia zona del estado de Nueva York, que practicaba abortos de dilatación y evacuación en el segundo trimestre de embarazo. Su despertar llegó cuando un carro chocó y mató a su hija adoptiva. Esa terrible tragedia lo despertó. Hizo la conexión entre su trabajo en la clínica y el valor de una vida humana. Comprendiendo que iba por el camino equivocado, lo abandonó.

Estas historias, y las de otras personas, parecen tener ciertas cosas en común. Por ejemplo, la visión que tenían estas personas de que el aborto era producto de su cultura y su medio. En la primera parte de este artículo cité la explicación dada por Levatino: “Todo el mundo en la industria del aborto cree que quienes participan en el movimiento provida están chiflados. Lo sé porque CNN me lo dice y ellos jamás mentirían”.

Muchos también se engañan creyendo que lo que hacen es un acto de compasión. ProLifeAction.org publicó el testimonio de Levatino al respecto:

“He oído a otros obstetras decir: ‘En realidad yo no soy proaborto, sino promujer’. ¿Cuántas veces hemos oído esto? Los grupos de mujeres en este país no están solos, pero han logrado vender entre la población la idea de que acabar con una vida es estar a favor de la mujer. Muchos obstetras se valen de esa justificación consigo mismos, y yo puedo asegurar que muchos lo creen. Yo lo creía. No es difícil convencerse de ello”.

Linda Couri también tuvo esa visión. Quizás aborrecemos la destrucción de la vida humana en el vientre, pero debemos entender que muchos participan en esa actividad como rutina y, sin embargo, logran conciliar el sueño. Desde la niñez fue formada bajo una fuerte ideología secular. Es instructivo leer cómo la señora Couri describió sus primeros conceptos en una conferencia en el año 2012 que se llamó: CONVERTIDOS: De proveedora de abortos a activista provida:

“De joven valoraba la libertad por encima de todo… Y también veía la religión, especialmente el cristianismo… como algo verdaderamente cruel e idiota. Veía a la gente religiosa como sentenciosa, aburrida, superficial y antiintelectual. Para nada quería ser como esa gente. Me parecía digna de lástima Por eso ni siquiera quería considerar sus opiniones. Para mí, la gente religiosa no parecía sentirse parte de lo que yo consideraba el mundo real. Los religiosos vivían en una especie de mundo fantasioso. No solamente los que eran provida, sino que, para mí, toda le gente religiosa estaba chiflada. Ese es el principio de la mentalidad que tenía”.

Otra desertora

La doctora Kathi Aultman testificó el 15 de marzo del 2016 contra el aborto ante un comité judicial del Senado de los Estados Unidos. La doctora Aultman no siempre estuvo opuesta al aborto. Practicaba abortos en el primero y segundo trimestres y ella misma se sometió a uno. Llegó a ese medio con un concepto similar al de Linda Couri. El siguiente es su testimonio:

“Cuando entré en la escuela de medicina pensaba que la posibilidad del aborto para quienes lo pidieran era cuestión de derechos de la mujer. Me parecía que una mujer debía poder controlar su cuerpo y no estar obligada a dar a luz a un hijo al que no deseaba. Mi entrega a los temas de la mujer se reforzó al conocer la discriminación, en esa época en la facultad y las residencias de medicina, y al conocer también la suerte de las mujeres indigentes a quienes atendíamos en nuestro programa. También me parecía mal traer niños indeseados a un mundo sobrepoblado donde probablemente sufrirían de descuido o maltrato”.

Prosiguió, explicando al comité cómo recibió capacitación en el método de dilatación y evacuación en intervenciones durante el segundo trimestre. Explicó: “Se aplasta el feto y se retira en trozos”. Para aclarar plenamente lo que siguió en su testimonio, me remito a la primera parte de este artículo, donde incluí una cita de BabyCentre, sitio popular en el Reino Unido donde se describe, semana a semana, el desarrollo desde la concepción hasta el nacimiento. Lo siguiente es el inciso para la semana 10:

“¡Ahora tu bebé es oficialmente un feto! Está listo para crecer y su tamaño aumentará a más del doble en las próximas tres semanas. Ya está tragando y pateando y todos sus órganos principales están completamente desarrollados. También están apareciendo detalles más pequeños, como las uñas y una pelusa en la cabeza. Empiezan a verse los órganos sexuales de tu bebé. El ultrasonido que te harán pronto, quizá te diga si vas a tener un niño o una niña” (Your Pregnancy at 10 Weeks, BabyCentre.co.uk, noviembre del 2016).

La décima semana sigue siendo el primer trimestre. Por lo tanto, cuando la doctora Aultman habla del segundo trimestre, está tratando con un niño cuyos órganos principales ya están completamente desarrollados. Su testimonio ante el Senado continuó así:

“Después de cada procedimiento, debía examinar atentamente el tejido para dar cuenta de todas las partes del cuerpo, y estar segura de que no quedara nada que pudiera causar infección o hemorragia. Me sentí fascinada por la perfección de los diminutos intestinos, riñones y demás órganos y me agradaba mirar sus asombrosos detalles celulares bajo el microscopio. Comprendo que es difícil imaginar que alguien pueda hacer esto de un modo tan distendido, pero por mi formación y capacitación un feto humano no me parecía diferente de los embriones de pollo que había disecado en la universidad. Podía observarlos con un interés estrictamente científico carente de las emociones que normalmente tendría al mirar a un niño. No era descorazonada, sino que había aprendido a separar estas cosas. Si llegaba una mujer con un aborto espontáneo o con un niño nacido muerto y había deseado llevarlo a término, me compadecía de ella y sentía su dolor. La diferencia, en mi mente, radicaba en que el niño fuera deseado o no”.

Sin embargo, la doctora Aultman, como muchas otras personas, tuvo una crisis de conciencia: “Personalmente no sentí ninguna inquietud ni remordimiento por haberme hecho un aborto hasta que nació mi primer hijo. Fue entonces cuando sentí pena por el niño que habría podido ser”. Citó tres incidentes luego del nacimiento de su hijo que la hicieron ver la relación entre un feto y un niño. Solo entonces llegó a valorar la vida humana en cuestión.

Estos ejemplos no son aislados. La doctora Aultman testificó: “Descubrí más tarde que pocos médicos pueden practicar abortos por mucho tiempo… Aunque muchas personas ven un aborto como la simple eliminación de un tejido, el abortista sabe exactamente lo que está haciendo, porque está obligado a contar las partes del cuerpo después de cada procedimiento. Al final, se da cuenta de la verdad y, si tiene conciencia, no podrá continuar esta práctica”.

La generación de los milenials es el grupo más provida según varias encuestas, pero no están mirando el asunto desde una perspectiva religiosa. Gracias a la tecnología que nos permite ver el interior del vientre en las primeras etapas, han llegado, sin darse cuenta, a la misma conclusión de aquel rey de la antigüedad que alababa a Dios por la maravilla que es la vida: “Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien. No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron formadas, sin faltar una de ellas” (Salmos 139:13-16).

Afrontando el trauma

La Biblia no oculta los errores en la vida de sus héroes, sino que los expone con franqueza. Esas vidas nos revelan la mente de Dios y su compasión por nosotros. Hay dos personajes que se destacan como ejemplos del amor, la compasión y la voluntad de Dios; de aceptar a todo el que se arrepienta sinceramente de sus errores pasados. El primero es un hombre llamado Saulo, que persiguió con dureza a la Iglesia de Cristo recién formada.

Saulo, cuyo nombre fue cambiado más tarde a Pablo, confiesa qué clase de hombre fue antes de llegarle su momento de la verdad: “Encerré en cárceles a muchos de los santos, habiendo recibido poderes de los principales sacerdotes; y cuando los mataron, yo di mi voto. Y muchas veces, castigándolos en todas las sinagogas, los forcé a blasfemar; y enfurecido sobremanera contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades extranjeras” (Hechos 26:10-11). ¿Cuál fue el origen de la transformación que se manifestó en la vida de Saulo?

Camino a Damasco, Saulo vio una gran luz que lo derribó y lo dejó ciego tres días. Al cabo de ese tiempo, Dios envió a Ananías a orar por él e imponerle las manos: “Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado” (Hechos 9:18). Desde ese día, dejó de perseguir a la Iglesia y se convirtió en un siervo lleno de celo por Jesucristo.

El rey David de la antigua Israel fue otro que se destacó por los graves pecados que cometió. Cayó en adulterio y luego quiso encubrirlo con mentiras y muerte. Su momento de la verdad llegó cuando el profeta Natán lo confrontó por su vil comportamiento (2 Samuel 12).

David se dio cuenta de la gravedad de sus pecados, los confesó y se arrepintió profundamente. En el Salmo 51 leemos su oración de arrepentimiento delante de Dios. Reconoció que nada de lo que hiciera alteraría sus actos del pasado. Comprendiendo que los sacrificios y penitencias como modo de borrar el pasado no significaban nada para Dios, escribió: “Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; no quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Salmos 51:16-17).

David se dio cuenta de lo inútil que él era y que solamente Dios puede quitar la mancha del pecado. En otro de sus Salmos, lo expresa así: “Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien el Eterno no culpa de iniquidad” (Salmos 32:1-2).

Al concedernos el don de su Hijo, Dios abrió un camino claro para liberarnos de toda culpa por el pecado. Como bien lo explica el apóstol Pedro: “Fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Pedro1:18-19). Por su parte, el apóstol Juan nos dice: “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

Bernard Nathanson fue un instrumento principal en la venta de abortos permitidos en los Estados Unidos. Estaba en la planta baja, edificando un imperio financiero con una industria de asesinato; responsable directa o indirectamente, según su propio cálculo, por aproximadamente 75.000 diminutas vidas que se apagaron prematuramente. No obstante, pasó los últimos años de su vida procurando deshacer la decisión que tanto contribuyó a generar, decisión que, según confesó, se basó en mentiras y engaños que él mismo ayudó a difundir. Judío de formación, Nathanson se describió como un judío ateo. Fue un hombre golpeado por el sentimiento de culpabilidad, y diez años después de convertirse en abanderado contra el aborto, buscó el perdón dentro del cristianismo convencional.

Carol Everett, Norma McCorvey, Linda Couri y muchísimos más han visto la luz. A los doctores Nathanson, Levatino y Aultman les “cayeron de los ojos como escamas”. Muchas mujeres han llegado a lamentar sus decisiones del pasado. Muchos hombres también han lamentado su papel al presionar a las mujeres a destruir la vida que llevaban dentro. Haciendo de lado el aborto, es importante que todos reconozcamos nuestros propios pecados y que sepamos que hay un Dios lleno de amor y deseoso de perdonar.

Todos tomamos malas decisiones, pero lo más importante es qué hacemos cuando nos damos cuenta de nuestro error. Cuando Pablo comprendió que el rumbo que seguía era equivocado, se arrepintió y fue bautizado. La Biblia muestra que Dios borró su culpa por el pasado. Igualmente, el rey David, pese a sus pecados espantosos, se arrepintió y fue perdonado. Dios hará lo mismo por cualquiera de nosotros. Por muy horribles que hayan sido nuestras decisiones, ¡Dios perdonará si buscamos la solución suya!

Si usted desea alguna consejería, comuníquese con la oficina regional más cercana, cuyas direcciones se encuentran en la página 2 de esta revista, y lo pondremos en contacto con un ministro ordenado. No viva con un sentimiento de culpa, cuando la solución existe. Entérese del increíble futuro que Dios tiene reservado para usted. Ya sea que el aborto haya sido parte de su vida, o no, le ofrecemos dos recursos gratuitos que pueden resultarle útiles. Son dos folletos, titulados: ¿Es necesario el bautismo? y El misterio del destino humano. Recuerde que todas nuestras publicaciones las enviamos gratuitamente. [MM]

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