Resultado inesperado de la nueva ruta de la Seda de China

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Xi Jinping, presidente de la República Popular de China, desea restaurar la grandeza y asegurar el futuro de su nación reviviendo las antiguas rutas comerciales entre China y Occidente. Como uno de los líderes poderosos y futuristas en el mundo, el presidente Xi se propone prestar millones de millones de dólares para 900 proyectos de desarrollo en más de 60 países, a fin de facilitar el comercio mundial con China.


Xi Jinping, presidente de la República Popular de China, desea restaurar la grandeza y asegurar el futuro de su nación reviviendo las antiguas rutas comerciales entre China y Occidente. Como uno de los líderes poderosos y futuristas en el mundo, el presidente Xi se propone prestar millones de millones de dólares para 900 proyectos de desarrollo en más de 60 países, a fin de facilitar el comercio mundial con China. La iniciativa, nueva ruta de la Seda, financiará la construcción de puertos, oleoductos, centrales de energía, ferrocarriles y carreteras para transportar bienes entre Asia, África, el Oriente Medio, Europa y China. De esta inmensa empresa se ha dicho que es “el proyecto número uno bajo el cielo” (lowlyinstitute.org, 2 de septiembre del 2016).

Sin embargo, los planes mejor trazados de los hombres no siempre resultan como se pretendieron. El ambicioso plan del presidente Xi podría contribuir al cumplimiento de las profecías para el tiempo del fin.

Los verdaderos objetivos de la ruta de la Seda

Según fuentes chinas, el objetivo principal de tan extenso proyecto es dar comienzo a una edad dorada del comercio, reforzando la economía mundial y llevando los beneficios del modernismo a naciones menos desarrolladas. El presidente Xi espera que el plan “desencadene nuevas fuerzas económicas por el crecimiento mundial… a fin de que la humanidad se acerque más a un destino común. La nueva ruta de la Seda de China promete comercio y riquezas con el presidente Xi al timón” (Reuters, 15 de mayo del 2017). El presidente de Pakistán considera que el esfuerzo chino por fomentar la amistad y construir vías y puentes para promover el comercio en toda Asia traerá “una era realmente nueva de cooperación sinérgica intercontinental”, y el presidente chino predice que la iniciativa nueva ruta de la Seda “pavimentará el camino para una sociedad más inclusiva, igualitaria, justa, próspera y pacífica con desarrollo para todos” (World Development Forum, weforum.org/es, 26 de junio del 2017).

No obstante, analistas en la India, Japón, Europa, Rusia y los Estados Unidos tienen graves reservas. China, con su población aproximada de 1.400 millones, tiene una de las economías más grandes del planeta. Para mantener andando esa economía exige recursos masivos y los países de Asia Central a lo largo de la ruta de la Seda tienen depósitos inmensos de petróleo, gas y minerales que China necesita. Al prestar dinero a esas naciones para que construyan medios de transporte, los chinos ganan acceso y el posible control sobre esos recursos. Los préstamos, ofrecidos sin requisitos en materia de transparencia, democracia ni derechos humanos; suelen incluir el compromiso de emplear tecnología china, acero chino, ingenieros chinos y mano de obra china. Esto crea un mercado para la capacidad sobrante de las fábricas chinas y previene los despidos masivos en esos negocios, que son propiedad del estado. Entonces los países endeudados quedan más dispuestos a acceder a los intereses y exigencias chinas (“¿Es trampa u oportunidad el proyecto chino de la ruta de la Seda?” Al Jazeera, 17 de mayo del 2017).

Muchos observadores también vislumbran una atrevida estrategia geopolítica detrás del proyecto de la nueva ruta de la Seda. El presidente Xi está firmemente dedicado al sueño chino: Mejorar la vida de su pueblo y restaurar a China al lugar que le corresponde en el centro del escenario mundial. Se propone no solamente ampliar la economía china adquiriendo recursos y mercados para sus exportaciones, sino también modernizar la fuerza militar más grande del mundo con capacidad para “hacer valer el poderío de China en el exterior contra todos los competidores”. El presidente Xi también está empeñado en “revivir el nacionalismo y orgullo por la restauración de una China grande” (“Ved al nuevo emperador de China”. The Wall Street Journal, 17 de octubre del 2017). Todo esto pone nerviosas a las demás naciones de la región, que observan cómo China extiende su influencia mundial y profundiza el alcance de su moneda con préstamos y comercio (bloomberg.com, 15 de mayo del 2017). Los puertos y ferrocarriles de la nueva ruta de la Seda bien podrían utilizarse en un futuro para transportar fuerzas militares chinas a través de Asia (hindustantimes.com, 25 de mayo del 2017).

Desde hace siglos China se ha considerado a sí misma como el Reino Medio: el centro del mundo, merecedor de la deferencia de otras naciones a causa de su superioridad cultural. Desde una perspectiva china, se perdió ese alto estatus en el siglo XIX como resultado de la agresión de potencias extranjeras depredadoras, principalmente Gran Bretaña, Rusia, Japón y los Estados Unidos. Para un pueblo con historia de grandeza nacional, “la caída de China desde un estado de grandeza, los últimos 150 años de la gran humillación china, es una aberración, una profanación de la calidad especial de China y una ofensa personal a cada chino. Es preciso borrarla, y quienes la perpetraron merecen un castigo” (Zbigniew Brzezinski, El gran tablero de ajedrez, 1997, págs. 15, 158).

La comprensión de la historia china arroja luz sobre la razón de su empeño actual en recuperar lo que ve como su prominencia justa en el mundo: La razón de su decisión de no dejarse limitar ni retener por otras potencias, y la razón de su plan de crear islas artificiales fortificadas en al mar del Sur de China, y de construir vías férreas y carreteras por toda Asia Central. En el siglo XIX, Rusia y Gran Bretaña se disputaron el control de Asia Central por la teoría denominada el Gran Juego, según el cual quien controlara el Centro de Asia controlaría al mundo (Brzezinski, págs. 38-39). Hoy vemos desarrollarse un nuevo Gran Juego en la misma región del mundo, con un nuevo conjunto de competidores. Es un juego que tendrá repercusiones en los próximos años sobre el panorama mundial.

Antiguas profecías para el tiempo del fin

Muchos en nuestra era secular desconocen que las profecías bíblicas previeron desde hace mucho tiempo los escenarios que estamos viendo desarrollarse. Las Escrituras revelan que Dios guía el curso de la historia, que “multiplica las naciones y Él las destruye” (Job 12:23-24) y que “quita reyes, y pone reyes” (Daniel 2:21). China tiene una larga historia de dominio en Asia, pero esto comenzó a cambiar alrededor del año 1500 dc, cuando las naciones europeas empezaron a ejercer su poder en todo el globo. Con el tiempo, Gran Bretaña y los Estados Unidos llegaron a ser las potencias dominantes en el escenario mundial, cumpliendo una serie de profecías bíblicas muy específicas (solicite nuestro folleto gratuito: Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía). Sin embargo, esas mismas profecías advierten que las naciones israelitas perderán su predominio por alejarse de Dios (Levítico 26 y Deuteronomio 28) ¡precisamente lo que está ocurriendo!

La Biblia describe en los tiempos del fin un conflicto culminante entre las principales potencias de Europa, el Oriente Medio y Asia. El profeta Daniel escribió que en el tiempo del fin el Rey del Sur, una potencia árabe-musulmana, retará al Rey del Norte, una potencia europea relacionada con el antiguo Imperio Romano. Esta “bestia” europea se impondrá y pasará al Oriente Medio, “pero noticias del Oriente y del Norte lo atemorizarán” (Daniel 11:40-44). Oriente y Norte apuntan hacia China y Rusia. Aunque los intereses de China y Rusia se oponen en Asia Central, las sanciones occidentales podrían causarles un acercamiento (Deutsche Welle, 12 de mayo del 2017). En respuesta a la acción militar europea, un ejército gigantesco lanzará un ataque desde el oriente del río Éufrates. ¿Pasará por la nueva ruta de la Seda?. El ataque matará a la tercera parte de la humanidad (Apocalipsis 9:13-18). Más tarde, estos reyes del Oriente se juntarán en el Oriente Medio, en el valle de Megido (Armagedón), para una batalla final y culminante justo antes del regreso de Jesucristo (Apocalipsis 16:12-16). Si bien este no es el futuro que visualiza el presidente Xi para China y el mundo, es lo que el Dios del Cielo hará ocurrir en la Tierra (vea Isaías 46:8-11). La iniciativa de la nueva ruta de la Seda no traerá paz, prosperidad ni justicia; pero sí las traerá el Reino de Dios, que establecerá Jesucristo a su regreso [MM]

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