Cien años de la Declaración de Balfour

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La intervención británica en la historia del pueblo judío continúa afectando al mundo un siglo después.


La Declaración de Balfour, fechada el 2 de noviembre de 1917, fue el gran catalizador de un momento altamente decisivo en la historia universal: El regreso de los judíos a su patria después de casi 2.000 años de exilio.

En este centenario, detengámonos a pensar cómo y por qué vio la luz esta insólita declaración y, lo más importante, descubramos su estrecha asociación con el cumplimiento de la profecía bíblica.

Lord Arthur Balfour fue ministro de Relaciones Exteriores en el gabinete de guerra británico de David Lloyd George. Ambos eran sionistas comprometidos, que apoyaban las convicciones de Jaim Azriel Weizmann, el cabildero principal de los sionistas. Balfour se convenció de que, por varios motivos, era conveniente e interesaba tanto a los judíos como a Gran Bretaña que los judíos tuviesen una patria en la región conocida como Palestina.

¿Cómo se impulsó el sionismo?

Teodoro Herzl fue un periodista húngaro judío convencido de que no sería posible derrotar ni curar el antisemitismo. Solamente se podía evitar, por lo tanto, la única solución era que los judíos tuvieran su propio estado. Publicó un influyente libro: El estado judío en 1896, y en unión con Jaim Weizmann, fundaron la Organización Sionista Mundial. Su influencia fue creciendo con el tiempo. El impacto de la Primera Guerra Mundial aceleró notablemente el debate acerca de una patria judía, imprimiéndole mayor urgencia.

En junio de 1917 Balfour pidió que Lionel Walter Rothschild, jefe titular de la comunidad británica judía, y Jaim Weizmann, junto con sus colegas sionistas, generaran el primer borrador de una declaración para someter a la consideración del gabinete. Tras varios meses de sondear opiniones diversas y luego de redactar varios borradores cuidadosos, se logró y acordó una declaración final. Estas son las palabras exactas, que figuran en una carta dirigida por Balfour a lord Rothschild:

El Gobierno de su Majestad mira favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío, y pondrá sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo, entendiéndose claramente que nada se hará que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las actuales comunidades no judías en Palestina, ni los derechos y el estatus político que posean los judíos en cualquier otro país.

La declaración no hizo mención alguna de los derechos políticos de las comunidades árabes que ya existían en la región… omisión fatal que habría de contribuir a decenios de intensos conflictos en el Oriente Medio, conflictos que perduran hasta hoy. La búsqueda de una paz duradera prosigue. Nunca se consultó a los habitantes de la región de la Tierra Santa al redactar los borradores. En esa época Palestina era apenas reconocible como entidad separada, constituida principalmente por una región de baja Siria descuidada y con escasa población.

Como era de esperar, la reacción a la declaración fue mixta, pero tuvo el apoyo firme de Gran Bretaña, Estados Unidos y Francia. La reacción del Oriente Medio fue parca en un comienzo. Inglaterra, atrapada entre imperativos políticos opuestos, por momentos parecía simpatizar con las aspiraciones de los árabes de tener su propia patria en la misma región, en recompensa por su oposición a los turcos otomanos. El escenario estaba preparado para un resonante choque de intereses. Inexorablemente, se fue generando una oposición furiosa a medida que se acrecentaba el nacionalismo árabe al lado del nuevo nacionalismo judío.

La Conferencia de San Remo, Italia, en 1920, y el convenio de la Sociedad de Naciones en 1922, confirmaron el concepto de un mandato británico de gobernar Palestina, con base en la Declaración de Balfour, a partir de septiembre de 1923. Este mandato duró hasta el 14 de mayo de 1948, cuando se proclamó la creación del Estado de Israel, momento en el cual se reconoció la importancia de la Declaración de Balfour y Jaim Weizmann fue nombrado primer presidente de Israel.

Un dato poco conocido es que los Estados Unidos produjeron su propia versión de la Declaración de Balfour en septiembre de 1922, llamada la Resolución Lodge-Fish sobre Palestina. Su lenguaje era muy similar al de Balfour, pero incluía la frase: “y que los lugares santos y las construcciones y sitios religiosos en Palestina sean adecuadamente protegidos”.

Israel y la profecía bíblica

Un elemento importante de apoyo para la Declaración de Balfour provino del llamado sionismo cristiano, grupo convencido de que está profetizado el regreso de los judíos a la Tierra Santa antes del regreso de Jesucristo, y que es preciso respaldar ese regreso para que se cumplan las profecías. Las raíces de esta idea se remontan a la Reforma Protestante. Sin embargo, la verdad sobre el regreso de los judíos a la Tierra Santa será de proporciones épicas.

Dios dejó muy claro para las doce tribus de Israel que si desobedecían las condiciones de su pacto celebrado en el Sinaí, serían exiliados de la Tierra Prometida (ver Deuteronomio 28:58-64; 29:24-28). Y con el transcurso de los siglos esto fue lo que ocurrió.

¡Pero Dios es eternamente fiel! Y su fidelidad se extenderá a la totalidad de las doce tribus de Israel, no solamente a las dos, Judá y Benjamín, y su parte de los levitas; que están representadas por los judíos. Dios prometió que la totalidad de las doce tribus que están dispersas por el mundo regresarían a su tierra y se volverían a constituir como una sola nación bajo Dios, y además, que les daría un corazón obediente para recibir bendiciones aún mayores que antes (ver, por ejemplo, Deuteronomio 30:1-5; Jeremías 31:31-34). Estas profecías son para el futuro y se asocian con el regreso de Jesucristo (ver también Ezequiel 37:15-28).

Siendo así, ¿apoya la Biblia la idea de un regreso de los judíos a la Tierra Santa antes de la venida de Jesucristo? En el monte de los Olivos, Jesús pronunció su famosa profecía de Mateo 24, que ha de hacerse realidad antes de la segunda venida de Jesucristo (v. 3). En ella hay una enigmática referencia a la “abominación desoladora de que habló el profeta Daniel” (v. 15). Daniel hace dos referencias a esta “abominación desoladora” (Daniel 11:29-32; 12:7-13), que se asocia con la suspensión de los sacrificios diarios.

Para que esto ocurra en este tiempo, ¡es necesario que en primer lugar los sacrificios diarios comiencen! ¿Quién dará comienzo a estos sacrificios? Muy probablemente será el mismo grupo que tenía por tarea realizarlos antes: los sacerdotes levitas, que se encuentran entre la casa de Judá y que están, algunos de ellos, de regreso en su propia nación.

Este es solo uno de los hechos decisivos que un día señalarán el pronto cumplimiento de las profecías para el tiempo del fin, y con él, el final de la era y el comienzo de un mundo mejor bajo el gobierno de Jesucristo glorificado. Si usted desea aprender más, lo invitamos a pedir una copia de nuestro artículo reimpreso titulado: El Oriente Medio en profecía [MM]

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