La educación superior vista con sensatez

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Uno de los retos más grandes de los jóvenes y sus padres es qué hacer para continuar la educación después de la secundaria. Para la mayor parte de las familias la educación universitaria es sinónimo de dar el primer paso hacia el éxito en la vida. No es difícil encontrar estadísticas que reflejen el hecho de que los graduados universitarios tienen mayor probabilidad de conseguir empleo y de ganar más que los no universitarios.

Por otro lado, el costo de los estudios superiores ha subido enormemente en los últimos decenios. Si bien el título ayudará a conseguir empleo, también puede implicar una deuda que será una carga durante años. Este es el dilema que se presenta a los jóvenes y padres cuando se acerca la graduación en la secundaria.

¿Qué hacer?

Lo primero que se debe tener en cuenta es que Dios es el creador del conocimiento. ¡Él sabe todo lo que se puede saber de historia, matemáticas, ciencias, arte, música y tecnología! ¡Su conocimiento es infinito! (Salmos 147:5).

Dios no se opone al conocimiento ni al aprendizaje. Todo lo contrario: cuando le dijo al rey Salomón que pidiera lo que quisiera, Salomón eligió la sabiduría por encima de las riquezas, lo que agradó mucho a Dios (2 Crónicas 1:11-12).

No nos equivoquemos, Dios quiere que aprendamos, que adquiramos conocimiento, sabiduría y comprensión. Pero hay que pensar bien cómo acertar al dar los primeros pasos después de terminar los estudios secundarios. Muchos están descubriendo de nuevo el valor de las escuelas que enseñan oficios, mientras que otros prefieren ir a la universidad u otro centro de estudios superiores. Si estás pensando en la universidad, es importante tener en cuenta los siguientes principios:

Sensatez en la preparación

La mayor parte de los graduados del ciclo secundario desean matricularse en una universidad en los meses siguientes. Pero es importante señalar que la mitad de ellos tendrán que hacer cursos de preparación porque no están listos para el trabajo universitario. Si tú estudias con diligencia en el colegio, ya te sitúas en el camino de aprovechar mejor la experiencia universitaria. Pero hay otro elemento importante en la preparación.

Esto lo leemos en Proverbios 1:7, escrito por un hombre que fue estudiante excepcional: “El principio de la sabiduría es el temor del Eterno; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza”. Debemos probar todo lo que digan los profesores y pesarlo siempre con el temor de Dios, con respeto y reverencia por Él y sus caminos. Si dejamos que un profesor nos convenza de algo que contradice la Palabra de Dios, empezaremos a caer dentro de las brumas del conocimiento puramente humano, que siempre es cambiante y nunca es completamente seguro.

Sensatez en los gastos y sensatez al comparar

La universidad puede ser costosa. Y se ha hecho más costosa. Aun en las instituciones públicas el costo de los estudios universitarios ha subido enormemente. Como resultado, muchos estudiantes sacan préstamos para pagar sus estudios… y los préstamos son grandes. Muchos estudiantes y sus padres piensan que podrán pagar rápidamente una deuda considerable al conseguir un empleo de alto salario. La realidad es que esos empleos bien pagados no están al alcance de la mano una vez que el joven se gradúa. Como resultado, vemos personas entre los 30 y 50 años de edad que continúan llevando la carga de su deuda universitaria.

El estudiate sensato como principio “calcula los gastos” antes de asumir una deuda universitaria grande (ver Lucas 14:28), considerando bien las consecuencias de sus acciones. Y hay opciones. Una posibilidad es ingresar primero en un colegio técnico, mucho menos costoso que una universidad e incluso los hay gratuitos. En unos dos años puedes obtener un título que te permita conseguir un empleo que te sirva para financiarte los siguientes años en una universidad.

Otro punto a considerar es que dos tercios de los estudiantes universitarios pagan menos del precio establecido en las instituciones, ya que reducen el monto mediante becas de todo tipo.

Para invertir bien el dinero destinado a la educación superior, hay que dedicar tiempo a comparar fríamente las opciones. Es un error juzgar las posibles universidades por su reputación de ser de élite o por la imagen que nos darían delante de nuestros amigos y vecinos. El deseo de los padres de jactarse de la institución donde estudian sus hijos no debe ser para nada un factor en la decisión, sin embargo, estos impulsos vanidosos impiden a muchos pensar en un colegio técnico de su localidad como una opción viable… aunque ello represente un ahorro importante. Muchos toman estas decisiones movidos más por el orgullo que por la sensatez.

Sensatez al elegir

También está el punto vital de la carrera que se debe elegir. Algunos ven la experiencia universitaria como un rito que señala la llegada a la edad adulta. Lamentablemente, esto a menudo significa más bien una reevaluación de todo lo que el joven aprendió en su casa. No hay nada exento: ni la moral sexual, ni el consumo de drogas y alcohol ni la filosofía de la vida.

Mirar así a la universidad es insensato… como lo es descuidar los deseos que Dios tiene para nuestro futuro. Los varones jóvenes deben reflexionar sobre estas palabras dirigidas por el apóstol Pablo a Timoteo: “Si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo” (1 Timoteo 5:8). El mantra moderno nos dice que la vida es para alcanzar la autorrealización y satisfacer los intereses propios, pero la Palabra de Dios trae un mensaje diferente. Los hombres tienen la responsabilidad, dada por Dios, de dirigir a su familia y ver por ella. Por tanto, los hombres jóvenes deben buscar una formación y una carrera que les brinde los recursos y la preparación necesarios para cumplir esta directiva.

¿Y qué de las mujeres jóvenes? Su educación también debe ser un apoyo para la función que Dios les ha conferido. Pablo le dijo a Tito que enseñara a las mujeres jóvenes a ser “prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la Palabra de Dios no sea blasfemada” (Tito 2:5). Insistiendo, de acuerdo con el plan de Dios, los hombres y las mujeres se realizan más plenamente mediante su unidad familiar. El trabajo que hagamos en la vida debe armonizar con estas relaciones. Por lo tanto, hay que elegir bien la profesión.

Llegar hasta el final

Hay estadísticas muy reveladoras que comparan a quienes hacen estudios universitarios o aprenden un oficio en una institución vocacional, con los que abandonan los estudios terminado el ciclo secundario. Las investigaciones demuestran con insistencia que las personas que suspenden sus estudios prematuramente tendrán dificultades mucho mayores en la vida. Se ha establecido que va en aumento la tendencia entre los jóvenes en abandonar los estudios universitarios antes de terminarlos. Solo un sesenta por ciento de los estudiantes que comienzan estudios superiores se graduarán en el lapso de seis años. Cierto es que unos terminan su programa más tarde, pero muchos no lo terminan nunca. Como resultado, suelen tener más dificultad para pagar sus préstamos estudiantiles, ya que no pueden cosechar los beneficios de un título. Siendo así, ¡hay que terminar lo que se empieza!

La vida es aprendizaje. Dios quiere que aprendamos. Y al salir de la niñez, lo que aprendemos se convierte en el punto de partida para el resto de la vida. Aprende los caminos de Dios. Adquiere conocimientos para la vida. Y aprende con sensatez. [MM]

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