La familia de hoy y del mañana: Enseñe a los hijos la masculinidad y la feminidad verdaderas

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¿Dónde pueden aprender los padres a enseñar las normas tradicionales, en una sociedad donde parece reinar la confusión entre los sexos? Cuando Dios dijo que “varón y hembra los creó”, ¡lo hizo para nuestro bien!

En la actualidad, uno de los problemas más desafiantes que enfrentan los padres parece casi demasiado simple: ¿Cómo criar a nuestros hijos para que sean hombres y a nuestras hijas para que sean mujeres? Antes de saber su peso y tamaño, antes de estrecharlos contra nosotros o de ponerles un nombre, miramos su anatomía para ver si se trata de un niño o de una niña. Desde ese momento, dedicamos buena parte de nuestra vida para ayudarles a ser todo lo que pueden ser… como niño o como niña.

Señales confusas

Para los padres actuales es fácil confundirse. Por una parte, nos bombardean con mensajes que dicen que la masculinidad es tóxica, y que los varones deben ser más como niñas. Estas voces nos dicen que las diferencias entre niños y niñas son únicamente variaciones físicas, y que todos deben criarse exactamente de la misma manera, sin programarlos dentro del pensamiento arcaico sobre cómo deben actuar los niños y las niñas. Según este modo de pensar, la mayor parte de las diferencias entre hombres y mujeres se les inculcan por la manera como son criados.

Sin embargo, en Génesis 2:21-23 leemos claramente que fue Dios quien nos diseñó y nos creó como varón y hembra. Más aún, Dios lo vio en Adán cuando le trajo los animales para que les pusiera nombre: “Puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él” (Génesis 2:20).

Como hombre, Adán era incompleto. No tenía contraparte, ninguna pareja, ninguna persona que complementara con él la primera familia humana. Entonces Dios creó a la primera mujer, Eva. En El Mundo de Mañana creemos esto, y con la convicción de que fue Dios quien diseñó, creó y estableció este dúo complementario, llegamos a una de las claves fundamentales para entender lo que debemos enseñar a nuestros hijos acerca de la masculinidad, o ser hombre, y la feminidad, o ser mujer. Esta clave se desprende de la función y las responsabilidades que Dios asignó a cada uno.

La función de cada cual

Antes de ir a esta clave, consideremos un error que podemos cometer sin proponernos. Al querer definir y medir la masculinidad y la feminidad, podemos crear inadvertidamente una vara de medir errada. Por ejemplo, podemos decir que las siguientes palabras describen a un hombre varonil: valiente, fuerte, decidido, confiable, seguro, fidedigno. Y quizá describamos a una mujer femenina como cariñosa, paciente, amable, bondadosa, decorosa y discreta. Estos adjetivos los emplean con frecuencia personas que piensan en el hombre y en la mujer en términos conservadores. No nos equivoquemos: son vocablos que sí describirían a un hombre y una mujer admirables. Pero, ¿nos damos cuenta del problema que surge al emplearlos para describir masculinidad y feminidad? Toda la gente habla del carácter de una persona, y como descripciones del carácter, esos adjetivos no corresponden exclusivamente a los hombres ni a las mujeres. El hecho es que la mujer debe ser valiente, fuerte y decidida; como lo fueron Ester, Rut y María. Y el hombre debe ser decoroso, bondadoso y amable; como Moisés, David y Jesucristo.

Si vamos a enseñar a nuestros hijos a ser varoniles y a nuestras hijas a ser femeninas, debemos distinguir entre los rasgos de carácter y las funciones y responsabilidades asignadas por Dios. Las características propias de una persona cristiana se aplican a hombres y mujeres por igual. El valor, la humildad, la bondad y el amor por la paz, no son rasgos propiamente masculinos ni femeninos, sino rasgos del carácter que Dios busca. Pero eso no significa que no haya diferencias entre niños y niñas, entre masculinidad y feminidad. Teniendo esto en cuenta, ¿qué directrices podemos indicar a nuestros hijos?

Busquemos la respuesta en la Biblia.

Dios creó funciones específicas y complementarias

En Génesis 2:7, 18, 22 leemos que Dios creó primero a Adán, luego a Eva como su complemento y ayuda. A Abraham le asignó la responsabilidad de dirigir a su familia, y dijo: “Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino del Eterno, haciendo justicia y juicio, para que haga venir el Eterno sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él” (Génesis 18:19). Inspiró a Salomón a referirse a la mujer como cuidadora de su familia y apoyo de su esposo (Proverbios 31:10-31). El apóstol Pablo continúa este tema en su carta a los efesios, donde describe la relación matrimonial como una relación en la cual corresponde al esposo dirigir y amar a su esposa, y a ella le corresponde asistir y seguir a su esposo (Efesios 5:22-33). ¡Esta repartición de funciones y responsabilidades a cada cual, nos da el punto de partida bíblico para enseñar la masculinidad y feminidad verdaderas!

En otras palabras, cuando le enseñamos a nuestro hijo a abrirle la puerta a su hermana o madre, le estamos enseñando algo más que una simple cortesía: le enseñamos el rasgo varonil de liderazgo basado en amor y servicio. Cuando le enseñamos que ofrezca llevar el pesado paquete de compras a su madre, le ayudamos a aplicar esa misma perspectiva varonil. ¿Significa esto que nuestra hijita no puede abrir una puerta o cargar un paquete? ¡Claro que no! Pero si reconocemos que estas son oportunidades que sirven para enseñar a nuestro hijo la verdadera masculinidad, las aprovecharemos como ejercicios prácticos para irlo formando como un hombre de verdad, que es afectuoso, atento y considerado. Siendo pequeños, un niño y su hermanita pueden luchar y hacer otros juegos bruscos, pero a medida que crecen y él se hace mucho más fuerte, le enseñamos a tratarla con más suavidad, como a una jovencita. No la denigramos por ser niña, sino que le ayudamos a él a entender la actitud que se enseña en 1 Pedro 3:7: “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil”.

El mismo principio se aplica a la crianza de las niñas. Teniendo claras las funciones y responsabilidades de una esposa, podemos impartir lecciones prácticas de feminidad. Cuando mostramos que nos gusta el cuidado y ternura que demuestra la niña por su muñeca, aprovechamos su juego de mamá y bebé, para reforzar una pequeña parte de ser una mujer de verdad. Cuando llega a mostrar su ropa nueva y pregunta emocionada: ¿Cómo me veo?”, tenemos la oportunidad de reforzar su feminidad, viéndola gozar con prendas bellas y decorosas. Alguien podría pensar que esto es denigrante para las niñas, y que es tratarlas como objetos, pero Dios mismo expresa su amor por Israel como su esposa vestida con hermosura (Ezequiel 16:11-13).

Empieza con mamá y papá

Dios nos ha dado la responsabilidad y oportunidad de ayudar a nuestros hijos a tener una vida productiva y llena de satisfacciones. Una manera de ayudarles es enseñar a los niños a ser varoniles y a las niñas a ser femeninas… pese a que la sociedad actual anule y aun condene las diferencias entre ellos ¡maravillosamente diseñadas!

Enseñemos a nuestras hijas e hijos a tener valor, tenacidad, suavidad, fortaleza y todo el complemento de rasgos del carácter virtuoso (ver Gálatas 5:22-23). No son rasgos exclusivos de uno u otro sexo, pero la manera de expresarlos sí es diferente entre niñas y niños, entre mujeres y hombres. Y el camino para perfeccionar esas diferencias lo muestra Dios en las funciones y responsabilidades que dispuso para el hombre y la mujer, para el esposo y la esposa. [MM]

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