¡Hogar dulce hogar!...En el cosmos

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Todos los informes e imágenes que nos han llegado de los exploradores de la Luna y Marte, los módulos que han orbitado a Júpiter, las sondas espaciales y demás naves de nuestro rincón del Universo han traído el mismo mensaje: “Venir acá es un lío”.


Todos los planetas y lunas que hemos explorado hasta la fecha con nuestras naves y sondas parecen muy poco acogedores. Es decir, todos los planetas menos uno: el mundo hermoso que llamamos Tierra.

Hagamos una pausa para apreciar el hogar cósmico que nuestro Creador misericordioso ha establecido para nosotros.

Es fácil dar por sentado nuestro planeta como un lugar diseñado para la vida. Al fin y al cabo, ¡es el único que realmente conocemos! Pero una breve visita a nuestro sistema solar, con los planetas que giran en sus órbitas alrededor del Sol, nos ayudará a apreciar mejor la Tierra por el contraste que ofrece con los demás.

Una visita a nuestros vecinos inhóspitos

El planeta más cercano al Sol es el diminuto que llamamos Mercurio. Y no es nada apto como residencia para nosotros. En Mercurio no podríamos respirar, ya que carece casi totalmente de atmósfera. Y si pudiéramos, no querríamos estar allá mucho tiempo: el lado que mira al Sol tiene temperaturas hasta de 425°C, mientras que en el lado opuesto al Sol ¡estas bajan hasta menos 170°C!

Más alejado del Sol pero aún más cerca del Sol que la Tierra se encuentra Venus. Planeta envuelto en nubes y aproximadamente del tamaño del nuestro, haría pensar que sus condiciones son similares a las nuestras en la Tierra. ¡Nada más equivocado! Su atmósfera opresiva es una cobertura muy densa de dióxido de carbono, con una presión en la superficie capaz de aplastar un submarino nuclear. Además, la temperatura en la superficie, mayor a la de Mercurio ya que supera los 450°C, contribuye a asegurar que no seríamos bienvenidos en estos parajes desolados e infernales.

El planeta Marte promete temperaturas más acogedoras… ¡si definimos acogedor en el más amplio de los sentidos! En su ecuador, la temperatura llega a ser bastante agradable durante el día, ya que sube hasta 21°C, pero de noche haría falta más de una manta cuando caiga a menos 35°C. Y mientras el visitante se va congelando, mejor que no intente respirar, ya que la atmósfera es 100 veces más enrarecida que la terrestre. Tal como indicarían todas las imágenes que hemos recibido de los exploradores marcianos, el planeta es un lugar muerto, nada apto como residencia para el hombre. Este planeta que pretendemos colonizar algún día, no es más que una extensión desolada.

Como si fuera poco, ¡los planetas más alejados que Marte ofrecen aún menos oportunidades para vacacionar! Todos son gigantes gaseosos: vastos planetas conformados ante todo por nubes tempestuosas de gas tóxico en capas gruesas y sofocantes que los hacen absolutamente inhabitables para los seres humanos. El majestuoso Saturno y sus anillos hermosos ofrecen un espectáculo admirable en el telescopio, ¡pero no sería tan admirable vivir allí!

Tal parece que en nuestro sistema solar no hay lugar hospitalario para el hombre, salvo uno: nuestra preciosa y bellísima Tierra.

Una rara joya en el cosmos

¡Y sin duda es un lugar bellísimo! Nuestro planeta azul y verde, repleto de vida, se destaca entre los demás lugares conocidos en el Universo por ser un hogar hecho a la medida para la humanidad. Es así gracias a ciertas condiciones muy refinadas que señalan hacia un Dios que nos ama y ve por nosotros.

El geólogo y paleontólogo Peter Ward junto al astrobiólogo Donald Brownlee destacan en su obra titulada: Tierra rara: por qué la vida compleja es excepcional en el Universo, destacan los muchísimos factores que hacen de la Tierra un lugar tan increíblemente excepcional en el Universo. Por ejemplo, nuestra distancia desde el Sol es la precisa para que en la superficie pueda haber agua líquida, sustancia indispensable para la vida. Sumada a nuestra distancia especial desde el Sol, la combinación porcentual de océanos y superficie terrestre ayuda a moderar las temperaturas, controlando las fluctuaciones extremas tan perjudiciales para la vida. Se cree también que la presencia de la Luna por su dimensión sirve para estabilizar la inclinación del planeta de modo que se producen estaciones y climas equilibrados.

¡La abreviada lista anterior es solo el comienzo! No es solamente que nuestro planeta quede en una zona privilegiada en las proximidades del Sol, sino que también queda en una rara zona privilegiada dentro de nuestra descomunal galaxia. La Tierra ocupa un lugar relativamente protegido en el espacio, sin tener cerca magnetoestrellas destructoras ni otros peligros cósmicos que acabarían con la vida en un instante. La Tierra posee una abundancia de sustancias químicas benéficas para la vida. No se trata solamente de agua y oxígeno, sino de diversos metales y otras sustancias. Tenemos, además, una aspiradora cósmica en el sistema solar: el gigante Júpiter, con su poderoso campo gravitacional que arrastra los escombros de nuestra región, librándonos de trozos que podrían chocar contra la Tierra y asolarla. Científicos como Ward y Brownlee han enlistado muchos factores como estos que hacen de la existencia de la Tierra, planeta tan perfectamente diseñado para la vida, un fenómeno sumamente raro y excepcional en el Universo. Son incontables las características de nuestro planeta que hacen pensar que fue diseñada con la intención de que albergara formas de vida como la nuestra.

¡Centro del plan de Dios para el Universo!

Lo anterior no es extraño, ¡ya que la Tierra sí fue diseñada con nosotros en mente! El profeta Isaías describió por inspiración divina al Dios creador de nuestro mundo: “Creó los Cielos; Él es Dios, el que formó la Tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano, para que fuese habitada la creó: Yo soy el Eterno, y no hay otro” (Isaías 45:18).

La humanidad es lo máximo de la creación, y el centro del plan de Dios para crear una Familia divina que herede todas las cosas. (Vea el artículo: ¡Prepárese para heredar la Tierra! en la página 15). La Tierra siempre cumplirá un papel importante dentro del plan de Dios, aun cuando la Familia de Dios glorificada esté extendiéndose por todo el Universo. La Palabra de Dios promete que una vez terminado su plan de salvación, cuando la creación esté purificada y limpia de pecado, Dios establecerá “Cielos nuevos y Tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (2 Pedro 3:10-13).

El famoso científico Carl Sagan reflexionó sobre una fotografía tomada por la sonda espacial Voyager 1, a unos 6.000 millones de kilómetros de la Tierra. La imagen fue parte de un mosaico formado por seis de los ocho planetas del sistema solar, algo así como una foto de familia, única y maravillosa de nuestra colección local de mundos, en que cada planeta aparece como un punto minúsculo de luz tenue en la oscuridad del espacio. En su obra: Un punto azul pálido, comentando sobre el solitario planeta Tierra en medio de la vasta oscuridad, Sagan escribió: “Nuestros posicionamientos, nuestra supuesta importancia, el espejismo de que ocupamos una posición privilegiada en el Universo … Todo eso lo pone en cuestión ese punto de luz pálida. Nuestro planeta es un solitario grano de polvo en la gran penumbra cósmica que todo lo envuelve. En nuestra oscuridad —en toda esa inmensidad— no hay ni un indicio de que vaya a llegar ayuda desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos”.

La idea inspira humildad, pero es errada en su esencia. Cuando consideramos al gran Dios que creó el punto azul pálido: Este oasis extraño y hermoso labrado por las manos de un Creador con grandes designios para sus habitantes, vemos más que un indicio de ayuda. Vemos la seguridad absoluta de un Dios que nos ama.

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