Desarrollemos fe y valentía

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Como director de esta revista, tengo la responsabilidad, conferida por Dios, de servir con dedicación a todos ustedes, nuestros suscriptores.


¡Ahora mismo los ánimos están caldeados en muchas naciones! Millones en los Estados Unidos están muy disgustados por la elección de Donald Trump como presidente, resultado que tomó por sorpresa a los medios de difusión que nunca lo previeron. Otros millones están molestos y profundamente preocupados por el resultado del brexit, según el cual el Reino Unido sin duda dejará de formar parte de la Unión Europea. China y Rusia se muestran alteradas por sucesos recientes, ¡y en todo el mundo crecen las tensiones! Entre tanto, quienes estamos en esta obra de Dios continuamos proclamando la verdad de lo que somos y lo que realmente depara el futuro. Millones se sentirán muy molestos con nosotros, y esto será sin duda motivo de persecución contra el verdadero pueblo de Dios, tal como lo profetizó Jesucristo.

¿Y usted? ¿Se habrá preparado? ¿Tendrá la fe y el valor que con toda seguridad va a necesitar en los próximos años? ¿Tendrá la fortaleza espiritual para perseverar “hasta el fin”?

¡En el Reino de Dios no habrá cobardes!

Hacia el final de la Biblia, Dios especificó el carácter de las personas que desea contar en su Reino eterno como “reyes y sacerdotes” para gobernar al mundo bajo Jesucristo. El plan de Dios nos dice: “El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Apocalipsis 21:7-8). Observemos aquí que todos debemos ser vencedores. ¡También notemos especialmente que la primera característica que nos mantendría fuera de la vida eterna es ser cobardes!

¡No es poca cosa!

Cada uno de nosotros debe adquirir la fe firme y duradera de que el Dios Todopoderoso es real y que nos prometió: “No te desampararé, ni te dejaré” (Hebreos 13:5). Luego, debemos estar en disposición de actuar en obediencia a nuestro Creador, aun cuando parezca arriesgado hacerlo. Recordemos las historias de Daniel en el foso de los leones y de Sadrac, Mesac y Abed-nego en el horno ardiente; así como el ejemplo de los apóstoles cuando los amenazaron por predicar la verdad. Cuando ellos mismos les dijeron a los líderes judíos que los amenazaban: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29).

Con las páginas de esta revista, las transmisiones de El Mundo de Mañana, en muchos de nuestros folletos y en el excelente Curso bíblico por correspondencia de El Mundo de Mañana; procuramos ayudar a todos ustedes a convencerse plenamente de que Dios es real y que jamás les dejará ni les abandonará. Ustedes deben comenzar a preguntarse ahora mismo si realmente se han preparado para soportar las pruebas y tribulaciones que se avecinan; mientras el mundo se debate en medio de guerras étnicas y motines por alimentos, y en tanto que otras catástrofes empiezan a destrozar a muchas naciones.

Fe que lleva a la obediencia

Uno de los hombres más valientes que figuran en las páginas de la Biblia es el rey David de Israel. En sus escritos en los Salmos, señala una y otra vez la necesidad de tener fe absoluta en el gran Dios que guía nuestra vida y nos da protección; el mismo que, en última instancia, estará a cargo de los asuntos mundiales. En los Salmos notemos el énfasis constante en la necesidad de tener fe o de “confiar” en el Dios Todopoderoso. En el Salmo 5:11 David nos dice bajo inspiración: “Alégrense todos los que en ti confían; den voces de júbilo para siempre, porque tú los defiendes”. En el Salmo 7:1 escribió: “Eterno Dios mío, en ti he confiado; sálvame de todos los que me persiguen, y líbrame”. Y en el Salmo 9:10 dice: “En ti confiarán los que conocen tu nombre, por cuanto tú, oh Eterno, no desamparaste a los que te buscaron”. En estos y en veintenas de pasajes inspirados por Dios, nos habla por medio de David de la enorme importancia para Él de que aprendamos a tener verdadera confianza y fe en Él. Cuando leemos acerca de esta fe en toda la Biblia, vemos que es una fe que lleva a la obediencia y a la voluntad de hacer lo que Dios manda, ¡pase lo que pase!

Debemos leer muchas veces y con frecuencia, la magnífica descripción de la inmensa prueba que Dios le puso al patriarca Abraham, padre de todos los fieles. Cuando Abraham se mostró realmente dispuesto a sacrificar a su hijo único al Todopoderoso, Dios dijo: “Ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único” (Génesis 22:12). Y más adelante: “En tu simiente serán benditas todas las naciones de la Tierra, por cuanto obedeciste a mi voz” (v. 18). Vemos de nuevo que la fe absoluta que lleva a la obediencia es un elemento clave en el carácter que Dios desea ver en cada uno de nosotros para que sigamos a Abraham, padre de todos los fieles, y recibamos vida eterna en el Reino de Dios.

El único modo de desarrollar ese valor

¡Le ruego recordar esta advertencia!: Dios no va a salvar a ninguna persona a quien no pueda gobernar. Tenemos que estar en disposición de hacer lo que Dios diga, y tener la fe y el valor para obedecerle en los peligrosos años que se avecinan, pase lo que pase. La única forma de adquirir esa fe y ese valor es buscando a Dios sinceramente y manteniendo una relación profunda con Él por medio de su Hijo Jesucristo. ¡Es preciso que Cristo realmente viva su vida en nosotros por medio del Espíritu Santo! Así lo dijo el apóstol Pablo por inspiración: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).

Si usted realmente estudia la Biblia, lee atentamente y estudia los folletos importantísimos que le enviamos sin costo alguno, si comprueba que en estos se dice la verdad y si de este modo aprende a caminar con Dios, ¡entonces, y solo entonces, recibirá vida eterna en el Reino de Dios! Porque el Reino de Dios no es un sentimiento en el corazón, sino un gobierno real que se establecerá en los próximos años en la Tierra bajo Jesucristo. Todos estos hechos, profetizados en la Biblia, tendrán un efecto poderoso sobre su propia vida.

El Dios Todopoderoso no desea que su próximo gobierno esté constituido por un grupo de seres espirituales débiles, incapaces de poner toda su confianza en Él y renuentes a obedecer a su Hijo Jesucristo; quien regresará pronto como el Rey de reyes. Por eso nos dice que “los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Apocalipsis 21:8).

Queridos suscriptores, ¡les ruego no tomar esto con ligereza! Hacia el final de su Palabra inspirada, Dios les dice a ustedes y a mí que es preciso adquirir la fe viviente que nos prepara para hacer lo que Él ordena; y para obedecer a nuestro Creador, incluso después de que hayamos recibido la gloria, el poder y la majestad más allá de lo imaginable en el Reino de Dios. Es algo que vale realmente la pena. ¡Es algo a lo cual ustedes y yo debemos estar profundamente dedicados!

Entonces, ¡saque la Biblia y, puesto de rodillas, estudie esta revelación de Dios! Ore con fervor y regularidad todos los días de su vida. Medite en la Palabra de Dios y piense hondamente ¡por qué existe usted, adónde va y cómo llegará. Para quien desea vivir eternamente no hay nada más importante.

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