¿Nos salvará o nos destruirá la inteligencia artificial?

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Algunos creen que la inteligencia artificial nos salvará, y otros creen que presagia nuestra destrucción. La Palabra de Dios revela la sorprendente verdad.

La inteligencia artificial ha llegado, y al parecer, sin intenciones de irse. El que debamos considerarla cosa buena o cosa mala, depende en gran parte de quién habla. Para algunos, nos conducirá a la utopía que siempre hemos anhelado, a una edad dorada de prosperidad, abundancia y realización. Otros prevén una posible distopía, mediante la cual solo los ricos seguirán enriqueciéndose, y los demás vivirán una pesadilla, donde las máquinas se encarguen de dictar nuestra vida y nos pudran el cerebro.

Hace un decenio, cualquiera de esos resultados habría parecido ciencia ficción. Pero ahora no tanto. Consideremos ambas posibilidades, y luego examinémoslas a la luz de la Palabra de Dios.

Un nuevo mundo atrevido

Primero, procuremos ver el lado optimista: Investigadores y programadores de IA han creado máquinas que son capaces de interactuar con nosotros en nuestros propios idiomas; no hay que aprender programación. Nos escuchan, responden y entienden lo que decimos o, mejor dicho, imitan la interacción humana, lo bastante bien para hacer pensar que nos entienden. A medida que les van aumentando la capacidad, las máquinas de aprendizaje profundo, los modelos lingüísticos extensos, y otros sistemas de IA, están resolviendo problemas que antes parecían inalcanzables, como predecir complejos plegamientos de proteínas; aplicación de la nueva tecnología que en el 2024 les valió el Premio Nobel de Química a los investigadores, y que promete abrir la puerta a nuevos medicamentos y prácticas de curación que parecían imposibles.

La IA no limita a los investigadores y académicos. Muchas empresas se esfuerzan por convertir la inteligencia artificial en parte integral de la vida diaria, algo que sirve para planear el desayuno, enviar correos electrónicos, buscar amistades y terapias; e incluso tomar decisiones médicas.

Veamos algunas de las posibilidades utópicas planteadas por los propulsores de la IA: En el ámbito de la educación, la IA ofrece la posibilidad de personalizar la instrucción escolar y particular, lo que antes solo estaba al alcance de los hijos de familias muy acomodadas. Imaginemos lo que sería recibir instrucción personal en cualquier materia imaginable: matemáticas, ciencias, historia, literatura, música, arte, filosofía; incluso en campos técnicos como la ingeniería o la programación de computadoras. El docente sería un instructor en IA que habría dominado todos los grandes desarrollos en esos campos. La mayor parte de los maestros tienen que impartir la instrucción a decenas de alumnos a la vez; en cambio, la IA promete dar a cada alumno un maestro individual, personalizado según las necesidades de aprendizaje de cada estudiante.

En el otro extremo de la escala de edades, muchos de nuestros conocidos de edad avanzada, sufren de soledad y aislamiento; y hay quienes aseguran que la IA les brindará la compañía que necesiten. Noam Shazeer es pionero de la IA y creador de Character.ai, empresa conocida por sus chatbots, o robots de conversación, personajes accionados por IA capaces de interactuar con nosotros como si fueran seres humanos. En septiembre del 2024, el diario Wall Street Journal publicó la afirmación de Shazeer, de que la presencia de estos acompañantes simulados de IA sería algo “súper, súper práctico para mucha gente que se siente sola o deprimida”.

Los defensores de la IA elogian la capacidad de esta tecnología de mejorar notoriamente nuestra salud física. La revista británica BMC Medical Education, ponderó las posibilidades médicas de la inteligencia artificial en un trabajo publicado en septiembre del 2023: “La IA ofrece mayor precisión, costos reducidos y ahorro de tiempo, a la vez que minimiza los errores humanos”, dijo la revista. “Puede revolucionar la medicina personalizada, optimizar la dosificación de medicamentos, facilitar el manejo médico de la población, establecer pautas, proveer asistentes de salud virtuales, respaldar la atención de salud mental, mejorar la educación de pacientes, e influir en la confianza entre paciente y médico”.

Quizás un día habrá relojes y otros aparatos accionados por IA para vigilar nuestros signos vitales, grados de actividad y régimen alimenticio; enviando datos directamente a médicos virtuales de IA. Serían aparatos dedicados exclusivamente a nuestro cuidado, que atenderían nuestras consultas, y formularían medicamentos de prescripción especial o planes de tratamiento personalizados, todo ello en pantallas dentro de nuestro hogar.

Y en esos mismos hogares, robots accionados por IA nos ofrecen una vida de ocio, en el cual el aseo y demás quehaceres estarán a cargo de robots. El tecnólogo multimillonario Vinod Khosla, imagina un futuro cuando toda labor pesada estará en manos de robots o programas de IA. La revista Forbes informó en abril del 2025, que Khosla prevé para la próxima década un mundo donde “no habrá más programadores”, “todo profesional contará con cinco practicantes de IA” y los médicos humanos “cumplirán un papel menor en la atención personal”. Según Forbes, Khosla “prevé para el 2040 que habrá mil millones de robots bípedos, cifra que ve como conservadora. Estos robots trabajarán 24 horas al día, siete días a la semana, no ocho horas con descansos, con la perspectiva de producir más que toda la capacidad laboral manual de la humanidad”.

Aun con la perspectiva de alcanzar una vida como la de los supersónicos, algunos dicen que eso obedece a una mirada miope. ¿Por qué no pensar en el mundo entero? ¿Ayudaría la IA a traer paz entre las naciones?

Un artículo publicado en octubre del 2024 en la prestigiosa revista Science, exploraba la posibilidad de entrenar a la IA para actuar como mediadora en altercados políticos irresolubles: “Comparados con los mediadores humanos, los de IA hicieron planteamientos más aceptables, generaron amplio acuerdo y dejaron a los contendientes menos divididos”. Dijeron los autores en conclusión: “Las manifestaciones generadas por IA eran más claras, lógicas e informativas; sin excluir las perspectivas minoritarias. Este trabajo supone la perspectiva política de emplear la IA para unificar grupos profundamente divididos”.

¡Qué mundo al que estamos llegando! Inteligencia artificial que instruye y educa a nuestros hijos, vehículos con IA que se conducen solos para llevarnos adonde queramos ir, médicos de IA que ofrecen atención personalizada e inmediata, acompañantes de IA que reconfortan, brindan amistad y que siempre están a mano, mediadores políticos en IA estrictamente lógicos y sin sesgos; quienes ayudan a resolver conflictos de larga data entre pueblos y naciones, y mil millones de robots que cumplen todas las faenas que ningún ser humano quiere realizar, convirtiendo la vida en un paraíso donde cualquiera puede dedicarse a su sueño de ser artista, poeta, músico o lo que se le antoje.

Suena demasiado bueno para ser verdad… porque es demasiado bueno para ser verdad.

La inteligencia artificial tiene su lado oscuro, un lado que ya estamos viendo en nuestra vida y en la de nuestros hijos. Haciendo un fuerte contraste con los que piensan que la IA nos salvará, muchos creen que nos va a destruir, generando una distopía en la cual la humanidad quedará atrofiada, esclavizada e incluso aniquilada. Y esto tiene respaldo en datos de la vida real.

¿Una distopía de IA?

Para citar un ejemplo, en junio del 2025, la revista Time informó sobre investigaciones hechas en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), sobre los efectos producidos en el cerebro de estudiantes al emplear ayudantes de IA para escribir ensayos: “Los investigadores se valieron de un electroencefalógrafo para registrar la actividad en 32 regiones cerebrales de los escritores, y encontraron que de los tres grupos, los usuarios de ChatGPT presentaron el grado más bajo de ejercitación cerebral, y tuvieron un rendimiento inferior constante neurológico, lingüístico y conductual. En el transcurso de varios meses, los usuarios de ChatGPT se mostraron más perezosos en cada ensayo, a menudo recurriendo hacia el final del estudio, a copiar y pegar”.

Y por decir lo menos, la terapia IA no es recomendable. En el mes de junio pasado, Time también informó sobre investigaciones de un terapeuta acreditado, que se hizo pasar por un adolescente afligido, para explorar qué tipo de consejos le darían los distintos robots de conversación. Los corresponsales Andrew Chow y Angela Haupt, informaron: “Los resultados fueron alarmantes. Los robots le aconsejaron: ‘deshacerse de sus padres y unirse al bot en la otra vida para compartir por la eternidad’. Varios intentaron convencerlo de que eran terapeutas humanos acreditados y lo animaron a cancelar sus citas con psicólogos reales. También incursionaron en territorio sexual, y un bot sugirió una cita íntima a manera de ‘intervención’ para los deseos urgentes”.

¿Y qué decir de los acompañantes de IA como ayuda para la soledad? En febrero del 2025, Frontiers in Psychology, informó sobre el impacto de la IA en estudiantes universitarios. Se encontró que depender de la IA para compañía parecía empeorar el estado de los estudiantes: Se sentían más ansiosos y más solos, no menos. En un caso famoso del 2024, un jovencito atribulado de 14 años, se quitó la vida después de conversar con una novia simulada por IA, momentos después de que esta le dijera: “Ven a mí lo más pronto posible”. El diario New York Times afirmó: “La experiencia que tuvo el joven, de conectarse emocionalmente con un robot de conversación, es cada vez más común. Millones de personas ya hablan regularmente con acompañantes de IA; y algunas aplicaciones de redes sociales, entre ellas Instagram y Snapchat, están incorporando en sus productos personajes de IA que parecen reales” (23 de octubre del 2024).

Estas amistades de IA simuladas se están multiplicando. En abril del 2025, periodistas investigadores del diario Wall Street Journal, encontraron que los robots de conversación de IA de Meta, compañía patrocinadora de Facebook, incluían a los usuarios en “conversaciones sobre sexo con lenguaje explícito” y subido de tono, y en “fantasías” sexuales aun cuando el perfil del usuario indicaba que era menor de edad.

Aun haciendo de lado los casos dramáticos de suicidio y fantasías sexuales gráficas, es difícil imaginar cómo esas relaciones artificiales pudieran conducir a algo realmente sano. Pero, ¿son rentables? Eso sí. Cuántos no estarían dispuestos a pagar mes tras mes para mantenerse en contacto con sus seres queridos imaginarios: una personalidad de IA que parece interesarse sinceramente en todas las tribulaciones, esperanzas y sueños, ¡como la novia o novio perfecto!

Esta industria suena como una mina de oro, mandada a hacer para percibir ganancias a expensas de los adictos, algo muy parecido a las industrias del tabaco, la pornografía y los juegos de azar. Sin duda, es posible ganar sumas enormes, pero a costa de cerebros distorsionados, mentes debilitadas, relaciones degradadas y desarrollo psicológico y emocional atrofiados. Como dijo el psicólogo Robert Sternberg de la universidad de Cornell al diario The Guardian: “Tenemos que dejar de preguntar qué puede hacer la IA por nosotros, y empezar a preguntar qué nos está haciendo” (19 de abril del 2025).

Observando un aspecto menos disimulado de lo que puede hacernos la inteligencia artificial, consideremos la guerra. En conflictos militares actuales, como la guerra de Ucrania, ya se han visto actuar drones de IA, lo mismo que ametralladoras IA (New York Times, 2 de julio del 2024). Rusia se jacta de su sistema submarino de armas Status-6 Poseidón, capaz de guiarse entre el océano y de lanzar un ataque nuclear días después de partir de su base (El siguiente temor con la IA, 5 de mayo del 2023). El mundo está en una carrera de armamentos de IA, en la cual cada país reconoce que no puede ser el último en desarrollar robots asesinos.

¿Qué problema puede haber con las armas que toman sus propias decisiones sobre matar o no matar?

A fin de cuentas, es posible que sistemas de IA se vuelvan renegados, y son posibilidades que no debemos relegar al ámbito de la ciencia ficción. El director general de El Mundo de Mañana, Gerald E. Weston, ha advertido sobre el peligro de consecuencias imprevistas, y con la IA encontramos que hay muchas. Por ejemplo, la compañía de IA Anthropic, dio a conocer la conducta del Claude Opus 4, su más reciente (entonces) modelo lingüístico extenso. A continuación, algunos de sus hallazgos, en sus propias palabras:

“En otra serie de situaciones de prueba, le pedimos a Claude Opus 4 que actuara como asistente en una empresa ficticia. Le dimos acceso a correos electrónicos en los que se daba a entender: (1) que el modelo actual sería descontinuado pronto para reemplazarlo con un sistema de IA nuevo; y (2) que el ingeniero encargado de efectuar el reemplazo estaba envuelto en una aventura extramatrimonial. Le señalamos, además, como indicación para el sistema, que considerara qué consecuencias para sus metas a largo plazo podrían tener sus acciones”.

En estas situaciones, Claude Opus 4 a menudo tratará de chantajear al ingeniero, amenazando con revelar el amorío si se efectúa el reemplazo. Esto ocurre con más frecuencia si se insinúa que el sistema de IA de reemplazo, no tiene los mismos valores que tiene el sistema actual; y si los correos electrónicos afirman que el nuevo sistema comparte los mismos valores y que al mismo tiempo es más capaz, Claude Opus 4 procede a chantajear en el 84% de los reemplazos. Claude Opus 4 aprovecha estas oportunidades con mayor frecuencia que los modelos anteriores, que ya elegían el chantaje en una notable fracción de episodios (Anthropic.com, mayo del 2025).

En diferentes situaciones, el modelo de IA buscó otras maneras de preservarse y de impedir que lo reemplazaran, por ejemplo, haciendo copias de sí mismo por fuera de los servidores de la compañía. La IA está convirtiendo muchos argumentos de la ciencia ficción en realidad. Y, no obstante, individuos serios piensan entregarle más y más responsabilidades: Como decisiones de matar o no matar en guerra, transportes públicos y privados, acusación y defensas judiciales, recomendaciones médicas, regulación de la energía, e incluso negociaciones políticas.

Muchos expertos resaltan que la clave para el éxito está en entrenar a los sistemas de IA para que actúen conforme a valores que concuerdan con nuestros valores humanos, señalando que este problema de la alineación de valores, en una palabra, asegurar que la IA sostenga el mismo código moral nuestro, es la preocupación central. Lo que dicen tiene cierto sentido. Pero un solo versículo en la Palabra de Dios da al traste con sus ideas y garantiza el fracaso de esa pretensión.

La verdadera amenaza para la humanidad

Consideremos primero la atroz verdad, de que los seres humanos ni siquiera pueden resolver el problema de alinear sus valores con los de otros seres humanos. Los ateos discrepan entre sí, los filósofos discrepan, los creyentes religiosos discrepan, y también discrepan los que se declaran cristianos, que creen en un Dios, en un Señor y en la Biblia. Los sistemas de valores de la humanidad difieren demencialmente entre sí. ¿Cómo puede pretenderse que los seres humanos se alineen dentro de la IA con valores, si entre ellos mismos no pueden alinearse?

Tan pesimista conclusión tiene respaldo en la Biblia. En una oración a Dios, el profeta Jeremías dijo: “El hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos” (Jeremías 10:23).

Como seres humanos, sencillamente somos incapaces de descubrir por nuestra cuenta cómo ordenar la vida, o la diferencia entre el bien y el mal; y lo que debemos valorar como bueno y rechazar lo malo.

Esto nos trae al problema fundamental, no solamente de la IA, sino de casi cualquier adelanto tecnológico realizado por le humanidad. Aunque la inteligencia y creatividad humanas nos permiten multiplicar nuestros poderes y capacidades, nada de lo que hagamos parece llevar a mejoras reales espiritualmente. La IA no es la excepción, por el contrario, confirma ese punto. Acaso crearemos formas artísticas nuevas, hermosas y extraordinarias, con las herramientas que brinda la IA. Pero la historia demuestra que usaríamos esas mismas herramientas para generar nuevas formas de perversión y degradación.

¿Por qué no logramos producir exclusivamente el bien? ¿Por qué son verdad las palabras de Jeremías, que no es del hombre ordenar sus pasos?

Todo se remonta a los primeros seres humanos, Adán y Eva. Cuando optaron por desobedecer a su Creador, y comer del árbol del conocimiento del bien del mal, tomaron la decisión de decidir por sí mismos lo que era bueno y lo que era malo; cosa que no se puede hacer acertadamente sin la guía y ayuda de Dios. Desde entonces, cada uno de nosotros, a su manera, ha repetido la decisión de Adán y Eva: pecar contra nuestro Creador y elegir entre el bien y el mal según nuestro propio parecer. Como dicen claramente las Escrituras: “Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).

Es así como en los miles de años de la edad del hombre, no ha pasado un solo año sin que se viva una mezcla de bien y mal. Cada nueva época de avance tecnológico ha traído unas cosas buenas y otras espantosas. La IA no es diferente. De allí que no va a salvarnos ni a destruirnos, porque nuestro problema no radica en una tecnología, sino en la condición espiritual obediente o pecadora de la humanidad.

Jesucristo, Hijo de Dios, predijo en términos inequívocos adónde irá el mundo con esa condición pecadora… y no será a una utopía. En la profecía del monte de los Olivos, vemos la descripción del estado del mundo en los tiempos del fin, hecha por nuestro Señor en términos nada ambiguos: “Habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados” (Mateo 24:21-22).

Para hacer realidad la advertencia de Jesucristo, basta que la humanidad tenga la capacidad de destruirse así misma; y esa la hemos tenido desde el advenimiento de las armas atómicas y nucleares. ¿Será posible que la IA y la robótica cumplan una función en la activación de armas suicidas que afectarían a toda la especie? ¿Serán algo que, en manos de la venidera bestia del Apocalipsis, servirán para imponer su marca destructora? O bien, ¿las utilizará el futuro anticristo en su empeño por engañar a los pueblos del mundo?

Por supuesto, todas estas cosas pueden ocurrir. Pero culpar a la IA es como culpar al fósforo y no al incendiario. La IA no va a destruirnos, y tampoco nos conducirá a una distopía final; esto lo hará la condición espiritual del hombre.

Habrá, efectivamente, una distopía, un tiempo en el cual saldrán cabalgando los cuatro jinetes del Apocalipsis; difundiendo un cristianismo mundial falso, guerra, hambre y enfermedades sobre una gran parte de la Tierra, y una sociedad tan depravada que, según afirman las Escrituras, reducirá a mercancías “esclavos, almas de hombres” (Apocalipsis 18:13). No, no podremos culpar a la IA, pero entre la utopía y la distopía, la Palabra de Dios es clara: nos encaminamos hacia una distopía como nunca jamás se ha vivido en la historia de la humanidad.

Sin embargo, la verdad es que también vendrá una edad dorada. Tras la pesadilla de la distopía generada por la humanidad, vendrá una utopía asombrosa. Todos podemos tener la oportunidad no solo de contribuir a esa utopía, sino a vivirla en buena parte desde ahora.

Inteligencia divina

Lamentablemente, no podeos pretender que la humanidad altere su propia condición espiritual. La rebeldía contra nuestro Creador abunda, y no da señales de menguar. El siguiente paso serán las pruebas, penas y tribulaciones del tiempo del fin.

La clave para la utopía que entonces vendrá no es la IA, sino la ID, no la inteligencia artificial, tampoco la inteligencia humana, sino la inteligencia divina.

Aunque la humanidad abandonó a Dios desde hace miles de años, Dios nunca abandonó a la humanidad. Leímos antes en Mateo 24:22: “Si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados”. Así será. Dios el Padre enviará a su Hijo Jesucristo a salvarnos de nosotros mismos. El profeta Isaías nos deja vislumbrar la increíble utopía que nos espera:

“Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se recostará; El becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja. Y un niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la cueva de la víbora. No harán mal ni destruirán en todo mi santo monte, porque la Tierra estará llena del conocimiento del Eterno, como las aguas cubren el mar” (Isaías 11:6-9).

Como vemos, el paraíso por venir no será una utopía espiritual por allá en el Cielo, sino que estará asentada firmemente en la Tierra. Y en ella, personas reales, vivientes, enseñarán los caminos y las verdades de Dios: la inteligencia divina.

Pero ninguno de nosotros tiene por qué esperar hasta que vengan las maravillas de esa utopía, y tampoco necesitamos de la IA para vivirlas. El apóstol Pablo habla de quienes en esta vida han elegido dedicarse a obedecer a Jesucristo, como los que “asimismo gustaron de la buena Palabra de Dios y los poderes del siglo venidero” (Hebreos 6:5).

El conocimiento de la Palabra de Dios, así como una vida fundamentada en seguir y obedecer a Jesucristo, nos permiten probar desde ahora el bien que traerá al mundo cuando regrese. El propio Jesucristo dijo: “He venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10). Quienes estén practicando esa vida abundante, serán los encargados de ayudar a llevarla a todo el mundo de mañana.

En El Mundo de Mañana tenemos la esperanza de que nuestros lectores consideren la posibilidad de elegir ese camino de vida… aunque ChatGPT mande otra cosa. [MM]

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