La Biblia y el régimen alimenticio | El Mundo de Mañana

La Biblia y el régimen alimenticio

Díganos lo que piensa de este artículo

Muchos dicen que Jesucristo eliminó las leyes de la alimentación y otras restricciones del Antiguo Testamento, pero la realidad es que en toda la Biblia hay consejos prácticos para llevar una vida saludable y evitar enfermedades. Por eso no nos sorprende que también ofrezca una guía importante para una mejor forma de alcanzar y conservar la salud.

En la Biblia encontramos variedad de instrucciones que dicen cómo alcanzar un estado saludable y conservarlo. Pero, ¿es la salud física un fin en sí, o es ante todo un medio para llegar a un fin más importante?

La Biblia y la salud

La civilización occidental ha valorado la buena salud como un medio para alcanzar varios fines, entre estos sobrevivir, ganarse el sustento, criar una familia o lograr alguna gran meta . Pero ahora parece que la búsqueda de la salud se ha convertido en un fin en sí: encontrar el régimen ideal o el mejor ejercicio y desarrollar un cuerpo perfecto. Para muchos, la salud y el cuerpo se han convertido en dioses de la vida moderna.

En su búsqueda de la perfección corporal, millones persiguen incesantemente los últimos secretos de la salud. Las sumas que se gastan en inyecciones, prescripciones y procedimientos son enormes. Y, sin embargo, el índice de obesidad sube cada año, y ahora se habla de que un 70 por ciento de los adultos se clasifican con exceso de peso, obesos o con obesidad mórbida. El aumento es escandaloso, comparado con las cifras de hace diez años, cuando solo el 60 por ciento estaba en esas categorías. El peso no solo es un problema en sí, sino que contribuye al sufrimiento de millones que padecen enfermedades cardíacas, cáncer, derrames cerebrales, diabetes y otros males.

Para muchos, la búsqueda desaforada de salud es una aspiración tan imposible como interminable y costosa; y con frecuencia no conduce a la salud y tranquilidad que tanto se anhela. ¿Por qué será?

¿Hay alguna dimensión que falta en este empeño por alcanzar la salud? Quienes viven en las naciones occidentales tienen, en su mayoría, un concepto distorsionado de la salud porque han perdido la verdadera base, la guía que pondría un equilibrio en el afán por encontrarla. Se dejan arrastrar de un extremo a otro: de medicamentos a hierbas, de cirugía al masaje de los flujos energéticos; y se pasa por alto la fuente de la verdad más comprobada, que es la Biblia.

Dios expone en las Escrituras ciertos principios fundamentales, a manera de guía, para nuestras decisiones personales en métodos que promueven la salud y previenen las enfermedades. La Biblia es algo más que una lista de procedimientos que se deben o no se deben hacer en materia de salud. En las Escrituras hemos aprendido que todos somos hechos a imagen de Dios (Génesis 1:26). Sin embargo, nuestro cuerpo no fue creado para durar eternamente (Salmos 39:5; Santiago 4:14; Hebreos 9:27). En última instancia, se trata de aprender a pensar como piensa Dios, de forjar en nosotros un carácter como el suyo (Filipenses 2:5), y de mostrar amor a los demás (Juan 15:17). Esta vida debe ser un campo de entrenamiento para un futuro maravilloso (1 Corintios 9:24-27). Si aprendemos a seguir las instrucciones de Dios, recibiremos una recompensa que incluye reinar con Jesucristo cuando regrese a establecer el Reino de Dios en la Tierra (Apocalipsis 5:10). Ese es el evangelio que proclamó Jesús: la buena nueva del Reino de Dios (Marcos 1:14-15).

Instrucciones sobre las carnes

Entre las instrucciones bíblicas referentes a la salud, las más conocidas y menos comprendidas posiblemente son las que tratan de las carnes limpias e inmundas (Levítico 11; Deuteronomio 14). Con frecuencia se dice que esas son leyes para los judíos, porque muchos practicantes del judaísmo todavía las siguen; si bien los musulmanes también han observado restricciones similares. Aun quienes creen que Jesús eliminó las leyes dietéticas deben reconocer que su valor para la salud es más que evidente. Muchos de los animales que la Biblia llama “inmundos” o “impuros” son carroñeros; como los perros, los caracoles, los cangrejos, las langostas y las gaviotas. Su función ecológica es consumir plantas o animales muertos. Los animales inmundos que se alimentan por filtración, como los ostiones, las almejas y las ostras; tienen como función ecológica purificar el agua de lagos, ríos y estuarios. Algunos animales inmundos son depredadores: como los leones, las serpientes y los caimanes; su función es controlar el tamaño y salud de otras poblaciones de animales.

Además, muchos animales inmundos transmiten parásitos que producen enfermedades graves en los seres humanos. El cerdo, el oso, la ardilla y el mapache; causan triquinosis y otras enfermedades. Los carroñeros como los cangrejos de mar y de río transmiten la duela, un tremátodo pulmonar y hepático. Las poblaciones humanas que frecuentemente consumen estos seres, suelen presentar altos índices de infección parasitaria. Los animales de filtración, como la almeja y la ostra, pueden tener altas concentraciones de metales pesados y tóxicos; así como bacterias patógenas y virus, lo que hace peligroso su consumo.

Al comer estas criaturas, la persona está comiendo organismos que Dios creó para que fueran el personal de aseo de la naturaleza. ¿Comería usted el contenido de su aspiradora o de su triturador de basura? ¡Muy difícil! Sin embargo, muchos platos que se consideran manjares se preparan con estos seres, lo que muestra una peligrosa ignorancia de los riesgos que encierran. Para quienes creemos en Dios, es evidente que creó estos animales inmundos con fines diferentes a servir de alimento para los seres humanos. Quienes ingieren lo que Dios ha prohibido, lo hacen para su propio mal. Lamentablemente, entre los teólogos es muy común que no entiendan el valor de estos poderosos principios de salud, como tampoco los entienden muchas personas que se declaran cristianas. Para más información sobre este tema, le invitamos a solicitar nuestro folleto gratuito titulado: Principios bíblicos de la salud, enviándonos un correo a: [email protected], o también puede leerlo en línea, ingresando a nuestro sitio en la red: www.elmundodemanana.org.

No es que Dios se oponga al consumo de la carne. Él mismo reveló que hay muchas carnes “limpias”, aptas para consumir como alimento, como se describe en Deuteronomio 14:3-20. La vaca, la oveja, el venado, la cabra, el antílope, etc. Todo animal que rumia y tiene las pezuñas hendidas es limpio para el consumo humano. También hay numerosas aves y diferentes peces que son aptos para nuestro sistema digestivo.

No olvidemos el lugar que corresponde a las verduras junto con las carnes. En Génesis leemos que Dios le dio a la humanidad frutas, verduras y granos para alimento; además de las carnes limpias (Génesis 1:29; 2:16; 9:3). Las frutas, verduras y granos integrales contienen fibra y otros carbohidratos complejos. En recientes decenios los nutricionistas han reconocido el valor de estas sustancias. La fibra, que antes se creía inútil, agrega volumen al contenido intestinal y cumple un papel vital en la protección del cuerpo contra el cáncer de colon y otras enfermedades crónicas. Los carbohidratos complejos también son elementos importantes en un régimen sano, porque al reducir el colesterol, contribuyen a evitar las enfermedades cardíacas y derrames cerebrales.

La sangre y la grasa

Inspirado por Dios, Moisés afirmó que los seres humanos no deberían consumir ciertas grasas, aunque vinieran de animales limpios (Génesis 9:4; Levítico 3:17; 7:23-26), pero hay mucha gente que consume con regularidad morcilla, tocino y mezclas de sangre y leche. La ciencia entiende que la sangre de animales puede portar bacterias y virus que causan enfermedades. La prohibición bíblica contra el consumo de sangre ayuda a prevenir la propagación de enfermedades.

La norma que prohíbe comer ciertos tipos de grasa es igualmente importante, sobre todo teniendo en cuenta nuestra dieta moderna. La Biblia no prohíbe, desde luego, las nueces, semillas, frutas, verduras y peces limpios; que contienen grasa de un tipo saludable. Pero no puede ser coincidencia, que la mayoría de los estudios médicos indican que los regímenes alimenticios con alto contenido de ciertas grasas, por ejemplo, algunas que se asocian con la lista de Levítico; también se asocian con el aumento de peso, la obesidad, enfermedades cardíacas, cáncer de varios tipos y otros problemas. Y aunque todavía hay algún desacuerdo en cuanto a los complicados detalles de cuáles grasas son buenas y cuáles son malas, el consejo que nos da la Biblia es claro, fácil de seguir y ha permanecido sin cambio por más de 3.000 años. La antigua prohibición consignada por Moisés es un consejo claro y sólido para nuestros días.

Otro grave problema con la dieta occidental es que incluye un alto consumo de carbohidratos refinados. La harina y el azúcar refinadas pierden sus nutrientes vitales. Las poblaciones que consumen carbohidratos refinados en grandes cantidades presentan índices más altos de diabetes y otros problemas afines. Muchas de estas enfermedades y males crónicos se podrían evitar simplemente siguiendo las pautas bíblicas. En el libro de Proverbios encontramos el principio de la moderación: “¿Hallaste miel? Come lo que te basta, no sea que hastiado de ella la vomites” (25:16) y “Comer mucha miel no es bueno” (25:27). Mucho antes de que la sociedad comprendiera que el consumo excesivo de dulce es malo para la salud, la Biblia ya había aconsejado moderación y control, dos cualidades vitales para gozar de una vida saludable, y que también se recomiendan en otros pasajes de las Escrituras (ver 1 Corintios 9:25; Gálatas 5:23).

El abuso de sustancias

Si bien es cierto que la Biblia condena la ebriedad y el consumo excesivo de alcohol (Proverbios 20:1; 1 Corintios 5:11), no prohíbe consumir alcohol con moderación (Deuteronomio 14:26). Jesús convirtió agua en vino en una boda (Juan 2:1-11). El apóstol Pablo dijo a su protegido Timoteo: “Usa de un poco de vino por causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades” (1 Timoteo 5:23). Todo depende de la moderación. El alcohol en cantidades moderadas produce relajación, eleva el HDL, o colesterol bueno, reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares, y aumenta los ácidos estomacales, lo que ayuda a la digestión en los ancianos.

Las Escrituras no hacen ninguna mención explícita del tabaco ni las drogas recreativas, pero sí plantea principios que rigen el consumo de sustancias adictivas como estas. Pablo escribe que no nos dejemos controlar por los impulsos físicos (1 Corintios 6:12), y es claro que el abuso de las drogas pone a sus víctimas bajo el poder de un vicio sumamente nocivo. Los principios de salud en la Biblia no pretenden eliminar los placeres humanos, pero el placer de las drogas nocivas es peligroso y termina por hacer daño. Para leer más sobre este tema, se puede solicitar un ejemplar gratuito del folleto: Marihuana: lo que nunca nos han dicho, enviándonos un correo a: [email protected], o también se puede leer en línea en nuestro sitio en la red: www.elmundodemanana.org.

La buena condición física no es una moda

Con todo lo anterior en mente, no debemos descuidar el ejercicio. Con el transcurso de los siglos, muchos se han formado una idea estereotipada de la vida cristiana ideal como una existencia silenciosa y sedentaria dedicada a la oración, el estudio, la meditación y muy poco más. Estas cosas tienen su lugar, pero no podemos menos de notar que Jesucristo vino a la Tierra como carpintero, en una época en que no había herramientas eléctricas. Pedro, Andrés, Santiago y Juan; elegidos entre los apóstoles de Jesucristo eran pescadores, y debían recoger sus pesadas redes sin ayuda de ningún aparato eléctrico. Cuando Jesús llamó a los primeros discípulos a seguirlo (Mateo 4:19; Juan 11:54), esto implicaba caminar cientos de kilómetros al año. Su vida activa los mantenía sanos y les daba fuerzas para cumplir su misión.

En la actualidad muchas personas se dedican a trabajos sedentarios, quizá sentadas ante una computadora durante muchas horas al día. Posiblemente no lleguemos a hacer la cantidad de ejercicio que hacían los apóstoles, pero aun así, el apóstol Pablo aconseja que el ejercicio sí sirve, si bien debemos concentrarnos principalmente en las cosas espirituales: “Aunque el ejercicio del cuerpo sirve para algo, la devoción a Dios sirve para todo” (1 Timoteo 4:8, Dios habla hoy). Esto es precisamente lo que se ha encontrado en investigaciones modernas. Si bien el provecho es pasajero, será sostenido si nuestra actividad es sostenida; y entre sus beneficios se cuenta la reducción del colesterol, de la presión sanguínea y del estrés. La vida activa también sirve para evitar la diabetes, enfermedades cardíacas y muchas enfermedades más.

Conclusiones

Si nuestro régimen alimenticio sigue las instrucciones de la Biblia, y si complementamos esto con el ejercicio corporal que, según las Escrituras, es provechoso; podemos obtener un estado de salud en la vida que será beneficioso, independientemente de otras dificultades que podamos tener; sean problemas de salud física, emocional e incluso espiritual. Dios revela en su Palabra unas guías en la vida que han ayudado a incontables personas, y que pueden ayudarnos a nosotros.

Cuando entendemos esas guías y las practicamos, veremos una mejora en nuestra salud física, lo que nos trae grandes bendiciones tanto individualmente como a la sociedad: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas y que tengas salud, así como prospera tu alma” (3 Juan 2).