Jóvenes del mañana ¿Temes estar solo contra el mundo?

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Hay un refrán que dice: “Lo correcto es correcto, aunque todos se opongan”. La Biblia demuestra que esta máxima es cierta ¡y que sostenerla trae bendiciones de Dios!

Siendo estudiante universitario, una noche fui al cine con un grupo de amigos. No teníamos en mente ninguna película en especial, y escogimos una porque conocíamos a los actores. Pero cuando apareció una escena sumamente ofensiva, comprendimos nuestro error. Recuerdo que me quedé atónito, sin saber a ciencia cierta qué era lo que acababa de ver.

Nunca olvidaré que uno de los muchachos en el grupo se puso de pie inmediatamente para abandonar el cine. Me llamó mucho la atención su acción decidida; jamás había visto a alguien salirse de una película antes del final. Pero la fuerte reacción de mi amigo era acertada, y no solamente hizo lo correcto al mostrar su disgusto, sino que su ejemplo influyó en los demás, y también resolvimos salirnos.

Es raro encontrar a alguien con tan firmes convicciones, alguien dispuesto a ponerse de pie solo y hacer lo correcto, sin importarle lo que hagan los demás. Pero a veces eso es precisamente lo necesario cuando una situación lo pide. Quizá te has visto en alguna situación parecida a la que vivimos mis amigos y yo en ese cine. Quizá sentiste que deberías hacer algo, pero te daba miedo actuar y dar el primer paso… aunque otros tal vez estaban pensando lo mismo, y esperaban que alguien tomara la iniciativa.

¿Has recordado alguna circunstancia como esta, en la que te dejaste llevar por los demás, y después te lamentaste de no haber mostrado más entereza? O quizás has sentido remordimiento, después de ceder a la fuerte presión de los compañeros, cuando uno más atrevido tomó una decisión repentina, y te desafió a seguir su ejemplo. Ante un solo individuo, o una multitud de miles, ¿te inclinas a ser un seguidor, y no el que está dispuesto a tomar la iniciativa?

Cómo manejar la presión

La presión de los compañeros no afecta solamente a los jóvenes. Los mayores también sienten el fuerte deseo de ser aceptados por sus semejantes. Nuestros primeros medios sociales: la familia y el colegio, nos enseñan a adaptarnos a las personas que nos rodean. Nuestro éxito o fracaso en estas experiencias formativas, puede influir mucho en nuestra propia estimación como adultos. Sentir que a uno lo consideren diferente o raro, puede ser doloroso, y podemos caer en la tentación de conformarnos a lo que esperan los demás, con tal de sentirnos aceptados por ellos. Para llevarnos bien con los compañeros o compañeras, nos sentimos presionados a aceptar las prioridades, gustos o disgustos de los demás, adaptándonos al grupo para lograr su visto bueno. Y las redes sociales acentúan el problema.

Oponerse al grupo no siempre es fácil. Y a veces, según el tipo de presión, puede ser imprudente ir en contra de este. Si tus compañeros te presionan a trabajar más, a ser fiel en el matrimonio, a amar y respetar a los demás y, en general, a mejorar tu vida y la de tu comunidad; tratamos con una presión positiva que ayudará a crecer y mejorar.

Desafortunadamente, este no es el caso para la mayoría de quienes se sienten presionados por otros. Es más frecuente que la presión ataque a su víctima con mensajes de que es una persona insatisfecha, y que su vida es incompleta si no sigue al grupo; aunque el grupo rara vez motive el bien de la persona. En el mundo actual, oponerse al grupo puede incluso traer desaprobación moral, porque los conceptos del bien y del mal según la sociedad, contradicen cada vez más las claras enseñanzas del Creador. Las multitudes confundidas del mundo moderno suelen volverse contra quienes defienden el verdadero bien, acusándoles de defender el mal. No obstante, a veces resulta necesario actuar solos para defender nuestros valores y crecer en los caminos de Dios.

Un ejemplo bíblico

La Biblia presenta un ejemplo excelente de alguien que, aun en la juventud, tuvo la valentía de actuar solo ante la presión de los demás. Daniel, que probablemente era adolescente al comienzo del libro que lleva su nombre, fue transportado de su patria en Judá a la antigua ciudad de Babilonia, durante el reinado de Nabucodonosor II (Daniel 1:1-6). Como parte de su preparación para servir en el palacio real, Daniel y sus amigos debían comer los alimentos y beber el vino que el Rey les proveía. Aunque la Biblia no dice qué había de malo en esa comida, Daniel sabía que ingerirla equivaldría a contaminarse (v. 8).

Daniel tenía que elegir. ¿Comería esos alimentos aunque lo contaminaran? ¿O mantendría su compromiso con Dios negándose a comerlos? En un sentido, sería mucho más fácil aceptar los alimentos del Rey. Rechazarlos era algo grave. El jefe de los eunucos del Rey temía por su vida si algo marchaba mal, y Daniel entendía muy bien cuánto peor sería para un esclavo ofender al Rey (v. 10). Si Daniel optara por comer los alimentos del Rey, conservaría su bienestar físico y quizá podría justificarse pensando que “Dios comprendería”, y que no había otra opción para un cautivo en tierras extranjeras.

Sin embargo, Daniel no lo vio así. Estuvo dispuesto a hacer el bien, cualquiera que fuera el resultado. ¿De dónde sacó tanto valor?

Un factor era la firmeza de sus convicciones. Leemos que “Daniel propuso en su corazón no contaminarse” (v. 8). En otras palabras, estuvo resuelto a hacer lo que hizo. Por sencillo que parezca, el acto de tomar una firme decisión personal es un factor esencial para actuar bien. Tomada la firme decisión personal, dejamos de ser tan vulnerables al impulso emocional de seguir a los demás. Una vez convencido en el corazón de que no había lugar para transigir, Daniel pudo actuar solo en esta situación difícil, e incluso peligrosa para la vida. Estaba dispuesto a afrontar las consecuencias.

Otro factor importante fue que la decisión personal de Daniel estaba cimentada en el fundamento firme de la Palabra de Dios. Sabía que la Palabra de Dios es verdad (Salmos 119:160). ¡La verdad, por definición siempre es verdad! Era tan verdad en el momento de escribirse como lo es ahora, y será verdad en todas las circunstancias y en todo momento. Daniel sabía lo que tenía que hacer porque Dios había definido qué cosas contaminan a una persona. No era necesario confiar en su propia opinión, ni en la de otros para tomar sus decisiones: estas se basaban en principios fundamentales correctos.

¡Tú puedes actuar solo!

En la vida de todos nosotros habrá momentos en los cuales hay que tomar la decisión de mantenernos firmes, sin importar cualquiera que sea la presión del grupo, especialmente en un mundo como el nuestro, donde incluso las verdades bíblicas fundamentales se representan como cosa odiosa, y donde la persecución religiosa es algo muy real y peligroso. No siempre es fácil defender un principio ante la condena universal y arrolladora. Pero si estamos decididos a mantenernos firmes ante la presión del grupo, Dios nos dará su apoyo (ver Salmos 27:1-3; Mateo 10:17-20). Como bien escribió el apóstol Pablo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).

La fuerte convicción que demostró Daniel, se basó en el sólido fundamento que es la Palabra de Dios, y la tuya puede tener ese mismo fundamento. Al poner de ahora en adelante, la Palabra de Dios en práctica; en tu vida puedes desarrollar la fuerza de convicción personal que hará posible aceptar el desafío cuando llegue el momento de mantenerte firme. Si lo haces, no estarás realmente solo, porque Dios estará de pie a tu lado. [MM]