Siete engaños satánicos

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Nuestro mundo está repleto de estafadores, mentirosos y ladrones que buscan engañarnos. Pero la Biblia nos advierte acerca del embaucador más grande de todos: Satanás, el diablo.

¿Conoce usted sus tácticas? ¿Se ha preparado para evitar sus enredos, o podría caer víctima de sus engaños?

Todos conocemos historias de vendedores deshonestos que procuran defraudar a personas de avanzada edad para quitarles los ahorros de toda la vida. Sabemos de hombres de negocios corruptos que alteran la contabilidad para estafar a los inversionistas y para evadir impuestos. Quizá usted haya sido víctima de ladrones que entraron en su casa y le robaron pertenencias.

            ¿Pero sabía usted que hay un ladrón empeñado en quitarle lo más valioso que puede llegar a poseer: la vida eterna y su futuro como hijo de Dios? Ese ladrón se sirve de prácticas engañosas, desde la vanidad y el egoísmo, hasta el orgullo y el ocultismo. Se empeña en alejar a las personas de la verdad y del camino de vida que les traería verdadera felicidad, tal como Dios lo ha dispuesto.

            La Biblia nos advierte de una gran guerra espiritual que se librará en el futuro, un futuro ya muy cercano. Muchas personas que leen este artículo posiblemente estarán con vida en ese período traumático. Pero tomemos nota de estas sorprendentes palabras: “Fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue lanzado a la Tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él” (Apocalipsis 12:9).

            Leamos esto atentamente: Satanás, el diablo, ¡engaña al mundo entero! Esto significa a todos los pueblos, a toda la gente. Significa que usted y yo hemos sido engañados. Yo he sido engañado. Usted ha sufrido el engaño. Pero gracias a Dios, Él nos llama a salir del engaño del mundo ¡mediante el verdadero Jesucristo de la Biblia!

            ¿Cree usted que por ser una persona religiosa no puede caer en el engaño? Jesús reveló que una de las formas de engaño más sutiles se encuentra precisamente en prácticas religiosas. Además, la Biblia revela quién está detrás del engaño religioso. ¿Sabe usted quién? El apóstol Pablo advirtió a los corintios contra los falsos ministros: “Estos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras” (2 Corintios 11:13-15).

            Sí, Satanás tiene muchas estrategias, tretas y maquinaciones para confundirnos. Algunas personas, sin saberlo, lo adoran como un “ángel de luz” (v. 14); mientras que otras acuden a él en sesiones espiritistas, en el tarot y en la astrología. Millones juegan con el ocultismo y buscan respuestas en los adivinos y místicos. Estas prácticas oscuras son engañosas, y aun la mayoría de quienes se declaran cristianos, reconocen la influencia satánica en el ocultismo. Con todo, Satanás también cuenta con maquinaciones más sutiles.

            El apóstol Pablo, suplicando por el perdón de un pecador arrepentido, dijo: “Para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones” (2 Corintios 2:11).

            ¿Cómo podremos distinguir entre la verdad y el error? De esta manera oró Jesús por sus discípulos: “Santifícalos en tu verdad; tu Palabra es verdad” (Juan 17:17). La Palabra de Dios, la Biblia, ¡es la verdad! Sin embargo, Satanás puede engañar incluso a las personas religiosas. No es raro que se presente como “ángel de luz”. Se vale de ministros falsos que parecen genuinos, pero que en realidad son timadores fraudulentos.

            Como cristianos debemos ser conscientes de las tretas de Satanás. En este artículo describiremos brevemente siete de sus engaños más graves, que emplea para destruir a la gente y alejarla de Dios.

Primer engaño: Falsas doctrinas

             ¿Dónde encontramos las doctrinas o enseñanzas de Dios? Jesús dijo: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32). La verdad se revela en la Biblia, pero tenemos que practicar la verdad. En el versículo anterior, Jesús dijo: “Si vosotros permanecéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos” (v. 31).

            Es triste constatar que la mayoría de las personas se niegan a practicar la verdad. El apóstol Pablo profetizó que algunas personas religiosas buscarían maestros que les predicaran lo que ellas deseaban oír y no la verdad de la Biblia. Al joven evangelista Timoteo, lo exhortó en estos términos: “Te encarezco... que prediques la Palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” (2 Timoteo 4:1-4).

            ¿Tiene usted la disposición para dejarse guiar y corregir por la Biblia? ¿O se dejará desviar hacia las fábulas? Uno de los grandes errores del cristianismo tradicional ha sido la práctica, por parte de algunos, de tradiciones paganas. Para leer más sobre este tema de vital importancia, vea el artículo del doctor Douglas S. Winnail titulado: Renacimiento del paganismo, en la página 4 de El Mundo de Mañana de mayo y junio del 2010, en nuestro sitio en la red: www.elmundodemanana.org, enlace: Revistas.

            Pocos saben que los conejos y los huevos con que se celebra la Pascua florida son símbolos paganos de fecundidad. El árbol decorado de la navidad, la costumbre de intercambiar regalos en esa época y la decoración con muérdagos; son tradiciones paganas. El 25 de diciembre se celebraba desde la antigüedad como día del nacimiento de Mitras, el dios Sol; y no fue la fecha en que nació Jesús. ¿Deben los cristianos observar el día de los enamorados o de san Valentín? En el año 496 el papa Gelasio I estableció la fiesta de san Valentín el 14 de febrero. Anteriormente, desde los tiempos de la antigua Roma, los novios guardaban el 15 de febrero la lupercalia, o sea, la fiesta de Luperco, dios de la fecundidad. También en la antigua Grecia, el período de mediados de febrero se asociaba con el amor y la fecundidad. El mes griego llamado gamelión, que terminaba a mediados de febrero, se asociaba con el matrimonio de las deidades Zeus y Hera.

            El historiador Will Durant hizo este análisis: “La cristiandad no destruyó el paganismo, sino que lo adoptó. La mentalidad griega, agonizante, se perpetuó en la teología y la liturgia de la Iglesia; el idioma griego, que imperó durante siglos sobre la filosofía, se convirtió en el medio para transmitir la literatura cristiana y sus rituales; y los misterios griegos se trasladaron al impresionante misterio de la misa. Otras culturas paganas dieron su aporte a la resultante confusión. La cristiandad fue la última gran creación del antiguo mundo pagano” (The Story of Civilization, vol. 5, págs. 595, 599).

            ¿Acaso observamos tradiciones paganas en el nombre del cristianismo? Recordemos la advertencia de Jesús a los escribas y fariseos en cuanto a ciertas costumbres religiosas: “Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición” (Marcos 7:9).

            El libro del Apocalipsis revela uno de los engaños más arraigados, el apóstol Juan, ante la visión de los famosos cuatro jinetes, escribió: “Miré, y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba tenía un arco; y le fue dada una corona, y salió venciendo, y para vencer” (Apocalipsis 6:2). Tal como hemos señalado en artículos anteriores, apocalipsis significa revelación; y el verdadero Revelador es Jesucristo, quien revela el significado de este caballo blanco y su jinete. Jesús explica que el caballo blanco simboliza la falsa religión, incluyendo a quienes dicen venir en el nombre de Cristo, cuando no es cierto: “Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán” (Mateo 24:4-5).

            Jesús predijo que muchos se valdrían de su nombre y “a muchos engañarán”. En el versículo 24 advierte: “Se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos”. ¿Estaremos entre los engañados?

            Satanás, el diablo, ha embaucado al mundo entero. A quienes engaña les mantiene bajo cautiverio, como leemos en 2 Timoteo 2:26: “Escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él”. Debemos tener mucho cuidado ante los embustes del diablo. Debemos, como el apóstol Pablo, conocer sus maquinaciones.

Segundo engaño: La concupiscencia

            La naturaleza humana está llena de vanidad, celos, codicia y concupiscencia. Satanás puede aprovechar esa propensión y flaqueza de la gente. Envía tentaciones por medio de personas carnales y codiciosas, pero también por los medios de difusión: el cine, la televisión, las revistas y la internet.

            El apóstol Pablo advirtió a las personas casadas que no se privaran entre esposo y esposa de las relaciones sexuales, pues de ese modo Satanás podría aprovecharse de nuestra naturaleza carnal: “No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia” (1 Corintios 7:5).

            En nuestra era moderna, vivimos rodeados de tentaciones carnales. Por eso, el apóstol Pablo aconsejó así a quienes podrían carecer de dominio propio: “A causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido” (v. 2).

            Es necesario comprender que la lujuria y la codicia son pecados. El décimo mandamiento dice: “No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo” (Éxodo 20:17).

            En vez de codiciar, agradezcamos todas las bendiciones que Dios nos ha dado. Recordemos que en Filipenses 4:19 promete proveer a todas nuestras necesidades. Pero debemos comprender también que la codicia es una forma de idolatría. Podemos desear a una persona, un cargo o un objeto con tanta vehemencia, que se convierte en un ídolo para nosotros. Recordemos esta amonestación: “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría” (Colosenses 3:5).

            Necesitamos orar como Jesucristo nos enseñó: “No nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el Reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén” (Mateo 6:13).

Tercer engaño: Orgullo, vanidad y arrogancia

            El egoísmo y el egocentrismo constituyen parte integral de la naturaleza humana. Nos gusta sentirnos importantes, pero esa propensión nos puede llevar al engaño. El apóstol Pablo instruyó a Timoteo en cuanto a la ordenación de “obispos”, o supervisores, describiendo así algunas características del candidato: “No un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo” (1 Timoteo 3:6-7).

            ¿Permitimos acaso que el orgullo y la vanidad influyan en nuestra mente y acciones? En este caso, podemos estar engañados. Podemos caer en el lazo del diablo. ¿Cómo contrarrestaremos el egoísmo y la vanidad? El apóstol Santiago dijo: “Humillaos delante del Señor, y Él os exaltará” (Santiago 4:10).

            ¿Recuerda usted los ejemplos bíblicos de personas que cultivaron la soberbia y no dieron gloria a Dios? ¡El rey Herodes se dejaba adorar como un dios! Cultivaba la vanidad y la arrogancia. ¿Y cómo terminó? “Un día señalado, Herodes, vestido de ropas reales, se sentó en el tribunal y les arengó. Y el pueblo aclamaba gritando: ¡Voz de Dios, y no de hombre! Al momento un ángel del Señor le hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios; y expiró comido de gusanos. Pero la palabra del Señor crecía y se multiplicaba” (Hechos 12:21-24).

            Otro rey que tuvo que aprender la lección por las malas fue Nabucodonosor. Cuando hizo caso omiso del consejo de Daniel de arrepentirse, Dios le quitó el reino. Además, el Rey quedó reducido a vivir como un animal durante siete años, hasta que aprendió la lección. Esto lo leemos en Daniel 4.

            Debemos estar alerta contra el orgullo. Cuando Dios nos bendiga, démosle a Él la gloria. En palabras del apóstol Pablo: “El que se gloría, gloríese en el Señor” (1 Corintios 1:31).

Cuarto engaño: La mentira

            En el Nuevo Testamento hay un ejemplo clásico de mentira. Los miembros de la Iglesia primitiva donaban propiedades y fondos para ayudar a sus hermanos en la fe. Pero cierto individuo llamado Ananías cometió fraude. Dijo que había entregado a la Iglesia todo el producto de una venta, pero en realidad retuvo parte de los fondos. Le mintió al apóstol Pedro, como leemos en este pasaje: “Cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo solo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? Y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que oyeron” (Hechos 5:15).

            Más tarde llegó Safira. Ella también mintió y sufrió el mismo juicio que su esposo. ¡Murió al instante! Debemos tener presente que Satanás es el padre de la mentira, como dice en Juan 8:44. Por tanto, examinémonos a nosotros mismos. Vigilemos nuestras comunicaciones. ¿Alteramos la verdad? ¿O simplemente mentimos? No permitamos que Satanás se aproveche de nosotros como hizo con Ananías y Safira. Recordemos que el noveno mandamiento dice: “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio” (Éxodo 20:16). También debemos comprender el peligro de vivir una mentira. Muchos que se declaran cristianos ¡lo hacen! Sin embargo, las Escrituras nos advierten: “El que dice: Yo le conozco [a Jesucristo], y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él” (1 Juan 2:4).

            ¡Pidámosle a Dios que nos ayude a decir la verdad, y a vivir la verdad!

Quinto engaño: Sueños engañosos, visiones y “milagros”

            ¿Cuántas veces me habrán relatado sueños o visiones que obviamente eran inspirados por Satanás? Algunos pensaban que habían visto a Jesús. Supuestamente se les apareció con el cabello largo como nuestra sociedad suele imaginarlo. Ahora bien, el Jesús de la Biblia no tenía el cabello largo, puesto que el apóstol Pablo escribió: “La naturaleza misma, ¿no os enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello?” (1 Corintios 11:14). Jesús logró escaparse entre las multitudes en varias ocasiones porque su aspecto era el de un judío común y corriente de su época. No nos dejemos engañar por sueños, visiones ni mensajes llamativos. El apóstol Juan escribió: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1 Juan 4:1).

            Muchas personas se sienten atraídas por el ocultismo. Hay quienes intentan comunicarse con sus parientes fallecidos valiéndose de un médium. Los niños leen libros de Harry Potter y se fascinan con el ocultismo. Abundan también los videojuegos satánicos. Es imprescindible que instruyamos a nuestros hijos haciéndoles ver el peligro del ocultismo, las actividades satánicas y otras influencias demoníacas. El Dios Todopoderoso condena la hechicería y la brujería con estas palabras: “Es abominación para con el Eterno cualquiera que hace estas cosas” (Deuteronomio 18:12). Al respecto, no deje de leer también Deuteronomio 18:9-14 y Gálatas 5:20.

            Satanás se vale de sueños, visiones y milagros para engañar a la gente. El libro del Apocalipsis describe al gran profeta falso que pronto surgirá en el escenario mundial. Léalo en la Biblia: “Después vi otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón. Y ejerce toda la autoridad de la primera bestia en presencia de ella, y hace que la Tierra y los moradores de ella adoren a la primera bestia, cuya herida mortal fue sanada. También hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la Tierra delante de los hombres. Y engaña a los moradores de la Tierra con las señales que se le ha permitido hacer en presencia de la bestia, mandando a los moradores de la Tierra que le hagan imagen a la bestia que tiene la herida de espada y vivió” (Apocalipsis 13:11-14).

            ¡No nos dejemos engañar! Habrá líderes religiosos falsos que harán grandes prodigios y señales. Tenemos que someter a esos líderes a prueba de acuerdo con la Biblia, que es la Palabra de Dios. Por eso en esta revista y en nuestros programas de radio, televisión y redes sociales decimos: “No nos crean a nosotros. ¡Créanle a la Biblia!” Como dicen las Escrituras: “A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (Isaías 8:20).

            Podemos esperar con anhelo el día en que Satanás sea lanzado al abismo por mil años, como leemos en Apocalipsis 20:1-3. Mientras tanto, tenemos que permanecer en estado de alerta y en guardia.

Sexto engaño: Amargura

            Si no tenemos cuidado de vigilar nuestros sentimientos, podemos caer en la amargura. Puede que alguien nos ofenda. Entonces la herida se convierte en rencor. Si nos ocurren ideas de venganza. Si cultivamos esos sentimientos y los fomentamos, pueden convertirse en odio. Entonces el odio se convierte en amargura. Todo cristiano debe identificar y vencer los sentimientos de odio y amargura. Tomemos nota de estas instrucciones: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados” (Hebreos 12:14-15).

            Semejante amargura puede llevar, incluso, al pecado imperdonable. ¿Cómo contrarrestar esas emociones? Simplemente ¡siguiendo las instrucciones de Jesucristo! Quien nos enseñó de esta manera: “Yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los Cielos, que hace salir su Sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos” (Mateo 5:44-45).

            Aun personas que se declaran cristianas caen a veces en la trampa de maquinar venganza por alguna ofensa o injusticia. Dios nos advierte que evitemos esa actitud: “No digas: Yo me vengaré; espera al Eterno, y Él te salvará” (Proverbios 20:22). Nuestro Señor y Salvador dio el ejemplo, puesto que “cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente” (1 Pedro 2:23).

            Oremos pidiendo la intervención de Dios: que ejecute su juicio justo. Si lo indicado divinamente es la venganza, Él la ejecutará. El cristiano no debe tomar venganza con sus propias manos, y ceder ante la actitud satánica del odio. Las Sagradas Escrituras nos amonestan: “Conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” (Hebreos 10:30-31).

            Los cristianos debemos orar por nuestros enemigos. Bendecir a los que nos maldicen. ¡Así es el cristiano! Así es como vencemos la actitud insidiosa y satánica de odio y amargura.

Séptimo engaño: Falta de fe

            Cuando Satanás atacó a Job, el patriarca se mantuvo fiel a Dios... y aprendió lecciones espirituales de vital importancia. En un momento dado, Job dijo: “El temor que me espanta me ha venido, y me ha acontecido lo que yo temía” (Job 3:25).

            Como discípulos de Cristo, debemos afrontar nuestros temores con fe y pedir la protección y la intervención de Dios. Cuando estudiamos la Biblia y creemos las promesas de Dios, Él nos da fe. Y las Escrituras nos recuerdan que “la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17).

            La falta de fe nos expone a caer en los engaños de Satanás. La epístola a los Hebreos narra la infidelidad de los antiguos israelitas que no tenían fe ni confianza en Dios. Debemos entonces aprender de la dureza de su corazón y evitarla en nuestra vida: “Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado” (Hebreos 3:12-13).

            Quienes carecen de la fe en Cristo y persisten en confiar en Satanás acabarán por destruirse: “Los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Apocalipsis 21:8). Felizmente, también hay buenas noticias para quienes tienen fe y eviten los enredos de Satanás. “El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo” (v. 7).

            Dios desea que seamos sus hijos e hijas llenos de fe y de confianza por medio de Jesucristo, quien nos dará su fe si nos volvemos a Él de todo corazón. Mientras tanto, armémonos de conocimiento espiritual. No nos engañemos a nosotros mismos y evitemos los engaños del mundo. Evitemos también los engaños de Satanás. El apóstol Pablo nos recuerda que los cristianos no ignoramos las maquinaciones satánicas. Como saben las personas que regularmente leen esta revista, la profecía bíblica predice un gran sistema religioso falso, inspirado por Satanás, que va a influir en miles de millones de personas por todo el mundo. Al permanecer cerca del Dios verdadero, podemos evitar los engaños satánicos. ¡No nos dejemos engañar! [MM]