La familia de hoy... y del mañana - ¡Adiós a las citas amorosas!

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Muchos padres buscamos una buena orientación para la tarea de guiar a nuestros hijos en sus años de formación. En particular, ¿cómo ayudarles a sentar las bases para las relaciones sanas que Dios desea y para un matrimonio lleno de éxito y felicidad?

El libro: Le dije adiós a las citas amorosas, de Joshua Harris, les ofreció esperanzas a los padres desde que se publicó hace 20 años. La filosofía y enseñanzas de Harris y sus consejos sobre las citas y el noviazgo gustaron a millones de jóvenes y dieron origen a todo un movimiento de “cortejo cristiano”. Pero irónicamente, Harris cambió su punto de vista en el 2018, abandonó ese movimiento, y un año después se divorció de su esposa, la mujer a quien había encontrado y cortejado siguiendo los principios expuestos en su propio libro.

Nuestra base será más firme si no acudimos a movimientos ni a modas, sino a guiarnos por principios que no deben su estabilidad a un autor o conferencista del momento.

Los libros de Harris traen algunos principios de este tipo, pero otros, por muy bien intencionados, fueron producto de la imaginación humana. Además, los buenos principios expuestos en sus libros quedaron muy mal a la luz de sus decisiones posteriores.

¿Habrá principios basados en la Biblia que guíen a los jóvenes en su trato con el sexo opuesto mientras se acercan a la edad adulta?

Los hay, y muchos. Y no implican decir adiós a las citas amorosas. Lo que implican es comprender cómo el Creador diseñó a nuestros hijos, y su proceso de desarrollo hasta la edad adulta para, sobre esa base, guiarlos a tener un trato apropiado con el sexto opuesto.

¿Qué entendemos por una cita amorosa?

Empecemos por algunas definiciones. Aunque el mundo ha corrompido la palabra, una “cita” en este contexto es sencillamente una ocasión social prevista en la que se reúnen personas de sexo opuesto para disfrutar de la compañía de la otra persona. Puede tratarse de un chico y una chica, o puede ser una “cita doble”, con dos parejas o incluso una “cita en grupo” con varias personas. Una cita puede ser un café y una conversación, un paseo por el parque o algo más activo, como una tarde escalando rocas en el gimnasio. Puede ser tan personal como una cena para dos a la luz de las velas, o tan impersonal como un paseo a la playa con diez personas más.

Considerando que una “cita” puede comprender una variedad de actividades, así como diferente número de personas, ¿qué debemos enseñar a nuestros hijos sobre el tema? Ellos querrán salir en pareja ¡y eso no es malo! El deseo de departir con el sexo opuesto es algo natural y bueno, dispuesto por Dios. “Creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:27).

Considerando la amplia variedad de ideas e interpretaciones que hay sobre el tema de las citas, ¿qué principios sanos nos pueden servir, como padres y madres, para ayudar a nuestros hijos a salir en grupo, luego pasar a las citas en pareja y finalmente buscar con quién comprometerse como esposo o esposa? Una respuesta importante tiene que ver con tres etapas básicas en el desarrollo de los hijos.

Etapas para aprender, no para una relación exclusiva

La primera se podría llamar la etapa infantil, y puede durar hasta las edades de 12 a 13 años aproximadamente. En este período, los hijos necesitan que sus padres vean por su bienestar. La Palabra de Dios dice: “La necedad está ligada en el corazón del muchacho” (Proverbios 22:15), y en esta etapa los niños son física y emocionalmente inmaduros. Su orientación más natural es hacia sus padres, como debe ser, no hacia sus amigos. Están aprendiendo lo que es la responsabilidad y la idea de salir a una “cita” ni siquiera debe considerarse.

La segunda etapa podría llamarse la adolescencia, la que para muchos va de los 13 a los 18 años; si bien el grado de madurez varía de una persona a otra. Durante estos años, nuestros hijos ejercen cierta independencia, pero su bienestar físico sigue dependiendo de sus padres. En los primeros años de su adolescencia, en especial, las actividades en grupo sirven para promover el aprendizaje de algunas lecciones importantes, y la adquisición de ciertas habilidades que nuestros hijos necesitarán más adelante en la vida.

En esta etapa los jóvenes miran más hacia sus semejantes y aprenden sobre el compromiso y el desarrollo de relaciones personales. Aprenden cómo la cortesía y la actitud amable promueven buenas amistades con chicos y chicas. Los padres deben guiarlos y animarlos a conocer y tratar a muchas personas jóvenes de ambos sexos. Al alejarlos de la práctica de la relaciones exclusivas, van inculcando en ellos el principio divino de tratar a todos con respeto, no solo a quienes admiran o a quienes desean impresionar: “En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas” (Hechos 10:34).

Los adolescentes van madurando cada vez más en lo físico, pero su madurez emocional todavía dista mucho de ser lo que será en la edad adulta. Las hormonas en la adolescencia empiezan a transformarlos y a energizar su atracción hacia el sexo opuesto. Para un muchacho, los pasajes en la Biblia que instan a controlar los impulsos hacia la mujer; adquieren mucho sentido cuando empieza a mirar a las chicas de un modo nuevo y diferente: “No codicies su hermosura en tu corazón, ni ella te prenda con sus ojos” (Proverbios 6:25). “Yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5:28). Si bien los jóvenes en esta etapa pueden practicar el ejercicio de la responsabilidad y la toma de decisiones acertadas, por lo general no están preparados para asumir un compromiso permanente como el matrimonio.

Los padres que insisten en que sus hijos eviten formar relaciones de exclusividad les hacen un bien, y ayudan a protegerlos para que no traspasen importantes límites tanto físicos como emocionales. A la vez, les ayudan a adquirir la capacidad de formar amistades muy variadas, y les dan libertad para descubrir y aprender sobre los rasgos y características que esperarán, con el tiempo, encontrar en una pareja.

Una cita no tiene por qué señalar una relación exclusiva. En los últimos años de esta segunda etapa, nuestros adolescentes ya mayores pueden tener la responsabilidad necesaria para disfrutar de una cita doble, e incluso una salida en pareja en circunstancias apropiadas. Para quienes ya se hayan preparado, este tipo de cita será parte de su experiencia y formación, ya que les da la oportunidad de practicar el trato cortés, amable y respetuoso. Los chicos pueden ejercer algún liderazgo en las citas, y las chicas pueden practicar cómo se deja que ellos asuman ese liderazgo.

Lo importante es recordar que aun siendo adolescentes mayores, en esta etapa nuestros hijos suelen carecer aún de la formación necesaria para asumir compromisos para toda la vida. Lo más probable es que no tengan preparación en los aspectos económico, educativo y ni siquiera emocional para un compromiso matrimonial. Por lo tanto, las citas en esta etapa, sean en grupo o en pareja, no son indicadas para practicar la exclusividad.

Un cimiento para su futuro

Superadas las etapas anteriores, nuestros hijos se encuentran mucho mejor preparados de lo que habrían estado para pasar a la tercera etapa, la de adulto joven, que tiene sus propias características, oportunidades de aprender y crecer y quizá la bendición de hallar una pareja. Esto, finalmente, es lo que Dios dispuso que deseáramos: alguien como nosotros, un complemento y el compromiso con una compañía dentro de una relación centrada en Cristo: “Para Adán no se halló ayuda idónea para él... Y de la costilla... hizo una mujer, y la trajo al hombre... Por tanto, dejara el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer” (Génesis 2:20, 22, 24; ver Efesios 5:22-33). Las citas de pareja bien entendidas, las que sean apropiadas en cada etapa de la vida de un joven, ayudan a sentar las bases de una unión para toda la vida. [MM]

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