¿Qué tienen de malo las imágenes de Jesús?

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Pregunta: El Mundo de Mañana dice ser una organización cristiana, pero jamás he visto en sus publicaciones ninguna obra de arte ni representación gráfica de Jesucristo; aunque muchas publicaciones religiosas si las tienen. ¿Por qué ustedes no?

Respuesta: En nuestro mundo abundan las representaciones artísticas de Jesucristo, como esculturas, estatuas y retratos imaginarios en las catedrales, iglesias y museos de arte. Se usan en la literatura, en los documentos religiosos y en las casas. No obstante, todas estas son representaciones falsas.

No existe ningún retrato de la época de Jesucristo ni descripciones de su aspecto físico. Solamente hay un pasaje del Antiguo Testamento donde el profeta Isaías escribe acerca del aspecto del Mesías: “No hay parecer en Él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos” (Isaías 53:2).

Muchos artistas en la historia han producido imágenes de una figura de apariencia religiosa con cabello largo, túnica blanca y expresión triste; y generalmente de la raza y el parecer que se admiraban en la época y cultura del artista. Otros también han incluido símbolos paganos introducidos en el mundo de la cristiandad mucho después de la muerte y resurrección de Jesucristo.

Estos supuestos retratos o estatuas de Jesucristo, además de popularizar los errores ya mencionados, presentan a un hombre de rasgos suaves y afeminados. Sin embargo, como joven carpintero y constructor que trabajaba al aire libre, Jesús sin duda era de aspecto muy masculino y tendría el cabello recortado como acostumbraban los varones judíos de su época. El apóstol Pablo incluso enseñó que los hombres no debían llevar la cabellera larga (1 Corintios 11:14). Esta evidencia, sumada al pasaje de Isaías 53:2 ya citado, nos hace comprender que Jesús fue un judío de aspecto normal para su época, que probablemente no se distinguía entre la multitud en circunstancias normales. El hecho de que los autores de los Evangelios no describieran su aspecto físico, confirma que no era un detalle de importancia religiosa.

Por otra parte, hay muchos motivos para no hacer representaciones de Cristo. El principal es lo que ordena el segundo de los diez mandamientos: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el Cielo, ni abajo en la Tierra, ni en las aguas debajo de la Tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy el Eterno tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos” (Éxodo 20:4-6).

Los seguidores de Jesús en el primer siglo, y ciertamente los de origen judío en todo el Imperio Romano, habrían condenado como idolatría cualquier imagen de Él. El propio Jesús mandó conservar este mandamiento además de los otros nueve (Éxodo 20:46; Mateo 19:17; ver también Apocalipsis 12:17; 14:12). Cuando, con el tiempo, comenzaron a hacerse imágenes supuestamente de Jesucristo o de Dios el Padre, el hecho despertó mucha polémica, pero la resistencia se derrumbó bajo la presión de las ideas paganas y la creatividad humana. No obstante, el mandamiento contra la adoración de ídolos y contra las imágenes sigue en pie.

La transgresión del claro mandamiento de Dios contra la idolatría es, en parte, el acto de aplicar nuestras limitadas facultades humanas para hacer algo que “creemos” representa a nuestro Dios y a nuestro Salvador; pero que conduce a ideas erradas y falsas. Quizá por esta razón, tantas representaciones falsas de Jesús lo muestran como miembro de la raza del artista en cuestión, cosa que, aunque el artista actúe con motivos inocentes, resulta totalmente absurda; y a su vez contribuye a confundir a incontables personas en todas las generaciones.

Sea cual sea el razonamiento, incluso una imagen humilde de un carpintero judío solo llamaría la atención sobre su cuerpo terrenal, destinado a una horrenda desfiguración y muerte. La descripción dada en la Biblia sobre un Jesucristo glorificado y resucitado habla de una figura poderosa que desafía la imaginación: “Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego… y su voz como estruendo de muchas aguas… y su rostro era como el Sol cuando resplandece en su fuerza” (Apocalipsis 1:14-16).

Teniendo en cuenta las claras instrucciones del segundo mandamiento y nuestro deseo de centrarnos en transmitir el mensaje de nuestro Salvador Jesucristo, que pronto regresará como el “Rey de reyes” glorificado, El Mundo de Mañana evita caer en la trampa de presentar a ese Jesús “artístico”, pero falso, que tantos reverencian. ¿Por qué conformarnos con algo menos que poder un día ver a nuestro Dios y Salvador en persona? [MM]

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