¿Sigue usted a Jesucristo?

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Cuando ustedes lean esta edición de nuestra revista, confío en que la mayoría habrán recibido la carta semestral de nuestro director general, el doctor Roderick C. Meredith. Dos veces al año dirige a los suscriptores de El Mundo de Mañana una carta personal con noticias sobre la obra y lo que el Cristo viviente está haciendo en nuestro mundo, conforme se acerca el final de esta era. Pese a los muchos ataques de Satanás contra los valores bíblicos perdurables, los verdaderos cristianos pueden seguir fieles a su Salvador, respondiéndole con amor y obediencia, lo que es posible gracias al don del Espíritu Santo. Jesucristo declaró en Juan 10:27: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen”.


En su carta semestral, el doctor Meredith ofreció a los suscriptores de El Mundo de Mañana un DVD especial y gratuito titulado: ¡Sálvese de la gran tribulación! Se trata de una recopilación de tres de nuestras transmisiones más importantes del programa televisado El Mundo de Mañana. Si usted no ha devuelto la tarjeta de respuesta que acompaña la carta, lo invito a hacerlo de inmediato. ¡Entérese de lo que Jesucristo está llevando a cabo por medio de su Iglesia y su obra!

¡Busque a su Salvador!

¿Dónde busca usted orientación para su vida? La Biblia trae promesas inspiradoras que nosotros debemos reclamar y creer. La siguiente es una promesa de Jesús que debe llenarnos de ánimo: “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20). Y el Dios Todopoderoso también nos hace esta promesa en Hebreos 13:5: “No te desampararé, ni te dejaré”.

Es claro que nuestro Padre desea vernos siguiendo a Jesucristo, nuestro Salvador, de muchas maneras. Pero, ¿qué nos pide Jesucristo a nosotros, sus seguidores? Dijo: “Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre” (Lucas 21:36). Observando el mal y la confusión que reinan en el mundo, algunos quizá se dejen llevar hacia la depresión, la angustia y el desánimo. Humanamente, parece que no hubiera solución para los problemas de siempre: las guerras, la codicia y la maldad. Sin embargo, nosotros como cristianos sabemos que la solución no radica en el hombre y su naturaleza humana. Solamente el regreso de Jesucristo, el Rey venidero, quien establecerá el Reino de Dios aquí en la Tierra, salvará a la humanidad de la aniquilación total. Como cristianos tenemos esta esperanza que nos libra del derrotismo. Dios nos ha dado esperanza, ánimo y la forma práctica de estar siempre centrados en nuestras responsabilidades cristianas. Les invito a aclarar más este aspecto leyendo mi artículo: Siete claves para la paz mental, en la página 8 de esta edición.

Ciertamente, quienes no están siguiendo a Jesucristo, el mundo actual se hunde más y más en el mal; con su amplio y consciente rechazo de todo lo que tuvieron por sagrado quienes se declaran cristianos. Nuestro director general, el doctor Roderick C. Meredith, ha escrito un fuerte artículo en el cual delínea las estrategias empleadas por Satanás para llevar al mundo por mal camino. Lea ese artículo informativo titulado: El Universo alterno de Satanás, en la página 4 de esta revista. Le ayudará a comprender la importancia de que resistamos a Satanás y permanezcamos como seguidores de Jesucristo.

Recuerden, amigos, que seguir a Jesucristo es un “camino de doble vía”. Cuando respondemos a nuestro Salvador, Él promete respondernos. Jesucristo es nuestro Sumo sacerdote, deseoso de interceder por nosotros delante del Padre (Hebreos 7:25). Una forma como Dios responde a las oraciones de sus siervos es mediante la sanidad. Claro está que, en última instancia, todos los cristianos serán “sanados” al nacer dentro de la Familia de Dios como seres espirituales hechos inmortales. Pero además, sabemos que Dios tiene todo el poder para sanar este cuerpo humano, conforme a su voluntad. El hecho de tomar el pan de la Pascua cada año nos recuerda que el cuerpo de nuestro Salvador fue quebrantado como un sacrificio y que a Él se refieren las palabras “por cuya herida fuisteis sanados” (1 Pedro 2:24; vea también Isaías 53:5).

¿Necesita usted sanar? ¿Comprende cómo y por qué sana Dios? Rod McNair, colaborador de El Mundo de Mañana, ha escrito un importante artículo titulado: ¿Por qué cura Dios?, en la página 12 de este número. Lea con detenimiento ese artículo, lo llenará de ánimo y le dará una idea más clara de lo que es el maravilloso don de la sanidad divina.

Arrepentimiento y obediencia

La sanidad nos alivia de algún mal físico que nos ha estado molestando. Pero si regresamos a las mismas costumbres que causaron el mal, ¿de qué va a servir la sanidad? Dios quiere que respondamos a Él con arrepentimiento, dejando atrás nuestros viejos caminos de pecado.

¿Y qué es el arrepentimiento? La palabra griega traducida como “arrepentirse” es metanoeö, y significa “pensar de otro modo”. Debemos arrepentirnos de nuestros pecados; es decir que debemos verlos de otro modo. ¿Qué es el pecado? “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley” (1 Juan 3:4). La versión Reina Valera es muy clara: “pues el pecado es infracción de la ley”. Cuando transgredimos uno de los diez mandamientos, hemos pecado. Así lo dijo también el apóstol Santiago: “Cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos. Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho: No matarás. Ahora bien, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho transgresor de la ley. Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad” (Santiago 2:10-12).

Cuando nos arrepentimos del pecado, lamentamos profundamente haber transgredido la ley divina. Nuestra actitud hostil hacia Dios y a su ley de la libertad desaparece. Desaparece también nuestra actitud carnal que es enemistad contra la ley de Dios (vea Romanos 8:7). Luego del arrepentimiento, ansiamos estar en armonía con la ley divina del amor, o sea, los diez mandamientos. El arrepentimiento trae un cambio profundo en nuestro modo de pensar y nos hace seguir cada palabra de Dios. En palabras de Jesús: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios” (Lucas 4:4).

El sincero arrepentimiento no es como la tristeza del mundo, que vemos reflejada en personas sorprendidas en sus crímenes o pecados. El dolor por “haberse dejado sorprender” no es el arrepentimiento que viene por nuestra necesidad de cambiar y actuar de otra manera. “Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte” (2 Corintios 7:10).

Veamos las características de la tristeza que es según Dios: “He aquí, esto mismo de que hayáis sido contristados según Dios, ¡qué solicitud produjo en vosotros, qué defensa, qué indignación, qué temor, qué ardiente afecto, qué celo, y qué vindicación! En todo os habéis mostrado limpios en el asunto” (2 Corintios 7:11).

Si usted sigue a Jesucristo, si se esfuerza sinceramente por vivir según cada palabra de Dios y producir el fruto del Espíritu Santo en su vida, entonces cuando cometa algún pecado, podrá mostrar ese arrepentimiento genuino que es de Dios. La sangre de Jesucristo salva a los cristianos de sus pecados del pasado; además, nos salva ahora mismo (2 Corintios 2:15); y en el futuro “seremos salvos por su vida” (Romanos 5:10).

Amigos, ruego que en todo lo que piensen, digan y hagan; sigan a Jesucristo, ¡el Rey de reyes y Señor de señores en el mundo venidero!

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