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Los problemas que polarizan a Canadá están creando una tendencia oculta de separatismo, que amenaza con desintegrar el país. Esto se observa tanto en el Este de Canadá, con el deseo de Quebec de una mayor independencia; como en el Oeste, particularmente en Alberta, que exige un mayor control sobre los recursos y una presencia más visible en las políticas federales. La retórica separatista se intensificó en ambos lados de Canadá tras las elecciones canadienses de la primavera del 2025. Curiosamente, algunas de las mismas preocupaciones que obligaron a Canadá a unirse como nación en 1867, constituyen el núcleo de los actuales movimientos separatistas.
El cambio de actitud del Reino Unido hacia sus colonias, a mediados del siglo 19, fue uno de los principales factores que influyeron en la formación de Canadá. Este cambio se debió a las cargas financieras y militares del extenso Imperio Británico. El vasto alcance imperial del Reino Unido era costoso de mantener, por lo que los gastos se trasladaron a las propias colonias. A medida que el Reino Unido reducía el gasto colonial en obras públicas y militares, las colonias tuvieron que buscar la manera de financiar la construcción de su infraestructura necesaria y defenderse de las invasiones. Las colonias que antes habían gozado de un trato comercial preferencial, ahora buscaban desesperadamente nuevos socios comerciales estratégicos.
Los aranceles se convirtieron en un tema crucial, a medida que las colonias buscaban generar ingresos integrándose a la creciente economía global. Para las colonias británicas en Norteamérica, tenía sentido colaborar como una unidad política, económica y militar. La Ley de la Norteamérica Británica (también conocida como Ley de la Confederación), fue aprobada por el Parlamento Británico, y recibió la sanción real el 29 de marzo de 1867. Tres meses después, el 1 de julio, las colonias de la provincia de Canadá (Ontario y Quebec), Nueva Escocia y Nuevo Brunswick; se unieron oficialmente, formando el Dominio de Canadá. Desde la Confederación, Canadá ha experimentado diversos cambios, que han expandido la nación hasta comprender actualmente diez provincias y tres territorios.
Canadá es joven, en comparación con muchos otros países, pero a lo largo de su breve historia, ha ejercido una influencia moderadora y estabilizadora. Dicha influencia ha disminuido en los últimos años, y podría seguir erosionándose, si el país no logra resistir las tendencias ocultas que perturban su propia estabilidad.
La idea de la separación ha formado parte de la política quebequense durante decenios. Esta provincia, la más grande de Canadá, posee una identidad cultural y lingüística propia, que ha intentado preservar con ahínco. Algunos creen que la singularidad de Quebec justifica la separación de la Confederación. Quebec ha celebrado dos referendos separatistas, uno en 1980 y otro en 1995. En ambos casos, la mayoría de los votantes optó por permanecer en Canadá. Sin embargo, los resultados del referéndum de 1995 fueron prácticamente iguales, con un 50,58 % que escogieron no separarse. El movimiento separatista en Quebec recientemente ha cobrado cierto impulso, a medida que los separatistas del Oeste de Canadá parecen apoyar la tendencia (Alrededor de la mitad de los jóvenes de Quebec apoyan la soberanía. Encuesta, CityNews.ca, 26 de junio del 2025).
Al igual que en Quebec, el sentimiento separatista en Alberta ha formado parte del debate político durante años, si bien el movimiento no ha estado tan cohesionado como en el Este. Acontecimientos recientes han propiciado lo que parece ser un resurgimiento del sentimiento en Alberta. A diferencia de Quebec, el actual movimiento separatista en Alberta cuenta con una base de apoyo predominantemente de derecha, y se centra en reivindicaciones económicas y políticas, gestión de recursos, políticas federales y representación política; más que en diferencias culturales o lingüísticas.
Alberta, rica en recursos y con una población relativamente joven, ha manifestado una creciente frustración por no ser escuchada en Ottawa. Todavía no se ha celebrado un referéndum separatista formal en el Occidente de Canadá, algo que podría cambiar pronto. El gobierno de Alberta, bajo la dirección de la primera ministra Danielle Smith, presentó recientemente un proyecto de ley que facilita la convocatoria de referendos, y está considerando la posibilidad de convocar uno sobre la separación para el 2026, si cuenta con el apoyo suficiente de la población de Alberta (¿Se toma en serio Alberta la separación?, Maclean’s, 12 de junio del 2025).
La Palabra de Dios enseña que hay dos caminos; el libro del Génesis introduce este concepto mediante dos árboles: el árbol del conocimiento del bien y del mal, y el árbol de la vida. Más adelante, este concepto se refuerza cuando Dios hace un pacto con los israelitas, y les da instrucciones directas sobre qué camino deben elegir:
“Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal; porque yo te mando hoy que ames al Eterno tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que vivas y seas multiplicado, y el Eterno tu Dios te bendiga en la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella. Mas si tu corazón se apartare y no oyeres, y te dejares extraviar, y te inclinares a dioses ajenos y les sirvieres, yo os protesto hoy que de cierto pereceréis; no prolongaréis vuestros días sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán, para entrar en posesión de ella” (Deuteronomio 30:15-18).
Entonces Dios reitera su instrucción de manera contundente, diciendo: “A los Cielos y a la Tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia” (v. 19).
En definitiva, solo hay dos caminos: Uno bueno que lleva a la vida y otro malo que lleva a la muerte. La Biblia es clara: El camino de Dios es el bueno, el que lleva a la vida.
No nos dejemos confundir por la polarización del mundo, que este es el reino de Satanás (Juan 12:31). Jesucristo afirmó claramente: “Si un reino está dividido contra sí mismo, tal reino no puede permanecer” (Marcos 3:24). Las divisiones sociales, económicas y políticas de este mundo no representan dos caminos diferentes; sino distintas sendas dentro de un mismo camino, todas conducentes al mismo destino. Representan el camino del mal que lleva a la muerte, el camino del dios de este mundo (2 Corintios 4:4).
Los extremismos separatistas en Canadá y otros lugares no son nuestro objetivo. Jesucristo nos instruye claramente: “Buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33). Debemos servirnos del Espíritu Santo de Dios, junto con nuestro intelecto, don divino, para comprender la Biblia de manera sólida, pero no debemos dedicar demasiado tiempo a los problemas de este mundo, ni a intentar convencer a los demás de una postura en particular.
Ninguna de las controversias de este mundo nos revela el camino a la vida, ese buen camino que Dios nos enseña a elegir. Satanás ha engañado a la gente, haciéndole creer que, debido a los marcados contrastes de creencias y opiniones que existen en el mundo que nos rodea, están eligiendo entre la vida y la muerte; pero, en realidad, están eligiendo entre la muerte y la muerte.
El mundo está cada vez más dividido. Como discípulos de Jesucristo, debemos comprender el origen de esas divisiones, para evitar vernos envueltos en el caos y la confusión que resultan de los problemas sociales, económicos y políticos. El camino de Dios no promueve las divisiones.
Se puede aprender más sobre el gobierno venidero de Dios, cuando el mundo esté unido bajo el sólido liderazgo de Jesucristo, leyendo nuestro folleto: El maravilloso mundo de mañana. ¿Cómo será? Puede leerse en línea en nuestro sitio en la red: www.elmundodemanana.org, o solicitar un ejemplar gratuito. [MM]