Azote del antisemitismo

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¿Por qué parece que está creciendo el antisemitismo en la sociedad actual? En diciembre pasado, el mundo se enteró de que un par de pistoleros abrieron fuego sobre una fiesta de Janucá que se celebraba al aire libre en la playa de Bondi en Sidney, Australia. El saldo fueron 15 muertos y treinta y seis heridos. En marzo de este año, se produjeron por lo menos ocho ataques violentos contra sinagogas en diferentes partes de los Estados Unidos y Europa.

¿Podemos atribuir la culpa a islamistas radicales? Aunque el extremismo islámico es un factor, no explica el sentimiento antisemita tan difundido en el Reino Unido y otras naciones occidentales, después del atentado terrorista de Hamás contra Israel el 7 de octubre del 2023. A la semana del atentado, le policía metropolitana de Londres ya había señalado un aumento de siete veces en los incidentes y atentados antisemitas, comparados con el año anterior (The Guardian). Y notemos que esto fue antes de que Israel hubiera montado su respuesta letal contra Gaza, como reacción a la violencia de Hamás. Tan intensas fueron las protestas contra Israel en Londres, que el gobierno del Reino Unido declaró que el grupo Acción Palestina en el Reino Unido era una organización terrorista, y prohibió que continuara funcionando.

Las raíces del antisemitismo

Los motivos de este alud de antisemitismo varían de un país a otro. Pero el sentimiento detrás de las palabras dichas por Amán al rey Asuero, monarca del Imperio Medopersa en el siglo 5 antes de Cristo, siguen resonando en la mente de muchos por todo el mundo:

“Hay un pueblo esparcido y distribuido entre los pueblos en todas las provincias de tu reino, y sus leyes son diferentes de las de todo pueblo, y no guardan las leyes del Rey, y al Rey nada le beneficia el dejarlos vivir” (Ester 3:8).

Se comprende que los musulmanes, creyendo que las bendiciones de Abraham se dieron por medio de Ismael, se opusieran al pensar judío, como aparece en las Escrituras, de que las bendiciones pasaron a los descendientes de Isaac. Ese es un desacuerdo teológico. Sin embargo, entre los más radicales se toma como una justificación para matar.

El mundo islámico no es el único que expresa antisemitismo. Naciones que se declaran cristianas, tienen una larga historia de comportamiento antisemita, que las autoridades religiosas justificaban en su momento, como consecuencia merecida de que los judíos mataron a Jesucristo. Pero los que protestan hoy día en el Occidente no son de manera alguna religiosos; universidades laicas e individuos con formación universitaria han estado a la vanguardia de las protestas contra Israel. Lo que hay aquí es algo diferente.

Pensemos en el caso de Irlanda, que negó el ingreso aproximadamente al 90 por ciento de los judíos que buscaron refugio durante el holocausto. Para que no atribuyamos esto al pasado católico de la nación, debemos señalar que la Irlanda actual se ha vuelto muy laica y, aparte de la historia, las encuestas muestran que aproximadamente el 20 por ciento de los irlandeses niegan que el holocausto hubiera ocurrido, o piensan que se ha exagerado mucho al respecto. Y, luego de tildar a Israel de Estado terrorista, la presidenta irlandesa, Catherine Connolly, asumió el cargo en noviembre habiendo recibido el 63 por ciento de los votos.

Del antisionismo al antisemitismo

¿Qué hace que una nación laica se incline hacia el antisemitismo? La experiencia muestra que hay un trecho muy corto del sentimiento contra Israel al sentimiento antisemita, puesto que la nación de Israel basa firmemente su identidad en su forma de entender las Escrituras. Los judíos en Israel, sean o no de tendencia religiosa, ven el éxodo de Egipto como un aspecto fundamental de su espíritu nacional. Aunque el primer ministro Benjamín Netanyahu no se presenta como religioso devoto, es el único líder del mundo Occidental que ha citado la Biblia para justificar la existencia de su nación ante las Naciones Unidas. También se ha referido a los benefactores iraníes de Hamás como “Amalec”, antiguo enemigo de Israel en la Biblia.

Fundamentarse así en las Escrituras es algo que choca con la sensibilidad occidental, pero hay algo más profundo. Cuando Alex Priou, profesor de la universidad de Texas, en Austin, visitó Israel, le llamó la atención la amplitud con que los israelíes empleaban conceptos e instrucciones de la Biblia para enmarcar y justificar su estilo de vida. Priou observó que no todos los israelíes son conocedores de la Biblia, pero que esta influía reiteradamente en sus acciones y decisiones, aunque la nación se fundó nominalmente sobre principios laicos después de la Segunda Guerra Mundial y el holocausto. Muchos han olvidado que la Unión Soviética, nada amiga de la religión, fue la primera nación que dio su reconocimiento oficial al recién fundado Estado de Israel en 1948.

David Ben-Gurión y la primera generación de líderes israelíes adoptaron el secularismo. El Partido Laborista (socialista) dominó la política en la mayor parte de los tres primeros decenios del Estado. La polémica decisión del general Moshé Dayán, de renunciar al control sobre el Monte del Templo, luego de su captura de Jerusalén por fuerzas israelíes en la Guerra de Los Seis Días de 1967 es un ejemplo; ya que evidentemente veía los temas religiosos como algo subordinado a la protección de la nación. Hasta Menájem Beguin, jefe del Partido Likud, oposicionista, tenía el mismo concepto, el de un Estado laico. Los primeros que llegaron a Israel después de la Segunda Guerra Mundial, venían primordialmente de Europa, y habían vivido, en cierta medida, bajo gobiernos socialistas y laicos.

Pero cuando llegaron los judíos mizrajíes, provenientes de África del Norte y del Oriente Medio como Yemen e Irak en la década de 1950, llevaron a Israel una experiencia muy distinta, en la cual no existía el concepto de asimilación laica. Muchos eran más devotos que los inmigrantes askenazi, provenientes de Europa, y cambiaron la estructura religiosa del Estado. Esto produjo una paradoja: Aunque la persecución de los judíos fue lo que llevó a los Estados miembros de las Naciones Unidas a respaldar en forma arrolladora la partición de Palestina para crear una patria judía, la manera creciente del judaísmo en la patria judía hizo peligrar buena parte de ese apoyo.

Cuatro tribus pero tres religiosas

El antiguo presidente israelí, Reuven Rivlin, expuso un rasgo sobresaliente de la vida israelí en un discurso, pronunciado en el 2015, que llegó a conocerse como: El Discurso de las cuatro tribus. Rivlin resaltó que la sociedad israelí se había dividido en cuatro tribus: Laicos, Nacional religiosos, Ultraortodoxos y Árabes israelíes; que formaban grupos separados con poca o ninguna interacción entre sí. Tengamos en cuenta que tres de los cuatro grupos son religiosos, y que el grupo laico está disminuyendo. Al contrario de lo que sucede en el resto del mundo occidental, no hay integración entre estos grupos, sino que cada uno presenta diferencias fundamentales en su educación, valores básicos y la forma de ver la naturaleza del Estado de Israel. Y cada una de estas identidades, incompatibles, está anclada en su propia perspectiva sobre la religión.

Como muestra de lo profunda que es la influencia de la religión en Israel, consideremos el resumen del blog del Times of Israel, publicado el 12 de marzo del 2026. Comenzó con un artículo titulado: “¿Estaremos edificando el Tercer Templo?” Eliezer Wolf escribió: “Sí, los judíos creen que un día se reedificará el templo, pero, aunque las teorías conspirativas virales digan lo contrario, la tradición judía dice que no estamos ni cerca de edificarlo por ahora”. Lo extraordinario es que el autor procede enseguida a citar varios pasajes de las Escrituras para justificar su convicción, exponiendo los factores que impiden llegar a ese ideal por ahora.

Ningún periódico de Occidente se dignaría publicar, en primera plana, el razonamiento detrás de la construcción de un templo en Jerusalén. Si acaso lo publicaran, estaría enterrado en alguna sección cultural. Dicho esto, cuando los judíos empiecen a construir un templo, el escándalo, por lo que se denunciará como una costumbre primitiva, muy probablemente aparecerá en todos los diarios y tabloides del mundo.

Secularismo y antisemitismo en el mundo

Lejos de ser un fenómeno religioso, el aumento del antisemitismo desde el final de la Segunda Guerra Mundial, se relaciona ante todo con el auge del secularismo en nuestro mundo occidental. Melanie Phillips, destacada periodista y autora británica israelí, atribuye el incremento del antisemitismo a la más laica de todas las filosofías políticas: el marxismo (Jerusalén Post). Con la infiltración de ideas marxistas en el sistema educativo occidental, no es extraño que al lado del rechazo del camino de vida expuesto en la Biblia para personas y comunidades, veamos simultáneamente agravarse el odio contra una comunidad en particular: los judíos. Quienes aún fundamentan su identidad y su conducta en las Escrituras, según como las entienden.

El odio contra la Biblia también afectará cada vez más a quienes no son judíos. El auge del antisemitismo viene de la mano con otro fenómeno: La pretensión de los gobiernos de tratar la Biblia como literatura de odios y, en consecuencia, de limitar su empleo. Cristianos y judíos por igual han visto cómo los gobiernos de Escocia, Sudáfrica y Canadá; han propuesto leyes que restringirían el empleo de la Biblia. Hasta la fecha, gran parte de esa legislación sobre crímenes de odio, ha procurado señalar excepciones cuidadosas para el empleo genuinamente religioso de la Biblia, pero ya está asentada, y se está poniendo a prueba, la base para controlar las poblaciones religiosas imponiendo limitaciones más rigurosas.

En su carta al evangelista Timoteo, donde trata la naturaleza de la sociedad al final de los tiempos, el apóstol Pablo habló del egoísmo que reinaría y de la consecuencia de la persecución (2 Timoteo 3:1-13). Como consecuencia, se intensificará una realidad que los judíos y cristianos creyentes en la Biblia han vivido desde hace siglos. Refiriéndose a la persecución que había sufrido, Pablo afirmó claramente: “Todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución” (3:12). Pero, incluso ante la perspectiva de esa persecución, Pablo aconseja a Timoteo, y a quienes valoran la Biblia, que cumplan sus instrucciones.

Jesucristo también habló a sus discípulos sobre el final de la era. A sus verdaderos discípulos les advirtió: “Seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre” (Mateo 24:9). Habría tribulación y martirio sin precedentes, un tiempo de angustia que el mundo jamás haya visto (Daniel 12:1). El antisemitismo es, en esencia, una primera prueba de la persecución religiosa todavía más difundida que vendrá.

Reconózcalo o no el mundo laico, se está librando una batalla espiritual en la Tierra, y sus manifestaciones son tanto el antisemitismo como la persecución de los discípulos fieles de Jesucristo. Lo que estamos presenciando en el aumento del antisemitismo en el mundo occidental, es un anticipo de algo que llegará al colmo en una sociedad humana, empeñada en oponerse al camino que Dios ha instruido en su Palabra, la Santa Biblia. Para aprender más sobre esta persecución cada vez más grave, les invitamos a leer nuestros folletos gratuitos titulados: La Biblia: ¿realidad o ficción? y ¿Qué o quién es el anticristo? Con esto se ayudarán a ver el lugar que ocupa la Biblia en nuestra vida, y a reconocer con más claridad el engaño contra Dios que prolifera por todas partes. [MM]

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