Guerras de proporciones bíblicas

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Las guerras actuales están abriendo el camino a las profecías para el tiempo del fin.

El 28 de febrero cuando Estados Unidos e Israel lanzaron un ataque coordenado contra Irán, la ofensiva no era inesperada, considerando que poco antes el armamento se había trasladado a esa región. Pero por la hora en que ocurrió, el ataque sí tomó por sorpresa a los dirigentes iraníes, quienes estaban reunidos confiando en que no habría un ataque en horas del día, y perecieron juntos decenas de altos mandos iraníes, entre ellos el líder supremo, Alí Jamenei, quien había ocupado ese cargo desde 1989.

En estos tiempos los acontecimientos geopolíticos se suceden a un ritmo vertiginoso. Está por verse hasta dónde llega el conflicto, entre el momento en que escribo el presente artículo y el momento en que se publique esta revista. Pero lo más seguro es que vivimos en un mundo cada vez más peligroso. Entre ahora y el regreso de Jesucristo habrá momentos de relativa calma y paz, pero el pronóstico general no es bueno. Incluso cuando se suponga que la esperada paz finalmente ha llegado, vendrá enseguida la destrucción masiva (1 Tesalonicenses 5:1-3).

La capacidad humana para matar al prójimo no conoce límites, y la guerra evoluciona continuamente en materia de armas y tácticas. Hemos leído que Caín cometió el primer acto de violencia humana al matar a su hermano. No se revela exactamente cómo asesinó a Abel, pero tuvo que ser un método primitivo, personal y muy de cerca.

Las armas de guerra han pasado de garrotes y piedras a espadas y lanzas, de catapultas a arcos, ballestas y cañones. A los barcos y buques se sumaron más tarde los submarinos. La primera vez que se empleó un sumergible como arma ofensiva fue en septiembre de 1776 en la bahía de Nueva York, hace 250 años, durante la Guerra de Independencia de Estados Unidos. Se llamó el Turtle [Tortuga], y era una estructura como un barril impulsado bajo el agua por un hombre quien, pedaleando, accionaba una hélice: “El plan era que el Turtle se acercara bajo el agua a un buque de guerra británico, que fijara una carga de pólvora al casco mediante un aparato de tornillo manipulado desde el interior del sumergible, y se alejara antes de que la carga explotara al detonarse mediante una espoleta de retardo. Pero a la hora del ataque, el Turtle no pudo introducir el tornillo entre el cobre que revestía el casco del buque de guerra” (Britannica.com).

Destrucción sin límites

Los sumergibles modernos, por supuesto, han evolucionado mucho más allá del tristemente fallido Turtle. Los submarinos estadounidenses llamados Ohio, pueden llevar hasta 24 misiles Trident, cada uno capaz, a su vez, de llevar diez ojivas nucleares dirigidas independientemente. Para ponerlo en perspectiva: “Cada una de estas ojivas fue diseñada para generar una explosión de 475 kilotoneladas. Estos sumergibles, por así decirlo, ‘vienen a ser una Segunda Guerra Mundial dentro de una lata’; con capacidad para generar el equivalente a unas 8.000 explosiones como la de Hiroshima, desde una distancia de casi 2.250 km” (Britannica.com). Estados Unidos, Rusia, el Reino Unido y China poseen vehículos de reentrada múltiple e independiente (MIRV, por sus siglas en inglés), lanzados desde submarinos o desde tierra, mientras la India y Paquistán procuran hacer sus propios MIRV, para posiblemente lanzarlos cada país contra el otro.

El número de misiles y ojivas que por un tratado podían mantener Estados Unidos y la antigua Unión Soviética era limitado, al menos teóricamente; pero el potencial total sigue siendo catastrófico. El deseo humano de hacer la guerra es insaciable. En Ucrania y el Oriente Medio se están empleando drones de una sola vía, con resultados muy efectivos. Cuando un país produce una nueva arma ofensiva, los demás hacen sus reajustes para afrontarla. Mientras tanto, todos trabajan en novedosas armas letales.

¿Hacia dónde llegaremos con todo esto? ¿Alguien lo sabe? Muchos se sorprenderían al saber que la respuesta aparece en las páginas de la Biblia. Esa fuente adelanta con acierto hacia adónde se encamina nuestro mundo, e incluso nos da pistas sobre armas futuristas que se emplearán.

Buenas y malas noticias desde la Biblia

La Biblia nos dice explícitamente que la humanidad se está lanzando directamente a tiempos muy difíciles, pero al final recibimos buenas noticias. Jesús expuso en los términos más sobrios la posibilidad de que la humanidad se aniquile a sí misma: “Porque habrá entonces una angustia tan grande [gran tribulación], como no la ha habido desde que el mundo es mundo ni la habrá nunca más. Si no se acortaran aquellos días, nadie escaparía con vida” (Mateo 24:21-22, Nueva Biblia Española). Pero no se detuvo allí, sino que continuó: “Mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados” (v. 22). Efectivamente, Dios intervendrá para impedir que la humanidad acabe con toda la vida en el planeta Tierra.

Pasarían casi 2.000 años hasta que la profecía de Jesús pudiera hacerse realidad. Antes de la alborada de la era nuclear, la humanidad carecía de los medios tecnológicos para destruir del todo el planeta; y la Unión Soviética y los Estados Unidos tardaron varios años, después de Hiroshima y Nagasaki, en fabricar suficientes bombas de hidrógeno para lograr tan tremenda tragedia. Y la bomba nuclear no es más que un medio para destruir toda la vida. Ahora tenemos además armas de destrucción masiva biológicas y químicas y, si bien la guerra cibernética quizá no acabe con toda la vida directamente, naciones e individuos ya la están utilizando. La guerra cibernética puede interrumpir redes eléctricas, producir grandes pérdidas económicas e imponer un caos que cause verdadero daño. Por otra parte, con el creciente alcance de la inteligencia artificial, ¿quién puede suponer la magnitud del daño que podrá causar en asuntos militares?

Como en los días de Noé

Jesús explicó que el final de la presente era sería como en los tiempos que trajeron la ira de Dios sobre dos civilizaciones del pasado: “Como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre… Asimismo como sucedió en los días de Lot… Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste” (Lucas 17:26, 28, 30).

La historia de Lot no es el punto central de este artículo, pero se puede leer en Génesis 19. ¿Y cómo era en los días de Noé? “Vio el Eterno que la maldad de los hombres era mucha en la Tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal… Y se corrompió la Tierra delante de Dios, y estaba la Tierra llena de violencia” (Génesis 6:5, 11).

La violencia asume muchas formas. Vivimos en un mundo donde el homicidio y la violación carnal son la matrícula de ingreso a las pandillas violentas, donde los carteles de narcotraficantes se pelean por territorios y riquezas, donde producen actos de crueldad sin motivo contra pasajeros de un tren o personas que esperan el subterráneo. Secuestran niños para venderlos como esclavos a los proveedores de pornografía o para vender sus órganos a especialistas corruptos; y las mujeres son víctimas de asesinatos y violaciones. Pero la violencia más terrible es la producida en las guerras, de las cuales algunas parecen totalmente injustificadas, y otras son vistas como intentos justificados por detener actos de agresión y terror perpetrados por otra nación; como ocurre con la reciente guerra contra Irán, cuyos dirigentes han aterrorizado a sus ciudadanos y vecinos desde hace casi cinco decenios.

Justificadas o no, el hecho es que el número de personas muertas directa o indirectamente en las guerras es escalofriante. Según la facultad de ciencias políticas de la Universidad de Maryland, las guerras del siglo pasado arrojaron la impresionante suma de 231 millones de muertos, entre civiles y militares. Una lista breve de los conflictos incluye la Primera y Segunda Guerras Mundiales; genocidios en Ruanda y Camboya; la guerra entre Irán e Irak, así como guerras civiles en China, Rusia, España, Afganistán, Bangladés, Colombia, Angola y Etiopía. La cantidad de conflictos que mataron a decenas y cientos de miles, incluso millones, es tan alta que casi todos nosotros reprobaríamos sus historias en programas de televisión.

Efectivamente, los tiempos actuales se parecen a los días de Noé, y las guerras han continuado en el siglo 21. Lamentablemente están destinadas a empeorar, muchísimo, según la profecía bíblica. No obstante, la Biblia también tiene buenas noticias: Jesucristo regresará, e impedirá que nos acabemos entre el género humano.

Guerras profetizadas en el Oriente Medio

El cuadro que está presentando el Oriente Medio está predicho en la Biblia desde hace miles de años. El Estado judío (Israel) es una realidad notoria. La casa de Judá (los judíos) cayó en cautiverio en el año 586 a.C. Muchos judíos regresaron a Jerusalén tras la caída de Babilonia, pero dejaron de ser una potencia regional… hasta ahora. Después de la caída de Jerusalén ante las fuerzas romanas bajo Tito en el año 70 d.C., no existió un Estado judío independiente hasta 1948. Los judíos no controlaron toda Jerusalén hasta la Guerra de los Seis Días en 1967. Por lo tanto, las profecías que exigen la presencia de un Estado judío con control sobre Jerusalén, no podían cumplirse en los 1.900 años ¡desde el 70 d.C., hasta 1967!

Los judíos se encuentran entre las doce tribus descendientes del nieto de Abraham, Jacob, cuyo nombre fue cambiado a Israel. Al final de su vida, Jacob llamó a sus doce hijos y les dijo lo que sobrevendría a sus descendientes en los últimos días: “Llamó Jacob a sus hijos, y dijo: Juntaos, y os declararé lo que os ha de acontecer en los días venideros. Juntaos y oíd, hijos de Jacob, y escuchad a vuestro padre Israel” (Génesis 49:1-2). Israel se dirigió en primer lugar a sus hijos Rubén, Simeón y Leví. Enseguida predijo lo que sería de Judá, padre de los actuales judíos:

“Judá, te alabarán tus hermanos; sobre la cerviz de tus enemigos estará tu mano; ante ti se inclinarán los hijos de tu padre. Judá es Cachorro de león. de la matanza has subido, hijo mío. Echándose como león se encorvó, y como cachorro de león, ¿quién lo levantará? El cetro no será quitado de Judá, ni el legislador de entre sus pies, hasta que venga Aquel a quien el cetro le pertenece; a Él esperarán los pueblos” (vs. 8-10, Peshitta).

Dicho sea de paso, la profecía predijo con acierto, casi 18 siglos antes, que el Mesías vendría de los judíos. Eso en sí es notable, pero observemos también que, según la profecía, los judíos tendrían poderío militar y actuarían como un león listo para tomar a sus enemigos por el cuello si lo provocan. Más adelante, Zacarías confirmó este poder militar, escribiendo aproximadamente en el año 500 a.C., que Jerusalén sería una piedra pesada, que todas las naciones se opondrían a los judíos y que el Estado judío derrotaría a cuantos se le enfrentaran:

“He aquí yo pongo a Jerusalén por copa que hará temblar a todos los pueblos de alrededor contra Judá, en el sitio contra Jerusalén. Y en aquel día yo pondré a Jerusalén por piedra pesada a todos los pueblos; todos los que se la cargaren serán despedazados, bien que todas las naciones de la Tierra se juntarán contra ella… En aquel día pondré a los capitanes de Judá como brasero de fuego entre leña, y como antorcha ardiendo entre gavillas; y consumirán a diestra y a siniestra” (Zacarías 12:2-3, 6).

Más adelante Zacarías habla del día del Eterno, tiempo que culminará con el regreso de Jesucristo para ser Rey de toda la Tierra. Allí aprendemos que habrá una guerra, la cual los judíos no ganarán: “He aquí, el día del Eterno viene, y en medio de ti serán repartidos tus despojos. Porque yo reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén; y la ciudad será tomada, y serán saqueadas las casas, y violadas las mujeres; y la mitad de la ciudad irá en cautiverio, mas el resto del pueblo no será cortado de la ciudad” (Zacarías 14:1-2). El hecho de que media ciudad irá en cautiverio, señala lo que vemos: una ciudad dividida.

La Biblia también indica un futuro cercano cuando el mundo ingenuamente pensará que por fin hay paz, pero que esta será un espejismo engañoso: “Vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán.” (1 Tesalonicenses 5:2-3).

En la Biblia nos enteramos de cuáles serán las dos grandes potencias al final de la era, y Apocalipsis 9 narra sobre el choque entre dos fuerzas poderosas. Sabemos por otras profecías que habrá un Imperio Romano resucitado, bajo el control de un fuerte caudillo político, la renombrada bestia del Apocalipsis, y un carismático líder religioso, conocido como el falso profeta o anticristo. Este sistema europeo, conformado por diez líderes que entregarán su poder a la bestia, poseerá armas en cantidades masivas (descritas de una manera que hace pensar en helicópteros o drones). Estas armas portarán un instrumento de desgracia futurista y aún desconocido, que parece ser de índole química o biológica (Apocalipsis 9:1-10). Con este, la bestia estará en capacidad de torturar, en vez de matar a sus enemigos, y reinará libremente durante cinco meses.

Es posible que además tenga los medios para inhabilitar las armas electrónicas, puesto que leemos de un contraataque desde del Oriente (Asia), por un ejército tan grande que excede lo que podemos imaginar en la guerra moderna: “Oí una voz de entre los cuatro cuernos del altar de oro que estaba delante de Dios, diciendo… Desata a los cuatro ángeles que están atados junto al gran río Éufrates. Y fueron desatados los cuatro ángeles… a fin de matar a la tercera parte de los hombres. Y el número de los ejércitos de los jinetes era doscientos millones. Yo oí su número” (Apocalipsis 9:13-16).

Esto ocurrirá durante el día del Eterno, es decir, el año que culminará con el regreso de Jesucristo para salvar a la humanidad de su propia locura. El número de combatientes indica que no será una guerra como las actuales, donde vemos armas lanzadas desde grandes distancias, y menos soldados en el frente. Este pasaje de las Escrituras puede entenderse solamente como la narrativa de una guerra sin cuartel, desesperada, que confía en la superioridad numérica para aniquilar al enemigo.

Arados convertidos en espadas

Muchos conocen la profecía de Isaías que habla de convertir “espadas en rejas de arado” (Isaías 2:4), pero quizá no conozcan la de Joel, que es a la inversa: “Proclamad esto entre las naciones, proclamad guerra, despertad a los valientes, acérquense, vengan todos los hombres de guerra. Forjad espadas de vuestros azadones, lanzas de vuestras hoces; diga el débil: Fuerte soy” (Joel 3:9-10). Esta profecía adelanta los preparativos para la guerra final y culminante entre las naciones del mundo, y Jesucristo que regresa (vs. 11-16).

En estos días estamos presenciando una escalada armamentista como no se ha visto desde la Guerra Fría. El fallecido dirigente Mijaíl Gorbachov hizo un resumen acertado del futuro cuando dijo: “Parece que el mundo se prepara para la guerra”. Continuó, diciendo: “Ningún problema es más urgente que la militarización de la política y la nueva carrera armamentista. Detener esta carrera desastrosa y dar marcha atrás debe recibir la máxima prelación. La situación actual es demasiado peligrosa” (The Independent). Estos comentarios los hizo cinco años antes de la invasión de Rusia sobre Ucrania. Este conflicto, y la incitación venida de Washington, han engendrado una escalada armamentista todavía más grande en Europa y más allá.

Orgullo quebrantado

El Reino Unido es el colmo de un estado orgulloso. Hasta su himno patriótico más conocido exhala enorme soberbia. En los Estados Unidos muchos conocen la melodía, conocida como: Pompa y circunstancia, que suele tocarse en las ceremonias de grado: “Tierra de esperanza y gloria… Tu fama es tan antigua como los días, tan vasta como el océano: un orgullo que se atreve y no busca la alabanza, un orgullo severo y silencioso…”. Pero el Imperio Británico ha dejado de existir. Su influencia en el mundo ha disminuido, su poder indomable desapareció. Solo le queda su orgullo menguante.

Estados Unidos celebra sus 250 años de existencia, y muchos siguen creyendo que es invencible. ¿Durará otros 250 años? Lamentablemente no, al menos no en su estado actual. Dios dijo a los antiguos israelitas que si le obedecían, cosecharían bendiciones sin límites, entre ellas, poder sobre sus enemigos (Levítico 26:1-13); pero si menospreciaban sus mandamientos, les enviaría terror (vs. 14-17). Y agregó: “Quebrantaré la soberbia de vuestro orgullo” (v. 19).

Pocos saben quiénes son, en realidad, los pueblos de Estados Unidos y los británicos. Como vimos antes, Jacob (Israel) predijo lo que sería de Judá (los judíos) y de sus otros once hijos en los últimos días. Vimos también que el Mesías saldría de los judíos, como se profetizó con más de 1.500 años de antelación. Pero no todas las profecías sobre los hijos de Israel se refieren a los judíos.

La siguiente es una aseveración de profunda importancia pero casi universalmente desconocida, aun entre los que estudian la Biblia: “Los hijos de Rubén primogénito de Israel (porque él era el primogénito, mas como violó el lecho de su padre, sus derechos de primogenitura fueron dados a los hijos de José, hijo de Israel, y no fue contado por primogénito; bien que Judá llegó a ser el mayor sobre sus hermanos, y el príncipe de ellos; mas el derecho de primogenitura fue de José)” (1 Crónicas 5:1-2).

¿Dónde están hoy los descendientes de José? La respuesta a esta pregunta es de importancia vital, porque sin ella no podemos comprender realmente los acontecimientos de la actualidad. Para una explicación bien documentada, estudie nuestro folleto gratuito: Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía, que se puede solicitar en forma impresa o leer en nuestro sitio en la red: www.elmundodemanana.org.

Dios dijo: “Quebrantaré la soberbia de vuestro orgullo” [poder]. Esto solamente puede ocurrirle a una nación que sea soberbia y orgullosa. ¿Acaso ha habido algún momento en que se haya manifestado más orgullo por el poderío de Estados Unidos? Muchos ven al país como invencible, pero así también parecían Babilonia, Roma, y otras civilizaciones del pasado. Si Estados Unidos, el Reino Unido y demás naciones descendientes de los británicos no se vuelven a Dios, ¡su orgullo será quebrantado!

¿Adónde lleva todo esto?

Apocalipsis 17 menciona siete restauraciones del Imperio Romano. Seis han venido y se fueron. Falta la séptima, que surgirá en un futuro muy cercano. No hay que dudar lo que Dios proclama en su Palabra. El Estado judío comenzó pequeño en 1948, pero ha llegado a constituir la fuerza militar más poderosa del Oriente Medio, como se predijo en profecías que datan de hace 2.500 y 3.500 años. Ahora mismo se están sentando las bases de la futura superpotencia europea conocida como la bestia. Las naciones de la OTAN se han comprometido a dedicar el cinco por ciento del PIB a sus fuerzas armadas. Lo único que les falta es un líder fuerte y carismático, así como pocos años para fabricar más armas. Lo que ni siquiera comprenden es el curso de su propio futuro.

Cuando Jesucristo regrese, las mayorías lo acusarán de ser el anticristo. El falso profeta, en colaboración con la bestia, reunirá a los ejércitos para luchar contra lo que les parecerá un invasor venido del espacio:

“Vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas; pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la Tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso” (Apocalipsis 16:13-14).

Esto se confirma en el capítulo siguiente:

“Los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aún no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia. Estos tienen un mismo propósito, y entregarán su poder y su autoridad a la bestia. Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá” (17:12-14).

Por eso es que las naciones del mundo, sin darse cuenta, están forjando “espadas de [sus] azadones”, como leímos antes en el libro de Joel. Hay una potencia espiritual invisible y no reconocida que guía la corriente del mundo (Efesios 2:2). Ahora mismo está fomentando una carrera de armas entre las naciones que no sospechan adónde las lleva todo esto.

La humanidad se ha resistido a su Creador desde el principio, y los resultados siempre han sido los mismos: odio, codicia y violencia; entre otras plagas espirituales. Sin embargo, la misericordia de Dios es tan grande, que enviará a su Hijo de vuelta a la Tierra para salvarnos de nuestra propia locura (Efesios 2:4-7). Entonces, llegarán los días cuando los habitantes de todo el mundo “martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra” (Miqueas 4:3). [MM]

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