De 1776 a 2026

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Estados Unidos está cumpliendo doscientos cincuenta años de existencia, y su historia ha sido toda una aventura. Pero, ¿cuántos aniversarios más le quedan por disfrutar? Lamento profundamente decir que no muchos, si no se vuelve con arrepentimiento sincero al Dios que lo hizo grande.

Cada país tiene su propia belleza, desde los grandes sembrados de té en Kenia, las cumbres nevadas de Chile y Argentina, hasta las tierras agrícolas perfectamente diseñadas de Francia y el Reino Unido. Israel y su historia bíblica tienen algo de especial. Sin duda, cada país se distingue por algo único y especial, sea grande como China y la India, o pequeño como las hermosas islas del Caribe.

He tenido el privilegio de viajar por todos los continentes, salvo la Antártida, principalmente visitando a los miembros de la Iglesia del Dios Viviente. Encuentro que en todas partes hay grandes semejanzas, así como diferencias entre un pueblo y otro. Un día en Roma, nos hallábamos en una esquina estudiando un plano de la ciudad en busca de una estación de autobuses, cuando una dama con un elegante traje de oficina, zapatos de tacón alto y maletín de profesional, se desvió varias cuadras de su camino para acompañarnos, y asegurarse de que llegáramos al punto correcto. En Múnich, la gente se mostró más reservada, pero igualmente servicial.

Sin embargo, no hay lugar como el hogar, y para mí, ese hogar lo forman dos de los países de los que soy ciudadano: Estados Unidos y Canadá. Estos dos países, junto con el Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda y Europa Occidental, han disfrutado de bendiciones especiales a lo largo de los siglos. Por eso, muchas personas en el resto del mundo desean mudarse a una de estas naciones. Pero, ¿qué es lo que hace que estos países sean tan especiales?

Dios les retirará las bendiciones

Mi artículo en esta edición explica algo que pocos entienden: Las antiguas raíces de estas naciones modernas. Al patriarca Abraham, Dios le prometió: “Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la Tierra” (Génesis 12:3). La última parte de este versículo se refiere principalmente a que el Mesías prometido, a su regreso, traerá bendición a todas las naciones, lo cual ahora es inminente. Y la primera parte, dice que quienes bendigan a los descendientes de Abraham, serán bendecidos, y quienes los maldigan, serán maldecidos. Para entenderlo, hay que saber que los judíos solo forman una pequeña minoría de los descendientes de Abraham.

Lamentablemente, el pueblo de los Estados Unidos, como los demás descendientes de Abraham, ha olvidado de dónde viene su grandeza. Muchos creen que la nación puede recuperar su grandeza pasada por su propio esfuerzo. Los británicos cantan el refrán: ¡Dios, que te hizo poderoso, te haga aún más poderoso! Y hubo un tiempo cuando británicos y estadounidenses sabían algo sobre Dios, aunque gran parte de ello fuera erróneo. ¡Cuánto ha descendido ese conocimiento!

En el Reino Unido y la Mancomunidad Británica, así como en los Estados Unidos y gran parte de Europa Occidental, se realizan millones de abortos. En Canadá sigue aumentando la llamada Asistencia Médica al Morir (MAID por sus siglas en inglés), pero se debería suprimir la I para reducir la sigla a lo que realmente es: MAD, que significa locura. Es difícil detener la decadencia cuando las naciones han resbalado por la pendiente que es jugar a ser Dios, y decidir cuándo alguien hecho a su imagen debe vivir o morir. El aborto fue el comienzo. ¿Cuánto tiempo pasará antes que se incite a algunos a quitarse la vida como servicio público, cuando se hayan convertido en un estorbo para los demás? ¿O ya habrá comenzado en Canadá y los Países Bajos?

Potencial sin explotar

Al final de su vida, Jacob, cuyo nombre se había cambiado a Israel, reunió a sus doce hijos para predecir lo que les acontecería “en los días venideros” (Génesis 49:1). Al leer las palabras profetizadas para José, cuya herencia se repartiría entre sus dos hijos: Efraín y Manasés, muchos estadounidenses pensarán en la canción: “America the Beautiful”:

“Rama fructífera es José, rama fructífera junto a una fuente, cuyos vástagos se extienden sobre el muro. Le causaron amargura, le asaetearon, y le aborrecieron los arqueros; mas su arco se mantuvo poderoso, y los brazos de sus manos se fortalecieron por las manos del Fuerte de Jacob (por el nombre del Pastor, la Roca de Israel), por el Dios de tu padre, el cual te ayudará, por el Dios Omnipotente, el cual te bendecirá con bendiciones de los Cielos de arriba, con bendiciones del abismo que está abajo, con bendiciones de los pechos y del vientre. Las bendiciones de tu padre fueron mayores que las bendiciones de mis progenitores; hasta el término de los collados eternos serán sobre la cabeza de José, y sobre la frente del que fue apartado de entre sus hermanos” (Génesis 49:22-26).

Pero Estados Unidos y sus hermanos han olvidado el origen de su riqueza: “Por las manos del Fuerte de Jacob”. Con arrogancia han atribuido su fuerza y bendiciones al supuesto excepcionalismo norteamericano, que los estadounidenses atribuyen al individualismo robusto, los canadienses a su mayor compasión, los australianos, a su suerte. Moisés también profetizó acerca de José, hijo de Israel:

“A José dijo: Bendita del Eterno sea tu tierra, con lo mejor de los cielos, con el rocío, y con el abismo que está abajo. Con los más escogidos frutos del Sol, con el rico producto de la Luna, con el fruto más fino de los montes antiguos, con la abundancia de los collados eternos, y con las mejores dádivas de la Tierra y su plenitud; y la gracia del que habitó en la zarza venga sobre la cabeza de José, y sobre la frente de aquel que es príncipe entre sus hermanos” (Deuteronomio 33:13-16).

Y Moisés no terminó allí, sino que enseguida recordó un par de naciones militarmente poderosas, los hermanos Efraín y Manasés, hijos de José: “Como el primogénito de su toro es su gloria, y sus astas como astas de búfalo; con ellas acorneará a los pueblos juntos hasta los fines de la Tierra; ellos son los diez millares de Efraín, y ellos son los millares de Manasés” (v. 17).

¿Quiénes rechazaron a sus enemigos hasta los fines de la Tierra en la Segunda Guerra Mundial? ¿No fueron Estados Unidos y las naciones descendientes de los británicos? Este breve relato es solo una introducción a la historia de Israel. Hay mucho más. Nuestro folleto gratuito: Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía, narra la historia de los descendientes de los dos hijos de José con abundancia de detalles y muestra, con las páginas de la Biblia, que estas dos naciones hermanas tienen que existir en algún lugar del mundo. Explica la singular relación entre el Reino Unido y los Estados Unidos. La profecía bíblica predijo, correctamente, que Efraín sería una “multitud de naciones”: Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica y más; y que su hermano Manasés “vendrá a ser un pueblo…engrandecido” (Génesis 48:19). Este cumplimiento no se encuentra en ninguna otra parte del mundo.

Solo conociendo esas promesas podemos entender los acontecimientos mundiales. Solo entonces comprenderemos la singular relación que han tenido el Reino Unido y los Estados Unidos con el Estado judío de Israel. Los hermanos suelen reñir entre sí, pero a la hora de la prueba se unen contra una amenaza externa.

Estados Unidos está celebrando su aniversario 250 este año. Ha sido una aventura ilustre, con altos y bajos, pero nunca ha hecho realidad su verdadero potencial. Serán grandes de verdad únicamente cuando se vuelvan a Dios de todo corazón, y esto ocurrirá finalmente en el mundo de mañana, cuando el Rey de reyes y Señor de señores, Jesucristo, regrese a traer paz a todas las naciones de nuestro atribulado planeta. [MM]