La maldición del tabaco

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Fue justo después de mi ordenación en el ministerio que me llamó la atención que George (no es su verdadero nombre) estaba fumando en secreto.

George, miembro de la iglesia durante varios años sabía que los cristianos no deben hacer nada que pueda dejarlos paralíticos o que acabe con su vida, ya que nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo de Dios (1 Corintios 6:19). Él ya había perdido un pulmón por cáncer varios años atrás, por lo que debería haber sabido que no debía continuar fumando.

Después de pensarlo bastante y de investigarlo decidí que lo primero que debía hacer era preparar un sermón atacando los daños que se ocasionan por fumar. Podría haber otros en la congregación con el mismo problema.

Los Centros para el Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) me proporcionaron cantidad de información sobre el hábito de fumar; que tan adictivo es; cómo paraliza lentamente las diminutas células cilio de los bronquios y como produce cambios en las células de los pulmones y la tráquea. Estos cambios, en muchos casos, conducen a un enfisema mortal y, peor aún, a cáncer de tráquea y pulmones.

La información de los CDC muestra cómo incluso exponer a los niños al humo de segunda mano paraliza los diminutos cilios en las trompas de Eustaquio que van desde el oído interno a la garganta, causando una acumulación de moco y bacterias que conducen a infecciones y dolores de oído horriblemente dolorosos en los niños. Muchos padres han sometido a sus hijos a operaciones dolorosas del oído, sin darse cuenta de que su vicio incontrolado del tabaco ha sido la causa del problema.

La Sociedad Americana del Cáncer también fue muy útil, proporcionando información sobre hechos y sugerencias sobre cómo dejar de fumar.

En ese sermón continué señalando que Dios hará responsable a la industria tabacalera por vender y seducir conscientemente a la gente para que use un veneno adictivo, la nicotina. Finalmente insté a cualquier persona de la congregación que pudiera tener el vicio del uso del tabaco a pedir ayuda a Dios para superar esa terrible adicción.

Después del servicio George no mencionó su adicción. Me di cuenta de que estaba tosiendo un poco más que de costumbre, enfisema, pensé, pero él seguía siendo amable. Dos días más tarde George llegó a casa y cayó muerto en el piso de la sala delante de su esposa.

Como murió en casa, la ley estatal exigía que se realizara una autopsia. Los resultados mostraron que tenía cáncer de pulmón, tráquea y de hígado, y él ni siquiera lo sabía.

El primer funeral que tuve que conducir después de ser ordenado como Ministro fue el de George. Me gustaría haber visto a su familia pedir compensación a las compañías tabacaleras por haber ayudado a causar esta terrible muerte, a sabiendas que lo estaban haciendo, pero la familia no tenía dinero para esas cosas y probablemente no hubieran recibido justicia, aunque hubieran comparecido ante los tribunales. En últimas, la mayoría de la culpa recae sobre George.

La historia de George es sólo una de millones relacionada con el vicio de fumar, masticar u oler el tabaco. La enfermedad pulmonar debilitante, la pérdida de partes del cuerpo debido al cáncer causado por el tabaco y, lo peor, la muerte, es una pesadilla médica cada vez mayor. ¡Si usted está usando tabaco en cualquier forma, por favor haga lo que sea necesario para dejarlo AHORA! Se lo debe a sus seres queridos, a usted y a Dios para dejarlo.

Para más información lea un artículo informativo de El Mundo de Mañana "¿Sigue usted las huellas de Cristo?".

Para obtener información sobre cómo dejar de fumar, puede visitar el sitio Web de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades y el sitio Web de la Sociedad Americana del Cáncer.

Por favor, no muera como George.

Nota del Editor: El artículo anterior fue escrito por un ministro dedicado en la Iglesia del Dios Viviente para estimular a quien desee saber cómo tomar el primer y más importante paso hacia la lucha contra el flagelo de la adicción al tabaco.