¿Sigue usted las huellas de Cristo?

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Jesucristo enseñaba no solamente con palabras sino con obras. Vivió como un carpintero y llevó una vida de gran actividad física. El ejemplo que nos dejó de una vida activa ¿qué lecciones nos enseña? ¿Cómo podemos seguir sus huellas?


À lo largo de los siglos, las discusiones teológicas acerca de las enseñanzas de Jesús han dividido a la cristiandad en centenares de sectas y grupos. El hombre ha llegado a librar guerras por detalles de la doctrina bíblica. En cambio, las implicaciones claras, prácticas e impactantes del estilo de vida físico de Jesús rara vez se mencionan como algo importante. Mientras la gente promueve y debate sus enseñanzas espirituales, su ejemplo físico queda casi enteramente relegado al olvido.

Cómo vivió Jesús

¿Se ha preguntado usted por qué Jesús, siendo el Hijo de Dios, vino al mundo no como un monarca exaltado y privilegiado sino como un carpintero, o por qué no vino como un sabio erudito en alguna escuela famosa de Grecia o Roma?¿Por qué no como un monje enclaustrado en algún monasterio retirado donde podría dedicar su vida al estudio y a la meditación en silencio, o como monaguillo en una gran iglesia de Jerusalén o Roma? ¿Se ha preguntado por qué Jesús pasó su niñez y juventud en las tierras montañosas de Galilea y no en una sinagoga en Jerusalén?

Como carpintero (Marcos 6:3), Jesús pasó muchas horas desde joven aserrando, puliendo tablas, taladrando agujeros y tallando ensambladuras con martillo y cincel. Como constructor, en una tierra de escasa madera, Jesús probablemente trabajaba también con piedra. Este tipo de labor cuando no había herramientas eléctricas exigía mucha energía. ¿Le ha estrechado usted la mano a un carpintero o constructor? Jesús era sin duda una persona recia, musculosa y de manos fuertes.

Jesús caminaba para movilizarse de un lado a otro en la región montañosa de Galilea. Al cumplir los tres viajes anuales a Jerusalén, según la costumbre de guardar allá los días santos: Pascua, Pentecostés y las fiestas de otoño (Levítico 23; Lucas 2:41-42); Jesús habría caminado unos 240 kilómetros de ida y regreso en cada ocasión. Solo para guardar los días santos, habría caminado más de 720 kilómetros al año. Cuando consideramos que probablemente anduvo a pie más de dos kilómetros y medio al día durante el resto del año, no es difícil calcular que fácilmente pudo recorrer a pie ¡Más de 1.600 kilómetros cada año!

El Jesucristo que emerge de las páginas de la Biblia, y que dejó el ejemplo para que nosotros siguiéramos sus pisadas (1 Pedro 2:21), fue un individuo físicamente activo. Ahora bien, ¿qué motivo tendría el Salvador de la humanidad para elegir un estilo de vida tan activo? Al fin y al cabo, como muchos han pensado a lo largo de los siglos, una vida como la de Cristo tendría que ser de estudio, oración, meditación y contemplación. ¿Cuál era la condición mental y espiritual de Cristo? ¿Qué principios determinaban su conducta física?

La perspectiva mental de Jesús

Los principios que determinaban la perspectiva de Cristo respecto de la vida se encuentran en las Sagradas Escrituras. Jesús dijo: "Yo he guardado los mandamientos de mi Padre" y enseñó que nosotros debemos hacer lo mismo (Juan 15:10). Cristo entendía perfectamente que el propósito de los mandamientos es promover el bienestar del ser humano. No olvidemos lo que Moisés había escrito más de 1.400 años antes: "Guarda sus estatutos y sus mandamientos… para que te vaya bieny prolongues tus días" (Deuteronomio 4:40; 5:29).

Las Escrituras afirman que Jesucristo jamás pecó (Hebreos 4:15). El pecado se define como infracción de la ley (1 Juan 3:4). Jesús sabía por la Biblia que la obediencia a las leyes de Dios traería salud y larga vida, y prevendría el desarrollo de enfermedades (Éxodo 15:26;Deuteronomio 28:2-4). Como Hijo de Dios, con un conocimiento íntimo de la creación, Jesús entendía que el organismo humano, al igual que el Universo, se diseñó para funcionar conforme a leyes físicas. Quebrantar esas leyes traería problemas físicos, entre ellos la enfermedad y la muerte prematura.

Jesús llevó una vida físicamente activa como ejemplo para que nosotros lo siguiéramos. Él sabía intuitivamente lo que la ciencia moderna solo recientemente ha confirmado después millares de estudios: que el ejercicio es una necesidad corporal y que no ejercitar el cuerpo es quebrantar las leyes físicas que Dios estableció. El estilo de vida elegido por el Salvador de la humanidad no fue algo que decidió arbitraria ni accidentalmente. Entonces, ¿por qué vivió así?

Beneficios de la actividad

Saltan a la vista varios motivos que tendría Cristo para mantenerse físicamente activo. Para practicar la obediencia que Él mismo predicó, Jesús tenía que darle a su cuerpo el ejercicio físico que le permitiera funcionar de modo saludable. Así podía ser un ejemplo positivo y productivo para todos los que tuvieran contacto con Él. Y la actividad física le daba resistencia física y le ayudaba a mantener la agudeza mental necesaria para cumplir tres años y medio de ministerio aun en medio de persecuciones.

La intención de Jesús era que sus discípulos fueran "luz del mundo" (Mateo 5:14). Pero antes tendrían que experimentar personalmente los resultados, espirituales y físicos, del modo de vida que Él promovió con su ejemplo y sus enseñanzas. Jesús sabía que sus enseñanzas serían validadas por los "frutos", o resultados, en la vida de quienes optaran por seguirlo. Para la mayoría de las personas en circunstancias normales, la buena salud y un estado físico sano pueden ser los resultados de llevar una vida cristiana.

Investigaciones modernas muestran que los beneficios de la actividad física son sumamente importantes para personas de todas las edades. Los niños y adolescentes que son físicamente activos tienen mayor fuerza muscular, mejor coordinación, más confianza en sí mismos y mejor desempeño escolar. También son menos propensos a la obesidad y a conductas nocivas como el tabaquismo y la narcomanía. Los adultos físicamente activos presentan un menor riesgo de adquirir varias enfermedades. Tienen un sistema inmune más fuerte, menos gripes y malestares, presión más baja, una actitud más positiva y además, sanan más rápidamente de sus heridas. ¡Sin duda, tienen una vida más abundante!

Las personas en la edad dorada que empiezan a hacer ejercicio o que se mantienen activas reducen el riesgo de osteoporosis, diabetes, enfermedades cardiovasculares o cáncer. Sufren menos depresión y muestran menos necesidad de costosa atención médica. Su esperanza de vida aumenta a la vez que mejora su calidad de vida general. La actividad física incrementa la coordinación y la fuerza muscular, lo cual permite que el individuo camine más rápidamente y suba gradas con menos esfuerzo. También reduce el temor de caídas y fracturas, y esto a su vez refuerza el sentido de independencia. La actividad física parece reducir el ritmo de envejecimiento normal. Incluso los individuos discapacitados reducidos a cama o a una silla de ruedas, se sienten mejor si cumplen algún programa de ejercicios.

Uno de los aspectos más llamativos de la actividad física es su efecto sobre el cerebro. Las personas que llevan una vida activa demuestran mayor estabilidad mental, manejan mejor las tensiones emocionales, exhiben mejores aptitudes mentales: creatividad, memoria, matemáticas, organización y razonamiento lógico y son menos propensas a la depresión. Tal parece que esto se relaciona con el hecho de que, como resultado del ejercicio llega más oxígeno al cerebro, se transmiten más rápidamente los impulsos nerviosos y se liberan endorfinas (sustancias químicas producidas naturalmente en el cerebro, que levantan el ánimo y suprimen el dolor), las cuales ayudan al cerebro a relajarse de manera natural.

El precio del ocio

La mayor parte de la cristiandad ha optado por rechazar el ejemplo que dio Cristo de guardar el sábado de Dios y sus días santos (Lucas 4:16; Juan 7:8-10). Además, la mayoría de los habitantes de las naciones occidentales industrializadas también han optado por no imitar el estilo de vida activo de Jesús. Según estimativos, entre el 80 y el 90 por ciento de las personas en esos países no tienen suficiente actividad física y el 25 por ciento o más llevan una vida esencialmente sedentaria.

En los Estados Unidos el mal estado físico de los empleados le cuestan a la industria privada más de 100.000 millones de dólares al año en gastos médicos evitables. Los hombres y mujeres sedentarios presentan un índice de mortalidad por todas las causas que es cuatro o cinco veces mayor que el de sus congéneres más activos. Un estudio reciente halló que los hombres que hacen ejercicio solamente una vez por semana tienen siete veces más probabilidades de morir repentinamente que los que hacen ejercicio por lo menos cinco veces por semana. La falta de actividad física periódica es la razón principal de que las enfermedades cardiovasculares y la diabetes sean las principales causas de muerte en los países desarrollados.

Los individuos inactivos suelen tener más alta la presión, ser más obesos y ser más propensos a sufrir diabetes y los efectos de la osteoporosis. Más de 200.000 personas mayores se hospitalizan cada año en los Estados Unidos debido a fracturas de la cadera, lo cual supone gastos médicos de casi siete mil millones de dólares. Las personas de edad mayor que no hacen ejercicio pierden masa muscular y fuerza, coordinación neuromuscular, agilidad mental y la sensación de independencia que podrían conservar si hicieran actividad física con regularidad.

Quizá los niños sean las víctimas más desafortunadas de nuestra sociedad inactiva. Desde los años sesenta los niños han subido de peso y su estado físico ha decaído. Según estimativos, entre el 20 y el 30 por ciento sufren exceso de peso, casi la mitad no hacen suficiente ejercicio para desarrollar un corazón y pulmones sanos, y más del 90 por ciento tienen por lo menos un factor de riesgo para enfermedades cardiacas. Tres factores principales parecen ser la televisión, los videojuegos y el mal ejemplo paterno; tres cosas que se relacionan con la inactividad.

Esta situación lamentable está lejos de representar la "vida abundante" que Jesús dispuso para la humanidad. Efectivamente, es el "fruto" de "no seguir los pasos" del Salvador de la humanidad. Sin duda estamos cosechando lo que hemos sembrado (Gálatas 6:7).

Un cambio de rumbo

Los últimos años del siglo 20 fueron testigos de un gran esfuerzo por controlar la epidemia de inactividad. Ahora más personas están caminando, corriendo, nadando, haciendo ciclismo y matriculándose en clases de ejercicios. Las empresas ofrecen programas de promoción de la salud para sus empleados. Hay quienes han llegado a proponer que el gobierno produzca rótulos de advertencia, análogos a los que aparecen en los envases de alcohol y tabaco, que digan: "El ministro de salud ha determinado que la falta de actividad física es perjudicial para la salud". El objetivo de tantos esfuerzos es promover un cambio en las actitudes, los hábitos y las conductas arraigadas a fin de recibir los beneficios que brinda la actividad física.

En términos bíblicos este cambio de rumbo se llama arrepentimiento. El arrepentimiento fue, y sigue siendo, un tema principal del mensaje de Cristo (Marcos 1:14-15; Lucas 13:1-5). Pedro instó a una muchedumbre de 3.000 personas a arrepentirse y ser "salvos de esta perversa generación"(Hechos 2:38, 40), o sea una generación que da la espalda a lo que ve que es bueno. Si bien Pedro hablaba en términos espirituales, de arrepentimiento espiritual, también se pueden aplicar las ramificaciones físicas de sus palabras, como hemos visto en este artículo.

Tengamos presente, sin embargo, que el verdadero arrepentimiento, el verdadero cambio, es más que un remordimiento de consciencia momentáneo y una esperanza de actuar mejor. El término bíblico arrepentirse (griego metanoeö) significaalejarse de un curso de acción que ha sido perjudicial y pecaminoso, que viola las leyes de Dios, ¡y corregir por completo el modo de actuar! Se trata no solamente de cambiar de parecer, sino de cambiar también nuestras acciones desarrollando nuevas actitudes, perspectivas, hábitos y conductas (ver Romanos 6:4-6). Si deseamos seriamente seguir todas las pisadas de Jesucristo y llevar la vida abundante que nos ofreció, la mayoría de nosotros tendremos que cambiar el modo de pensar, lo que creemos y la forma de vivir diariamente, ¡incluido el estilo de vida físico!

El camino a seguir

Cambiar las actitudes y los hábitos ¡no es cosa fácil! Las conductas y los pensamientos arraigados ¡seresisten al cambio! Pero cambiar se hace más fácil cuando vemos claramente los peligros de persistir en los hábitos viejos, comprendemos los beneficios que podemos recibir al adoptar conductas nuevas y sabemos qué acciones deben reemplazar nuestras viejas conductas. Esto nos presenta un camino claro que podemos seguir.

Para que se produzca un cambio duradero, también son importantes las motivaciones básicas. Podemos hacer ejercicio para mejorar la salud física, el aspecto y la habilidad; pero estas son motivaciones solamente físicas. La triste realidad es que muchas personas saben que deben hacer ejercicio ¡pero no lo hacen! Se necesita una motivación mucho más fuerte. Aquí es donde entran en juego los principios religiosos. Cuando se unen motivos religiosos a los motivos físicos, es más probable que se genere un cambio real porque actuamos movidos por nuestras convicciones fundamentales: lo que está bien o mal, lo que glorifica a Dios y lo que no.

¡Jesús lo sabía! Entendía cómo funciona la mente humana. No es por accidente que instruyó a sus discípulos a que "siguieran" sus pisadas y "anduvieran" como Él anduvo. Jesús conocía los resultados positivos que vendrían al seguir su ejemplo físico. El apóstol Pablo les dijo a los corintios que "vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo… glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios" (1 Corintios 6:19-20). Como cristianos, tenemos la responsabilidad de cuidar el cuerpo que Dios nos ha dado. ¡Este puede ser un poderoso factor de motivación!

En una carta a Timoteo, Pablo asegura que si bien el crecimiento espiritual es lo más importante, "el ejercicios corporal para pocoes provechoso [por poco tiempo, o sea en esta vida]" (1 Timoteo 4:8). Esto es exactamente lo que la ciencia moderna entiende respecto de los beneficios del ejercicio físico: sus beneficios son importantes, pero son temporales ¡y no duran mucho! Para conseguir resultados óptimos, la actividad física debe realizarse con regularidad. Una vez al mes o una vez al año ¡sencillamente no sirve! Esto requiere disciplina.

De nuevo, el apóstol Pablo comenta que todo el que desee seguir las pisadas de Cristo tiene que disciplinar la mente y el cuerpo a fin de alcanzar las recompensas que Jesús prometió (1 Corintios 9:24-27; Hebreos 12:11). El ejercicio beneficia al cuerpo en esta vida. La disciplina necesaria para hacer ejercicio se convierte en parte de nuestro carácter ¡que durará por toda la eternidad! ¡El verdadero cristianismo no es un deporte para espectadores! Es un modo de vida activo y estimulante que incluye crecer y cambiar, vencer viejas actitudes y hábitos y reemplazar conductas nocivas con otras nuevas: lo que la Biblia llama vencer (Apocalipsis 2:26; 3:12). Es tan importante vencer en el ámbito físico como en el espiritual. Vencer es también la base para nuestro futuro premio en el Reino de Dios (Apocalipsis 2:7, 11, 17, 26; 3:5, 12, 21).

La buena noticia respecto de una vida más activa es ¡que casi cualquier cantidad de actividad habitual es mejor que ninguna! Si usted no puede comenzar con 30 minutos al día, ensaye con diez minutos aldía. En vez de hacer un descanso para café, haga una caminata corta: salga de la oficina, baje por el pasillo, descienda las gradas, dé una vuelta al edificio, vuelva a subir y regrese a su oficina. Se sentirá renovado; quemará calorías y fortalecerá el corazón, los pulmones, los huesos y los músculos. Haga ejercicio en compañía de algún amigo, de su mascota o en familia; comentando los sucesos del día mientras caminan juntos. Que sus hijos y nietos vean su ejemplo. Invítelos a acompañarlo. ¡Muéstreles el camino que deben seguir! La actividad física hecha con regularidad cambiará su vida: cómo se siente, cómo piensa ¡y cómo se ve!

Jesucristo vino a la Tierra para señalar el camino hacia una vida más abundante, no solamente ahora en la vida física sino también en el futuro Reino de Dios (Juan 10:10). La misión de Jesús en su primera venida fue llamar y preparar a un pequeño núcleo de discípulos (Juan 17:6-19). Al seguir su ejemplo, los discípulos llegarían a comprender las aplicaciones y beneficios prácticos de las enseñanzas de Jesús. Con el tiempo, llegarían al punto detemblar ante la palabra de Dios (Isaías 66:2), de entender y valorar profundamente las Sagradas Escrituras. Al aprender a seguir este nuevo modo de vida, irían creciendo hacia la perfección o madurez espiritual, que Dios desea para toda la humanidad (Génesis 17:1; Mateo 5:48).

Quienes lleguen a comprender el valor de vivir conforme a las leyes físicas y espirituales de Dios podrán, en el futuro, enseñar este conocimiento a toda la humanidad. Como maestros en el futuro Reino de Dios, demostrarán el modo correcto de vivir (Isaías 30:20-21). Los santos, los futuros hijos e hijas de Dios, que reinarán en la Tierra con Jesucristo (Apocalipsis 5:10), instruirán a miles de millones de seres humanos, antes confundidos y engañados, en la manera de seguir las huellas de Jesucristo y de alcanzar una vida más abundante. Dichos individuos serán excelentes maestros porque ya aprendieron a seguir esas huellas en su propia vida.

La actividad física fue un elemento importante en la vida de Jesucristo. Es algo absolutamente necesario para que nuestro cuerpo funcione correctamente y sea un "templo" del Espíritu de Dios. Las leyes físicas y espirituales de Dios forman parte del "consejo de Dios" (Hechos 20:27). Seguir las pisadas de Cristo trae beneficios reales. Esto es parte del evangelio, es decir las buenas noticias que Jesucristo trajo a la Tierra mediante sus enseñanzas y su ejemplo. Usted puede prepararse para cumplir un papel importante y vivir un futuro extraordinario en el Reino de Dios venidero siempre y cuando empiece ahora a caminar siguiendo las huellas de Cristo, ¡tanto en lo físico como en lo espiritual! Al emprender este camino, lo invitamos a solicitar nuestro folleto gratuito titulado: El misterio del destino humano, el cual explica este increíble futuro en mayor detalle.

 

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