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¿Puede ese pequeño salero que tiene en la mesa del comedor enseñarle una gran lección sobre cómo tratar a los demás?
Un recuerdo que permanece en mi mente tras ocho décadas es el de los muchos postres que mi madre preparaba cuando yo crecía en una granja de Illinois. Aunque estoy seguro de que mis hermanos mayores también los disfrutaban, para mí, cualquier cosa dulce era casi una adicción. Siempre había un salero en nuestra mesa, pero rara vez lo usaba, ya que la sal no me atraía en aquellos primeros años.
Desde que empecé a leer la Biblia, siempre me pregunté qué quería decir Jesús cuando habló de una sal que dejaba de saber a sal (Mateo 5:13). Años después, decidí estudiar el tema con mayor detenimiento para comprenderlo. ¿Qué quería enseñarnos Jesús con esta afirmación?: «Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres».
Varios comentarios ofrecían una explicación inmediata. El erudito y teólogo Albert Barnes hizo el siguiente comentario sobre Mateo 5:13: «En los países de Oriente, la sal que se utilizaba solía ser impura o estar mezclada con sustancias vegetales y terrosas. Como resultado, podía perder por completo su salinidad, dejando solo un residuo de materia terrosa. Este residuo ya no tenía utilidad, excepto para esparcirlo sobre senderos o caminos, de la misma manera que hoy se utiliza la grava» (Barnes’ Notes on the Old and New Testaments: Matthew, 2025, p. 93).
Esto me llevó a preguntarme sobre la sal que encontramos en las tiendas de comestibles. Me sorprendió mucho descubrir hasta ocho aditivos diferentes en varias marcas de sal de mesa. Incluso mi antiguo favorito, el azúcar (que he dejado de consumir), estaba presente en varias marcas, aunque etiquetado como «dextrosa».
Tras investigar un poco, encontré esta cita del mayor exportador de sal de Turquía: «Las sales de mesa con aditivos pueden perder su sabor y textura con el paso del tiempo. Las sales de mesa refinadas contienen yodo para realzar el sabor y las propiedades beneficiosas para la salud, así como agentes anti aglomerantes que evitan que se formen grumos. Estos aditivos se degradan con el tiempo» («How Long Does Salt Keep Its Flavor?», koyuncusalt.com, 2 de abril de 2021).
El sitio web «Cook’n» ofrece el siguiente dato: «La naturaleza higroscópica de la sal es una de sus características más importantes, ya que le permite absorber la humedad del ambiente. Sin embargo, esta misma propiedad favorece la formación de grumos y dificulta su uso. Además, la hace susceptible a absorber olores fuertes e impurezas o contaminantes. Una vez que esto ocurre, su sabor se deteriora considerablemente y ya no puede recuperarse» («What We Want to Do is Store it Properly—For the LONG HAUL!», dvo.com, 23 de enero de 2026).
Ahora comprendía cómo la sal podía perder su sabor y cómo esta metáfora se aplicaba a los oyentes de Jesús: la sal, tanto entonces como ahora, podía alterarse e incluso perder su calidad. Del mismo modo, cualquier persona puede desarrollar cualidades que no son las mejores. Si alguien pierde las buenas cualidades que Jesús describe en Mateo 5:2-9, también perderá su valor.
Por ejemplo, si la sal no se almacena correctamente, puede absorber olores y, por consiguiente, contaminarse. Asimismo, las personas pueden adquirir fácilmente malas cualidades de aquellos con quienes se relacionan, tal como se menciona en Proverbios (Proverbios 1:10-19; Proverbios 13:20).
El Park City Culinary Institute señala que la sal es mucho más que un simple condimento: «No se limita a dar un sabor a los alimentos; si no que transforma la percepción de los sabores, equilibra el amargor y realza el dulzor...» («Science of Seasoning: How Salt Enhances Flavor», parkcityculinaryinstitute.com del 21 de diciembre de 2025). Al llamarles «sal de la tierra», Jesús quería decir que sus oyentes debían beneficiar al mundo, del mismo modo que la sal beneficia y mejora los alimentos (Proverbios 3:27; Gálatas 6:9, 10).
El apóstol Pablo enseñó a la congregación de Colosas un uso adecuado de la «sal». ¡Dijo que podían mejorar sus conversaciones si su forma de hablar estaba «sazonada» (Colosenses 4:6)!
La utilidad de la sal que usted usa a diario depende, en gran medida, de conocer sus propiedades y de almacenarla correctamente. Sin embargo, la «sal» de la que habló Jesús es un asunto mucho más profundo, ¡y mantener conversaciones buenas y edificantes es solo una de las muchas formas de aplicarla!
Aprenda más sobre cómo evitar las costumbres de este mundo y convierta ese conocimiento en un «condimento» útil para beneficiar a los demás, tal como Jesús indicó. Lea los artículos de la revista “El Mundo de Mañana” titulados La perdurable cualidad de la bondad, Globalización de la codicia y ¿Por qué creer en las promesas?, y asegúrese de solicitar o leer en línea el folleto ¿Qué es un verdadero cristiano?.