¡Globalización de la codicia!

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Muchas profecías bíblicas describen hechos específicos que surgirán en el escenario mundial al aproximarse el fin de esta era, el período inmediatamente anterior al regreso de Jesucristo a la Tierra para establecer el Reino de Dios. Jesús advirtió a sus discípulos que estuvieran atentos a estos sucesos a fin de reconocer cuándo sería inminente su regreso (Mateo 24:32–44). Aunque muchos sean renuentes a creerlo, la verdad es que las antiguas profecías bíblicas están cobrando vida hoy, ¡frente a nuestros ojos!


Predicciones muy importantes

El apóstol Pablo enumeró las señales específicas que indicarán el fin de la era. Escribió: "en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbiossin afecto natural… amadores de los deleites más que de Dios" (2 Timoteo 3:1–5). El apóstol Pedro agregó que "habrá entre vosotros falsos maestros… tienen el corazón habituado a la codicia, y son hijos de maldición. Han dejado el camino recto, y se han extraviado" (2 Pedro 2:1, 14–15).

Los diez mandamientos condenan la codicia (Éxodo 20:17). Salomón advirtió que el malo "es dado a la codicia" (Proverbios 1:10–19). Por su parte, Jesús reprochó a los dirigentes religiosos por ser dados a la hipocresía, la extorsión y la codicia desenfrenada (Mateo 23:25). También los profetas criticaron duramente la adquisición egoísta de bienes materiales: "¡Ay de los que… maquinan el mal… Codician las heredades, y las roban; y casas, y las toman… He aquí, yo pienso contra esta familia un mal" (Miqueas 2:1–3). El profeta Amós pronunció contra los israelitas una profecía que se aplica hoy como se aplicaba entonces: que a causa de la codicia rampante, el materialismo impío y la explotación de los menos afortunados, "heriré la casa de invierno con la casa de verano, y las casas de marfil perecerán; y muchas casas serán arruinadas" (Amós 2:6–7; 3:1, 14–15). Amós amonestó así a los jefes de Israel, que vivían en la opulencia mientras sus conciudadanos poseían mucho menos: "He aquí, vienen sobre vosotras días en que os llevarán con ganchos… Israel será llevado de su tierra en cautiverio… e Israel será llevado cautivo lejos de su tierra" (Amos 4:1–3; 5:27; 6:7; 7:11, 17). La Biblia revela que Dios ha tratado con severidad a los impíos y los codiciosos en el pasado ¡y que en el futuro también lo hará!

Dilemas de la actualidad

À la luz de estas profecías, no podemos menos de contemplar con seriedad las tendencias sociales de hoy en los Estados Unidos, Inglaterra y otras naciones cuyos habitantes son descendientes de la antigua Israel (si desea saber más sobre este tema solicite el folleto Estados Unidos y Gan Bretaña en profecía". Se lo enviremos sin costo para usted o descárguelo de nuestro portal de Internet en www.mundomanana.org). Ciertos estudios indican que entre el 70 y el 90 por ciento de los estadounidenses juzgan "demasiado materialista" su sociedad y consideran que ello constituye un "problema social serio" (Christian Century, 3 de marzo de1993, p. 238). Jim Bohannon, presentador de un programa de opinión de amplia difusión, describe a los estadounidenses como "absortos en sí mismos… entregados al individualismo y a la permisividad moral" y presos en una "obsesión nacional con el materialismo y la adquisición de dinero" (Los Estados Unidos en crisis, "America in Crisis",Bohannon, pp. 45–48). Escribe: "Ninguna evaluación de lo que anda mal en los Estados Unidos hoy estaría completa sin reparar en el egoísmo… la sociedad de hoy parece haber hecho del egoísmo un arte… a la vez que le da su sello de aprobación". Agrega que en "los ochentas, decenio de la codicia", aprendimos que "la codicia es buena" (op. cit., pp. 45, 61). Bohannon ve el afán descontrolado de consumir bienes, el síndrome de comprar hasta la saciedad, el "culto al mercado… y la adoración del dólar todopoderoso" como problemas centrales en los Estados Unidos hoy (op. cit., pp. 24, 150).

La cultura estadounidense se ha difundido por todo el planeta. La música, el cine y la televisión promueven sin cesar sus productos de consumo y la filosofía de que el consumo interminable trae felicidad; y han generado una cultura juvenil obsesionada por el dinero, sometida gustosamente al bombardeo audiovisual y empeñada en satisfacerse a sí misma" (¿Por qué se odia a los Estados Unidos? "Why Do People Hate America?"Sadar y Davies, p. 125). En opinión de algunos, esta "proyección mundial de la influencia norteamericana… la Macdonalización de la sociedad… es como un virus; un virusparticularmente patológico… que se reproduce en el resto del mundo… infectando el cuerpo cultural de otras naciones" (op. cit., pp. 117–118). La globalización del consumo egocéntrico emanado de los Estados Unidos y otros países prósperos está generando gran animosidad mundial a medida que socava y destruye los valores y las culturas tradicionales.

El analista e historiador de la cultura humana Morris Bermandescribe otra tendencia inquietante: la creciente desigualdad social, por la cual los ricos siguen enriqueciéndose mientras que los pobres empobrecen más. Berman señala que en los últimos decenios hemos visto una redistribución sin precedentes de los ingresos hacia los ricos. En materia de disparidad de la riqueza, los Estados Unidos "están a la cabeza de las principales naciones industriales" (The Twilight of American Culture, "El ocaso de la cultura estadounidense", p. 21). Hay ejecutivos con sueldos 400 veces mayores que los salarios de sus empleados. Instituciones financieras que antes fueron respetables ahora tienen políticas de persecución y compras forzosas y se apoderan hostilmente de otras empresas, alzándose con enormes honorarios. Al hacerlo, sus ejecutivos embolsan millones de dólares… mientras miles de trabajadores pierden su empleo y su fuente de ingresos (House of Morgan, Chernow, pp. 690–709). Muchos monarcas, dictadores y dirigentes políticos de países en desarrollo se zambullen en el lujo mientras sus compatriotas luchan sumidos en la pobreza. Los observadores más perspicaces comprenden claramente que la grotesca acumulación de riquezas en manos de pocas personas es un fenómeno global y que "este tipo de desigualdad puede acabar por destruir toda la estructura social" (Berman, pp. 25–28). Berman ve avecinarse una gran "crisis estructural" que llegará "en algún momento del siglo veintiuno" (op. cit., p. 32); ¡la época en que vivimos!

Muchos historiadores señalan que estas mismas tendencias sociales y económicas aparecieron durante el desmoronamiento del Imperio Romano y en el ocaso de otros estados poderosos. Los escritores de la antigüedad aseveraron que "la codicia y la falta de moderación… la preocupación con el lujo" acompañadas de la degeneración moral contribuyeron a la decadencia y ruina del poderoso Imperio Romano (Black, p. 160). Los historiadores Will y Ariel Durant vieron un patrón repetitivo en la acumulación y redistribución de la riqueza. La riqueza se concentra en manos de pocos, y cuando las masas empobrecidas ya no toleran más la situación, la riqueza se vuelve a redistribuir, sea por medios pacíficos, legislación o decreto, o mediante la revolución violenta. Estos historiadores señalan que "la brecha entre los más ricos y los más pobres es más grande ahora que en cualquier momento desde la Roma imperial plutocrática" e indican que no puede demorarse alguna corrección (The Lessons of History, "Las lecciones de la historia",Durant, p. 55). La evaluación más inquietante es la del economista francés Jacques Attali. Él ve, para los próximos años, una brecha creciente, amarga e inestable entre un núcleo cada vez más rico y una periferia cada vez más empobrecida, con esta última levantándose al final contra el núcleo rico "en una guerra como ninguna que se haya visto en los tiempos modernos" (Milennium, Attali, pp. 14–15).

À los economistas les agrada confiar en la "mano invisible" postulada por el economista del siglo 18 Adam Smith. Se piensa que la razón controlará los mercados mundiales. Los historiadores ven la acumulación desigual de la riqueza con la esperanza de que se produzca una redistribución pacífica cuando las fuerzas sociales impongan un cambio. Sin embargo, la Biblia revela que la situación actual tendrá un desenlace muy distinto. La profecía bíblica revela que Dios permitirá que nuestras sociedades egoístas, materialistas y obsesionadas por el consumo cosechen las consecuencias lamentables de lo que han sembrado (Jeremías 2:17–19). Luego, vendrá Jesucristo e intervendrá con "mano fuerte" (Salmo 136:12; Apocalipsis 11:17) para restablecer la justicia económica y poner fin al egoísmo y la codicia. Cuando vemos la mundialización actual de la codicia, ¡confirmamos que la profecía bíblica está cobrando vida!

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