Stuart Wachowicz

Ruptura continental



“Manasés a Efraín, y Efraín a Manasés, y ambos contra Judá” (Isaías 9:21). Pronunciado hace miles de años, a muchos les ha costado interpretar lo que adelanta este pasaje profético. ¿A qué se refería el profeta Isaías? Es interesante señalar que hechos recientes tocantes a Estados Unidos (descendientes de Manasés) y Canadá (entre los descendientes de Efraín), pueden arrojar importante luz sobre este pasaje.

¿Qué nos espera después de la muerte?



Desde un principio el hombre se ha afanado por saber qué hay después de la muerte.

¡Pero la verdad sobre nuestro futuro se encuentra revelado en la Palabra de Dios!

Parece que las sociedades humanas de todo el mundo se han preguntado qué nos ocurre después de morir. ¿Es la muerte el fin absoluto, no solo de la vida física, sino también de la conciencia humana? O, ¿hay alguna entidad consciente pero incorpórea que de alguna manera sobrevive a la muerte del cuerpo?

El legado de la generosidad



El primer premio Nobel otorgado por trabajos realizados en suelo canadiense, se otorgó a un joven científico neozelandés quien, en realidad, había pasado menos de un decenio en Canadá. En 1908, Ernest Rutherford recibió el premio Nobel de Química, luego de regresar a Inglaterra habiendo pasado unos años en la universidad McGill de Montreal. El trabajo que efectuó durante los nueve años que pasó en Canadá, marcó el inicio de una nueva era científica y, finalmente, fijó el comienzo de la era nuclear.

Las diez tribus perdidas de Israel



Muchas de las promesas de Dios a los patriarcas no han llegado al pueblo judío. ¿A quiénes han llegado esas bendiciones?

La Biblia abunda en profecías sobre el futuro de Israel, nación que Dios escogió para que le sirviera. Su historia comenzó con el patriarca Abraham, a quien Dios prometió una magnífica bendición por su voluntad de obedecer. La bendición se transmitió por Isaac, hijo de Abraham, a su nieto Jacob, nombre que Dios cambió a Israel.

Los magníficos jardines de Jennie



Al norte de la ciudad de Victoria, en la isla de Vancouver, un famoso monumento canadiense cuenta una historia de transformación y duro trabajo, mostrando cómo, incluso en este mundo convulso, la humanidad es capaz de alcanzar logros asombrosos.

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