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Hace más de un decenio, un destacado político opinó: “Llamarse cristiano en el Reino Unido actual es provocar lástima, desprecio o frialdad. En una cultura que valora la sofisticación, el no juzgar, la ironía y el desapego; es declararse intolerante, ingenuo, supersticioso y retrógrado” (The Spectator, 4 de abril del 2015).
Ya iniciado el 2026, la Iglesia de Inglaterra se encuentra en crisis, tras haberse vuelto prácticamente irrelevante. Estuvo durante más de un año sin arzobispo de Canterbury, su principal líder religioso; ya que la larga búsqueda de un nuevo sucesor tardó unos seis meses, para formar el comité encargado de elegir al sustituto. Pasaron más meses, antes de que el comité presentara un candidato aceptado por el primer ministro, quien posteriormente lo presentó al rey Carlos III para su aprobación. La nueva arzobispa, Sarah Mullally, asumió el cargo en enero y su investidura está prevista para marzo.
Justin Welby renunció al cargo de arzobispo de Canterbury por la denuncia de un escándalo de abuso infantil. Durante su mandato, un funcionario eclesiástico abusó de niños y jóvenes en tres países, a lo largo de varios decenios. Welby se culpó a sí mismo, por no haber hecho más para solucionar la situación cuando se le informó. Pero la protección, como se conoce en el Reino Unido a la prevención del abuso, no es el único problema que enfrenta la Iglesia de Inglaterra, que parece considerar irrelevante en gran medida a la Santa Biblia, en su afán por promover lo que percibe como una sociedad más justa e inclusiva. Las parroquias están descuidadas, a menudo sin vicario, o con uno que atiende de forma inadecuada las necesidades de varias parroquias.
La Iglesia de Gales, provincia de la Iglesia de Inglaterra desde 1920, también acaba de nombrar a una nueva arzobispa, tras la renuncia del exobispo de Bangor, por inacción en relación con problemas de conducta y protección. La arzobispa entrante, Cherry Vann, primera mujer elegida para el cargo, también fue una de las primeras mujeres ordenadas como sacerdote de la Iglesia de Inglaterra en 1994. Declarada lesbiana, Vann vive con su pareja de hecho (ya que su Iglesia no celebra matrimonios entre personas del mismo sexo), y se le atribuye una gran pasión por la justicia y la reconciliación (BBC, 30 de julio del 2025).
Es probable que su nombramiento genere más problemas con las provincias africanas de la comunidad anglicana, que se oponen a los matrimonios entre personas del mismo sexo. Pero, ¿logrará que el cristianismo sea más relevante para el Reino Unido? Una estadística reciente sugiere que muchos podrían estar abiertos a un renacimiento religioso. Una encuesta de YouGov revela que la creencia religiosa se ha triplicado en cuatro años entre el grupo etario de 18 a 24 años. Se considera que el grado de compromiso religioso es mayor que el de sus abuelos. Por única vez, los creyentes de ese grupo etario superan en número a los no creyentes (The Spectator, 18 de agosto del 2025).
Ciertamente la encuesta se basó en un número reducido de participantes, por lo que muchos desconfían de sus resultados. Otros lo atribuyen a la inmigración masiva que está experimentando el Reino Unido. Pero los datos muestran que el aumento es mayor que cualquier efecto de la migración. No solo muestra un aumento notable en la asistencia de jóvenes a servicios católicos romanos, sino que también muestra que muchos prefieren el antiguo rito latino, a las liturgias modernas que ahora favorece el Vaticano. ¿Por qué? Una razón esgrimida es la autenticidad. Como señaló un joven converso: “Parece que no me están vendiendo un auto”. La misa en latín ha sido descrita como: “La antítesis de una cultura que te da lo que crees que te gusta, en lugar de lo que podrías llegar a amar” (The Catholic Herald, 15 de febrero del 2024).
¿Perdurará esta fascinación por la misa en latín? Un análisis demográfico muestra que, son los ricos y quienes están a la moda, los que se han vuelto religiosos (The Spectator). Este también es el sector de la población más susceptible a los cambios de gustos e ideas. El tiempo dirá si esta tendencia continúa.
Al norte de la frontera, la Iglesia de Escocia parece haber desaparecido como fuerza en la vida escocesa. El discurso público suena puramente secular, y la Iglesia se considera parte de un pasado opresivo. Irlanda del Norte ha perdido a figuras incendiarias como Ian Paisley y, más recientemente, a Martin Smyth. Sus sucesores parecen más interesados en la política que en predicar la Palabra de Dios.
La Iglesia de Inglaterra aún mantiene un lugar en el gobierno, con 26 de los 42 obispos diocesanos actuales de la Iglesia, en la Cámara de los Lores. A estos obispos se les conoce como los Lores Espirituales. Sin embargo, su participación en la Cámara de los Lores es mínima. Incluso entre el sacerdocio de la Iglesia, se han hecho llamamientos para la abolición de los Lores Espirituales y su desestabilización, es decir, para que el Monarca deje de ejercer como cabeza de la Iglesia de Inglaterra.
Por otro lado, en el Reino Unido, el Islam es una fuerza política en auge. Actualmente, cuatro diputados independientes, fueron elegidos por asuntos que afectan a la comunidad islámica, incluyendo el apoyo a Gaza y Hamás. Para estos diputados, la teología islámica, y no la línea del partido, ofrece la solución a cualquier problema. Además, otros 21 parlamentarios son musulmanes. El actual gobierno laborista, al que se han unido la mayoría de los musulmanes británicos en el pasado, está desesperado por mantener el control de esa parte del electorado.
La legislación actual, y las decisiones de política exterior, muestran una deferencia hacia las sensibilidades musulmanas. La legislación, que se encuentra actualmente en el parlamento, incluye una definición de islamofobia que, en esencia, impediría cualquier declaración o escritura contra el Islam o sus seguidores; otorgándole una posición privilegiada en la legislación británica. El Reino Unido, tras decenios de aspirar a ser un estado laico, parece estar transformándose en un estado sectario, ya que los candidatos son elegidos en función de su afiliación religiosa.
El crecimiento poblacional es otro aspecto afectado por la comunidad islámica. Mahoma, es actualmente el nombre más popular para los niños nacidos en el Reino Unido, lo que pone de relieve que, la comunidad islámica es el único sector demográfico que muestra un crecimiento importante. Si bien, las estadísticas gubernamentales no clasifican los nacimientos por religión, otras evidencias apuntan a que la tasa de natalidad musulmana supera a la del resto de la población: “Los musulmanes superan en número a todas las demás religiones minoritarias juntas. La población musulmana aumentó en 1,2 millones entre el 2011 y el 2021. Esto representa el 32% del crecimiento total en estos diez años de la población en el Reino Unido” (Consejo Musulmán Británico, marzo del 2025).
Volviendo al comentario inicial. El Reino Unido se arriesga a un futuro en el cual, si se habla de la Biblia, será para preguntar qué era. Para una visión del cristianismo que desafía las suposiciones inherentes a un estado poscristiano, sugerimos leer nuestro folleto informativo titulado: ¿Qué es un verdadero cristiano? Se puede descargar desde nuestro sitio en la red: www.elmundodemanana.org.
Dios le advirtió a su pueblo Israel que no olvidara sus leyes: mandamientos, estatutos y decretos (Deuteronomio 8:11-19). Si bien, los habitantes del Reino Unido, reconocen una herencia bíblica y la base de su sociedad, parecen decididos a olvidar los orígenes de esa sociedad (Theos, 6 de septiembre del 2023). El profeta Oseas escribió bajo inspiración: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos” (Oseas 4:6). En el Reino Unido moderno, estas palabras parecen cobrar nueva vida.